La otra conquista

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

Cómo olvidar aquel momento de nuestra historia cuando los españoles se preguntaron si esos sujetos con taparrabo tendrían alma. Los sometieron, los colonizaron, los conquistaron. Esclavos como destino manifiesto. Ser esclavo después de haber gozado de un imperio y sus bondades, después de haber sometido a los tlaxcaltecas y a los Otros; se les volteó la tortilla, se les acabó la suerte, en lugar de protección los dioses los abandonaron; llegó el europeo, llegó el español, dijo “de aquí soy” quemó las barcas, juró jamás regresar, y cómo no, pues se había encontrado un paraíso terrenal.

Indígenas acostumbrados a adorar a sus dioses, indígenas acostumbrados a vivir en libertad, pueblo que sometía a sus vecinos, todo eso se vino abajo. Ellos, que con la mano en la cintura dictaban las reglas de la “educación”, ellos que designaban el destino de prójimo: “tú te vas al Telpochcalli y tú al Calmécac”, ahora, comparte la misma suerte, todos juntos, ahora son esclavos, ahora son siervos, los que antes se dividían en nobles y plebeyos ahora da igual, todos eran sometidos, todos eran considerados inferiores. Así inició la Conquista española, así inició esta nueva raza, surgimos de lo peor que podía haber en España, reos, bárbaros, sujetos despreciables, era con los que contaba Hernán Cortés para llevar a cabo su travesía. Llevó consigo algunos frailes franciscanos para eximir sus propias culpas, no sabía que ese detalle le iba a dar la gloria, por medio del Evangelio podría legitimar su proeza, de nueve millones de indígenas solo quedó un millón, fueron masacrados, fueron exterminados, no quisieron someterse al nuevo régimen. Genocidio. Los otros, los que sobrevivieron, lo lograron gracias a que dejaron de creer en sus dioses para creer en el único Dios, de allí venimos, de los sobrevivientes, de los que prefirieron su vida por encima de su ideología. No tenemos tal, carecemos de identidad, vendimos nuestra dignidad al mejor postor.

El virreinato en la Nueva España se caracterizó por “La otra Conquista”, la conquista del alma, el catecismo del Padre Ripalda como único testigo fiel de lo que allí ocurrió. (Por cierto, no todo era religión, en la página inicial tenía un abecedario y en la página final las tablas de multiplicar.)

 –“Aquí traigo a Jesús”,“Ah sí, allí déjelo, a un lado de los otros dioses”. Nos equivocamos, ellos traína su fe bien arraigada, nosotros también, el resultado fue la impostura, por eso supimos que su Dios era el verdadero, ¿cómo es posible que sigamos adornado a nuestros dioses si nos abandonaron, en cambio el de ellos sí los estuvo cuidando durante la tormenta? “Dexar los Mysterios y cosas arduas de nuestra Sancta Fee, que ellos no podrían entender ni alcanzar, ni de ello tienen necesidad por agora.”

“Los estudios de todos los niveles se establecieron espontáneamente según lo requerían las necesidades”, método como prefigura de lo que actualmente conocemos como el de “Summerhill”.

Los Jesuitas trazarían los senderos de la educación como hoy la conocemos, sistematizada en un “trívium” y un “cuadrivium”. Los Jesuitas fueron expulsados de México en 1767 (habían llegado en 1572) tiempo necesario para haber sembrado la semilla del deseo de ser independiente.

La mujer seguía siendo relegada, no había que educarla, no vaya a ser que se le desaten las pasiones, además tenía una “limitada inteligencia”, esta idea perduraría hasta mediados del siglo XVIII.

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