El final de la tragedia: Precious

Autor: Jorge Anaya

En la antigüedad para los griegos, la tragedia era fruto del destino: era inevitable. Lo comprueba Edipo, Sísifo, Electra. Por más que se intente huir, la tragedia, siempre verá la manera por alcanzarte. La tragedia tenía como cómplices a los  dioses, incluso podemos pensar que era tan incómodos para la vida de los mortales, que la filosofía nace en un principio como una especie de ilustración: darle superioridad a la razón, a la libertad, a la voluntad y que esta sea quien guíe a cada hombre y no los caprichos divinos, siempre volubles y crueles, que juegan con la vida de los mortales. Los dioses son enemigos de los hombres porque su intervención conjura a la tragedia. Sin embargo, a pesar del   empeño de los griegos de  crear una sociedad laica o secular con el fin de desaparecer los “designios divinos”,  la tragedia no desaparece, esta permanece ahí, no son los dioses quienes se encargaban de hacer infeliz al hombre: el hombre se encargaba de esto. Parece ser que la tragedia es inevitable, el dolor, la desgracia, la calamidad no tiene forma de prevenirse, estamos todos destinados a una existencia de desdicha, pues la vida es un drama inagotable al cual solo la resignación nos sirve de consuelo.

1987, Nueva York, “My name is Clarisse Precious Jones”, ella tiene poco más de 16 años, afrodecendiente, padece de obesidad mórbida, vive en Harlem getto de pandilleros, drogadictos, outsiders, casi analfabeta. Su primer hijo nace con síndrome de Down, su segundo hijo, al igual que el primero es fruto de la violación de su propio padre. Precious tiene poco más de 16 años y ya espera su segundo hijo. Su madre, una mujer  encerrada en su propio dolor, se ha encargado por años  de tratar de encerrarla a su hija en él. Toda ocasión es ocasión para mostrarle algo más allá  que su propia frustración: le muestra su odio a la vida. Esta tragedia no llego por caprichos de los dioses. “La gran Manzana” tiene por dentro sus propios gusanos.

Sin embargo, la vida es un tesoro. El nombre de Precious no es ironía,  es Clarisse Jones tiene un Tesoro. No como el de Smegol, del Señor de los anillos que guardaba su tesoro, Oh  my precious, entre sus manos y que fue quien lo llevó a su trágico fin. El significado de  Precious es Tesoro. Más allá de la corriente ironía de presentar a una persona que no se ajusta a los cánones de la figura esbelta, que para cuidar la línea una persona se debate todo el tiempo entre la vida y la muerte, su ansiedad por quedar delgados termina por hacer de ellos una línea que en cualquier momento cruzaran en su anhelo de belleza, Clarisse se debate en LA VIDA, no entre la belleza y la aceptación social de la superficialidad de la vida,  es la felicidad misma  y el optimismo bárbaro de la vida misma.

¿Por qué la vida debe de dejar de ser un Tesoro? Clarisse Precious Jones tiene todo menos aquello que pudiéramos llamar una vida normal o sana, y no obstante, ella encuentra varios refugios mínimos para poder ser feliz. La felicidad no exenta necesariamente del dolor, pero ayuda a navegar en medio de ella. El tesoro que ella guarda es fruto de uno de los momentos más fuertes de su vida: la violación de parte de su padre… dos veces. No mira a sus hijos como una desgracia, porque la vida no es una desgracia, ni una tragedia o… sí lo es, y por eso mismo el merito de la felicidad es hacer ir  más allá del dolor. La felicidad no vence al dolor, tampoco hace que se ignore, es caminar sobre las  aguas, sí, tal vez primero hundirte y tocar el fondo de la vida vivida, pero al salir es caminar sobre el fondo de las aguas profundas. Si un tesoro es una gran cantidad de bienes acumulados, Precious tiene solo dolor acumulado, lo “mágico”, palabra que no EXISTE en el pensamiento racional porque rompe con toda razón, es que en ella ha sufrido la transformación que por siglos los alquimistas buscaron con ansias y nunca lograron alcanzar, la alquimia buscaba la “Piedra Filosofal” aquella que ayudará a transformar las piedra en oro. Precious solo tiene “piedras”, dolorosas y tristes piedras”…. Lo demás, lo que ocurre, lo que acontece, es la alquimia, la “magia”, ¡qué no se permite en el lenguaje de la filosofía!, sucede.

¿SIDA? Sí, además de su vida trágica se le añade una más: Precious tiene SIDA. Provocada por las violaciones sufridas, aquí entra lo que decía Nicolás de Cusa, “La Docta ignorancia” pues ante algo que sobre pasa el pensamiento finito está delante el misterio ya ante ése misterio que se abre a la vida vivida, solo hace falta una cosa: a pesar, y siempre a pesar de eso, lo que está más allá es mejor que lo que ahora acontece.

El Tesoro de la vida vivida es mágico, por eso la vida se debate, necesita de la magia del alquimista, esa que cambia las piedras en oro. No el toque trágico de  Midas, lo que es capaz de transformar las piedras de la tragedia de la vida vivida.  El fin de la tragedia esta en ese paso que da Precious: toma en brazos a sus  tesoros  y solo sigue adelante, a pesar de todo, y ese a pesar de todo es un infinito.

Escrito por: Jorge Anaya (México, D.F.)

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