La condena de Lázaro

Escribe: Adolfo Huerta Alemán 

 

<<Si no escuchan a Moisés ni a los profetas, ni aunque un muerto resucite, no le harán caso>>

Evangelio de Lucas 16, 31 -.

 

¿Cómo puedo existir, sino existo? ¿cómo es que soy consciente, si soy invento de alguien?

 

No sabía que había muerto, hasta que me trajeron de nuevo a la existencia. Tal vez,  esta  sea mí condena, mí maldición, estar vivo una vez más. Estamos condenados a creer que vivimos, nos creemos que somos los únicos seres vivos.

 

Se cuenta que Lázaro era un cuarentón, que había heredado algunas tierras de su padre, junto con algunos animales.

Eso incluía hacerse cargo de sus dos hermanas solteronas: Marta y María.

Marta era la preocupona, más hacendosa, más dramática, un poco santurrona.

María es más librepensadora, más curiosa, buscaba cualquier pretexto para aprender a leer y a escribir.

A las dos las tenían estigmatizadas, pues ya tenían un poco más de los treinta años, y no estaban casadas, a esa edad sin conocer marido, era un signo de pobreza y como algún tipo de maldición.

María era la más acosada por el chismorreo de la aldea, se decía que era una loca, una endemoniada. Simplemente es una mujer, y como tal se comportaba.

Pensaba en voz alta decía lo que pensaba y actuaba libremente, era la que decía que no estaba hecha para el matrimonio.

 

Cada vez, me sentía más cansado, no sé qué tenía. Se me hinchaban  mucho los pies, los brazos y las manos, el vientre cada vez, lo tenía más inflamado, casi no cagaba, hace algunos días comencé a ver menos, la vista se me estaba esfumando.

Ya no trabaja como antes, me venían mareos y una temblorina que se me quitaba cuando comía algo, me fatiga más cada día que pasaba.

 

¿Cómo explicarlo? No supe de mí ya, ni de los demás, ni de nada, era como si estuviera flotando en un mar y no había nadie, ni nada en qué pensar, era como perder la memoria de lo había vivido.  Era como si estuviera en la nada, tal vez, todavía tenía consciencia, pero no estaba seguro ni siquiera de eso, solo quería reclamar, pero ¿reclamar qué? ¿a quién? ¿a cuál de todos mis creadores?

Pues, era una leyenda de “Lázaro, el resucitado” “el cuñado de Jesucristo” y demás cosas que recuerdo se decían.

¿A quién expreso mí enojo, mí indignación? ¿al colectivo imaginario? ¿al que hacen llamar dios?

 

Estaría mejor quedarme donde estaba, poco a poco hacerme con la nada, y simplemente desaparecer. No sé cómo llaman a eso, simplemente dejar de ser.

Me di cuenta que estaba muerto, cuando me dijeron que volví del más allá.

Todo iba bien, hasta donde recuerdo. . .

 

Ahora no se trataba nada más de lidiar con la maldita existencia, sino que estaba vivo de nuevo, y con mis dolencias que habían empeorado más.

Me platican los vecinos que duré muerto cuatro días, no sentí nada, de hecho, el tiempo creo que no existe en ese estado de conciencia, si es que podemos afirmar que tenemos conciencia, pues no sentí que haya pasado algo y mucho menos el tiempo.

 

Desde que nos quedamos sin padres, me encargue de mis hermanas, no tenía tiempo para imaginarme con una familia, no había conocido mujer.

Ahora que estoy vivo una vez más, parece que vivo en un infierno, me hacía tantas preguntas.

Es como si Eva y Adán, después de que fueron expulsados del paraíso, hubieran querido regresar, y ya no era nada como antes, se perdió la ingenuidad de la existencia, es como vivir en el no – paraíso, en un antiparaíso.

No pedí volver a vivir, como también no nos piden permiso para ser arrojados a esta existencia, no estuvo en mis manos haber vuelto a esto.

 

Es curioso e intrigante, no había roto ningún precepto de la ley de Moisés que nos ha regido por siglos, por años me domesticaron a seguir las tradiciones y costumbres de nuestros antepasados, no había deseo en mi de romper algún mandamiento.

 

Ahora me la paso en el prostíbulo de la aldea, aunque mi miembro no responde, como cuando era joven.

Necesito estar con cuanta mujer se me ponga en frente, para tener una erección digna como una torre de marfil.

A veces pienso ¿por qué no había sentido antes el calor de la piel de una mujer? ¿su sexo húmedo cerca del mío? Después de comer, de cagar, lo mejor que podemos sentir es descansar con la mano en el seno de una mujer después de tener sexo con ella.

He de confesar que las prostitutas son las mejores, te enseñan muchas cosas, no son interesadas, son sinceras y no te piden esa mamarracha de “amor eterno”.

 

“Que un amigo me resucito” eso  no hacen los verdaderos amigos, no harían eso, a partir de ese maldito día; Jesucristo dejó de ser mi mejor amigo ¡Maldito sea el día que lo trajeron mis hermanas a comer a casa!

Un verdadero amigo te deja ir de esta absurda existencia, no te mantiene en ella, y mucho menos te usa de propaganda religiosa; se decía “Lázaro es el milagro de Jesús”.  Dicen que soy un milagro de Jesús, del que creía que era mí amigo, me imaginaba que era un buen candidato para mis hermanas, sobre todo para María que es la más inquieta y la que lo trajo a casa a conocerlo, pues lo había escuchado  predicar a las afueras de la aldea, acompañado de otros seguidores que dejaron de trabajar y abandonaron a sus  esposas, vaya mamarrachos.

En estos días no solamente querían matar a Jesucristo, sino también un grupo de fanáticos querían matarme ¿morir dos veces?

 

No tengo paz, todos me miran, cuchichean frente a mí y a mis espaldas, lo bueno es, que las mujeres me buscan por curiosidad  y  descubrir qué se siente tener sexo con “un muerto vuelto a la vida”, algunos otros me ven como un bicho raro, me hostigan con tantas preguntas, la que me tiene más cansado es: ¿viste a dios cara a cara?

No sé nada, no sé explicarlo, lo único que puedo afirmar: es nada y que no hay nada ¿y si es que existe la nada?

 

La única certeza que tengo en este instante, es que voy cenar como si fuera a morir esta misma noche, y después buscaré la mujer más carnosa para olerla, para besar sus pechos y beber de sus jugos  y embriagarme de su cuerpo hasta morir una vez más.

 

<<Nuestro amigo Lázaro está dormido; voy a despertarlo ¡Lázaro sal afuera! Salió el muerto con los pies y las manos sujetas con vendas y el rostro envuelto en un sudario>>.

Evangelio de Juan 11, 11 -.

 

Facebook Adolfo Huerta Alemán

 

gofoman@hotmail.com

 

Twitter @GofoAutor

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