Casino Royal

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 
 
 
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Augusto Monterroso

No deberían de suceder estos actos de barbarie, deberíamos de vivir en una sociedad libre y segura, pero la realidad es otra, estoy en algo de acuerdo con Luis González de Alba: “A esos hay que aplastarlos como cucarachas”, a los incendiarios del Casino Royal de la Ciudad de Monterrey Nuevo León.

“Solo querían partirle su madre al Casino” dicen algunos, pero la maldad se les desbordó, arrebataron la vida a cincuenta y dos inocentes que hacían uso de su libertad en un lugar de esparcimiento, que ni ellos mismos sabían que operaba irregularmente.

“Fue un acto de venganza”… “fue represalia en contra del Casino”… “no pagaron los ciento treinta mil pesos semanales por costos de piso”.

Cualquiera que haya sido el motivo la tragedia sucedió. Dicen que solo iban a amedrentar al dueño del lugar, a cobrar la afrenta, “mira como se arde el lugar”, pero con lo que no contaban esos sujetos inexpertos que aparte de cargar gasolina dos mil metros antes de llegar al lugar de los hechos y por eso ser identificados, con lo que no contaban era con las irregularidades en las que vivimos diariamente en México, es cierto que ellos advirtieron al llegar: “sálganse o se los va a llevar la chingada”, pero los visitantes asiduos a cualquier Casino ya estaban acostumbrados a ese tipo de peroratas, creyeron que era otra más y por eso hicieron lo que acostumbradamente hacían cuando los sicarios invadían el lugar, se fueron a resguardar a los baños, algunos si alcanzaron a salir, otros vieron las puertas de emergencia cerradas y optaron por resguardarse.

“Los estúpidos incendiarios van a alegar que jamás intentaron matar a nadie, iban a lo suyo, a sembrar el terror en los propietarios del Casino” escribe Jorge Villegas. Lo que pasó allí fue una terrible conjunción de características propias de los humanos: negligencia por parte de las autoridades y estupidez por parte de los incendiarios. Que irónico, dice un transeúnte, en plena época del auge científico las cuestiones del azar siguen dictando la agenda de lo humano.

Irónicamente, a la vuelta de la página, en la sección de deportes, encontramos posibles respuestas: Cuauhtémoc Blanco pide que se unan los futbolistas como lo hacen en otros países, (deberíamos asumir ese consejo), Óscar Pistorius, Adrián González y Carmelita Jeter viviendo su sueño. Ricardo Ferreti rechazando el premio como mejor DT. Quizá sea muy prematuro, dirán y con justa razón que debemos primero vivir el proceso de duelo, pero no está demás señalar la meta: “Seguir adelante porque no se puede vivir en el pasado” (Usain Bolt).

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