¿Democracia cristiana?

Escrito Por: Juan Pablo Cruz Alvizo

Twitter: @jpcruzalvizo

jpcruzalvizo@hotmail.com

En Latinoamérica y el mundo se han dado movimientos de cristianos y cristianas que han entendido que su quehacer y responsabilidad social son tales que no pueden estar desencarnados de la realidad, por lo que se ha llegado a la formación de grupos de reflexión, asociaciones e incluso partidos políticos que tienen como principios fundamentales algunos elementos de la Doctrina social cristiana.

De hecho hay países en los cuales estos partidos políticos han llegado al poder, paradójico, para una mentalidad que debe ser más de servicio que de poder. Entre estos países tenemos Brasil y en el 2000 en México se logró derrocar al partido que se encontraba gobernando desde hacía tres cuartos de siglo.

Pero las Instituciones políticas, económicas, e incluso religiosas corren siempre el riesgo de perder su esencia, pues como dice Carlos Díaz: Las instituciones que el hombre crea, acaban corrompiendo al hombre que las ha creado (Una Iglesia que piensa. Dos Mundos. Salamanca 2005. p. 14). Esto es lo que parece haber sucedido al partido en turno, pues de aquel humanismo que predicaba y de los cristianos y cristianas que buscaban cambiar su realidad social, parece que no queda nada. El bien común, pilar de la doctrina del partido, poco tiene ya de común y casi nada de bien.

Hay hombres y mujeres que parece que están mas bien al servicio del poder económico que de las causas más nobles y de  mexicanos y mexicanas más desprotegidas.

Pero la responsabilidad no es toda de ellos y ellas, sino que los demás  -cristianos y cristianas- especialmente los laicos y las laicas, debemos levantar la voz y hacer uso de la participación social para redireccionar los ideales de las instituciones y de la misma sociedad.

En el 2000 esperábamos un cambio que nunca llegó, pues se siguieron manejando con las políticas económicas que sólo <<estabilizan al país>> pero no generan mejor calidad de vida. Se vio más por las instituciones que por las personas, y eso que es uno de los pilares que sostienen al partido en el poder.

Y ante un triunfo tan polémico en el 2006, para autolegitimarse el soberano en turno, decidió salir a las calles con <<su>> ejército en una guerra contra la delincuencia organizada, que nos ha demostrado hasta la fecha que verdaderamente está muy organizada, mejor que nuestras fuerzas policiacas y el ejército, y nos ha dejado un saldo de 60 mil muertos (Mauricio Fernández, el polémico alcalde de San Pedro, Nuevo León dice que en realidad son 150 mil).

Ante la realidad de la pobreza en casi la mitad de nuestra población, una crisis económica que <<pega>> más duro –como siempre- a las y los que menos tienen, el desempleo y el empleo informal en un alto porcentaje; ya no sólo en quienes no cuentan con estudios básicos, sino en profesionistas incluso, una educación que deja mucho que desear y la corrupción en todos los niveles de gobierno, así como la rapiña en los Sindicatos, especialmente en los de PEMEX, CFE y el SNTE nos encontramos ante el descontento de una gran mayoría que ya no ve lo duro, sino lo tupido y que está dispuesta incluso a regresar a los tiempos en que <<robaban, pero repartían>>.

¿Cómo exigir que nuestros impuestos se traduzcan en progreso?, ¿Cómo volver a las fuentes de la democracia cristiana?¿Qué acciones debemos llevar a cabo? Son preguntas que debemos hacernos, y respondernos, para hacer algo –y hacerlo urgentemente- antes de que la democracia cristiana se convierta anticristiana.


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