La pedagogía según Cantinflas

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosLector

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Con frecuencia, algunos profesores atienden estas dificultades (problemas de conducta) de forma intuitiva, sin obtener resultados y generando mayores dificultades escolares, el único resultado es un gran sentimiento de frustración y desesperación frente a la situación.

(“Educación para todos”. Jomtien 1990)

Uno de los grandes problemas en las escuelas en la actualidad son los denominados “problemas de conducta”, los problemas de aprendizaje ya dejaron de ser ciertamente problemas debido a la gran cobertura por parte de las unidades de apoyo y también en parte por los nuevos lineamientos en donde se indica que es preferible que un alumno no debe reprobar. Hoy en día el gran problema con el que se topa el docente es con esos niños que se levantan del salón, que no acatan órdenes, que molestan al compañero, que intentan llamar la atención, que entran y salen del aula, que son groseros, que no tienen límites y un larguísimo etcétera que formaría parte del gran cúmulo de estresores de nuestros estimadísimos e ínclitos docentes.

¿A qué se debe que un infante no pueda participar de cierta manera esperada dentro del aula? ¿Por qué Juanito sí pone atención y Ronaldito y Jesusito no? La mayoría de los teóricos señalan imperativamente la etiología de su conducta disruptiva a una falla en la estructura familiar; insisten en que la conducta del infante es un fiel reflejo de la dinámica de la familia, la conducta del infante como sintomatología de la enfermedad del núcleo familiar. Los profes recurren a ese viejo estigma; si el alumno no sale adelante es que proviene de una “familia disfuncional”, pero por Dios, en pleno Siglo XXI, en pleno año 2012, en plena era de la posmodernidad, dígame ¿qué familia es funcional?

Habrá que partir de la premisa de que “toda conducta intenta comunicar algo”; la conducta disruptiva de Juanito intenta comunicarnos algo, y es allí en donde entra la labor del docente o la labor del psicólogo educativo, del director o de cualquier miembro de la institución educativa que quiera coadyuvar al buen desempeño del infante. No debemos olvidar que también dentro de la etiología de la conducta podremos encontrar disfunciones orgánicas o pormenores en cuanto a la funcionalidad de los neurotransmisores, pero eso son los mínimos, los detalles con los que nos topamos día a día en su mayoría no tienen nada que ver con neurotransmisores, genética o disfunciones fisiológicas. El docente con lo que se enfrenta día a día son con conductas disfuncionales que intentan comunicarnos algo.

Es verdad lo que afirman los profesores, que ahora los valores son otros, que los papás ya no se preocupan por sus hijos, que es la alimentación chatarra que frecuentan, que es la falta de límites y por eso ya en el aula no podemos hacer nada, pero también es una realidad que los profesores no pueden tirar la toalla de tan fea manera, los profesores deben de actuar a pesar del nulo apoyo de los padres de familia y para ello debe encontrar las técnicas y estrategias más adecuadas para satisfacer la demanda que exige la sociedad actual.

Para poder comunicarse con esos alumnos tildados de “niños con problemas de conducta” es necesario primero escuchar su conducta, qué es lo que intenta decirnos con esa conducta disruptiva, antes de medicarlo, antes de sedarlo o antes de mandarlo a la dirección o con el psicólogo, primero debemos de escuchar su conducta que se instaura en un contexto determinado, con un rol que está desempeñando en un sistema específico.

El docente en turno es un docente que ha perdido la capacidad de tolerancia y paciencia, es cierto que dicha intervención debe de darse dentro de un contexto en donde se manejen reglas y normas propias del aula escolar, pero también es cierto que el docente ya no es aquel sujeto que bien describió Cantinflas en la ya clásica película “El Profe”.

El común denominador de los alumnos que presentan un “problema de conducta” está al servicio de una carencia, es una carencia de afecto, por lo tanto, cuando un alumno en el aula se porta mal, la labor del docente será traducirlo a: “me das un poco de amor”. Recordemos que el alumno no siente que pertenece a su grupo primario denominado “familia”, mucho menos va a sentir la necesidad de sentirse perteneciente al grupo escolar.

Debemos dejar de lado esa estructura en donde el docente impone una manera de ser, en donde quiere que el grupo sea un cúmulo de sujetos alienados, deberíamos explorar un poco más en las potencialidades de cada alumno, dejar de etiquetar, optar por otras vías más saludables de atención a ellos, quizá como un método de prevención, para tener un mundo un poco más sano. Escuchar la conducta del alumno, algo bueno nos tendrá que decir.

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Un pensamiento en “La pedagogía según Cantinflas

  1. Estoy totalmente de acuerdo coneste punto de vista. Hay ninos que son estereotipados desde pequenos por no comportarse como dicta la regla. La pregunta es, como cambiar la forma de educar? Es triste ver como hay maestros que aun les gritan a sus alumnos y se frustan por no mantener un grupo de de pequenos llenos de energia sentados y alineados.

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