Sor Gofina

Escribe: Adolfo Huerta Alemán

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"Sor Gofina"

“Sor Gofina”

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“Lo  importante  es  conseguir  que  el  niño (a)  olvide  lo  que  es, 
para  que  se  vuelva  lo  que  tú  quieras  que  sea”.
Prem Dayal de su libro <<¡Me  vale  madres! Mantras mexicanos para la liberación del espíritu>> Editorial  Grijalbo 11ª Reimpresión 2013.

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Nacida un 27 de septiembre  del año de 1976, en Saltillo Coahuila;  proveniente  de  una  familia ultraconservadora  y  tradicionalista.

Sus   fieles  seguidoras  comparten  que   fue  formada  por  los  Millonarios  de  Cristo (una congregación  de  reciente  nacimiento  del  siglo  XX proveniente de MissMex),  bajo  la  óptica  estrictamente  cerrada   y  dogmática.

En  junio  del  año  2013,  el  sector  conservador  de  Saltillo,  comienza  su  proclamación  de  su  beatificación,  estando  aún  ella  viva  hasta  el  día  de  hoy,  su  fama  de  santa,  comenzó  a  recorrer  por  toda  la  ciudad.

Comenzaron  a  crecer  sus  seguidoras  y   seguidores,  estos  comenzaron  a  difundir  su  mensaje  por  todas  las  plazas   y  calles.

Fue   cuando  Sor Gofina,  se  anima  abrir  una  congregación:  que  se  hace  llamar <<Las  Persignadas  de  las  rodillas  ensangrentadas>>.

Visión 1 (fragmentos).

Tuve  una  visión  y  me  preocupa en demasía,  pues  me  he  enterado  por  algunas  de  ustedes, que  anda  por  allí  un  pseudosacerdote  que  lo  apodan  el  “Padre Gofo”,  que  viste  de  negro  y  escucha  rock,  otras  barbaridades  y  herejías  que  no  quiero  nombrar,  pues  me  dan  nauseas.

Les  comparto  que  en  la  visión  divina  hijitas  e  hijitos  me  dice  que  les  advierta,  que  no  le  hagan  caso,  pues  él,  es  el  mismísimo  Lucifer.

Además  de  que  el  pseudocurita  no  sabe  usar  las  <<Redes  Sociales>>,  como  ustedes   saben  mis  fervientes  seguidoras,   él  crítica  mucho  a  una  santa  familia,  que  en  los   últimos  10 años  ha  mantenido  el  poder  aquí  en  nuestra  entidad  norteña.

Esta  santa  familia  son  nuestros  más  preciados  benefactores  y  bienhechores,  además  de  que  son  muy   honestos  y  ayudan  mucho  a  la  gente.

Hace  poco  nos  construyeron    nuestro  gran  y  santo  convento;  el  cual  tiene  más  de  100  habitaciones,  que  arropan  a  nuestras   novicias,  que  serán  las  futuras  gofianas.

Ya  he  enviado  una  carta  a  nuestro  Prelado,  para   proclamar  la   beatificación  de  uno  de  ellos,  pues   fue   gobernador  y  demostró  a  flor  de  piel  su  santidad  y  transparencia,  me  llena  de  gozo  y  paz  saber  que  será  proclamado  como  el <<Santo  y  protector  de  los  Políticos>>.  No  olvidemos  que  él  bailaba  como  el  Rey  David.

Se  de  buena  fuente  que  también  el  pseudocurita  escribe,  bueno,  si  a  eso  le  podemos  llamar  escritura:  hijitas  e  hijitos,  no  lean  sus  escritos,   pues  abrirán  sus  ojos  como  Adán  y  Eva  y  serán   condenados  y  vivirán  la  misma  suerte.  Toda  y  todo  aquel  que  lean  sus  publicaciones  serán  reos  de  excomunión.

No  se  les  olvide  que   ustedes  cuando llegaron  al  mundo,  nacieron  siendo  oro,  y  Yo  y  los  demás (Profesores,   políticos  y  sacerdotes)  nos  encargamos  de  convertirlos  en  plomo.

Nuestra  misión  es  convertirlos  de  bellas  personas  libres   y   creativas,  en  fenómenos   de  circo  como  animalitos  dóciles,  para  manejarlos  a  nuestro  antojo  y  hacer  de  todas  y   todos  ustedes  lo  que  queramos,  para  mantenernos en el poder  hasta  el  día  de  hoy.

No  olviden  que  no  hay  mayor  virtud  que  la  obedecer  sin  cuestionar;  creer  sin  pensar   y  actuar  como   zombies  bajo  nuestras  leyes   y  mandamientos.

No  olvido  como  en  la  visión  vi   al  pseudocurita,  se  rostizaba   como  carnitas  al  <<estilo  Michoacán>>,  en  el  mismo  infierno   y  escuchaba  sus   gritos  donde  me  pedía  piedad,  todavía  resuena  en  mí  interior  sus  gritos: “¡no  dejen  de  pedir  por  mí  con  sus  rezos  y  ruegos,  sálvame  Sor Gofinaaa!”.

Que  quede  en  su  memoria,  eso  les  pasará  a las  y  a los  que  se  salgan  de  nuestro  redil,  a  los  que  rompan  nuestros  mapas  conceptuales  y  esquemas;  a  los  que  se  atrevan   a  pensar  por  sí mismos;  a  los  que  sean  ellos  mismos;  a  los  que  cuestionen  nuestras  tradiciones  y  enseñanzas  que  hemos  enseñado  por  los  siglos  de  los  siglos,  en  fin,  a los  que  enseñen  a  pensar libremente.

A  continuación  les  comparto  lo  que  la  visión   divina  me  dejó   como  un  plan  de  vida  para  todas   y  todos  ustedes,  serían  así   como  nuestras  normas  y  mandamientos  para  ser  felices  y  ser  parte  de  nuestra  gran  congregación:

–          No  pienses.

–          No  leas.

–          No  escuches  música.

–          No  critiques,  ni  alces  la  voz  para  proclamar  justicia.

–          No  denuncies  la  complicidad  y  el  secretismo.

–          No  te  organices,  ni  vayas  a  manifestaciones.

–          Mantén  tu  autoestima  baja,  vive  bajo  supersticiones  y  miedos.

–          A  todo  di  que  sí, de  lo  que  venga  de  papá gobierno  y  de  mamá iglesia,  con  la  ayuda  de  nuestra  mejor  adiestradora  que  es  nuestra  educación.

–          No  escuches,  no  hables,  no  pienses,  no  actúes  por  ti  mismo.

Si  hacen  esto,  serán  parte  de  mi  congregación  y  serán  muy  felices.  Mejor  sigue  viendo   televisión,  periódicos  de  chismes,  sigue  de  indiferente  y  pasivo  como  hasta  el  día  de  hoy  lo  haz  hecho  y  te  aseguro,  que  serás  parte  de  mí  reino  de  tu  más   humilde  servidora  Sor Gofina.  Amén.

“Los  verdaderos  místicos  van  siempre  contra  tendencia;  son  siempre  críticos  hacia  la  sociedad”.

Prem Dayal <<¡Me vale madres! Mantras mexicanos para la liberación de espíritu>> Ed. Grijalbo 11ª Reimpresión 2013.

 

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gofoman@hotmail.com

Twitter  @GofoAutor  

La renuncia de Ratzinger

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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ratzinger

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“Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia,
he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada,
ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”.
Ratzinger

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“La renuncia del Papa
habla de un hombre de sólidos valores y de consistencia ética”.
Rubén Aguilar Valenzuela

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La renuncia del Papa es un paso lógico dentro de un camino ilógico. La renuncia del Papa se debe de leer como un síntoma más de la sociedad insertada en la era de la posmodernidad en donde los valores del esfuerzo, el coraje, el empeño, el sacrifico han quedado atrás; con esto no quiero decir que Ratzinger sea un desobligado, no, lejos está la interpretación de su acto de juzgarlo como tal, más bien, lo que aquí se intenta expresar es el cómo se instaura y cómo se lee su dimisión al cargo como él así lo afirmó: por cuestiones de salud.

No faltarán los amantes de las hipótesis de conspiración que afirmarán que “un papa no renuncia, lo renuncian”, pero eso sería entrar en el terreno del suponer, más bien mi lectura de la renuncia del Papa tiene una hermenéutica diferente: la renuncia del Papa como metáfora del malestar de la cultura actual.

El hombre que se está construyendo en la actualidad es un hombre hedonista, que busca a toda costa el placer por el placer, que evita el sufrimiento, que prefiere beneficios con el mínimo esfuerzo, la palabra “sacrificio” en la actualidad es una palabra que asusta, que incómoda, lo de hoy es simplemente pasarla bien, gozar, disfrutar, poseer, tener, qué importa el ser.

La renuncia del Papa la leo desde esa óptica, como un síntoma del hombre posmoderno, que se da el lujo de renunciar a un compromiso establecido. El hombre de la posmodernidad valora más su salud, si integridad, su libertad su felicidad por sobre todas las cosas; antes el hombre y la mujer cuando hacían un compromiso llegaban hasta las últimas consecuencias, como muestra de lo que aquí escribo basta analizar las estadísticas de los divorcios, las mujeres vivían bajo el designio de “es la cruz que me tocó cargar” y no renunciaban al compromiso pactado, pero ahora, al mínimo roce, a la mínima frustración, el hombre y la mujer incardinados en la posmodernidad optan por renunciar y buscar un camino diferente, un camino que los lleve al goce.

“Si el Papa renuncia imagínate lo que puede hacer cualquier mortal” alcancé a escuchar. La renuncia al cargo como manifestación de la sociedad en la que estamos viviendo; cultura creadora de sibaritas. Imaginemos en su momento a Jesús bajándose de la cruz: “esto duele mucho, allí se ven”. El Papa como depositario de los valores de la Posmodernidad.

imagen de comandoamelia.blogspot.com

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El malestar en la cultura posmoderna

Autor: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosLector

imagen tomada de georginathompson.blogspot.mx

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“Quizás los humanos seamos una raza maldita,
nada nos salva de la ciega voluntad de destruir
que se halla insertada en nuestros genes”.
Jorge Volpi

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¿Cuál es el origen del mal? ¿De dónde surge tanta desestabilidad en México? ¿Por qué el robo, extorción, delincuencia, narcotráfico, violencia, el bullying?

Escribía Erich Fromm que en el corazón del hombre está la potencialidad de amar pero también de matar, de construir pero también de destruir.

Para que la pulsión del eros se manifieste debe existir un contexto que permita el libre desarrollo de la libido, es decir un ambiente sano, un ambiente en donde predominen las relaciones interpersonales sanas, en donde la sonrisa sea el motor de las acciones. Por el contrario, para que la pulsión de Tánatos se manifieste es necesario un contexto diametralmente opuesto, un ambiente de odio, frustración, miedo, desesperanza. Amor llama al amor y odio llama al odio.

¿Por qué la inestabilidad social? Precisamente porque vivimos en una sociedad estresada, en una sociedad frustrada, a mayor frustración mayor envidia, mayor coraje, mayor odio, mayor deseo de revancha; ¿cómo no enojarse por los insulsos daños colaterales de una supuesta “inteligencia militar”? ¿Cómo no denunciar la desigualdad, la injustica, la explotación? Lo que estamos viendo y viviendo es esa dialéctica en donde un sujeto vive en la frustración por los bajos salarios, por la infelicidad que impera en su hogar, por la conducta no funcional de sus hijos, ante esa realidad el mismo sujeto sale a la calle, se pone borracho, se droga, roba, delinque, con tal de evadir su funesta realidad.

Cada vez más un mexicano opta por ser parte de la delincuencia organizada, y eso a su vez hace de su familia una familia desorganizada, sin límites, reglas, normas, los hijos ven y actúan en consecuencia. Hemos olvidado la puesta en práctica de la axiología: la “delgada línea del respeto” se ha extraviado, el superyó freudiano ha quedado simplemente como un resabio, una reliquia, un constructo que solamente sirvió para el siglo XX, ahora, inmersos en la era de la posmodernidad, en donde “todo vale”, “todo discurso es válido”, se han trasmutado tristemente los valores. Allí donde leíamos “colectividad” se alcanza a leer “individualismo”. Allí donde leíamos cooperación, leemos “competitividad”. Valores propios de la moral en turno. Valores y jamás antivalores.

Estoy de acuerdo con aquello de “para que haya un cambio en México es necesario cambiar las estructuras sociales” tengo más de veinte años escuchando eso y mientras ese cambio de estructuras sucede nosotros cambiemos de actitud, que de eso si somos responsables.

En México se han cometido muchas atrocidades y continuarán, como el Caso de la Guardería ABC, las mujeres asesinadas, las muertes de activistas, los monopolios, la explotación del obrero, la enajenación de los medios de comunicación, los arreglos en lo oscurito de los políticos.

¿Cuál es la propuesta? ¿Qué nos queda?

Voltear a ver a la familia, allí está todo, allí. De la familia salen los peores males de la sociedad pero también de la familia surgen agentes de cambio. Somos testigos del resquebrajamiento de la moral en turno, habrá que construir otra, quizá no una enraizada en los más puros constructos metafísicos, pero sí una que surja del hombre y para el hombre, una filosofía de vida, aprovechar eso de que “después de la tormenta viene la calma”.

Si no es ahora… ¿Cuándo?

La familia en tiempo de crisis

Por : Juan Pablo Cruz Alvizo

Twitter: @jpcruzalvizo

imagen tomada de gustavozepedateg.wordpress.com

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Recordaba en estos días el VI Encuentro Mundial de las Familias en enero de 2009 y pensaba en tres cosas importantes que dejó este encuentro: Primero, es necesario recuperar los espacios perdidos en la sociedad, especialmente entre aquellos en los  que hemos perdido credibilidad como Iglesia. Segundo, urge privilegiar el modelo de familia tradicional, que no monopolizarlo, a pesar de la gran variedad de formas de organización que proliferan ya en nuestro entorno; y tercero, tenemos que recuperar los valores humanos y cristianos que, incluso los mismos cristianos hemos ido dejando en el clóset y que tenemos que “desempolvar”.

            Cuando digo que hay que recuperar espacios no me refiero a ser nuevamente una sociedad homogénea de fieles católicos. En nuestros tiempos, esto sería iluso y ensoñador. Lo que quiero expresar con esto, es que cuando en nuestro país, uno de los más católicos del mundo, tuvimos un evento de esta naturaleza; no faltaron las voces que se levantaron al grito de: “Nos están robando la soberanía” y “Nos quieren abolir el estado laico”.

Todo esto se dió como una reacción a la defensa que la Iglesia hizo de la vida en contraposición con las propuestas de aborto y eutanasia en el Distrito Federal, específicamente, y también por el tema de las sociedades de convivencia tan traídas y llevadas en tiempos no muy lejanos.

Los “librepensadores” y radicales anti-clero y anti- Iglesia, no se hicieron esperar en reacciones violentas por considerar a la Iglesia como retrógrada y pisoteadora de los Derechos Humanos.

De aquí que sea de vital importancia que nos acerquemos a nuestra sociedad para responder a las interrogantes que nos hacen, a través del diálogo, en un ambiente de mutuo respeto y acompañado de una verdadera coherencia, que les de la seguridad que no les damos a conocer la verdad de una Institución, sino la Verdad de una persona que es Jesucristo, el verdadero liberador del pecado y de la opresión de los Derechos Humanos.

En este sentido me parece muy iluminador cuando Monseñor Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal de las Casas, expuso, ante quienes seguían  pensando que es anacrónico el modelo de familia de Padre, Madre e hijos: “La Iglesia no inventa un modelo de familia, sólo propone el que Dios mismo ha mostrado desde el principio de los tiempos. Intentar modificarle a Dios sus planes es pretender ser nuevos dioses. Respetamos la libertad de quienes piensan distinto, aunque les advertimos los daños que pueden sufrir; pero que respeten nuestro derecho a proclamar también la verdad de Dios” (La jornada p. 39 21 de enero de 2009). ¿No es este un verdadero ejemplo de cómo nuestra Iglesia puede dialogar con respeto, autoridad y verdad ante quienes piensan distinto?

Por otro lado, para muchos es difícil hablar en el ámbito eclesial de la familia, pues, al parecer hay una especie de monopolización de parte del clero y la vida religiosa y le damos un sobre valor a dichas vocaciones, mientras que la vocación del matrimonio y de la familia  muchas veces queda relegada al último lugar.

Tal parece que nos olvidamos que si le echamos cuentas hay mayor número de familias en nuestras comunidades que vocaciones religiosas y sacerdotales, por lo que nuestros esfuerzos deben ir a favor de las “mayorías”, sin dejar de lado estas vocaciones específicas.

Hace algún tiempo escuché a un sacerdote mencionar que su prioridad pastoral son las familias tradicionales, y me dejó pensando en aquella frase de Jesús: “No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos” (Lc. 5,31), es decir, me parece que es importante atender a las familias tradicionales, sin embargo, en primera instancia, generalmente los hijos de esa familia generarán familias tradicionales, pero es más probable que los miembros de familias disfuncionales estén más propensos a generar familias disfuncionales.

Entonces, ¿Quién atenderá estas familias? ¿Cómo evitaremos que se siga repitiendo este círculo vicioso? Esto nos trae consigo la urgencia de crear estructuras pastorales para atender estas familias, perder el miedo a las cosas nuevas. Tenemos que ir, como nos lo recuerdan los obispos latinoamericanos, a los más alejados (DA 199), y ¿Quiénes más alejados que los que viven en el error, ya sea por ignorancia, ya por las diversas circunstancias de la vida?

Por último, es el momento de recuperar los valores humanos y cristianos, y qué mejor lugar para cultivarlos que la familia, pues es un espacio donde debe proliferar el amor y la enseñanza.

Lamentablemente nuestras familias se ven cada día más amenazadas por ideologías, tendencias y diversos desafíos que tienen que esquivar para no verse afectadas, sin embargo también el ritmo de vida es tan vertiginoso, que nos encontramos con familias, que aunque viven juntos, se ven poco por los diversos horarios de trabajo y escuela.

Pero no podemos dejarnos abatir por las adversidades, antes bien hay que mirar el futuro con esperanza, al fin y al cabo es una de las virtudes que nos caracterizan especialmente a los cristianos y es uno de los valores que hay que potenciar en nuestras familias a través de la formación y especialmente en los cursos prematrimoniales, para que los futuros contrayentes se den cuenta de la magnitud del compromiso que adquieren y que adquirimos toda la Iglesia junto con ellos.

Podemos aprovechar ocasiones como el día de la familia o campañas publicitarias ya existentes para reforzar la vivencia de los valores en las familias, así como los cursos catequéticos de Padres de  familia y de los mismos niños.

La familia es en fin, un abanico de posibilidades para reactivar nuestra a veces anquilosada pastoral, pero además, podemos decir, el motor que puede mover a la gran maquinaria que es la Iglesia, sólo falta que le demos su lugar, que nos preocupemos por formar verdaderas familias, que estén  realmente comprometidas con la Iglesia y con el anuncio del Reino.

P. D. ¡Viva la familia!

jpcruzalvizo@hotmail.com


El séptimo mandamiento

Escrito por: José Jorge Hernández Briones

imagen tomada de parisicilia.eu

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“Tolera México corrupción”, periódico El Norte
“Es Javier Villarreal más rico que Obama”, periódico Vanguardia.

Vivimos en una época de corrupción, donde no debería ser común las palabras o frases robo, fraude, delincuentes de cuellos blanco, detienen a políticos, investigan a exgobernador, arraigan a empresario, buscan a político.

Y lo escribo porque la educación y los valores se fundamentan muchas veces desde la familia, nuestros padres nos educan de la manera que ellos creen conveniente, unas veces funciona y otras no.

Asegura una frase que la ocasión hace al ladrón y afirmo que si se tienen principios bien estructurados la ocasión no hace al ladrón, al menos así me pasó con dos casos de señoras que le ayudaron a mi esposa en el quehacer de la casa.

No voy a entrar en una exégesis sobre el Séptimo Mandamiento, solo escribiré de manera corta los principios que se nos enseñan en casa y que son muy valiosos para nuestra vida.

Recuerdo una experiencia que viví en mi niñez que en muchos años fue dolorosa pero ahora se la agradezco y se la agradeceré por siempre a mi papá a quien creo, desde ahí me cayó la maldición o bendición para no cometer robos.

Tendría al menos 7 años y jugaba con un vecino, de pronto nos metimos a unos terrenos y ahí en el sitio hallamos huevos, muchos y el niño, Benito, como se llamaba me dijo “llévate unos para tu casa, yo le voy a llevar a mi mamá y se va a poner bien contenta”.

Creyendo que hacía la obra del día, me guardé unos en las bolsas y contento porque llevaba huevos a mi casa caminé feliz y al entrar a mi casa anuncié a todo mundo que me había hallado unos huevos.

Recuerdo que mi papá me preguntó y le dije donde los había encontrado, más tarde en contarle que él en sacar el cinto y darme varios “cinturonazos” que hasta los huevos que estaban adentro de la bolsa se quebraron.

No entendía por qué me golpeaba, solo me daba mucho sentimiento, pero ya después, cuando las cosas se calmaron me contó una anécdota con la cuál entendí su actitud, y de hecho, fue la única vez que me golpeó en toda mi vida.

-Mira mijo -me dijo mientras me sentaba en sus piernas- cuando yo era niño, frente a mi casa vivía una señora que tenía un hijo y una vez la mujer le dijo al niño, ‘ves esa herradura que está arriba del carretón”, el niño contestó –sí, ‘pues ve por ella sin que te vean y tráemela’.

A partir del hecho, me comentó mi papá el niño se acostumbró a robar y ya nada lo detuvo hasta que se volvió prófugo de la justicia hasta que una vez a media noche, llegó con la mamá y le dijo: -por su culpa me volví ladrón, si usted no me dice que está mal lo que hacía yo no viviera robando, ni me anduviera escondiendo”.

Yo no sé si fue cierto, lo que sé, es que fue una enseñanza de valores, quizá muy simple, quizá fantasiosa, pero al fin y al cabo enseñanza que al correr de los días, meses y años aprendí el Séptimo Mandamiento iba a ser importante en la vida.

No sé si a las personas que hoy roban, unos por necesidad , otros para enriquecerse les hayan enseñado principios o valores para vivir de manera digna o se hayan contaminado durante el camino, lo que sí sé es que aunque mi enseñanza fue algo primitiva, resultó provechosa.

@JorgeEditor