El séptimo mandamiento

Escrito por: José Jorge Hernández Briones

imagen tomada de parisicilia.eu

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“Tolera México corrupción”, periódico El Norte
“Es Javier Villarreal más rico que Obama”, periódico Vanguardia.

Vivimos en una época de corrupción, donde no debería ser común las palabras o frases robo, fraude, delincuentes de cuellos blanco, detienen a políticos, investigan a exgobernador, arraigan a empresario, buscan a político.

Y lo escribo porque la educación y los valores se fundamentan muchas veces desde la familia, nuestros padres nos educan de la manera que ellos creen conveniente, unas veces funciona y otras no.

Asegura una frase que la ocasión hace al ladrón y afirmo que si se tienen principios bien estructurados la ocasión no hace al ladrón, al menos así me pasó con dos casos de señoras que le ayudaron a mi esposa en el quehacer de la casa.

No voy a entrar en una exégesis sobre el Séptimo Mandamiento, solo escribiré de manera corta los principios que se nos enseñan en casa y que son muy valiosos para nuestra vida.

Recuerdo una experiencia que viví en mi niñez que en muchos años fue dolorosa pero ahora se la agradezco y se la agradeceré por siempre a mi papá a quien creo, desde ahí me cayó la maldición o bendición para no cometer robos.

Tendría al menos 7 años y jugaba con un vecino, de pronto nos metimos a unos terrenos y ahí en el sitio hallamos huevos, muchos y el niño, Benito, como se llamaba me dijo “llévate unos para tu casa, yo le voy a llevar a mi mamá y se va a poner bien contenta”.

Creyendo que hacía la obra del día, me guardé unos en las bolsas y contento porque llevaba huevos a mi casa caminé feliz y al entrar a mi casa anuncié a todo mundo que me había hallado unos huevos.

Recuerdo que mi papá me preguntó y le dije donde los había encontrado, más tarde en contarle que él en sacar el cinto y darme varios “cinturonazos” que hasta los huevos que estaban adentro de la bolsa se quebraron.

No entendía por qué me golpeaba, solo me daba mucho sentimiento, pero ya después, cuando las cosas se calmaron me contó una anécdota con la cuál entendí su actitud, y de hecho, fue la única vez que me golpeó en toda mi vida.

-Mira mijo -me dijo mientras me sentaba en sus piernas- cuando yo era niño, frente a mi casa vivía una señora que tenía un hijo y una vez la mujer le dijo al niño, ‘ves esa herradura que está arriba del carretón”, el niño contestó –sí, ‘pues ve por ella sin que te vean y tráemela’.

A partir del hecho, me comentó mi papá el niño se acostumbró a robar y ya nada lo detuvo hasta que se volvió prófugo de la justicia hasta que una vez a media noche, llegó con la mamá y le dijo: -por su culpa me volví ladrón, si usted no me dice que está mal lo que hacía yo no viviera robando, ni me anduviera escondiendo”.

Yo no sé si fue cierto, lo que sé, es que fue una enseñanza de valores, quizá muy simple, quizá fantasiosa, pero al fin y al cabo enseñanza que al correr de los días, meses y años aprendí el Séptimo Mandamiento iba a ser importante en la vida.

No sé si a las personas que hoy roban, unos por necesidad , otros para enriquecerse les hayan enseñado principios o valores para vivir de manera digna o se hayan contaminado durante el camino, lo que sí sé es que aunque mi enseñanza fue algo primitiva, resultó provechosa.

@JorgeEditor