El antónimo de Dios

Escribe:  Paco Robledo

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Iguala sigue igual. Como nosotros y como nadie. Y todos se han dado y no cuenta. O qué, ¿alguien sabe para dónde vamos? Digo no para que haga la tarea. Es nomás pa’ que señale un rumbo, que yo, no veo que avance. Será que todos van adelante, y yo los voy viendo, arre que corren, tropezando como si los hubieran dejado libres en el monte de noche. Enserio que si camino, pero esto no avanza, no avanza más que la edad, hay para detener la vejes de la carne, pero no la de la muerte. Y que mejor. Sería agotador no morir. Y no es que me agote todo, como al clásico pesimista apadrinado por la beca. Enserio que no, justo ahora y después, estaré de pie, caminando hacia adelante y en zigzag, y de reversa, esperando que me tope en la frente lo que venga.  De hecho y de milagro, no he parado de trabajar y por alguna extraña razón, sonrió, y me encanta la música, no cabe duda de que sin ella, esto sería MÁS huraño. Aunque sé que a lo que más que se llega en está vida, es a enranciarse. De ahí, lo otro, el pozo, la desaparición total.

Antes de seguir hablando, quiero decir que la trascendencia está mal empleada, los muertos siempre dejan eso entre sus calcetines sucios. Hay una vasta cantidad de personas que trascendieron sus hechos, no sus almas. Ahora la trascendencia es el principal difusor en la obra de alguien. La idea de los arquetipos, refugiados en las ideas de otros, en lo que admiramos poder ser. Hemos intentado ser auténticos, pero los resultados son egocentristas. Aspiramos a la industria y la llevamos a cabo con ritualidad, con manojo de instrucciones y dos granos de sal.

Yo hablo del romance del cuerpo con la lentitud, el achaque y el síndrome de la infantilidad. A pie en el bastón de andar somnoliento, o a las anchas en silla de ruedas. En ese tiempo que es de regresión constante. Estoy resignado, estoy recargado en el marco de la venta. Conformado conforme la luz del día se hace negra nocturna. Acepto que entregamos nuestras habilidades para volver de donde vinimos, si es que venimos de otra parte, y si es que hubo habilidades en el cuerpo. Junto a ese marco, que de esos no faltan por ahí, se observa a las el movimiento de las sociedades que han tocado, y se ve la repercusión de las siguientes. Y no hay qué avance. Pero si mucha mezcla. Sometidos estamos a la reproducción sin medida, a contarles a nuestros hijos que en “nuestros” tiempos hacíamos otras cosas.

Este mundo pare cada vez más habitantes como de otro mundo. Está la habilidad de dar vida; que muere y que no muere. La vida que muere es la del alma, la de la psique. La vida que no muere es la del material, la que se calcula con el peso en la mano; entre más volumen y peso, mayor el precio; lo grande cuesta más, lo que cuesta más, es lo mejor, según los humanos. Somos humanitos jugando al Sísifo de la industria, subiendo (“cielo”) y bajando (“infierno”), naciendo y muriendo. En eso no falla el hombre, que nace sin pedirlo y muere sin quererlo. Viviendo del tiempo que enseña los modales. Somos de carne y hueso, como los animales del rastro. Ellos llevan el privilegio de ser animales, y nosotros, los homo sapiens, terminamos títeres con la tanta tv y todas las modernidades mata neuronas, o como más bestialmente se le llamaría, instintos.   La vida y la muerte van unidas, bailan de cachete el vals del ruido urbano. La viva y la muerta de la mano, cogiendo, pariendo vivos y muertos. Eso como línea apenas perceptible que divide arriba de abajo, entre el ser y la independencia. Esa como línea donde el cielo se recuesta a besar el filo pedregoso de los enormes cerros; tumores negros que nacen de la tierra, lucen como una lápida tiznada que día a día vigila el caserío, como si estas fueran las tumbas que no hay que saquear.

Con el transcurrir de las horas en la ventana, los cerros negros se extienden por el aire, como flor cerrando su florecer.  Somos parte de la mutación que nada lo evita. Bienvenidos al pensamiento universal.

Los pocos milagros que existen, de los cuales la humanidad se siente orgullosa y yo les reconozco, son: la capacidad de dar y quitar vida. De crear Dioses resistentes, el dinero y el materialismo. Eso ni Dios-cruz se ha comprobado que lo evite, ¿cuantos años rezando a oídos sordos? Y aun así, el hombre no ha cargado el triunfo de la guerra contra los Dioses, mientras siga habiendo gente que se comporte como tal para defender su revolución hedonista. Los mexicanos se convirtieron en verdugos de ellos mismos. Explicar el caso sería escurrir demasiada sangre por aquí.

Me apego a lo biológico que a lo espiritual. Lo segundo lo adjudico a la modernidad, al arte y a toda la contaminación occidental de inicios de siglo. Lo primero fue un accidente inalterable, un tropiezo entre gases y la combustión propició la explosión que invadió de parásitos el planeta. A esos parásitos también les llaman vividores, inútiles, pero no solamente al vividor económico-existencial y al imbécil por naturaleza, sino a la bacteria que necesita de un cuerpo para terminar de desarrollar el suyo. Convirtiendo el cuerpo primero en un médium, un aparato zombi que deja de cumplir sus funciones porque ahora un parasito tal, deposito dentro el huevecillo que capitanea su carnaval: la nave de la carne según su sentido original proveniente de las primeras civilizaciones. Donde ya practicaban dichos eventos paganos.

Vamos, vamos y vamos y no veo nada. No veo rumbo. Voy con mi familia de la mano, por el baldío de Saltillense y, en la otra mano, el azadón que le dé a esto un toque camino cuento de hadas. Pero a veces veo lo de siempre: Nada. Como si ese algo estuviera escondido entre los nopales y las ramas. No veo, no hay nadie adelante de mí. No veo nada y no sé a dónde voy a parar. Me da la sensación de que el 2014 como 1914 están entregados al dadaísmo y sus ramos. Es un caso grave que la época se modifique conforme las madres paren de a tres y a cuatro obreritos. Esto es una pena de sociedad, un fracaso inmediato de que no deseamos cambiar, sino acumular lo que vaya saliendo, excepto la censura, todo aquello que afecte las buenas costumbres y la alta moral, cosa referente a la frigidez y la pederastia, el sadismo a cargo de un encargado de pueblo, la falocracia del machismo y la bestialidad de los asexuados, los queers y todos aquellos que alteramos el ya ecosistema dogmático a través del Facebook. Andamos donde las culturas se dividieron.

 ¿Y por qué no mezclarnos, porque no hacer una sociedad multicultural y multipotencial? no una fantasía o una ciencia ficción. No hablo de juegos con el lenguaje, sino de antropología urbana. Hablo de que ya no exista diferencia alguna, repudio alguno por las variaciones en los demás. Al cabo, es un mundo de similares, con las mismas capacidades e incapacidades. Yo, que voy siendo una generación reciente, me miro en la historia que se encapsuló como polvo viejo en los voluminosos libros, y mucho de mis antepasados asquea. No comprendo cómo es que los siglos no han acabado con el cristianismo, la monarquía, el capital, los farmacéuticos, la policía, el presidente y un largo etc… Ya sé que van a salir algunos portando el traje de héroe, levantando la voz para defender su ideología, su espiritualidad, su ser experimentador, compareciente y bondadoso. Qué es lo que esas porras teóricas nos gritan. Que todo quede de igual manera como ahora lo está, porque así es como esto va a funcionar, funcionó, funciona, funcionaba, funcionará. Nadie quiere acceder la razón. Nadie quiere abandonar lo poco que se ha cosechado. Nos quedamos afianzados a la historia, a la historia de los demás, a la de nuestros arquetipos, de quienes retomamos las capacidades para volvernos una extensión de eso, sin ello, también quedaríamos vacíos.

En verdad nada nos pertenece, somos simples contemplantes de un obligatorio fenecer. Ya sé que nadie nos obligó a venir, como nadie nos obliga a quedarnos. Empezamos como el típico animalito que aprende lo que el otro le enseña, autómatas que no aprenden nada nuevo, nada más allá que las nuevas culturas afianzadas a la viejas escuelas, enrolladas y sazonando todo con todo, las modas con las varias formas de pensamiento, la ideóloga con la utopía, los héroes con la fama, los buenos actos con la caridad, la inutilidad de usar traje para Forbes y la extravagancia parásita de andar desaliñado, como acto excluido del cinismo Griego. No hay en realidad, nada nuevo que aprender, no hay cosa más obvia que cambiar.

Hay miedo de dejar el arte y la política, lo entiendo. Pero por un momento, abandonen todo, la ley, los dogmas, el manifiesto, si es posible, tomar asiento para amortiguar la caída de los posibles desmayados de la impresión de la ligereza.

Olviden el alter ego, dejen de ser padres, hijos, trabajadores. Quítense las etiquetas, aunque signifique olvidar a nuestros muertos, hacerlos a un lado junto con las escuelas, las técnicas, los dramas, la mitología Griega, el psicoanálisis, los muros que dividen la tierra, las nacionalidades, los conceptos, el histrionismo, la religión, pero sobre todo, la noción de cultura. Todo lo que el hombre haya “avanzado” deteriorándose y deteriorando, hay que abandonarlo, hacerlo a un lado, inclusive, la literatura, que en nada ha ayudado. Y no porque leer sea malo, sino porque ya hay muchos libros de lo mismo. Todo ese millar de personajes huevones, hedonistas, viciosos y holgazanes, como sus autores, hacerlos por cinco minutos a un lado, como si fuera un papel en el suelo que no desea ni mirar. Si esto ocurre, después de ocurrido, hay que plantarse la idea de que todos somos una familia de similares, con las mismas capacidades e incapacidades. Y que de ahí empiece todo, una reconstrucción fuera de estereotipos, humanos sin angustia para alimentar a Dios.

Olvidemos el pensamiento de la geografía, de los siglos antes y después de Cristo. Démosle nuevamente cuerda al reloj si así lo desean y que esto nuevamente continúe, como el instinto natural que siempre fue. Dirán que volverá a ser lo mismo, con la infraestructura fosilizada por ahí. Ese es el único pedo por el cual llamarme insulso, pero es que el mundo de las imágenes nos tiene tan atrapados, que tú es el otro y el otro-otro es tú. Este mundo de las figuras que tan mal educados nos tiene.

Todos tenemos un modo, y ese modo, nadie puede despreciarlo, porque ese alguien tiene un modo que nadie le despreciará. Hay que quitarnos el mayor temor, antes que al narco, las guerras o los pandilleros, el temor de darle la espalda a nuestras creencias, al barrio, a la academia, al cristianismo, no queremos hacerlo por temor a darnos la vuelta para alejarnos de nuestros desechos y terminemos cayendo en un largo, confuso y profundo vacío negro. Llevamos una vida expensa y agradecida a los que creemos nuestros supremos, esas imágenes que nos frustran y que a escondidas, ahí por el inconsciente, son el espejo en el que te miras, en el que recitas lo que quieres saber para irlo a parlamentar en la primera mesa que compartas con el prójimo.

E iguala sigue igual, como todo la república, rodeados en un mundo que se recuesta sobre muertos anónimos. Vamos pisando suelo donde siembran muertos con la justa injusticia. Donde la primera es para los jodidos y la segunda para los que gobiernan esta milpita.

También esto hay que dejarlo a un lado, sino, vamos a terminar armándonos, dejando las ideas porque ¿y por qué no? Si los gobiernos han matado más cuando portan sus categorías, que todos los malandros de todos los barrios.

Extraditable

¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi…

Escribe: Adolfo Huerta Alemán

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“La revolución cultural,  es la  que  está  dispuesta  a  transformar  mentes, 
las  costumbres, los  valores  y  la  forma  de  vivir  de las  personas”.
<<Carlos  Granés:  El  puño  invisible – Arte, revolución  y 
un  siglo  de  cambios  culturales>> Ed. Taurus 2011.

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Cada  generación  se  cree  protagonista  de  su  historia  y  de  poder  cambiarla:  ilusos  dirán   algunos,  pero  mal  harían  en  no  creerse  protagonistas  de  su  momento  histórico  que  les  tocó  vivir,  si  cada  generación  no  se  creyera  responsable  de  su  protagonismo  histórico,  creo  que  no  llegaríamos  a  ningún  lado  o,  no  evolucionaríamos  como  Humanidad.

¿En  dónde  nos  ubicamos  las  y  los  de  nuestra  generación? ¿Hacia  dónde  vamos? ¿Estamos  aportando  algo? ¿Somos  parte  del  cambio?

Se  nos  dice  que  somos  hijos  de  la Caída  del  muro  de  Berlín,  del  derrumbamiento  del  socialismo  real  a  nivel  mundial.

Que  somos  blanco  fácil  del  consumismo,  se  dice  que  todo  lo  que  se  vende  es  inventado  para  el  mercado  joven – adulto “Compra más, la  vida  es  corta”.

Que  estamos  abusando  de  los  recursos  naturales  y  los  usamos  sin  medida,  ni  preocupándonos  por  los  que  vienen  atrás  de  nosotros.

Somos  testigos  pasivos  del  cómo  la  era  digital está  cambiando  nuestras  relaciones  humanas.

Nos  invade  la  impotencia  del  cómo  la  economía  se  va  imponiendo  como  valor  absoluto,  y  cada  vez  arrasa  con  los  derechos  laborales  de  nuestra  gente  trabajadora,  se  ve  menos  en el  trabajo  como  un  medio  digno  para  obtener  beneficios  para  una  vida  más  tranquila  y  satisfactoria.

Vemos  como  todas  las  instituciones  nacidas  del  período  de la  Revolución  Francesa,  de  la  época  de  la  Ilustración,   el  Estado  moderno  y  su  economía  están  en  una  profunda  crisis,  esto  es  un  <<parteaguas  civilizatorio>>;  a donde  quieras  que  volteas,  la  crisis  está  presente,  con  mayor  o  menor  intensidad se  hace  presente:  graves  turbulencias  económicas,  supuestas  guerras  contra  el  narcotráfico,  inoperancia  de  los  partidos  políticos,  movilizaciones  sociales  crecientes,  aumento  de  despojo,  más  enajenación  a la  televisión  y  a  su  entretenimiento  chatarra,  más  miseria,  crece  la  represión  del  Estado  hacia  la  ciudadanía  comprometida  y  actora,  cada  vez  más  se  criminaliza  la  protesta  social.

Las  y  los  que  pertenecen  a  una  religión,  también  nos  han  desilusionado,  vemos  a  flor  de  piel que  no  viven  ninguna  congruencia con  los  fundamentos  de  sus  iniciadores  que  eran  unos  verdaderos  místicos:  sus  palabras  iban  acompañadas  de  acciones  muy  concretas,  las  instituciones  nacidas  de  las  religiones  también  están  pasando  por   una  profunda  crisis.

Claro,  que  esta  generación  también  hay  cosas  propositivas,  pero  esas  te  tocan  a  ti  descubrirlas  y  potencializarlas   para  que  se  vayan  propagando.

¿Podremos  cambiar  algo,  las  y  los  que  pertenecemos  a  ésta  generación?  ¿Queremos  de  verdad  un  cambio?  ¿Cómo  y  para  qué  provocaríamos  un  cambio?  ¿Qué  tanto  estoy  dispuesto,  para  asumir  mí  protagonismo  para  generar  ese  cambio?  ¿Hasta  dónde  estoy  dispuesto  para  salir de  mí  confort  e  individualismo  y  sumarme  a  gente  que  le  está  apostando  al  cambio  que  necesitamos?  ¿Hacia  dónde  nos  dirigimos  con  ese  cambio  que  provocaríamos? ¿Y,  para  qué  queremos  un cambio?

¿Somos  hijas  e  hijos  de  la  desilusión? Aquí  en  México  diríamos ¿Somos  hijos  de la  chingada  desesperación? Si  así  lo  fuera,  esto  no  es  determinante,  pues  tenemos  libertad  de  elegir  y  el  poder  de  nuestra  voluntad,  para  apostarle  a  un  verdadero  cambio  y  decir  con  nuestras  acciones,  que  no  todo  está  dicho ¡Que  la  lucha  está  por  comenzar!

“El  nuevo  protagonista  de  las  futuras  revoluciones  culturales  y  sociales: el  joven  insatisfecho”.

<<Carlos  Granés – El  puño  invisible>>

 

Facebook  Adolfo  Huerta  Alemán

gofoman@hotmail.com

Twitter  @GofoAutor

 

Servir para merecer

 

Por: Juan Pablo Cruz Alvizo

Twitter: @jpcruzalvizo

 

imagen tomada de mensajedelamormisericordioso.blogspot.com

“QUIEN NO VIVE PARA SERVIR, NO SIRVE PARA VIVIR”

Acabamos de celebrar en la liturgia católica, la asunción de la Virgen María y es una ocasión perfecta para recordar que la fe de las y los cristianos nos lleva a  entender esta asunción como una esperanza de lo que todas y todos esperamos al final de nuestras vidas, sin embargo, debemos recordar que esta distinción de la que fue objeto la Virgen María no fue sólo por el hecho de ser la madre del Hijo de Dios, sino; y sobre todo, por las obras que ella misma realizó.

En efecto escuchamos que San Lucas relata cómo María sube a la montaña en una ciudad de Judá para ponerse al servicio de su prima Isabel, que a pesar de su avanzada edad se encuentra embarazada.

Esa servicialidad que en nuestros tiempos se encuentra muy olvidada, pues en una sociedad de mercado libre, donde lo importante es ganar el máximo de dinero con el mínimo de inversión; es la actitud que debemos tener en cuenta las y los cristianos actuales para realmente merecer el mismo destino que  la Virgen María. No podemos buscar el cielo sin ganárnoslo en la tierra, de buenos deseos está lleno el infierno.

Con la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, podemos caer en un sentimentalismo o en un tono muy rosa de la fe, pero no olvidemos que para merecer esta asunción tenemos que pasar primero por el <<Juicio del Amor>> que nos menciona en una hermosa parábola el Señor Jesús en el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo, cuando el Rey pregunte a cada uno por sus obras en favor de las y los más desprotegidos en las necesidades básicas de todo ser humano: Comida, bebida, casa, vestido, salud y libertad.

En este sentido todas y todos tenemos que rendir cuentas antes el Divino Juez de qué tanto nos convertimos para las y los demás en fuente de Vida y plenitud, y no lanzar campanas al vuelo creyendo que con el sólo hecho de creer, me he de salvar; eso sería un conformismo cristiano, lo cual es una clara contradicción con el Evangelio que Jesús proclamó.

Celebrar, pues, la Asunción de María es también celebrar su vida de servicio. Hoy es una buena ocasión para preguntarme ¿Qué tan dispuesto estoy a depojarme de mis comodidades para ponerme al servicio de las y los demás?

Hacia una fe indignada

 Escrito por: Adolfo Huerta Alemán 

 

 

Para  aquellos  católicos – cristianos  trasnochados  y  caducos
Que  no  quieren  adaptarse  a  una  nueva  manera  de  entender 
El  Reino  del  Padre  y  de  recrearlo  para  vivirlo
De  manera  novedosa  hoy  en  día.  

 

“¡iNDiGNATE! Un  grito,  un  toque  de  clarín  que  interrumpe  el   tráfico  callejero  y  obliga  a  levantar  la  vista  a  los  reunidos  en  la  plaza, , ,  una  alerta  para  no  bajar  la  guardia”. 
¡INDiGNATE!  Del  libro  de  Stéphane  Hessel.  Prólogo  José  L.  Sampedro.  Ed.  DESTiNO  2011. 

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Tal  vez,  no  me  equivoque,  al  afirmar  que  el  problema  de  México,  es  la  forma  en  cómo  han  utilizado  la  educación  pública  y   privada;  el  Estado,  los  gobiernos,  las  Iglesias,  para crear  ciudadanas  y  ciudadanos  apáticos,  indiferentes  y  sobretodo  sumisos.

Sobre todo  el  PRI,  utilizó  la  educación   para  hacerse  legítimos  en  su  gobierno  por  más  de  70  años  y  la  Iglesia  de  paso  le  ayudó,  para  provocar  católicos  y  católicas  manejables  a  su  antojo  y  a  sus  intereses  mezquinos,  ante  cualquier  autoridad,  sin  cuestionarla  ó  llamarla  a  rendir  cuentas.

Esto  ha  llevado  a  las  y  los  católicos – cristianos   a  llevar   consigo  un  mapa  mental  en  su  cerebro,  imposible  de  romper  con  el.

Esto  ha  creado,  en  las  y  los   ciudadanos  la  creencia  a  reducir  el  papel  de  la  política  a  tachar  el  logo  de  algún  partido  político.

Creer  que  el   y  la  católica,  las   religiosas,  el  sacerdote  se    la  pasen  encerrados  en  la  sacristías  de  sus  templos,  viendo  pasar  la  Historia,  sin  comprometerse  con  ella,  mucho  menos  asumir   nuestra  responsabilidad   histórica.   Es  un  error  garrafal  hoy  en  día  y   una  tristeza,  pues   los  y  las  católicas  en  éste  instante  tienen  una   gran  oportunidad  para   provocar  y  hacer  creíble  el  Reino  de  Dios,  que  no  es  otra  cosa  que  vivir  la   justicia  y   tener  lo  necesario  para  llevar   una  existencia  en  plenitud.

La  fe  como  indignación,  no  es  nueva  en  nuestra  cultura  cristiana,  no  olvidemos  que  el  primer  indignado  es  Jesucristo,  a  muchas  católicos  y  cristianos   quieren  borrar  el  hecho  cuando   el  mismo  Jesús  entró  al  templo  y  se  enfrentó  a  todos  los  negociantes  de  la  fe  de  su  época,  y  parece  que  se  les  olvida  a  esos  católicos  santurrones  y  falsos,  el  motivo   por  el  cual  Jesús   fue  asesinado,  que  fue  por  la  opción  del  Reino  del  Padre.

Los  y  las   católicas,  tienen  que  tener  en cuenta    que  toda  síntesis   de  pensamiento,  de  valores,  de  sentido  y  significado  de  vida,  toda  espiritualidad  precipita  en  torno  a  la  experiencia  humana   fundamental  y  esta  le   sirve  como  catalizador  para  su  Historia.

Esta  experiencia  fundamental  es  algo  que  marca  a  la  persona  en   todos  los  niveles  de  su  vida.

Esta  experiencia   humana  fundamental  Pedro  Casaldáliga (religioso – teólogo – escritor  y  poeta  de  origen  catalán,  radicado  en  Brasil)  la  llama  “indignación  ética”  con  ella  podemos   compartir  con   creyentes  y  no  creyentes,  y  tiene  un  sentido  más  amplio  en  asumir  nuestro  protagonismo  histórico,  más   amplio,  más   allá,  de  la  sacristía  y  estar   encerrados  en  nuestros   templos.    Se  busca  encarnar  la  Buena  Nueva  en  nuestro  entorno  histórico,  que estamos  viviendo  en  éste  instante  y  no  el  pasado.

Atreverse  a  vivir  la  indignación  ética  hoy  en  día  es:  tener  una  percepción  de  la  realidad  fundamental; ser  sensible  y  despertar  mí  indignación  ética  ante  la  realidad   que  estoy  viviendo;  despertar  mí  percepción  ineludible;   y  actuar  por  la  toma  de  una   postura  u  opción   fundamental  en  mí  actuar.   Al  ser  capaz  de   atreverme  a  percibir  estas  realidades,  es  cuando  despertaremos  nuestra  <<indignación  ética>>.

Esta  indignación  ética,  nos  llevará  a  vivir  la  radicalidad  que  viene  en el  hondo,  de  nuestras  raíces    últimas  de  nuestro  ser.   Esta  indignación  radical  no  brota  de una  circunstancia   o  de  una   ideología  en  particular,  mucho  menos  por  pertenecer  a  algún  partido  político  o  religión,  sino,  que  uno  la  percibe   y  la  vive,  por  el  mero  hecho  de  ser,  seres  humanos.

Una  indignación  tan  irresistible  que  no  deja  comprender,  cómo   pueden   no  sentirla   otros  seres  humanos.

La  indignación  ética   que  nos  lleva  a  la  indignación   radical,  nos  cuestiona   en  lo  más  hondo  de  nuestro  ser,  nos  vemos  interpelados  de   una  forma  ineludible,  sentimos  que  no  podemos  convivir  o  pactar  con  la  injusticia,  porque  sería  una  traición  a  lo  más  íntimo  y  profundo  de  nuestra  conciencia  y  ser.

Tomar  una  postura  negativa  frente  a  mí  indignación  ética   radical,  sería   la  cerrazón  de  nuestro  corazón,  la  falta  de  sensibilidad,  la  apatía,  la  indiferencia.

“Una  persona  no  se  hace  revolucionaria  por  la  ciencia,   sino   por  la  indignación”.

Pedro  Casaldáliga  y  José  Ma  Vigil  de  su   libro  contestatario:”Espiritualidad  de  la  Liberación”.  Ed.  Sal Terrae  1992.  Colección  PRESENCiA  TEOLóGiCA.

 

@GofoAutor

gofo_04@hotmail.com

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imagen del texto: blogs.periodistadigital.com

La nueva moral biológica

Escrito por: José Vieyra

Se ha consagrado, en la historia universal del hombre occidental, un período cercano a los mil años con el nombre de Edad Media. Una investigación basada en este período sobre la moralidad desembocará aparentemente en una respuesta obvia, pues toda ella estaba regida por los parámetros que la religión oficial designaba.
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Lo anterior no significa, por supuesto, que se careciera de deseos, pasiones y placeres, sino por el contrario, que éstos estaban regulados e incluso generados por las propias prohibiciones oficiales.
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A partir del Renacimiento y el surgimiento de la nueva ciencia, se intentó desechar los viejos cánones sobre el bien, sin embargo, al derribar el viejo estatuto con olores a putrefactos pensamientos religiosos, se queda desprovisto de normas sociales claras y concretas sobre lo que se debe o no hacer. Así, lo que vino a sustituir el interés y conocimiento, también lo hizo en el campo de la moral, a saber, la ciencia.
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Es evidente, que si bien muchas personas actualmente no regulan su comportamiento en función del pecado o la virtud de la Imitatio Christi, sí lo hacen en relación con lo dañino o lo saludable. Para muestra tomemos las relaciones sexuales, si bien quizá ahora es común no enjuiciar un comportamiento sexual en relación al pecado, sí se realiza en función de su riesgo para la salud del practicante, y que, curiosamente, se termina regulando bajo estatutos muy parecidos a los religiosos, aun cuando su fundamento sea otro, continuando con el ejemplo anterior, un médico nos dirá que la mejor vida sexual será aquella que realizamos con una pareja estable, ¡irónica emancipación sexual por vía de la ciencia, que nos dicta aquello que la religión hace milenios venía haciendo!
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En otras palabras, derrocar los viejos cánones religiosos nos sirvió para edificar otros, basados en el método experimental y la razón, pero que en términos generales, operan de la misma forma y regulan las mismas pasiones.
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Hoy en día, la moral es determinada por los avances científicos y tecnológicos, bajo la misma premisa que lo teológico y religioso lo hiciera en otros tiempos, es decir, la promesa de una «vida eterna», aun cuando ambas puedan sean ficticias, de lo que se sigue que, no debemos comer en exceso, mas no por el pecado capital de la Gula, sino porque el sobrepeso daña mi organismo provocando enfermedades cardiovasculares, diabetes y colesterol, las cuales pueden desembocar en la muerte… tampoco debemos llevar una vida de pleno libertinaje sexual, pues más allá (o más acá) del pecado de Lujuria, está el riesgo de contraer una Enfermedad de Transmisión Sexual como lo puede ser la sífilis, gonorrea, herpes o VIH, y así incluso arrebatarnos lo único que tenemos, nuestra vida terrenal…
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En uno u otro caso, ambos sugieren y dictan pautas de comportamientos con la promesa de una larga vida, ya sea celestial o terrenal, y con dichos patrones continúan regulando nuestros deseos y prohibiciones más íntimas en el seno ya no del alma, sino ahora del psíquismo.
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Twitter:  josevieyra

Una Mirada a Gianni Vattimo

 Escrito por: Adolfo Huerta Alemán

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“¿Cómo  sería  posible  que  surgiera  ese  nuevo  discurso  sobre  la  justicia  e  igualdad  como  consecuencia  de  la  conjunción   de  democracia  y  catolicismo   si  no  hubiera  ocurrido  un cambio  teológico  que  hiciera  plausible   para  la  Iglesia   cuestionar  el  modelo  o   régimen  de  gobierno?”
De  Rodolfo  Soriano  Núñez: «En  el  nombre  de  Dios”.  Religión  y  Democracia  en  México. Ed. Instituto  Mora  –  IMDOSOC. 1999.  

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Definitivamente  algo  que  le  da  sentido  a  nuestra  existencia,  es  el   encontrarte  con  gente  maravillosa.   Lo  confieso,  me  la  paso  en  desveladas,  un  espacio  donde  intercambio  ideas  y  conozco  personas   con  otro  punto   de   vista  diferente  al   mío.

En  una  de  las   tantas  tertulias  noctámbulas  que  trato  de  no  faltar,  después  de  escuchar   consejos  de  cómo  poner  pañales,  es  maravilloso  escuchar  a  mujeres  de  sus  experiencias  de  embarazo  y  de  presumir  a  sus  hijos, desfiló  un  sin  fin  de  aventuras  de las  presentes,  la  poesía   hace  gala  de  su  presencia  en  nuestras   charlas,  no  puede  faltar  la  filosofía,  a  la  teología  casi  no  la  pelan,  no  hay  que  ser  tan  gachas  con  ella,  ha  de  servir  para  algo ¿no?

No  podía  faltar  la  presencia  de  niñas  y  niños  a  dichas   tertulias,  antes  de  que   los  fueran  a  despachar   a  ver  una   película   de  Walt  Disney.  Un  cuasi  adolescente  de  apenas  12  años,  antes  de  que  lo  despacharan  dijo  en  voz  alta: «Yo  quiero  ser  como  el  Gofo”.  Después  de  ello,  aseveró  dirigiéndose  a  su  servilleta: «¿Tú  en  qué  crees?  Pues,  yo  no  creo  en  Dios”.

En  mí  interior  no  dejó  de  sorprenderme  la  cuestión,  por  escuchar  de  quién  venía,  pero  también  pensé: llegó   la  hora  interesante  y  debatida  de  la  tertulia.

Le  confesé  al  niño,  mira: me  confieso  ateo  como  tú.  Pues  me  autodefino  como  un  ateo  que  quiere  seguir  creyendo  en  la  fe,  esa  fe  que  me  dice  que  es  posible  creer  que  se  cree.  Y  más  que  creer  en  Dios,  quiero  aferrarme  a  seguir  creyendo  en el  ser  humano.  No  soy  creyente  de  las   religiones  que  se  aprovechan  de  la  ignorancia  de  la  gente;  que  siguen  alimentando  la  sumisión  de  nuestro  pueblo;  que  siguen  creando  superstición   entre  nuestra  sociedad.  No  comulgo  con  las  iglesias  que  se  convierten   en  corporaciones  supuestamente  espirituales – religiosas y  económicas.   No  soy  partidario  de  seguir  viendo  a  los  pastores;  religiosos  y  sacerdotes  con  aureola  de  una  santidad  falsa  y  trasnochada  que  no  responde  a  nuestra  época.  Al  grado  de  verles  como  seres  angelicales  y  por  lo  tanto,  intocables.

La  Fe  no  es  patrimonio  exclusivo  de  una  religión  en  particular,  mucho  menos  para  aquellos  y  aquellas que  hacen  negocio  con  la  conciencia  y  la  fe  de  nuestro   pueblo;  la  fe  es  una  fuerza  que  todo  ser  humano   tiene  para  darle  significado  a  su   historia.

Desde  que  nacemos  tenemos   fe,  pues  en  los  primeros  que  creemos  son  en  nuestros  padres,  pues  ellos  nos  dicen  que  lo  son,  y  lo  creemos.

Después   creemos   en  la  educación  que  nos  brinda  el  Estado,  en las  tradiciones,  costumbres  de  nuestro  pueblo  y  todo  lo  que  conlleva   vivir  en  una  generación   y  cultura  de  nuestra   época.   Posteriormente  creemos  en  el  amor  de  una  mujer,  en  nuestros  proyectos,  en  nuestra  tarea  que  tenemos  frente  al  Otro,   y  no  hay  duda  para  creer  en  nuestra   responsabilidad   histórica,  que  hoy  más  que  nunca  es  una   urgencia   asumirla  cada  una  y  uno  de  nosotros.

Nos  evoca  Gianni  Vattimo;  un  filósofo  y  político  italiano  nacido  en  Turín  en  el  año  de  1936.  En  su  maravilloso  libro: «Creer  que  se  cree”  Que  la  fe  hoy  más  que  nunca  parece  reclamar  una  actitud  y  respuesta  personal,  para  poderla  llevarla  hacia   una  actitud  comunitaria.    Es  válido  volver  a  creer,  pero  esta  vuelta  a  la  fe,  tiene  que  ir  acompañada  de  un  replanteamiento  de  la  fe,  claro  es  necesario   iniciar  un  proceso  de  racionabilidad  de  la  fe,  para  esto  es  necesario  dar  el  paso  de  replantearnos   la  fe.

No  podemos  negar  que  todo  ser  humano  creyente  y  no  creyente  siempre  buscará  las   razones  últimas   de  su  existencia.  Esto  nos  lleva  a  los  contenidos  de  nuestra  conciencia,  y  ésta  nos  refiere  de  alguna  ú   otra  manera  a  tener  una  fe  en  algo  ó  alguien.    Y  esta  fe  nos  debe  de  ayudar  a  conocernos  mejor   y   esta  fe  nos  ayude  a   vivir  más  en  plenitud.

Si  esa  fe  nos  hace  más   miopes  a  nuestra   realidad,  si  machaca  nuestra  dignidad  de  la  grandeza  de  ser  seres   humanos,  esa  fe  no  sirve   para    nada.

En  algo  que  estoy  muy  de acuerdo  con  Vattimo  es  de  que  si  queremos  valorar  ese  voltear  a  la  fe,  tenemos  que  purificarla  de  todo  fanatismo  ciego,  ritualismo  y  de  todo  dogmatismo  que  no  dice  nada  nuevo  a  nuestros  contemporáneos   y  contemporáneas.

No  dudo,  que  algo  que  nos  va  a  unir  más  como  sociedad  y   optar  por  nuestra   responsabilidad  histórica,  es  compartir   la  propuesta  de  Gianni  Vattimo.

El  nos   propone    de  personalizar    la  secularización  como   un   rasgo  constitutivo    de  una  auténtica   experiencia   religiosa.  Ahora   bien,  la   secularización  significa   precisamente   una   relación  desde  el  núcleo  de  lo  sagrado  en  lo   mundano.

Y  díganselo  a  su  servilleta:  soy  persona  en  primer  lugar,  después  soy  sacerdote  del  clero  secular  diocesano,  así  nos  conocen  a  nosotros  como  el  clero  secular.

La  secularización  que  vive  nuestra  sociedad  no  es  tan   mala  como algunos  la  tratan  de  satanizar  todavía  en  nuestros  días.

Descubro  a  Dios  no  necesariamente  en  un  templo,  allí  es  donde  menos  está,  mucho  menos  está  encerrado  en la  sacristía.

Lo  descubro  más  cuando  celebré  eucaristías  entre  las  prostitutas  ó   cuando  estoy  con  una  de  ellas;  entre  las  mujeres  del  penal;  entre  mujeres  que defienden  su   preferencia   sexual;  con  mujeres  que  luchan  por  vivir  su  historia   y  se  atreven  a  ser  ellas  mismas,  cuando  disfruto  de  un  café  acompañado  de  un  homosexual   que  quiere  vivir  una  amistad   y  su  plenitud  desde  su  preferencia  sexual;  cuando  voy  al  cine  a  disfrutar  de  una  excepcional  película;  cuando  escucho  música   instrumental  y  por  supuesto  del  rock;  cuando  me  deleito  de  una   buena  obra  de  teatro    y   no  hablo  de  un  relativismo  pseudoreligioso,  mucho  menos  de  un  panteísmo.

Y  en  estos  últimos  días  descubro  a   un  Dios  vivo,  en  los  diferentes  movimientos  que  han  surgido:  como  Ciudadanos  por  Coahuila;  COCiPE;  Coah – Activos;  Indignados  Coahuila; Colectivo  Ixaya:  por  la  indiferencia – mediocridad – desinformación – pasividad  de  las  y  los  coahuilenses  frente  a  la  deuda  que  nos  deja  Humberto  Moreira  y  demás  cómplices,  eso  sin  hablar  del  problema  de  seguridad  social,  narcotráfico – violencia,  en  fin  tenemos  muchas  tareas  pendientes  frente  a  nuestra   realidad.

Es  necesario  pensar,  reflexionar  y  esto  nos  llevará  a  actuar.

Hasta  hoy,  hay  fe,  pero  esa  fe  nos  debe  de  ayudar  a  ser  mejores  y  ser  protagonistas  de  nuestro  destino.

Vattimo  nos  propone ¿cómo  retorna – si  retorna,  como  creo,  lo  religioso  en  mí – nuestra  experiencia  actual? ¿Cómo  recreamos  lo  sagrado  en  nuestra  vida  cotidiana?

Ha  llegado  la  hora  de  romper  con  nuestros  prejuicios  que  hemos  ido  arrastrando  a  lo  largo  de  la  Historia,  de  darle  un  nuevo  significado  a   nuestros  hábitos  mentales  heredados  que  ya  no  sirven  para  nada  y  no  nos  ayudan  en  nada  a  concentrarnos  en  lo  que  verdaderamente  es  esencial  para  nuestra  existencia.

Concluí  que  también  era  ateo  como  él.   Y  antes  de  que  Emiliano  se  fuera  a  ver  la  película,  solamente  dijo:”Con  este  Buey  si  quiero  ir  a  misa  Mamá”.

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“mi  reflexión  sobre  el  retorno  de  la  religión  parte  de  la  idea  de  que  Heidegger  y  Nietzsche  tienen  razón. . .
mientras  haya  teologías  y  un  cierto  modo  de  vivir  la   religión,  e  incluso    la  autoridad  de  la  Iglesia   católica,  parecen  querer   fijarla   como  definitiva (su  verdad) y  verdadera. . .
estaremos  frente  a  una  apariencia  de  fe  y  lo  único  que  hacemos  es  alimentar  nuestros  prejuicios”.
“CREER  que  se  CREE”  De  Gianni  Vattimo. Ed.  Paidós  Studio.  1996. 

 

@GofoAutor

gofo_04@hotmail.com

Facebook  Adolfo  Huerta  Alemán.

La unidad de los cristianos


Escrito por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

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Del 18 al 25 de enero, desde hace varias décadas, muchos cristianos celebran la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Primero se rezaba por los cismáticos, luego por los “hermanos separados”. Muchos rezan hoy simplemente para que todos los cristianos recuperen la unidad perdida.

Pero hay que considerar que esa idea de unidad de los cristianos está concebida como la unidad de la patria o del partido político. Habría que sustituir esta semana por otra: por ejemplo, por una Semana del pluralismo cristiano y de todas las iglesias. Por una semana dedicada a conocer, respetar y estimar mejor a las otras iglesias y a tantas y tantos cristianos, cada vez más numerosos, que siguen a Jesús fuera de todo aparato de toda iglesia.

Jesús quiso anunciar y adelantar un tiempo nuevo, que trastocaba el mundo en todos los órdenes: que los últimos sea los primeros, que los ricos compartan sus bienes, que los pobres dejen de serlo, que todos los afligidos sean consolados. Jesús no quiso más iglesia ni religión que ésa. Todas las creencias y normas, todas las iglesias, vinieron luego, y solo podrán curar y liberar si son tolerantes y plurales.

Algunos cristianos se sentirían confundidos y muchos aliviados, si conocieran cuán distintas y divergentes maneras coexistieron, en los orígenes del cristianismo, de mirar a Jesús, de comprender su “divinidad”, de organizar la comunidad, de celebrar la “eucaristía”, de acoger el perdón. O si supieran que al principio no había sacerdotes, ni sacramentos administrados únicamente por el clero, aunque no por eso dejaban de celebrar la vida.

Todo eso es hoy muy conocido, y debieran saberlo todos aquellos que añoran y predican la unidad de un estrecho redil rodeado de muros.

Esa unidad no es posible, y además es indeseable. El Misterio Viviente de la Vida nos ha hecho diferentes. No hay dos pájaros, ni dos árboles, ni dos hojas iguales. Ni dos nubes, ni dos gotas de agua. Ni dos estrellas en el cielo, ni dos granitos de arena en la tierra. Y pienso que ni dos átomos de oxígeno son exactamente idénticos.

¿Cómo quieren encerrar en una forma única el Espíritu que sopla donde quiere y da respiro a todos los vivientes? ¿Acaso no conocen ni admiran la inagotable profusión de la vida siempre nueva, siempre distinta, siempre otra?

En los Hechos de los Apóstoles se nos cuenta el mito del anti-Babel. Todos hablaban lenguas distintas, pero todos se entendían porque nadie quería imponer su lengua a los demás. Eso es Pentecostés.

Todas las religiones, iglesias y corrientes son como lenguas distintas. El Espíritu habla en todas, pero ninguna lo puede atrapar. Y todas se entienden solamente cuando ninguna quiere excluir a las demás. Todas las lenguas quieren decir lo mismo: el mundo, la vida, el misterio. Pero ninguna en particular ni todas juntas lo dicen del todo.

No estaremos más unidos cuanto más iguales seamos, sino cuanto más nos respetemos y dialoguemos siendo diferentes. Para estar unidos, los cristianos no necesitamos ser más iguales de lo que ya somos, sino que nos toleremos los unos a los otros y nos preguntemos: ¿cómo podremos practicar mejor hoy, con todas nuestras diferencias, la única religión de Jesús?

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

No + sangre.

Alto a la guerra absurda.

Comentarios a:

gabrioignaz@yahoo.com

Tolerancia: Individualismo y Religión

 Escrito por: Jorge Anaya

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En los pasados días se ha celebrado el «Día Mundial de la Tolerancia», día en que los seres humanos hacemos votos de respeto en tres temas sensibles que conforman la identidad de la mayoría de los seres humanos: raza, sexo (orientación, preferencia, identidad, etc.) y religión. Estas tres se dan en el ámbito más natural de la persona humana, sin embargo podemos preguntarnos: ¿son evidentes para todos los seres humanos? Sobre la primera podemos decir que sí, la raza de la persona es lo más evidente que hay: no podemos ocultar nuestra raza, pues es parte de nuestra fisonomía y de nuestro carácter cultural propio de nuestro ser humano de hecho es lo que somos.

Sobre la sexualidad la evidencia es en el ser sexuado: hombre y mujer son lo evidente, la orientación y preferencia solo las conocemos por el conocimiento del otro: la alteridad. Así podemos notar que estos signos sensibles que defiende la tolerancia tiene que ver con el conocimiento del otro, de la relaciones que conformamos con los demás seres humanos en su individualidad o, mejor aún, en su persona.

La tolerancia, por tanto, es fruto de la alteridad es respetar al otro en su humanidad aunque la compresión de esta humanidad no nos sea posible. De las dos primeras nos queda claro que ha existido un avance muy claro sobre ellas en materia de derechos humanos y en el ámbito de la convivencia social del día a día, pero sobre la tercera las cosas cada vez quedan cada vez menos claras.

Ponemos nosotros religión por no usar creencias que es más amplio y ambiguo, las creencias son individuales totalmente y son parte de la idiosincrasia de cada persona, la religión, por otro lado, son comunidades humanas que los une la fe, muy distinta a la creencia. La fe es lo que hace a la religión, sin embargo el nivel de la fe es un bien del ser humano que requiere un esfuerzo aún más grande de conocimiento, la fe necesita de comunicación; pues estamos seguros que tanto lo referente a la raza y sexo, con todas sus derivaciones, queda en un plano de evidencia a primera vista, no así la religión que como hemos dicho necesita de la comunicación.

No es fácil verbalizar los términos de la fe, ni para los creyentes ni para sus representantes (sacerdotes, ministros, Atalayas, gurús, etc.) pues se necesita de una permanente comunión en comunidad para ser parte de la fe.

La fe no es un hecho individual, es el fruto de la vida en comunidad, la fe no es posible para el individuo aislado, es necesario ser parte de la vida de todos los días compartiendo los términos esenciales de toda fe: amor al prójimo, esperanza en bienes imperecederos y justicia. Estos no se pueden entender en el aislamiento, se necesita ser parte de una de ellas para comprender lo ámbitos que toca la vida de la religión: toca todas las partes de la vida cotidiana, pero es dentro de una comunidad donde se vive la realización del fenómeno religioso.

Hay una escena de la película «París, te amo» donde un grupo de jóvenes lanzan piropos a las mujeres, una adolescente sentada cerca de ellos trae un Hiyab, velo musulmán, uno de los jóvenes se ve atraído por ello, va a su encuentro y le pregunta por qué lo lleva puesto, tomando en cuenta que en la mentalidad de la gente más joven lo religioso no es parte del «ser joven»,  ella le dice: «porque me hace parte de algo». La religión no es para los aislados es para los que son parte de algo.

El individualismo nace como fruto de la sociedad liberal-capitalista. Los derechos del individuo sobre los poderes del Estado o de lo Comunitario, en sus dos acepciones, de tal forma que se exaltan estos derechos del individuo por encima de los otros. Es fácil así entender el porqué de los problemas para entender a la religión dentro de los nuevos paradigmas regidos por el individualismo: no son evidentes para el individualismo porque supone la pérdida de un «avance» de la posmodernidad.

Si la religión en la mayoría de los países occidentales ha quedad confinado a la vivencia de lo particular, de lo que se vive dentro de la casa y ahí se queda aunque se puede celebrar los cultos en los sitios indicados para este fin. El individuo puede ser «religioso» pero no vivir en una religión; de ahí que se desencanta todo el aspecto natural y propio de la religión que es la vida comunitaria: se acepta al individuo religioso, pero no a la religión. Por eso los términos de tolerancia a la religión no son claros: tienen derecho a que se respete las creencias del individuo, pero hay un NO rotundo que se opone a la religión, por eso es respetable toda creencia: esoterismo, ufología, trascendentalismo, etc. porque la creencia es parte de la idiosincrasia del individuo, no así a la religión por ser opuesta a los individuos.

La tolerancia con respecto a la religión es una asunto pendiente. Hay que recordar que la tolerancia como tal surge dentro de las controversias de la religión ya que ésta nace en los países que tiene una religión predominante ante otras comunidades que profesan una fe diferente y tiene que convivir de formas distintas. La tolerancia es un tema religioso antes que laical o secular, es en principio el respeto a los otros por ser eso otros o los otros. Los distintos, los que no son parte de la comunidad, los que no se mezclan con la religión predominante, que claman en su vida comunitaria su carácter individualidad.

La religión es el último bastión del individuo que hace y vive en comunidad por propia voluntad, pues su adhesión a ella es por razón de sus propias convicciones y valores, el «individualismo religioso» no es religión como tal, pues el bien mayor de la religión es «ser parte de algo» de una comunidad, de vivir de acuerdo a los valores de la fe que no son posibles de verbalizar en su totalidad sino se viven en comunidad.

La vida de comunidad es la forma en que esa verbalización es posible, es un lenguaje propio al cual no es accesible a la vida de fe. El individualismo, por sus características más deformadas, no admite ese lenguaje en términos no verbales. La verbalidad de la religión es el acto de fe vivida en comunidad. Así, la tolerancia sobre la religión todavía es un asunto pendiente y que provocara roces constantemente, lo que queda para la reflexión es la manera como se tornan las opiniones que al polarizarse causan un alejamiento sobre el tema provocando un malestar que turbia la vida de las personas.

La tolerancia posmodernista esta en términos de beneficiar al individualismo de ahí que las expresiones para debatir sobre el tema esté ambiguo: «Es lo que pienso…», «no sé porqué te ofendes», «Yo solo es lo que digo», etc., que se acuñan en la aversión y agresión que se engendran en razón que se piensa como «una idiosincrasia mas», una ocurrencia y no vista como un acto comunitario al que se ciñe la vida de millones de individuos que viven y hacen comunidad mediante la fe de ahí «la sorpresa» de el «no sé porque se ofenden» o el clamor «¡estamos en pleno siglo XXI!» de parte de los individualistas seculares que solo reconocen que la única comunidad que existe es la que nace mediante el contrato social o las leyes de la supervivencia de la especie. La razón también se cierra no es solo vicio de la religión.

DE HOY EN ADELANTE VAS A PEPENAR HOMBRES…

 Autor: Gabriel Verduzco

-¿Por qué hay ricos y por qué hay pobres?- volvió a preguntar Jesucristo cuando José Gómez regresó del trabajo.

-Porque así es el mundo –contestó el albañil.

-Pues qué mundo tan pinche –dijo Jesucristo.

Hace 32 años, en la Pascua de 1979, don Vicente Leñero publicó uno de sus libros emblemáticos: El evangelio de Lucas Gavilán. Como él mismo explica, el texto es una paráfrasis del evangelio de Lucas a la realidad sociopolítica del México de los 70s. Influido por la teología de liberación latinoamericana, el Evangelio de Lucas Gavilán se acerca mucho a una forma de lectura popular de la Biblia y su posterior reflexión teológica. El libro describe el escozor que la teología popular de la liberación y su alto contenido sociopolítico generaron –y generan aún- en los ambientes tradicionalistas, conservadores y “espiritualizados” del catolicismo mexicano. Sin embargo, hoy más que nunca, resulta pertinente volver a leer el texto con ojos de creyente que sigue preguntándose la razón de su esperanza, que a fin de cuentas ese es el papel de la teología.

Hijo del albañil José Gómez y de su esposa María David, Jesucristo Gómez David es un buen albañil, piadoso, listo y sensible a las necesidades de la gente desde que era un niño, allá en su pueblo, San Martín el Grande, Estado de México.

Una vez que asistió a una reunión del Frente Común, que lideraba su primo Juan Bautista, comprendió que

[…] era cierto. Cómo pasarse la vida trabajando nomás para el propio provecho. Cómo olvidar lo que dice el Evangelio. Cómo quedarse cruzado de brazos ante tanta miseria, ante tanta injusticia, ¡carajo!, no puede ser. Él no había nacido para trabajar de albañil (p. 55).

El evangelio de Lucas Gavilán -quizá sin quererlo, quizás no-, da al clavo en la cuestión del ser y quehacer cristiano, del seguimiento: el personaje central del evangelio es Jesucristo Gómez, un albañil de un pueblo del Estado de México. Su madre, María David lo bautiza con el nombre de Jesucristo porque

[…] Jesucristo vino a defender a los pobres y a luchar contra las injusticias. Maldijo a los ricos. Combatió a los explotadores. Dio su vida para cambiar este mundo… Por eso quiero que mi hijo se llame Jesucristo […] (p. 24)

Así, el texto de El evangelio de Lucas Gavilán es completamente provocador. Pero también recupera y nos hace sentir lo subversivo de la persona de Jesús y de los evangelios y que ahora hemos edulcorado, suavizado, corregido, reinterpretado y vaciado de esa fuerza de choque que implica el mensaje de la Buena Nueva del Reino:

-¡Me limpio con sus novenarios! En lugar de tanta rezadera, lo que Dios quiere de ustedes es que hagan algo contra esta pinche situación de injusticia, ¿no la sienten? Y si su fe no les sirve para eso, olvídense; ya lo dice el Evangelio: si un árbol no da fruto, a la chingada (p. 50).

Jesucristo Gómez encarna las actitudes, los pensamientos y las causas de Jesús de Nazaret. Lo interesante aquí es que, en la historia de la teología espiritual, los grandes maestros y místicos coinciden en señalar que el clímax de la vida cristiana llega cuando uno puede intercambiar su nombre con el de Jesús en los evangelios. Así, de sopetón, Lucas Gavilán nos hace caer en la cuenta que el papel de los creyentes es hacer vida a Jesús, pensar como él, actuar como él, amar como él…

Jesucristo Gómez, de unos 30 o 34 años, comienza entonces su actividad itinerante:

-Yo vine a alborotar los pueblos y cómo me gustaría ver ya a todos alebrestados (p. 171).

Se dedica a tiempo completo a la promoción de la justicia, a organizar a la gente en comités, agrupaciones, frentes vecinales… pues solo unidos y trabajando juntos es posible revertir la inercia de la sociedad individualista y burguesa. Así, un día ayuda a sus amigos pepenadores de Iztapalapa Pedro y Andrés Simón y Juancho y Santiago Zepeda, a pepenar para reunir 4,600 pesos (¡de aquellos años!) y poder pagarle a un agiotista. Tras el éxito, sus amigos se admiran de la habilidad de Jesucristo para la pepena:

-Comparado contigo yo soy un pepenador de quinta –dijo Pedro Simón.

Sucio, agotado, con las ropas ennegrecidas, el cabello pastoso, las manos hinchadas y tasajeadas de heridas y cicatrices, sonreía Jesucristo Gómez a sus amigos:

-De hoy en adelante vas a pepenar hombres –dijo a Pedro Simón. Y acompañado por los cuatro echó a andar (p. 80-81).

En esta tónica se mantiene Lucas Gavilán. Problemas de regularización de tierras, broncas sindicales, las dificultades del Seguro Social, las transas políticas, la corrupción… todo esto está presente en el texto para poder insistir en la lucha radical por la justicia. La justicia es el tema capital en Lucas Gavilán. Esta justicia tiene que llegar desde abajo, cambiándolo todo. Y no se puede engañar a Dios ni al propio corazón. O se está comprometido con ella o se hace bandera con la justicia para seguir fregando a los demás:

-Para ti todas las riquezas son mal habidas, ¿no dices?

-Yo digo que no se puede ser rico y estar al lado del pueblo. Como tampoco se puede ser rico y buen cristiano al mismo tiempo.

-Uh, pues hay muchos líderes campesinos que son millonarios –exclamó Felipe Higuera-. ¡Y los católicos! Todos los pinches burgueses son católicos.

-Acomodan el Evangelio a su conveniencia –agregó Tomás Carrillo.

Nadie puede acomodar el Evangelio a su conveniencia. –Jesucristo empezó a comer la otra mandarina.

-El Evangelio no tiene vuelta de hoja.

-Pues lo acomodan –insistió Tomás (p. 198-199).

En Lucas Gavilán queda de manifiesto que no se puede ser creyente cristiano -de cualquier confesión-, si no hay un compromiso auténtico con la justicia y por la lucha contra la marginación:

-Cuando triunfe la justicia de Dios no se va a medir a nadie por su fe, sino por sus obras. Y tenga la seguridad que habrá muchos creyentes que serán acusados de haber entorpecido la justicia y muchos incrédulos que serán reconocidos como creyentes por haber favorecido la justicia de la que habla el Evangelio (p. 179).

Y añade:

-Si ustedes dicen que el Evangelio es palabra de Dios, ¿cómo pretenden ser fieles a Dios olvidando lo que el Evangelio dice sobre los pobres? Y si ustedes dicen que Jesús es hijo de Dios, ¿cómo pretenden seguir a Jesús si no renuncian a todo para luchar por la justicia? (p. 257).

A poco más de 30 años de que Lucas Gavilán vio la luz por primera vez, el final del “discurso escatológico” tiene hoy un fuerte sabor de actualidad. Escuchamos hablar de protestas sociales en España, en Grecia y en Irlanda para cambiar los modelos económicos que empobrecen a los trabajadores. Los países islámicos hacen sus revoluciones exigiendo democracia real a los regímenes que tienen más de 30 años en el poder. En América Latina se va dando un cambio electoral por sistemas socialistas que reivindican luchas obreras, campesinas e indigenistas y plantan cara valientemente al sistema hegemónico de la economía de mercado neoliberal.

Y en México sigue creciendo el descontento ante una clase política insensible y sorda ante los clamores de justicia, democracia y alto a la violencia. En México, hay cada vez más personas inconformes con los manejos de la economía, con los cochupos políticos, con las farsas electorales, con la hipocresía de los líderes religiosos de cualquier denominación.

Ante estas cosas, la potente voz de Jesucristo resuena de forma profética:

-Llegará el día en que la fe saldrá de los templos y no será necesario encarcelar a Dios en las iglesias. La fe dejará de estar sujeta a dogmas para convertirse en una forma de vida […] Ojalá y para entonces no hayan renunciado ustedes a sus convicciones ni hayan perdido el espíritu de lucha y de justicia. Que cuando llegue el día de la liberación, cuando los oprimidos se levanten, los encuentren a ustedes combatiendo a su lado, en su misma trinchera (p. 259-260).

 LEÑERO, Vicente (1989): El evangelio de Lucas Gavilán, Seix Barral: México.

Escrito por: Gabriel Verduzco (Saltillo, Coahuila)