El Llamador

Escrito por: José Jorge Hernández Briones

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imagen tomada de movie-cine.com

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«La vida no se mide por las veces que respiras, sino por aquellos momentos que te dejan sin aliento». (Hitch)
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En su primer discurso como Presidente de México, Enrique Peña Nieto anunció su plan de trabajo y en infraestructura anunció la construcción de nuevos trenes de pasajeros, como uno de los proyectos para reactivar la economía.

No conozco el plan, ni cómo va a realizarlo, ni en cuánto tiempo, tampoco me adentraré para investigar, ni voy a escribir sobre el plan, ni los ejes que el Mandatario va a trabajar sino mi experiencia que tuve cuando mi papá trabajó en Ferrocarriles, al cual catalogo de mágica.

Mi papá trabajaba en Ferrocarriles Nacionales de México, lo que me permitió conocer cómo funcionaba el ferrocarril, el proceso de elaborar un viaje, todo esto fue uno de los pasajes más maravillosos de mi infancia.

Hice varios viajes con mi papá a Sabinas, Allende, El Oro y Piedras Negras, todo dentro de Coahuila pero esta vez escribiré me avocaré en la preparación del viaje, en donde no había teléfonos celulares, ni radio de comunicación, todo era limitado, pero bello.

“Jorge llamador” era la voz que rompía la quietud de la madrugada; se escuchaba hasta la cama donde yo dormía, era el hombre que llegaba en bicicleta para llamar a mi papá para que se presentara a trabajar.

Las inclemencias del tiempo no importaban, la corrida se armaba, aunque la temperatura estuviera bajo cero o bien lloviendo, incluso hubo alguna vez que no había luz en mi casa y aun así mi papá de fue a trabajar.

Aluzándose con una lámpara, mi papá se levantaba de inmediato de la cama e iba a platicar por la ventana con el “llamador”, éste le decía el destino del viaje, quien lo iba a acompañar, así como la hora de partida.

“Estoy listo” decía mi papá, mientras que “El llamador” tomaba nota y se retiraba de mi casa para completar el viaje, o bien formar otras “corridas” que saldrían más tarde, mientras esto ocurría, mi mamá ya estaba camino a la cocina para preparar la comida que mi papá se iba a llevar.

El olor de las tortillas de harina saliendo del comal, los huevos freídos con chile, los frijoles machacados, entre otros guisos era una invitación que prácticamente me hacían saltar de la cama para irme directamente a la cocina y probar comida a esa hora de la madrugada.

Viandas de comida, tacos, y otros antojos formaban parte de la comida de mi papá, ya que los viajes a veces eran por dos o tres días, así que se iba con su maleta directo a trabajar y a preparar el viaje, ahí, en la estación del ferrocarril nuevamente se encontraba con el “llamador”.

Mi papá platicaba con el “llamador” a veces le daba para “la coca” o una ayuda económica, porque ser “llamador” era la parte más baja del escalafón y el primer paso para ser garrotero de patio y luego de camino.

Al final de cuentas, la ayuda no se le niega a nadie, pero sí estimula y motiva a ser un mejor trabajador y creo que mi papá lo sabía como otras tantas cosas.

Segunda parte: Magia en las vías

El séptimo mandamiento

Escrito por: José Jorge Hernández Briones

imagen tomada de parisicilia.eu

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“Tolera México corrupción”, periódico El Norte
“Es Javier Villarreal más rico que Obama”, periódico Vanguardia.

Vivimos en una época de corrupción, donde no debería ser común las palabras o frases robo, fraude, delincuentes de cuellos blanco, detienen a políticos, investigan a exgobernador, arraigan a empresario, buscan a político.

Y lo escribo porque la educación y los valores se fundamentan muchas veces desde la familia, nuestros padres nos educan de la manera que ellos creen conveniente, unas veces funciona y otras no.

Asegura una frase que la ocasión hace al ladrón y afirmo que si se tienen principios bien estructurados la ocasión no hace al ladrón, al menos así me pasó con dos casos de señoras que le ayudaron a mi esposa en el quehacer de la casa.

No voy a entrar en una exégesis sobre el Séptimo Mandamiento, solo escribiré de manera corta los principios que se nos enseñan en casa y que son muy valiosos para nuestra vida.

Recuerdo una experiencia que viví en mi niñez que en muchos años fue dolorosa pero ahora se la agradezco y se la agradeceré por siempre a mi papá a quien creo, desde ahí me cayó la maldición o bendición para no cometer robos.

Tendría al menos 7 años y jugaba con un vecino, de pronto nos metimos a unos terrenos y ahí en el sitio hallamos huevos, muchos y el niño, Benito, como se llamaba me dijo “llévate unos para tu casa, yo le voy a llevar a mi mamá y se va a poner bien contenta”.

Creyendo que hacía la obra del día, me guardé unos en las bolsas y contento porque llevaba huevos a mi casa caminé feliz y al entrar a mi casa anuncié a todo mundo que me había hallado unos huevos.

Recuerdo que mi papá me preguntó y le dije donde los había encontrado, más tarde en contarle que él en sacar el cinto y darme varios “cinturonazos” que hasta los huevos que estaban adentro de la bolsa se quebraron.

No entendía por qué me golpeaba, solo me daba mucho sentimiento, pero ya después, cuando las cosas se calmaron me contó una anécdota con la cuál entendí su actitud, y de hecho, fue la única vez que me golpeó en toda mi vida.

-Mira mijo -me dijo mientras me sentaba en sus piernas- cuando yo era niño, frente a mi casa vivía una señora que tenía un hijo y una vez la mujer le dijo al niño, ‘ves esa herradura que está arriba del carretón”, el niño contestó –sí, ‘pues ve por ella sin que te vean y tráemela’.

A partir del hecho, me comentó mi papá el niño se acostumbró a robar y ya nada lo detuvo hasta que se volvió prófugo de la justicia hasta que una vez a media noche, llegó con la mamá y le dijo: -por su culpa me volví ladrón, si usted no me dice que está mal lo que hacía yo no viviera robando, ni me anduviera escondiendo”.

Yo no sé si fue cierto, lo que sé, es que fue una enseñanza de valores, quizá muy simple, quizá fantasiosa, pero al fin y al cabo enseñanza que al correr de los días, meses y años aprendí el Séptimo Mandamiento iba a ser importante en la vida.

No sé si a las personas que hoy roban, unos por necesidad , otros para enriquecerse les hayan enseñado principios o valores para vivir de manera digna o se hayan contaminado durante el camino, lo que sí sé es que aunque mi enseñanza fue algo primitiva, resultó provechosa.

@JorgeEditor