La renuncia de Ratzinger

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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ratzinger

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“Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia,
he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada,
ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”.
Ratzinger

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“La renuncia del Papa
habla de un hombre de sólidos valores y de consistencia ética”.
Rubén Aguilar Valenzuela

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La renuncia del Papa es un paso lógico dentro de un camino ilógico. La renuncia del Papa se debe de leer como un síntoma más de la sociedad insertada en la era de la posmodernidad en donde los valores del esfuerzo, el coraje, el empeño, el sacrifico han quedado atrás; con esto no quiero decir que Ratzinger sea un desobligado, no, lejos está la interpretación de su acto de juzgarlo como tal, más bien, lo que aquí se intenta expresar es el cómo se instaura y cómo se lee su dimisión al cargo como él así lo afirmó: por cuestiones de salud.

No faltarán los amantes de las hipótesis de conspiración que afirmarán que “un papa no renuncia, lo renuncian”, pero eso sería entrar en el terreno del suponer, más bien mi lectura de la renuncia del Papa tiene una hermenéutica diferente: la renuncia del Papa como metáfora del malestar de la cultura actual.

El hombre que se está construyendo en la actualidad es un hombre hedonista, que busca a toda costa el placer por el placer, que evita el sufrimiento, que prefiere beneficios con el mínimo esfuerzo, la palabra “sacrificio” en la actualidad es una palabra que asusta, que incómoda, lo de hoy es simplemente pasarla bien, gozar, disfrutar, poseer, tener, qué importa el ser.

La renuncia del Papa la leo desde esa óptica, como un síntoma del hombre posmoderno, que se da el lujo de renunciar a un compromiso establecido. El hombre de la posmodernidad valora más su salud, si integridad, su libertad su felicidad por sobre todas las cosas; antes el hombre y la mujer cuando hacían un compromiso llegaban hasta las últimas consecuencias, como muestra de lo que aquí escribo basta analizar las estadísticas de los divorcios, las mujeres vivían bajo el designio de “es la cruz que me tocó cargar” y no renunciaban al compromiso pactado, pero ahora, al mínimo roce, a la mínima frustración, el hombre y la mujer incardinados en la posmodernidad optan por renunciar y buscar un camino diferente, un camino que los lleve al goce.

“Si el Papa renuncia imagínate lo que puede hacer cualquier mortal” alcancé a escuchar. La renuncia al cargo como manifestación de la sociedad en la que estamos viviendo; cultura creadora de sibaritas. Imaginemos en su momento a Jesús bajándose de la cruz: “esto duele mucho, allí se ven”. El Papa como depositario de los valores de la Posmodernidad.

imagen de comandoamelia.blogspot.com

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Llamado a la conversión


Por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

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imagen de e-consulta.com

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La decisión del papa Benedicto XVI de renunciar a la cátedra de Pedro ha suscitado una serie de reacciones que, a riesgo de ser simplista, parecen agruparse en tres grandes posiciones: la de los conspiranoicos, la de los radicales y la de los moderados.

Para los conspiranoicos, el papa lleva años enfermo y débil, pero no dimite por ninguna de esas dos razones. Lo hace porque las circunstancias le hacen sentirse incapaz de cumplir con su oficio. Se va derrotado por el cargo. “Apacible pastor rodeado de lobos”, según expresión del periódico de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, y, al frente de una organización “devastada por jabalíes” -en sus propias palabras-, su gestión es un rosario de decepciones.

Siguiendo a Juan G. Bedoya, el obispo de Roma ya era el sucesor del emperador Constantino, y no del pobre y analfabeto pescador Pedro. Hoy todo ha cambiado, sobre todo en la Curia de Roma, donde anidan todos los poderes de esa poderosa confesión. Lo ha sufrido Benedicto XVI, que se declaró vencido. Su dimisión la llevaba rumiando desde hace tres años, si se toman al pie de la letra sus declaraciones al periodista alemán Peter Seewald, de marzo de 2010. Dijo entonces: “Si el Papa llega a reconocer con claridad que no puede ya con el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias, también el deber de renunciar”.

La resistencia a cumplir sus órdenes ha debido doler de forma especial al anciano Ratzinger, porque llegó al cargo con la promesa de actuar con energía. Por empezar por el asunto más grave, el de la pederastia, Benedicto XVI llegó con la orden de apartar de sus cargos a los encubridores, pero han pasado los años sin haberlo logrado.

El día que la Gendarmería del Vaticano se llevó detenido a su asistente de cámara Paolo Gabriele, el mundo de Ratzinger se tambaleó. Con las cajas llenas de documentos afanados por el mayordomo también afloraron las sospechas. ¿Era su mayordomo el único traidor? Los papeles secretos pusieron además en evidencia que, tal vez por falta de carácter o por evitar una guerra abierta, Ratzinger se había traicionado a sí mismo a la hora de limpiar el aire del Vaticano. Y los “expertos” apuntan al cardenal Bertone.

Para la postura de los radicales, durante los casi ocho años de su pontificado, el papa Ratzinger ha tenido que vivir con la luminosa sombra de su antecesor, el carismático papa Wojtyla. Luminosa porque los turistas siguen encontrando y comprando su fotografía en todos los puestos de recuerdo de Roma, de ese papa enfermo y anciano que no renunciaba al pontificado porque lo vivía como un silencioso martirio, dando ejemplo de entrega hasta el fin. Y sombra porque detrás de su espíritu viajero, de su sonrisa y de su mediático beso en el suelo de los aeropuertos de medio mundo, Juan Pablo II escondió el más sucio de los crímenes de la Iglesia, aquel que comete un adulto, protegido por una sotana, sobre un menor indefenso.

Para los moderados, volviendo con las mismas declaraciones del papa en 2010, “Si el Papa llega a reconocer con claridad que no puede ya con el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias, también el deber de renunciar”. El papa reconoce con humildad y, seguramente no sin dolor, que no puede cargar sobre su espalda el peso de la barca de Pedro. Y no porque esté haciendo agua, como lo decía el mismo Ratzinger en el cónclave, sino porque la grave responsabilidad de la orientación de las conciencias y de la salvación, exige a cualquiera una completa y total responsabilidad. Y que esto ocurra en las puertas de la cuaresma, parece un providencial llamado a la conversión.

José María Castillo señala entonces que Entre los numerosos comentarios, que lógicamente está suscitando la noticia de la dimisión del papa Benedicto XVI, echo de menos una reflexión que, a mi manera de ver, me parece la más importante, la más urgente, la que más puede y debería influir en el futuro de la Iglesia y su posible influencia en bien de este mundo tan atormentado en que vivimos […] Pero, por muy importante que sea enjuiciar a las personas, tanto del pasado como del posible futuro inmediato, nadie va a poner en duda que es mucho más determinante detenerse a pensar lo que representa, y lo que tendría que representar, no ya este papa o el otro, sino lo que realmente es y hace la institución que, de hecho, es el papado, tal como está organizada, tal como funciona, y tal como es gestionada, sea quien sea el papa que la ha presidido o que la puede presidir.

Me refiero a la reflexión que distingue entre los que es y representa la persona del “papa”, por una parte, y lo que es y representa la institución del “papado”, por otra.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

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gabrioignaz@yahoo.com

HUEVOS DE PASCUA 2012


Escrito por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

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La alegría pascual que grita ¡alégrense! y que invita a los creyentes a resucitar a una vida nueva tiene en algunos países una tradición, de origen europeo, de regalar huevos de chocolate o de dulce, pues el huevo simboliza, en este contexto, la nueva vida que nace de la resurrección.

Ahora bien, el segundo domingo de abril trajo sendos huevos de pascua, pero ¿qué se quiere resucitar con ellos?

PRIMER HUEVO

El arranque de las campañas políticas deja mucho qué desear. Independientemente de las preferencias políticas y partidistas, la tónica de estas campañas pareciera que intenta poner todos los reflectores sobre los candidatos a la presidencia y que desatendamos a las campañas para diputados y senadores.

Las listas de candidatos a diputados y senadores están plagadas de legisladores chapulines, funcionarios públicos y personajes que tienen años y años viviendo del erario público. Estos personajes –hombres y mujeres- son los que, a la hora buena, detienen o aprueban a discreción las leyes, iniciativas y reformas que el país necesita, pero que pueden afectarlos a ellos directamente o a sus partidos. Y luego el titular del Ejecutivo puede apelar a su favor que el congreso no lo dejó trabajar.

Y el único perjudicado es nuestro país.

Parece oportuno entonces leer el texto del evangelio de Lucas (22, 24-25) que dice: “Entre ellos hubo también un altercado sobre quién de ellos parecía ser el mayor. Él les dijo: «Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar bienhechores…”

SEGUNDO HUEVO

La visita del papa Benedicto XVI a México ha querido mostrarse, por parte de los obispos mexicanos, como el signo de la iglesia viva que camina en México. Sin embargo, el mismo papa puso el dedo en la llaga: ¿cómo es posible que México, el segundo país con mayor número de católicos en el mundo, sea al mismo tiempo un país con tantos muertos por la violencia, con corrupción galopante en su vida institucional y un enorme cansancio en la fe, como lo llamo el mismo Papa.

Quizá la inercia del oropel de otras visitas papales a México dejó en el ánimo de muchos ese sabor agridulce de la última visita del sucesor de Pedro. Los medios de comunicación extrañaban el efecto mediático de Juan Pablo II, al grado que hablaban más de él que de Benedicto XVI. Pero como señaló el mismo Papa Ratzinger al comienzo de su pontificado: es necesario que se hable más de Cristo que del Papa.

Definitivamente la jerarquía católica mexicana necesita un enorme acto de humildad y de reconocimiento de sus omisiones.

Habrá que releer el evangelio de Lucas (13, 25-27): «Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, se pondrán los que estén afuera a llamar a la puerta, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos!… Hemos comido y bebido contigo… Y les volverá a decir: ¡No sé de dónde son, retírense de mí!».

TERCER HUEVO

No + sangre.

Alto a la guerra absurda.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

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