La experiencia analítica

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen de cosimodemonroy.com

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“No hay relación más íntima que la del analizante con el analista”
Jacques-Alain Miller

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Cada ser humano tiene una historia de vida que contar, una “novela familiar” diría Sigmund Freud. Cada uno de nosotros posee una verdad oculta, una verdad que siempre estará intentando salir a la luz, ser revelada, ya sea a través de un sueño, un error, un lapsus, un acto fallido, una relación sexual.

Sigmund Freud se dio cuenta de eso; se dio cuenta de que el malestar en la cultura o lo que es lo mismo, el malestar en el sujeto tiene mucho que ver con esa “verdad no revelada”, con esa verdad no esclarecida, con ese secreto de familia. El paciente al hacer consciencia de eso que ha quedado reprimido ha dado el primer paso que lo encaminará al sendero del inconsciente y es precisamente allí, en el inconsciente en donde se ha gestado la verdad y parafraseando la enseñanza milenaria: “La verdad nos hará libres”; es decir, el acceso a ese material inconsciente, reprimido, al simbolismo y sus manifestaciones, podremos acercarnos a una existencia más llevadera en donde no sea necesario el síntoma, la angustia, la depresión para callar eso que incomoda, eso que molesta.

La experiencia analítica es una experiencia entre el paciente y su psicoanalista, en donde el paciente dejará paulatinamente de ser “paciente” (padeciente) para dar paso a ser “analizante” es decir un sujeto activo que está allí en el consultorio apostándolo todo por desear saber eso no dicho; “el saber no sabido”.

¿Cómo es eso que solamente con la palabra el paciente se cura (si llegara a haber una “cura”)? Efectivamente la propuesta del psicoanálisis es “la cura por la palabra” en donde el paciente (de ahora en adelante analizante) habla de todo cuanto se le ocurra, de todo cuanto aparezca en ese preciso momento que está sentado frente a su psicoanalista. De esa manera, a través de la asociación libre, el paciente hará un recorrido a través de su propio discurso, de su propia palabra, un recorrido por todos los recovecos que existiesen en su pensamiento, en su alma, en su inconsciente.

El psicoanálisis como esa propuesta que invita a “mejor vivir, mejor amar, mejor trabajar, mejor disfrutar” como bien dijera Marie Langer. El psicoanálisis como el dispositivo básico inventado por Sigmund Freud para que el ser humano se topara con su deseo, para que hiciera un recuento de esa vida a través del recuerdo, de las imagos, de los fantasmas; el psicoanálisis como el lugar idóneo para que el ser humano se re-encuentre consigo mismo, se reconcilie, le dé un sentido a su propia vida, re-signifique su propia existencia y comience a construir la vida que desea vivir.

Un proceso analítico es costoso, implica tiempo, dinero, esfuerzo, dedicación, constancia, tenacidad, pero ¿qué cambio duradero no lo implica? Además es un compromiso que se lleva a cabo con uno mismo, un acto de amor hacia sí mismo, un espacio en donde una vez a la semana durante una hora va y se piensa en voz alta, con honestidad, sinceridad, y lo que es mejor, en donde se es escuchado y lo que es aún mejor, se es escuchado sin ser juzgado.

La experiencia analítica implica un grado de responsabilidad muy grande por parte del analizante (antes paciente) ya que los cambios deseados, la vida deseada se da a través de la propia palabra, del propio análisis del analizante, acá no se viene a escuchar una receta, un consejo, un sermón, al contrario, se viene uno mismo a escucharse y en ese escucharse a sí mismo uno va encontrando los hilos de la madeja. Acá la función del psicoanalista es una escucha flotante, una escucha atenta, pero sobre todas las cosas el responsable de su propio análisis es la persona que acude al consultorio porque se queja de algo, porque sufre, se acongoja, se deprime. Pero poco a poco, lentamente, a través de su propio análisis, el ser humano va re-surgiendo a través de su propia palabra, a través de ese re-encuentro con los fantasmas del pasado, los recuerdos de la infancia que atormentan, que no dejan andar, que paralizan.

A fin de cuentas, la experiencia analítica es un gesto de amor, una apuesta por la escucha y qué mejor que optar por esta propuesta estando en una etapa de nuestra existencia en donde la paciencia y la escucha están muy poco valoradas. La invitación allí está, si se desea vivir la experiencia analítica, cada quién tiene un lugar reservado allí, en donde tendrá un encuentro muy íntimo con sus propios demonios pero también un encuentro muy íntimo con su propia alma.

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Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo Y Psicoterapeuta
Miembro de APPCAC y SMP
Consulta privada en Monclova, Coah. Mx.
psicologocarlosmoreno@gmail.com

La verdad nos hará libres

Escribe: Adolfo Huerta Alemán

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imagen de artistasdelatierra.com

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“Los  seres humanos  reaccionan  no  frente  a  la  realidad, 
sino  frente  a  las  ideas  que  tienen  en  su  mente”
<<Anthony  de  Mello: sacerdote  jesuita  hindú>>

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Es  bastante  curioso,  aún  más  misterioso  del  cómo  los  seres humanos se  la  pasan  buscando  la  verdad.

Tal vez,  teniendo  la  certeza  que  solamente  en  la  verdad  encontrarán  liberación,  vivir  en  plenitud  y  trascender.

Tienen  sed  de la  verdad,  pero  lo  que  me  causa  asombro  y  seguirá  siendo  un  misterio,  es  cuando  logran  estar  frente  a  la  verdad,  sus  reacciones  son  muy  contradictorias,  veo  actitudes  de  rechazo,  de  hostilidad  y  de  desconfianza ¡Le  tienen  miedo  a  la  verdad!

Alguien  dirá ¿Para  qué  quiero  la  verdad? ¿Hacia  dónde  nos  lleva  la  verdad? ¿Sirve  de  algo  la  verdad?

Lo  que  he  vivido  en  mi corta  experiencia,  es  que  la  verdad  te  lleva  a  tu  corazón  de  tu  ser,  a  lo  más  hondo  de  tu  conciencia,  a  tus  motivaciones  y  convicciones,  éstas  últimas  son  las  que  guiarán  tu  vida.

Te  lleva  a  descubrirte  a  ti mismo,  aceptarte  tal  cual  eres,  sin  estar  obligado  de  vivir  bajo  un  patrón  de  conducta  exclusivo  de  alguien   que  esté  arriba  de  ti,  no  tienes  por qué  vivir  y  hacer  de   tu  tiempo  por  desgastarte  por  ser  una  copia  de  algún  modelo  que  te  quieran  imponer.

La  verdad  (y  no la  de  los  discursos  de  los  políticos  o  de  algunos  que  pregonan  ser  religiosos) te  lleva  a  estar  en  armonía  contigo  mismo  y  con  el  toque  divino  que  hay  en  ti,  independientemente  seas  ateo  o  creyente.

Todo  esto  te  lleva  a  saborear  tu  existencia  y  la  del  otro.

Mientras  no  te  atrevas  a  vivir  tu  proceso,  para  asumir  la  búsqueda  de la  verdad  en  ti,   estarás  extraviado   a  lo  largo  de  tu  vida,  peor  aún,  los  que  guiarán  tu  existencia  serán  tus  prejuicios  y  tus  <<jaulas  mentales>>  esto  no  te  permitirá   vivir  feliz,  en  lo  que  te  resta  de  tiempo  por  estar  en  este  mundo.

Cualquier  gurú  farsante   te  venderá  cenizas  por  verdad  y  morirás  ignorando  el  verdadero  significado  de  tu  vida.

Hoy  sobran  individuos  que  pregonan  la  verdad,  que  pretenden  vendernos  desilusiones  por  sueños,  nos  han  engañado que  no  podemos   cambiar  el  rumbo  de  nuestra  Historia,  nos  han  hecho olvidar  que  cada  una – uno  de  nosotros  somos  arquitectos  de nuestro propio destino,  y   que  somos  constructores  de  nuestra  propia  Historia.

Nos  han  domado  para  comportarnos  como  autómatas   para  seguir  sus  preceptos  y  leyes, solamente  para  conseguir   que  se  sigan  imponiendo  sus  intereses.

Han  ahogado    lo  divino  que  hay  en  cada  una – uno  de  nosotros,  todos  nacemos  águilas,  pero  éstos   gurús (sacerdotes, papás,  profesores  y  políticos),  han   buscado  por  todos  los  medios  darnos  la idea  de  que  somos  gallinas   y  como  tales  estamos  obligados  a  comportarnos,  para  resguardar  el  orden  económico  y  del poder  que  reina  en esta  época.

No  tengas  miedo  a  la  verdad,  no  temas  a  descubrir lo divino  que  duerme  en  ti ¡Es  hora  de  despertarlo!  Tienes  la  libertad  de  ser  tú,  así  sin  más.

La  verdad  comienza cuando  la   buscas  tú  mismo  y  no  sigues  parámetros  de  otros.

Nos  tienen   tan  acostumbrados  a  sus  rutinas  y  prejuicios que  ya  no  eres  capaz  de  distinguir  entre  la  realidad  y  las “pseudoverdades”  que  te  venden  a  diario  por  todos  los  medios  que  tengan  a  su  alcance.

La  verdad  inicia  cuando  te  atreves  a  ser  tú  mismo  y  te  reivindicas  en  tu  conocimiento  de  ti  mismo,  cuando  dejas  libre  tu  conciencia  y  eres  capaz  de  trascender  tus  jaulas  mentales,  que  te  tienen   esclavizado  en  los  prejuicios  y  en  la  oscuridad  de  la  indiferencia  de  tu  entorno  histórico.

Que  la  verdad  en  más  de  una  ocasión  pasa  frente  a  ti:   está  en  las   risas  de  una  reunión  improvisada,  en  el  beso  de la  amada,   en  una  llamada  inesperada  de  un  viejo  amigo,  en  los  sabores  y  colores  de  tu  cultura, en  las  ganas  de  hacer  algo  diferente,  en  la  música  que  te  pone  a  bailar  como  nada  existiera  a  tu  alrededor,  cuando  te  atreves   a  romper  tus  jaulas  mentales,  en  el  canto  nocturno  del  grillo,  en la  mirada  de  tus  padres,  en  el  abrazo  de  fortaleza  cuando  crees  estar  solo, cuando  logras  reírte  de  ti  mismo,  cuando  estás  en  armonía  con  <<tu  instinto  creador>>.

La  elección  es  tuya,  decide  si  vas  a  vivir  para  ganarte  la  vida  o,   vas  aprender  a  vivir  de  aquí  en  adelante.

“Las  personas  no  necesitan  que  les  enseñen  a  mirar.  Necesitan  tan  sólo  que  las  libren  de  las  escuelas  que  las  ciegan”

<<Anthony  de  Mello S. J.>>

 

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Volver a nacer

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen tomada de secretosparaunavidamejor.blogspot.com

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El ser humano atraviesa la vida experimentando situaciones cotidianas, del trabajo al hogar, horas incontables de estudio, diversión, comer, dormir, ritos sociales y un cúmulo de actividades más que hacen de la vida algo llevadero, algo soportable.

La vida del ser humano adquiere sentido cuando se topa con lo que los psicoterapeutas humanistas han denominado “experiencias cumbre” es decir, acontecimientos en la vida fuera de lo ordinario que a la postre dan un giro a la existencia del humano. Como experiencias cumbre por antonomasia están las que se rigen por el acontecimiento de la vida y el suceso de la muerte. Cuando nace un hijo o cuando muere un ser amado. Esas dos experiencias definen la existencia del sujeto.

Vida y muerte; Eros y Tánatos siempre presentes en la existencia del ser humano. Manifestaciones de vida como el amor, la amistad, el compañerismo, el compromiso, la familia, la construcción de una vida con sentido. Manifestaciones de muerte como la destrucción, el odio, la muerte misma, el suicidio, el homicidio, la violación, el secuestro, el robo, el acoso, la amenaza.

Ante un acontecimiento emanado de la representación simbólica del Eros (vida-amor) no hay mucho que re-plantearse, pero ¿qué hacer cuando se sufre la manifestación de la pulsión de muerte, ya sea la propia o ya sea la del “Otro”? La propuesta de la psicoterapia es muy clara: re-significar la existencia a partir de dicho acontecimiento, no sabemos si eso que sucedió es bueno o malo sino a partir de las consecuencias y la capacidad de re-significar la vida, a través de la resiliencia.

Un paciente sufre un robo en el cual comenta que su vida corrió peligro, en donde los ladrones pudieron golpearlo, secuestrarlo. Víctima del terror el paciente en cuestión agradece haber salido con vida de esa experiencia; re-significa su existencia a raíz de lo allí vivido, pone en una balanza su proceder y comienza a vivir una existencia nueva sabiendo la fragilidad de su paso por este mundo o citando a Milan Kundera: “La insoportable levedad del ser”.

El paciente en cuestión ha abandonado el síntoma que lo mantenía maniatado, ha re-valorado su existencia, piensa la vida desde otra perspectiva, claro que siente odio hacia sus agresores pero también se siente agradecido con la vida (o con Dios, que lo protegió con su “manto sagrado” en propias palabras del paciente) y pudo salir adelante después de ese trago amargo que le suscitó dicha experiencia. Tomó el teléfono público para avisar a sus seres queridos que todo estaba bien. Cuando tomó el teléfono público señala que fue como si hubiese cerrado una etapa de su vida, algo que había quedado abierto precisamente con una llamada de teléfono hace más de quince años.

La vida, Dios, el destino, la oración de la madre, la enseñanza del padre, todo se conjuga para que el ser humano pueda acceder a una vida con sentido. Es a partir de una “experiencia cumbre” que en su momento no sabemos si es “buena” o “mala” como la anécdota del padre de familia que tenía un hijo que fue atravesando diversas situaciones de la vida a las cuales el padre solo respondía: “esto es bueno, esto es malo, quién sabe”.

Re-significar la existencia a raíz de un acontecimiento que cimbra la consciencia, re-plantearse el lugar que se tiene en el mundo, saber valorar la vida y comenzar a vivir una vida con sentido. No quedarse en el discurso de “¿por qué me pasó esto a mí?” sino a partir de eso re-plantear las prioridades, saber qué es eso que constantemente se está repitiendo y que no deja avanzar, ese síntoma que entorpece y no deja vivir una existencia plena.

Me quedo pensando en eso que comenta el paciente: en esa experiencia en la que estuvo su vida en peligro. Quizá Dios estira las orejas de manera drástica a sus hijos que requieren de medidas extremas para tomar consciencia de su vida (“tocar fondo” dirán algunos). Dios, el destino, la vida misma, la consecuencia de sus actos, serendipia, cualquier cosa, lo importante es lo que se va a hacer a partir de eso, la vida que desea vivir siendo un hombre nuevo. En esta ocasión fueron unos ladrones, para otras personas el llamado a la vida puede ser a través de acontecimientos trágicos como una violación, un secuestro, la muerte de un ser querido. Vivir el duelo correspondiente y acompañado de un proceso de psicoterapia poder salir adelante; re-significar el acontecimiento y no quedarse en la posición de víctima, preguntarse qué es lo que se está haciendo mal y comenzar a re-plantearse su lugar, su ser-en-el-mundo. El replanteamiento de la existencia puede ser a través de dichos acontecimientos (que cualquiera quisiera estar exento de eso) pero también la vida llama con susurros al oído; a través del acompañamiento amoroso de la pareja, del cuidado amoroso de los padres, de la amistad brindada, un encuentro con Dios (de acuerdo a la creencia del sujeto) o también se puede re-significar la existencia precisamente a través de un proceso de psicoterapia, un proceso de análisis en donde el ser humano va y se escucha y logra saber eso que tanto le viene perjudicando la existencia sin necesidad de exponer su vida. Más vale un buen análisis a tiempo que lamentarse por las consecuencias de ese síntoma que no se quiso escuchar.

 

El Sujeto deseante

 Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen tomada de tallerladiosa.blogspot.com

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“Cuando descubre que el Otro miente, que el Otro no existe,
el sujeto adviene al encuentro con su deseo.”
(Isidoro Vegh)

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¿De qué estamos hechos? Estamos hechos de la misma naturaleza del mundo, de la naturaleza somos y a la naturaleza vamos, nuestro destino es la entropía, “polvo somos y en polvo nos convertiremos” resuena constantemente en nuestro pre-consciente cada mes de abril. El narcisismo de la especie humana ha sabido contener esos tres golpes asestados por Copérnico, Darwin y Freud: no somos el centro del universo, no somos una especie única y no somos conscientes de nuestros actos. El ser humano como un sujeto errante por el mundo buscando darle sentido a su existencia.

La cuestión de lo humano ha intentado ser interpretada desde la filosofía, el psicoanálisis, la biología, la sociología y hasta la poesía.

Para poder entender la cuestión de qué es el ser humano, primero tendremos que responder a la pregunta ¿quién es ese “Otro” que está a mi lado? ¿quién es ese “Otro” que está frente a mi? Y es a partir de allí y sólo entonces que podemos descifrar ese acertijo de lo que es el humano. El ser humano surge a través de la respuesta que demos a la interrogante ¿quién es ese “Otro”?

El Otro es el que inevitablemente viene a dar la estructura al Sujeto. El Otro es el que estructura; la madre en su momento, luego la Familia, luego la Institución Educativa, la Iglesia, la sociedad misma, el matrimonio y la muerte. Siempre vamos a tener a ese “Otro” representado en esas instituciones que darán forma y estructura al sujeto.

En un principio existe el binomio “Madre-Padre” que da estructura al sujeto; luego eso se desplaza en las instituciones que ya se señalaron. Si no estuviera el “Gran-Otro” ¿qué seríamos? Sin la mirada deseante del Otro simplemente seríamos objetos, cosas, cuerpos. El deseo del otro es el que encarna al sujeto, el deseo del Otro abre la posibilidad de que el niño pueda convertirse en algo, encarne la expectativa del Padre-Madre; si no hubiera Otro nos desestructuraríamos. Un ejemplo concreto: ¿qué sucede cuando no existe la mirada del Otro, cuando estamos solos en nuestro hogar y no está la mirada del Otro, la palabra, la presencia de ese Otro que nos estructura? El niño se atreve a soltar improperios, se convierte en una pequeña bestia salvaje que pide a gritos reglas y normas, alguien que lo estructure, que le diga qué hacer, que le diga cómo debe comportarse, alguien que lo ame. El adolescente ante la misma situación de soledad, ante la ausencia de ese “Otro” aprovecha para practicar el goce, piensa en hacerse daño, en sentir algo, experimentar placer ya sea cortando su cuerpo, ya sea explorándolo, el adolescente sin el Otro se topa con el vacío, con la nada, con la ausencia, avasallado por la angustia se refugia en lo que cree encontrará satisfacción momentánea. Llega el Otro y el sujeto vuelve a la estructura: el niño se pone a jugar sin maldecir, se re-conoce ante la mirada del Otro; el adolescente regresa a sus menesteres del estudio, prende el estéreo y apacigua sus deseos más primitivos y con una sonrisa complaciente se sabe estructurado por la mirada del Otro.

Tenemos pues que lo que da estructura, lo que hace ser humano al sujeto es el Otro, la mirada del Otro, la presencia del Otro y todo lo que eso conlleva. El “Gran-Hermano” que todo lo ve, que todo lo sabe, omnisciente, omnisapiente, el “Panóptico” siempre presente por los siglos de los siglos, desde que el hombre es hombre, desde que la especie humana construyó eso llamado consciencia (consciencia: “sea lo que fuere” dijo Freud).

El Sujeto se va a estructurar precisamente ante la mirada de la madre y del padre, es decir, ante la mirada amorosa de la madre y la mirada que castra del padre. La madre que ama y el padre que rompe, que castra, que impone su ley, que obliga al infante a buscar su propio “falo”, a desear más allá de la madre. Y a partir de eso el Sujeto se estructura.

Tenemos pues el primer axioma: el Ser humano se estructura a partir del deseo de sus padres. El sujeto surge a partir del deseo, de la catectización, de la mirada, de la Ley, de la expectativa que los padres depositan en sus hijos, en muchos de los casos la ecuación resulta favorable, si no, ya no tendríamos civilización. El punto toral de la presente argumentación es que el ser humano “es” a partir del deseo del Otro.

¿Qué pasa cuando el ser humano se cuestiona, se queja de eso que no sabe, cuando la existencia le resulta insoportable, cuando la piel que le heredaron sus padres le ha quedado insuficiente? Muchas de las veces el ser humano se topa con que hay algo en lo profundo de su ser que lo impulsa a cuestionar si en verdad está viviendo la vida que desea vivir, si está viviendo la vida de acuerdo a su deseo. Cuando se da cuenta de que no está siendo él sino una proyección, un síntoma de sus padres, (la encarnación de los sueños frustrados de sus padres, el “goce” negado en la vida de sus padres), comienza a elaborar esos síntomas molestos, ese malestar cotidiano, esa angustia, esa queja, esa demanda y es cuando acude al consultorio, cuando ya la vida no da para más, cuando sabe que por más “fuerza de voluntad” que tenga no puede salir adelante, que hay “algo” que lo detiene, que lo inmoviliza; y por lo regular ese “algo” no se sabe, ese “algo” pertenece a otro orden, al orden de lo inconsciente.

¿Eso quiere decir que viviremos siempre repitiendo el deseo de nuestros padres? ¿Seguiremos siendo una representación cómica del “ideal del Yo”? Desde el punto de vista del psicoanálisis y la psicoterapia psicoanalítica existe la posibilidad de un segundo momento, de re-estructurar la personalidad, de re-significar eso que constituyó al sujeto.

Cuando el ser humano se da cuenta de que “esa piel” ya no le queda, ya no le acomoda, que su deseo es otro, que la vida que ha estado viviendo ya no le satisface, llega el momento en que el sujeto se interroga,  sospecha de que cuenta con otros intereses, con otro deseo, ya no el de sus padres sino su propio deseo. Es cuando la psicoterapia propone esa transición. La psicoterapia como el proceso en donde el sujeto re-nace y se re-significa su estructura y su historia de vida.

El sujeto se estructura ante la mirada siempre del Otro. Lo mismo sucede en un proceso de psicoterapia, el Sujeto se va a estructurar ante la mirada de su psicoterapeuta. ¿Pero cuál entonces sería la diferencia? ¿Siempre va a existir el Otro que impone su deseo? La diferencia es que en la psicoterapia el sujeto se estructura frente a otro que lo escucha, ya no más frente al deseo de su madre y la mirada inquisidora de su padre, ahora se estructura bajo su propio deseo y bajo la escucha del psicoterapeuta.

La estructura de personalidad se moldea bajo la mirada de los padres, bajo el deseo de los padres. Lo que sucede en el consultorio psicoterapéutico es algo similar: vuelve a haber una “estructuración” (re-estructuración) de la personalidad con la salvedad de que ahora ya no es bajo el deseo del padre (mucho menos bajo el deseo del analista) sino ahora esa estructura de personalidad se crea a partir del deseo del propio paciente; y ya no bajo la mirada que tenía que civilizar o educar, sino ahora a través del propio discurso del paciente y la escucha atenta del analista.

La psicoterapia como ese necesario cambio de piel; algunos lo hacen poniendo piel sobre piel (tatuajes) otros intentando matar a ese otro introyectado, la desventaja es que en ese intento se llevan como consecuencia su vida misma (suicidio), otros cambian de piel sometiéndose al discurso de Otro Amo. En la psicoterapia no se trata de eso: de lo que se trata es ese volver a nacer, ese cambio de piel signado por su propio deseo ante la presencia del otro (el otro siempre presente, siempre estructurando) pero ese otro no está allí para juzgar, ese otro (psicoterapeuta) no está para decir “eso está bien, eso está mal”, al contrario, es en esa escucha en donde el sujeto encuentra su deseo inconsciente y lo que le toca es saber qué hacer con esa verdad esclarecida.

El paciente acude a la psicoterapia porque sabe que falla algo, porque la manera que ha venido solucionando sus problemas ya no le resulta, porque la angustia lo avasalla, porque ya no puede más con la culpa o con ese deseo que lo atormenta o ese goce que lo inmoviliza, acude a psicoterapia por ese conflicto inconsciente que se manifiesta a través de un síntoma que paraliza, que inmoviliza, que angustia. Y es en ese encuentro con su psicoterapeuta en donde empieza a andar algo, algo de lo que sospechaba o de lo que no tenía ni la más remota idea; se comienza a gestar una existencia que el paciente o la paciente está decidiendo. El proceso es doloroso, implica quitarse la piel con la que se ha vivido, implica muchas de las veces cuestionar lo que hasta ese momento ha creído, implica cuestionar, dudar, poner en el crisol la ideología que daba hasta ese momento sentido a su existencia. Pero al final se obtiene la gratificación, el resultado de haber construido la vida que desea vivir a partir de su propia decisión, no a partir del deseo de sus padres, del “Gran-Otro” o de su psicoterapeuta. El fin del análisis implica un sujeto nuevo, un re-nacer, una existencia experimentada de acuerdo a su propio deseo; parafraseando a Jacques Lacan: “El deseo, función central de toda la experiencia humana”.

No todo está perdido, hay una apuesta a otra cosa, hay una apuesta a “desmitificar” lo establecido, hay algo más allá de la mera ilusión. En el consultorio se lleva a cabo la enseñanza de Sigmund Freud: “Nos negamos de manera terminante a hacer del paciente que se pone en nuestras manos en busca de auxilio un patrimonio personal, a plasmar por él su destino, a imponerle nuestros ideales y, con la arrogancia del creador, a complacernos en nuestra obra de haberlos formado a nuestra imagen y semejanza”

Vivir la vida que uno desea es posible, solo basta escucharse con atención, con auto-observación, con honestidad, sinceridad, llegar hasta donde tope, hasta lo insospechado. Esclarecer lo turbio, traducir el mensaje acotado por el síntoma. Conocerse, aceptarse, poder cambiar lo que es posible cambiar y saber vivir con la condición humana que nos caracteriza. La cura por la palabra; no la palabra del “Otro”, sino la propia palabra, el propio inconsciente. Vivir la vida con menos sufrimiento, consciente de nuestras limitaciones pero también consciente de nuestro deseo. “La acción eficaz del análisis consiste en que el sujeto llegue a reconocer y a nombrar su deseo” (Jacques Lacan)

En el inconsciente está la verdad y dicha verdad quizá nos hará vivir nuestro paso por este mundo con un tanto cuanto de libertad. Viviendo con lo estrictamente personal, con lo que a uno le toca, sin la necesidad de estar cargando asuntos, pleitos, culpas que no nos pertenecen. Vivir de cara a la verdad, a nuestra verdad tejida por nuestra historia de vida, es un proceso doloroso, quizá también implica un proceso que lleve tiempo, pero sino se vive la vida que se desea vivir, entonces ¿vale la pena seguir viviendo una existencia prestada?

 

 

Neurosis, psicosis y perversión; tres rostros de la condición humana

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

imagen de artistasdelatierra.com

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Genio y figura hasta la sepultura. Hijo de tigre, pintito. El que nace para maceta no sale del corredor. Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza. ¿Qué tienen en común estos refranes? Tienen un común denominador: la personalidad del ser humano siempre estará presente a lo largo de su existencia. No en balde nuestros ancestros recopilaron siglos de sabiduría en pequeñas oraciones postuladas como aforismos para designar las experiencias que da el paso por esta tierra.

El ser humano está constituido bajo una “estructura de personalidad” que se entiende como aquello que nos constituye, que nos hace “ser” en relación a nosotros mismos y al mundo, una manera de ser y estar en el mundo. Desde la lectura del psicoanálisis existen tres estructuras básicas: neurosis, psicosis y en medio de ellas la perversión.

¿Cómo se estructura el sujeto? ¿en base a qué experiencias el sujeto se estructurará? ¿de qué depende que un sujeto sea perverso, psicótico o neurótico?

La personalidad del ser humano se estructura en base a las primeras experiencias vividas en la más tierna infancia; experiencias de amor pero también experiencias de muerte. Experiencias de amor como el apego, el cariño, afecto, y la posterior separación-individuación.  Experiencias de muerte manifestadas a través del rechazo, el descuido, la falta de reconocimiento, la destrucción, aniquilación, el niño como prolongación de su madre, etc. Y todo esto en conjunto es lo que va a estructurar al ser humano, esas primeras vivencias quedarán troqueladas en lo más recóndito de su inconsciente y desde allí fraguará su existencia.

Las experiencias en la primera infancia y cómo se hayan éstas percibido van a quedar de alguna manera “fijadas” en la psique del infante, sobre todo las experiencias vividas como excesos: exceso de frustración y exceso de satisfacción. Amor y abandono. La falla que se instaura tendrá mucho que ver en esa estructura psíquica que se forma.

Todo se juega en el primer año de vida. ¿Cómo es que una persona tiene un “quiebre psicótico” y anda por la vida ensimismado en su propia realidad, en un solipsismo a perpetuidad? La persona que está estructurada bajo el designio de la psicosis (esquizofrenia, paranoia y bipolaridad) lo es por lo que vivió en ese primer año de vida, cuando su “Yo” se estaba formando, no hubo algún referente, hubo en cambio una madre psicotóxica, ajena a su función de madre, enajenada con otros menesteres, abandonando al infante a su propia suerte; no hubo una madre que catectizara al infante (llenarlo de amor) y por lo tanto el “Yo” no logró estructurarse. Un Yo débil que a la postre, ante algún evento traumático regresará al allá y el entonces y al no haber la estructura básica necesaria tendrá el quiebre psicótico. De adulto tenderá a la psicosis ante un medio adverso y una estructura que ya trae desde la infancia.

En el neurótico opera otra cosa, el neurótico (fóbico o histérico u obsesivo) libró ese primer año; su “yo” logró estructurarse a través de introyecciones, pasa a un segundo momento, a una segunda estructura, la estructura neurótica en donde su yo estará en constante conflicto con la realidad, con las demandas del Ello y con las exigencias del Superyó. Como se dice coloquialmente en las aulas de la Facultad de Psicología: “Todos somos neuróticos gracias a Freud”.

La característica principal del neurótico es ese constante conflicto con la realidad; realidad que le frustra, realidad con la que siempre está en constante conflicto. El neurótico por un lado está bajo las demandas del principio del placer pero por otro lado está también bajo el yugo de las demandas del principio del deber. En cambio en la estructura psicótica sucede otra cosa, la persona que se ha estructurado bajo la denominación de la “psicosis” tiende a  evadir la realidad, no le gusta; por lo tanto “crea” una realidad alterna: “No soy yo el malo, son ellos los que me persiguen”; su síntoma como un intento de re-equilibrio.

¿Cómo se relaciona el neurótico, el psicótico y el perverso con el “Otro”? ¿cuál es su posición existencial como ser-en-el-mundo? Tomemos de ejemplo el constructo “demonio”. Para el neurótico los “demonios” con los que tiene que luchar son sus padres, su jefe, los compañeros de trabajo, la falta de dinero, la insatisfacción sexual, la obsesión; es decir, son demonios “simbolizados”, demonios que tienen que ver precisamente con eso que ocurrió en su infancia y retornan a su existencia representados en personas de carne y hueso en los que deposita las frustraciones que vivió en el allá y el entonces.  Siguiendo con la misma alegoría, los demonios para el psicótico son demonios reales, demonios que lo persiguen. Demonios que existen y que atraviesan paredes, que se le aparece en su cuarto, nadie más lo ve, demonios que se esconden en sus botas, demonios que le susurran cosas al oído.

Tenemos pues que el constructo denominado “demonio” es experimentado para el neurótico a través del simbolismo, en cambio el demonio para el psicótico existe realmente. Sólo nos queda la estructura perversa: en el perverso el “demonio” es él mismo. El perverso como el demonio encarnado.  El perverso es un “niño grandote” que no le pusieron reglas, normas, límites, no hubo un padre que lo castrara; ausencia de la figura paterna que le pusiera límites, que le castrara su deseo, el perverso goza por ese medio. Su goce es un goce infantil, goza como lo hiciera un infante sádico, mortificando la existencia del otro, saciando sus pulsiones perversas importándole solo él.

¿Cómo se relaciona cada persona dependiendo de su estructura con los fenómenos oníricos (el sueño)? El neurótico tiene una pesadilla y al despertar sabe que solo fue un mal sueño, o un sueño erótico que solo queda en eso, en sueño. El perverso lleva a cabo lo que el neurótico sueña.  El psicótico vive en un sueño eterno en donde ángeles y demonios existen en su vida real.

O también podremos comprender la relación que tiene cada estructura de personalidad con el “Otro”, por ejemplo: se dice que el neurótico tropieza siempre con la misma piedra, de hecho el neurótico no solo tropieza con la misma piedra, él mismo la pone para tropezar con ella (compulsión a la repetición). La relación del perverso con la piedra sería una relación de fetiche; tomaría a la piedra no para tropezar con ella sino para fetichizarla, sodomizarla, erotizarla, o buscar hasta por debajo de las piedras para ver con qué más gozar. El psicótico se pondría a platicar con la piedra.

Infancia es destino y allí se jugará gran parte de lo que el ser humano será en su vida adulta. Será desde allí como tomará decisiones, cómo se enfrentará a las situaciones cotidianas de la vida. Todo esto ha quedado troquelado en el inconsciente del ser humano y desde allí estará demandando ser reconocido. Intentará salir a la luz y por lo regular lo logra, pero ese “salir a la luz” lo hace a través de una máscara que denominamos síntoma y es precisamente ese síntoma lo que no permite al ser humano andar por la vida ligero de equipaje. El síntoma (depresión, ansiedad, estrés, trastorno alimenticio, obsesiones, relaciones amorosas no sanas etc.) como manifestación de eso que incomoda, de eso de lo que se quiere hablar pero que la sociedad insiste en que se debe callar. El síntoma existe por algo, no se trata de simplemente modificarlo o callarlo, al contrario, hay que escucharlo, interpretarlo, traducirlo. El síntoma está allí por algo y el consultorio es el lugar idóneo para escuchar lo que tiene que decir a través de la propia palabra del paciente, del que sufre ese malestar que por lo regular se esconde detrás de un “No sé lo que me pasa”.

La psicoterapia como ese lugar idóneo en donde se puede escuchar el discurso del paciente y saber eso que está allí pero que por ser precisamente inconsciente no se sabe. Hablar ese sueño “perverso” que aterra, platicar de esos demonios simbolizados, comprender esa compulsión a la repetición que impulsa a poner la piedra para tropezar con ella. Descubrir la propia verdad, la propia constitución, la propia estructura de personalidad, aceptar de lo que estamos hechos y comenzar a construir la vida que se desea vivir.

*Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo (UANL) y Psicoterapeuta
Consulta privada en la ciudad de Monclova, Coah. Mx

 

El pequeño Freud

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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“Lo que se calla en la primera generación… la segunda lo lleva en el cuerpo”
F. Dolto

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 “Infancia es Destino” ¿Qué hay detrás de este apotegma? Dicha frase hace referencia a que lo que sucede en los primeros años de nuestra existencia va a marcar nuestra vida futura; lo que sucede en la primera infancia es la vida original, lo demás es una re-edición de  esas experiencias y acontecimientos del allá y el entonces; por eso la gran importancia que dentro de una psicoterapia se aborde la experiencia del paciente respecto a los recuerdos que tiene de su niñez, que pueda acceder a dichas vivencias a través de su propia palabra.

¿Por qué querer hablar del “Pequeño Freud”? quizá para poder entender el origen del psicoanálisis; remontarnos a la niñez de Freud, a la primera infancia, a sus primeros recuerdos, sus primeras “imagos”, sus fantasmas, sus recuerdos, sus experiencias que quedaron troqueladas en su inconsciente y que a la postre daría material para crear el psicoanálisis que tanto ha aportado para comprender la concepción de la naturaleza del ser humano, sus patologías, sus deseos; todo esto a través de la escucha del discurso del paciente que sufre e intenta saber el porqué de ese malestar.

De entrada pensemos en Sigmund Freud como el creador del psicoanálisis, ¿cómo llegó a construir dicha propuesta? Tuvieron que pasar demasiados acontecimientos en su vida y en su obra para por fin “parir” dicha teoría que en la actualidad continúa vigente sobre todo por su aportación a la comprensión del ser humano a través de la escucha del inconsciente y sus manifestaciones.

Sabemos que Sigmund Freud constantemente buscaba ser reconocido, admirado, ya sea por algún descubrimiento, alguna aportación, o algo que catapultara su nombre hacia la inmortalidad. Quizá por el mensaje que quedó cincelado en su inconsciente que su madre Amalia constantemente le repetía; que sería un hombre grande, un hombre de éxito. Recordemos que “Nadie puede traicionar el deseo inconsciente de una madre”. Y por otro lado estaba su padre Jakob, el que lo reprendía, su padre del cual recuerda aquel acontecimiento en donde se baja de la banqueta ante la afrenta de un peatón insultándolo por su condición de judío.

Sigmund Freud recuerda que su padre lo reprendió alguna vez (por orinar deliberadamente en el cuarto de sus padres, a los siete años de edad) y las palabras que utilizó fueron: “este niño nunca llegará a nada”. Quizá de aquí se puede desprender la siguiente hipótesis: la teoría de Sigmund Freud como una respuesta al reto que el padre le auguraba como destino manifiesto; el psicoanálisis como el éxito ante la predicción fallida de frustración del padre.

La teoría de Freud se centra en la importancia del vínculo madre-hijo; su teoría como una hipótesis en donde la madre es el centro y lo demás girará en torno a ella. Se deduce por lo tanto que el “Complejo de Edipo” propuesto por Freud tiene su más arcaico origen precisamente en su vivencia como hijo. Sabemos que la hipótesis del complejo de Edipo le surge a través de un sueño, pero también es importante señalar cómo fue construyendo su idea del complejo de Edipo a través de las vivencias y palabras que le decían sus padres: su madre palabras de aliento (amor) y su padre palabras de realidad, de castración. Es así como Freud comenzó a construir la universalidad del complejo de Edipo: Amor hacia la madre y rivalidad hacia el padre. (Estos últimos deseos de parricidio que Alejandro Jodorowsky señalaría como un delirio de Freud).

Otro rasgo de la indudable seguridad que Sigmund Freud tenía sobre su influencia en el pensamiento contemporáneo es cuando en abril de 1885 le escribe a su amada Marta que quemó todos sus diarios de los últimos catorce años (esa sería la primera vez, la segunda fue en 1907). ¿Por qué estaba tan seguro Sigmund Freud que sus “biógrafos” lamentarían ese acto? Aquí la respuesta en las propias palabras de Freud: “Cuando un hombre ha sido el favorito indiscutido de su madre, logra conservar durante toda la vida un sentimiento de vencedor, esa confianza en el éxito que a menudo conduce realmente al éxito”. La madre así lo creyó y el hijo solo se encargó de llevar ese deseo a buen puerto.

El padre de Freud bien pudo haber pasado por su abuelo. Jakob Freud ya había estado casado pero enviudó, tuvo a Sigmund a los 40 años, se casó con Amalia Nathansohn que aún no cumplía los 20 años. Sigmund Freud fue el primogénito y tuvo cinco hermanas y dos hermanos, de los cuales Julius, el hermano que le seguía falleció a los 8 meses. Este dato resulta ser revelador en la biografía de Freud ya que desde pequeño se topó con la realidad de la muerte. Así, la muerte, el nacimiento (la vida) y el amor formarían parte importante en la constante construcción de su teoría psicoanalítica.

Jakob Freud y Sigmund Freud tenían algo en común: la elección de una mujer que estructuraba la personalidad del marido a tal grado de “dejarse conducir por ella” según palabras de Ernest Jones.

Sigmund Freud narra un acontecimiento que marcaría sus ulteriores relaciones interpersonales, menciona que tenía un sobrino (de nombre Hans, por cierto, el nombre de “Hans” lo acompañaría por siempre) con quien jugaba pero también discutía, esto lo llevó a la conclusión de que en la vida de adulto re-editaba aquél juego con su sobrino de amor-odio, en donde en un primer momento elegía a sus amistades pero posteriormente se convertían en sus archirrivales. (Como ejemplo está la relación ambivalente que sostuvo con Fliess, Breuer, Ferenczi, Jung). “Un amigo íntimo y un odiado enemigo fueron siempre indispensables a mi vida emocional”. Ernest Jones escribe que esa relación con su sobrino Hans “constituye el primer signo de que la constitución sexual de Freud no era exclusivamente masculina”.

Por lo tanto, partiendo del axioma básico en psicoanálisis de que el infante es el síntoma de los padres, que es la encarnación de los conflictos psíquicos inconscientes no resueltos de los padres; ¿qué síntoma introyectó Freud de sus padres? ¿acaso ese desafortunado suceso en donde ve a su padre caer del lugar del héroe para posteriormente él superarlo y resarcir aquella afrenta? ¿Toda su vida como una oblación hacia sus padres con el intento de revertir esa exclusión emanada del repiqueteo de las campanas que escuchaba en su infancia, que llamaban a los cristianos al culto y a ellos, a los judíos, los mantenía en el ostracismo? ¿El psicoanálisis como una respuesta que vendría a desmitificar esas reglas por las cuales fue excluido por su condición de judío, él y toda su familia?

Sigmund Freud, un hombre insatisfecho que no se conformó con lo establecido, que sospechó de la moral, que sospechó de las reglas de convivencia de la sociedad y que descubrió la naturaleza del hombre, la bestia que se escondía detrás de esas reglas que dictaba la sociedad. Sigmund Freud, el favorito de su madre, le hizo caso y le fue bien. Muy bien. Políglota que desde pequeño (a los ocho años) leía en inglés las obras de William Shakespeare, que por cierto, no creía que el escritor fuera de Inglaterra, más bien era de la opinión que alguna vez habría escuchado a un maestro suyo, que en realidad William Shakespeare era un ciudadano francés de nombre “Jaques Pierre”.

La vida de Sigmund Freud está íntimamente ligada con su propuesta teórica. Olvidar este detalle sería perder de vista la subjetividad por la cual atraviesa la propuesta freudiana; una propuesta que no considera ser legitimada por el discurso de cualquier “Amo”, una propuesta que concibe al hombre desde su más recóndita naturaleza. Las ideas de Freud siguen vigentes hoy en día, tanto para comprender la “miseria” humana como también para escuchar lo que el paciente desea saber a través de su propia palabra. El psicoanálisis como esa brújula para acceder al inconsciente, al deseo más recóndito, al sueño enigmático, al síntoma que causa malestar pero que a la vez encierra un gran significado que al comprenderse dará sentido a la existencia. Re-significar la vida misma a través de la escucha, escuchar los propios demonios, comprender a los propios fantasmas y dejar de luchar contra ellos, reconciliarse con lo que uno es y a partir de eso construir lo que uno desea llegar a ser.

La infancia de Sigmund Freud como fiel reflejo de lo que sucede en el acto analítico. La infancia de Freud que preparó con mucho cuidado lo que a la postre lo inmortalizaría. El psicoanálisis como el legado de esa historia que comenzó a gestarse en la más pequeña y tierna infancia de Sigmund Freud.

Referencias:
Freud, Sigmund “Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Sigmund Freud” en Obras Completas Tomo I Amorrortu Ed.
Freud, Sigmund “Estudios sobre la Histeria” Obras Completas Tomo II Amorrortu Ed.
Freud, Sigmund “Presentación autobiográfica” Tomo XX Obras Completas Amorrortu Ed.
Jones, Ernest “Vida y obra de Sigmund Freud” (I) Ed. Anagrama 

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*Autor: Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo y Psicoterapeuta
Miembro de la Sociedad Mexicana de Psicología
Miembro de la Asociación de Psicólogos y Psicoterapeutas de Coahuila A.C.
Egresado de la UANL
Consulta privada en Monclova, Coah. Mx

 

Entre Gordillas y Papas

Escrito por: Adolfo Huerta Alemán 

 

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“A  una  política  sin  pensamiento,  es  a  lo  que  nos  enfrentamos”.
Eduardo  Nicol  en <<El  porvenir  de  la  filosofía>> Ed. FCE  1972.

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Entre  la  Gordillo  y  la  elección  del  nuevo  Papa  nos  quieren  distraer  y  darnos  atole  con  el  dedo.

Parece  ser,  que  el  presidente  Enrique  Peña  Nieto – PRI,  al  estilo  de  su  procreadora  que  lo  inventó;  Televisa,  quiere  subir  su  rating  y  su  aceptación  ante  un  México,  que  algunos  de  sus  sectores  mostramos   nuestro  repudio   ante  su  elección   como  mandatario  de  nuestro  país.    En  la  telenovela  que  están  realizando  todas  y  todos  los  actores  de  ésta  historia  que  comenzó  a  escribirse,  desde  el  2006,  que  se  propusieron  llegar  a  los  Pinos   nuevamente  el  PRI,  como  lo  estuvo  denunciando  Jenaro  Villamil.

Con  la  supuesta  obra  de  actuación  barata,  de  la  detención  de  Elba  Esther  Gordillo,  el  PRI – Enrique  Peña  Nieto  y  demás  compinches,  quieren  ganarse  más   fans  y  su  aprobación,  ante  un  sector  de  la  sociedad  que  no  lo  aceptó  como  presidente,  nos quieren  vender   la  idea  de  que  ellos  son  el  nuevo  PRI.

Lo  que  se  descubre  nuevamente  en  nuestro  México,  es  un  peligro  que   viene  denunciando  el  filósofo  mexicano, nacido  en  Barcelona  hacia  el  año  de  1907  y  muere  en  la  ciudad  de  México  en  el  año  1990.

Eduardo  Nicol; pensador  mexicano  de  origen  catalán (español),  nacionalizado  mexicano,  no  tengo  el  dato  certero,  que  también  permanezca  al   grupo  de  los <<Transterrados>>. Eduardo  Nicol,  desde  su  filosofía  nos  viene  denunciando  desde las  décadas  de  los  años  60’s  y  70’s  que  la  filosofía  está  en  peligro,  la  incertidumbre  ante  una  sociedad  distraída  y  alineada,  amenaza  a   todas  las  vocaciones  libres,  como:  la  poesía,  el  cine,  la  literatura,  todas  las  artes  en  sí  y  sobretodo  el  pensamiento  del  Hombre.

Ante  una turbulencia  de una  supuesta  información,  que  nos  invade  como  una  “Babel  informática”  como  lo  recuerda  el  filósofo  italiano Gianni  Vattimo,  que  lo  único  que  hace  es  confundirnos  y  distraernos  aún  más,  de  lo  que  ya  está  la  Humanidad.

El  poder  de  la  simulación  y  de  la  sumisión  a la  vida  cotidiana,  extracción  del  valor  económico  y  político  de  la  actividad consciente,  de  la  elaboración  cognitiva  y  del  deseo  social,  nos  lleva  a  la  <<Caosmosis>>  como  nos  advierte  el  filósofo  contemporáneo  Franco  Berardi  Bifo.

Eduardo  Nicol  nos  propone  a  rescatar  la  verdadera <<Vocación>>.

Vocación  es:  libertad  de  ser, no  dejar  por  ningún  motivo,  lo  que  nos   hace  ser,  conscientes  de  sí  mismos,  que  es  nuestro  pensamiento  y  nuestro  conocimiento,  en  pocas  palabras:  que  no  dejemos  de <<PENSAR>>.

La  filosofía  es  impresora  de  la  vida,  nos  lleva  hasta  las   últimas  motivaciones  de  nuestro  ser.   La  filosofía  nunca  ha  sido  un  accesorio  de  adorno  superficial,  mucho  menos  un  producto  marginal,  de  esta  civilización.   La  filosofía  representa    la  capacidad  que  tiene  el  Hombre  de  vivir  con  <<conciencia  de  sí  mismo>>.

Las  narrativas  de  nuestras  instituciones  gubernamentales,  de  educación   y  eclesiales, juegan  el  papel  de buscar  el  poder  por  el  poder,  nos  inventan  laberintos  para  confundirnos,  para  distraernos  y  así,  seguir  en su   estatus  quo,  en  su  pedestal  del  poder  que  quieren  seguir  manteniendo,  para  sus  intereses  egoístas.

Por  eso  Nicol  insiste  en  que  la  <<Conciencia>>   es  el  primer  paso  a  la  libertad,  y  que la  filosofía  no  sólo representa  el  mundo,  sino, contribuye  a  formarlo  y  contribuye  con  algo   más,  que  el  puro  conocimiento,  nos  da  una  pedagogía,  nos  da  una    dirección,  un  camino.    La   filosofía  está  siempre  en  proceso  de  reforma  permanente,  pues,  nace  de la  misma  crítica  a  sí  misma,  esto  es  lo  que  significa   para  ella  hacer,  tener  y  estar  en  la   Historia  de la  Humanidad.   Y  no  perder  la  esencia  de  su  nacimiento,  la  de  ponernos  a  pensar,  para  llegar  hasta  las  últimas  causas  de  nuestro  ser  y  de  nuestro  actuar.

Eduardo  Nicol  no  se  equivocó,  al  denunciarnos  sobre  el  peligro  del  porvenir  de  la  filosofía,  a  ver   cómo  nos  encontramos  enfrascados  ante  una  agenda  política  y  no ante  una  verdadera  información  que  nos  ayude  a  ser  una  sociedad  adulta,  con  criterio  y    protagonista   de  nuestra  Historia.   Nos  llama  a  defender,  a  como  dé  lugar,  nuestra  capacidad  de  pensar  y  no  dejar  de pensar,  para   que  nuestro  actuar  nos  lleve  a  volver  ser  <<seres  humanos>>.

Nicol,   nos  lleva  a  la  situación   del  Hombre  en  un  mundo  invadido  por  la  simulación  y  por  la  necesidad,  esto  pone  en  peligro  la  libertad  humana.

Nos  propone  recuperar   el  principio  vocacional  de  la  ciencia,  de  la  psicología  y  de la  filosofía.

La  revolución  de  la  filosofía,  está  en  el  pensamiento  filosófico,  que  consiste  en  su  permanente  reforma  y  en   reconocer  el  fenómeno  en  sí “como  lo  que  está  a  la  vista”.

Por  eso ¿Tú  crees  que  se  ha  transparentado  la  MEGADEuDA  de  Coahuila? ¿Los  hermanitos  Moreira  Valdez – PRI  son  inocentes?  Mejor <<PENSEMOS  JuNTOS>>.

“La  filosofía  sólo  reclama  la  autonomía  básica  del  pensar.   La  filosofía  conduce  a  la  libertad.  Lo  que  sabemos  con  certeza,  es  que  habrá  filosofía  mientras  la  Mujer – Hombre  no  haya  perdido  por  completo  la  memoria”.

Eduardo  Nicol  de  su  grandioso  libro <<El  porvenir  de  la  filosofía>> Ed. FCE  1972.         

@GofoAutor

gofo_04@hotmail.com

Facebook  Adolfo  Huerta  Aleman.

El chiste de la vida

Por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

CarlosMorenoMx

imagen tomada de artelista.com

“No hay verdades que toquen mejor la punta de lo real que los chistes, sueños, lapsus u olvidos”
Rodrigo Asseo

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¿Cómo se le llama a la mujer que sabe con exactitud en dónde se encuentra su esposo? Se le llama viuda.

¿Por qué la mujer toma mucha agua? Porque todos sus problemas los soluciona llorando.

¿Qué hay detrás del chiste? ¿cuál es la verdad que encierra un chiste? ¿por qué llega directamente al inconsciente? Ya lo había dicho Sigmund Freud,  que por medio del chiste el ser humano dice lo que en la cotidianidad no se atreve a decir, lo que es tabú, lo que está vedado, por eso la gran aceptación de los chistes misóginos, por eso el éxito de los chistes de odio hacia la suegra, de infidelidades, chistes sexistas, chistes xenófobos, chistes de homofobia, chistes de humor negro que permiten decir lo que uno siente pero a manera de chiste, ¡que al cabo es un chiste!

Alejandro Jodorowsky también tiene un libro en donde analiza cada chiste y obtiene una enseñanza, cada chiste encierra una verdad que puede llegar a la iluminación, una revelación, una epifanía.

Empecemos con el primer chiste: ¿Cómo se le llama a la mujer que sabe con exactitud en dónde se encuentra su esposo? Se le llama viuda. ¿Qué hay detrás de ese chiste que muchos de nuestros contemporáneos quieren negar? Es una verdad oculta la conducta del hombre y me refiero a hombre como género y todo el cúmulo de genética trasmitida de generación en generación a través de la evolución filogenética. El hombre es una bestia y actúa como tal, el hombre trae en sus genes una carga desmesurada de sus ancestros, es proclive a romper las reglas de la moral en turno, no es porque él así lo decida, es simplemente su condición, su destino manifiesto, su testosterona, su deseo de cazar, de procrear, de matar. “Filogenética es Destino”. Con esto se entiende a la perfección el chiste de mencionar que solamente la mujer viuda sabe en dónde está su marido, claro, está tres metros bajo tierra y ella siente la confianza y la seguridad que estando allá no le va a ser infiel, no andará con sus amigos en las borracheras; la que sufre es la mujer que aún tiene a su hombre vivo, a su macho, ese que le miente, que se esconde, que evade, que huye, que está allí pero nunca como ella quisiera verlo, nunca cumpliendo su deseo, nunca le satisface, no la obedece, no la valora, no la quiere. Por lo tanto ¿hay hombres fieles? ¿hay hombres que dicen la verdad? ¿hay hombres cariñosos? Como leí por allí, precisamente en un chiste en Facebook: “sí, en efecto, hay hombres así, pero ya tienen pareja, otro hombre”. El chiste y su relación con el inconsciente.

El otro chiste es aún más misógino, el de la mujer que llora y así soluciona sus problemas, es verdad, el hombre se compadece cuando la mujer llora y esa explicación también la da la filogenética, años y años hemos evolucionado y la mujer ha desarrollado ese mecanismo de defensa para darle la señal al hombre de que en verdad la está pasando mal, que le pare a su maldad, que la está haciendo sufrir. El hombre cuando ve a una mujer llorar cambia de actitud, frena sus instintos agresivos y se compadece. La mujer logra lo que quiere. Pura y simple conducta ancestral. Con el llanto la mujer ha logrado cosas más importantes que el hombre y su conducta inmensamente destructiva.

Y así, seguiremos viviendo en este teatro en donde cada uno de nosotros seguimos representando el papel que nos ha tocado escenificar.

El “chiste” de la vida es precisamente romper con la ilusión y decidir vivir el guion de la vida que deseamos, la vida misma es tan corta que no es posible desperdiciarla viviendo de acuerdo a los deseos de los demás, específicamente viviendo bajo el yugo del deseo de los padres.

La vida misma es la que está en juego y lentamente, poco a poco, se nos va de las manos. El chiste nos confronta, nos cuestiona, el chiste nos remite a la reflexión: ¿Es así como quiero seguir viviendo el resto de mi existencia?

 

 

Deberíamos decidir ser un poquito más felices

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosMorenoMx

Consultorio Psicólogo Carlos Moreno Monclova

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“El amor a uno mismo es el punto de partida del crecimiento de la persona que siente el valor de hacerse responsable de su propia existencia”
Víctor Frankl

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La vida, la vida misma debería ser vivida en un eterno y constante placer. Veo a mí alrededor gente enojada, mal encarada, hace gestos, se abruma, se acongoja, se deprime y se suicida.

Deberíamos de inventar otro sistema alterno en donde la felicidad sí pueda ser una realidad. ¿Cómo? Deberíamos por ejemplo saber decidir una carrera que nos hiciera feliz; ¿han visto algún baterista quejarse? ¿por qué el profesor se queja constantemente? ¿por qué la ama de casa llora a gritos desesperados? Tomar las decisiones más importantes de la vida bajo un riguroso método científico, bueno, o algo que se le parezca.

El sistema económico-político-cultural que establece las relaciones interpersonales que padecemos hoy en día ha creado un malestar profundo en la existencia de la humanidad. Dicen que tiempos pasados siempre fueron mejores, eso yo no lo sé de cierto, sospecho que algo anda mal, que algo huele a podrido y los síntomas de ese malestar lo estamos viviendo en la cotidianidad. No en balde la Organización Mundial de la Salud pronosticó que la Depresión se generalizaría en el año 2020, es decir, lo “normal” en la conducta de la especie humana sería ser un sujeto depresivo: el Ser-en-el-mundo siempre con la queja constante, amargándonos de todo, trabajar en un oficio desgastante y al final del día alienarnos con la televisión: el bálsamo de los pobres.

La vida del mortal debería regirse por unas cuantas ideas básicas, reflexionar en torno a las cuestiones de la posición del ser-en-el-mundo, como por ejemplo: ¿estoy haciendo lo que me gusta? ¿es esta la existencia que quiero llevar? ¿Ella o él es la persona que quiero para el resto de mi vida?

La toma de decisiones debería estar regulada por un hedonismo vitalista, casi casi rayando en un “eudemonismo”; estar a gusto con uno mismo, dejar de quejarse (la queja como epifenómeno de la insoportable levedad del ser), intentar hacer lo que a uno le apasiona, amar más, darse cuenta de que un día, no muy lejano, todos estaremos tres metros bajo tierra o hechos ceniza; lo que antes daba pensamientos ahora dará flores, como dijo el poeta; los brazos que servían para dar y recibir amor, dentro de poco tiempo estarán cruzados sobre el pecho, inertes, estúpidamente solos, como dijera el otro poeta.

¿Cómo valorar más nuestra existencia? Una propuesta para dar respuesta a dicha interrogante la encontramos en el existencialismo, específicamente en Heidegger y en Víctor Frankl. El sentido de la vida es re-pensar la muerte, sabernos finitos, saber que un día nos despediremos para siempre, haciendo consciencia de semejante suceso, ¿vale la pena ese disgusto que pasaste hoy en la mañana? ¿vale la pena haberte enojado con el amor de tu vida? ¿valió la pena reprender a tu hijo por que te desesperaste?

Re-pensar la vida, re-plantearnos la existencia, obtener más momentos placenteros, hacer lo que a uno le agrada, convivir con los seres que uno aprecia, como dijera Siddhartha: “El paraíso es estar con los que uno ama”.

La vida se nos va de las manos, el sistema en turno nos ha hecho creer que es normal vivir bajo el signo de la queja. Existen otras maneras más saludables de estar y ser-en-el-mundo. La cuestión es hacer un alto en el camino y ver hacia el horizonte, tomar decisiones y jugarnos la vida en ello. Quizá así podríamos ser, aunque sea, un poquito más felices.

Adivinanzas III

 Escrito por: Adolfo Huerta Alemán

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Recorro   todo  el  país  como  un  espíritu  en  celo,  siempre  he  existido  en  el  fondo  de  todo  ser humano.

En  más  de  una   ocasión,  paralizo,  creo  una  confusión  de  nervios,  mí  predilecta  es  la  psicosis  colectiva,  tengo  un  orgasmo  cuando  logro  crear,  en  las  mentes  débiles  shock.

Tal  vez,  sea  hijo  de  la  ignorancia  y  del  fanatismo.

Mis  aliados  los  políticos,  líderes  religiosos,  sindicatos,  militares,  el  libre  mercado,  neoliberalismo,  el  crimen  organizado,  mafias  de  trata  de  blancas,  narcotraficantes,  mi  hermana  predilecta  la  violencia,  es  mi fiel  brazo  derecho,  el  terrorismo,  crisis,   inventos  de  mitos  de  epidemias,  torturas  psicológicas  y  físicas,  traumas  históricos.

Soy   uno  de  los  grandes  males   de  toda  civilización,  en  todas  las  épocas,  soy  el  impedimento  más   letal  contra  la  libertad,  soy   vitalidad  para  la  política,  desgracia   colectiva,  soy   represor  por  medio  de  mitos  y  tradiciones.

Soy  la  primera  emoción  experimentada  desde  los  primeros  personajes  de la  Biblia. Todos  me  miran,  todos  me  ven,  pero  cuando  me  sienten  es  cuando  me  conocen.

Soy  muy  utilizado  por  gobiernos  como  el  de  México,  no  se  diga  por  el  de  Coahuila,  amenazo  el  bienestar  colectivo  de  la gente  con  ser  perjudicado,  provoco  pánico,  ansiedad  y  descomposición  social,  intimido  a  cualquier  ciudadano  que  tenga  iniciativa  por  comenzar  una  lucha  por  la  justicia.

Adivina,  adivinador ¿Quién  soy?

                                                                                                                                              (El  Miedo).

@GofoAutor

gofo_04@hotmail.com

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Ese niño es un “desmadre”

Autor: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

-“Oiga, ¿Usted es Psicólogo verdad?, necesito que me diga cómo regañar a mi hija, no me hace caso y ya no se qué castigo ponerle.”

Recuerdo que entre broma y veras un conocido insistía en un dicho: “no lo regañes, mejor edúcalo”.

Educar (decía Freud) es una tarea imposible, al igual que gobernar y psicoanalizar. Estoy de acuerdo que educar a los peques en plena era de la posmodernidad se ha convertido en un “Deporte Extremo”, bien nos lo dijo el Cura “Gofo” cuando bautizó a nuestro segundo hijo; “hay que pedirle a Dios que les de pilas renovadas para aguantar el ritmo de los chamacos de hoy”.

¿Qué significa educar? Educar no solamente es una tarea de cualquier Institución Educativa, la etimología de “educar” lleva implícito el acto de guiar, conducir, así como formar e instruir. A mí me gusta más decir que Educar es “domar a la bestia” o para que no se escuche tan feíto: “socializar a la bestia”. Educar implica el aforismo freudiano: “allí donde se lee “Ello” debe leerse Yo”. Que se traduce en: “allí donde nace una bestia debe instaurarse (o estructurarse) un ser humano”.

El hombre nace siendo un animal, un cachorro. Afirmaba Piaget que solo venimos a este mundo con los reflejos como herramienta en potencia. Sabemos que un recién nacido llora, duerme, come y hace sus necesidades fisiológicas, se rige por el principio del placer; imagina (o fantasea) que él y su madre “son uno mismo”. Conforme pasa el tiempo va diferenciando la realidad de la fantasía y se da cuenta de que él y su madre son dos entes diferentes, separados, haciendo realidad aquello que Melanie Klein denominó el “pecho bueno y el pecho malo” que a la postre nos hará sentir culpables irredentos por portarnos mal con ese pecho al cual defecamos y mordisqueamos creyendo que era “el pecho malo” porque no nos satisfizo a la hora que nosotros queríamos. Nos dimos cuenta de que en realidad no era uno un pecho bueno y el otro un pecho malo, que en realidad eran parte de un mismo objeto, el Objeto de amor denominado “la madre”.

El pequeño se desarrolla y crece bajo el manto de la protección de la madre (y en el mejor de los casos también del padre). ¿Quién no recuerda el primer regaño, la primera nalgada, el primer pellizco, el primer “no”, la primera advertencia o la primera mirada “fea” dirigida a su primogénito? ¿En qué momento ese amor romántico, esa simbiosis entre madre e hijo se rompió, se fue al traste? Precisamente ese es el momento exacto de la génesis del proceso que conlleva a “socializar a la bestia” ya que no es posible que el bebé siga con los mismos patrones de egocentrismo; tiene que saber que existe otra realidad, que existen otras personas y es allí cuando termina la felicidad y comienza la neurosis, el conflicto, la realidad.

¿Qué implica educar? Es dejar de pertenecer al pequeño grupo de los “hedonistas a perpetuidad” para pertenecer al mundo real. Sometimos nuestros deseos más preclaros en aras de una civilización. El proceso de educar a los niños es un asunto en donde la represión es el acto que rige la agenda, “pórtate bien”, “no digas eso”, “ahí deja”, “cállate”, “no corras”, “no le pegues”. La idea es reprimir al niño y que ya de grande acuda con un psicoterapeuta o un psicoanalista y destrabe lo que se haya quedado fijado.

Educar es difícil, es complicado, es una tarea ardua, consiste en explicar a detalle cada acto, cada conducta, cada exigencia, no quedarnos simplemente en esa etapa de reprimir, existe otra opción, pero cuesta más trabajo, es lo que han denominado “Educación por consecuencias”, educar al hijo instruyéndolo en que su conducta tendrá una consecuencia. El proceso implica la escucha, el diálogo, pero sobre todo implica una “pedagogía en el amor”.

Educar en consecuencias significa que si alguien violenta las reglas internas estipuladas en la familia esa conducta tendrá su consecuencia y la tendrá que acatar, por eso es necesario desde un principio que en el Hogar exista un reglamento interno y que se mencionen las sanciones a las que se pude sujetar sus conductas, pero sobre todo (y aquí viene lo bueno) debe de existir la figura de autoridad que se encargue de vigilar que la consecuencia de la conducta se lleve a cabo. ¿De qué sirve poner un reglamento si no vamos a estar ahí precisamente para hacer efectiva la consecuencia de sus actos?

El problema más frecuente con el que nos hemos topado en la consulta psicológica es el “Síndrome de Peter Pan”, en donde los papás no se han dado cuenta (o no se quieren dar cuenta) de que ya no son ellos nada más; quieren seguir viviendo la vida que vivían cuando eran jóvenes, solteros, guapos, amigables, dicharacheros. Quieren seguir “agarrando la jarra”. Quieren seguir viéndose los “miércoles de amigos” o los “jueves de generación”. Los hijos como mera extensión de sus cuerpos, los hijos como un estorbo, los hijos como causantes de estrés. Y es allí cuando la madre o la maestra dicen “ese niño es un desmadre”, pues sí, precisamente es eso, su hijo no tiene madre, tiene nana, tiene tele, tiene amigos imaginarios pero madre no, ella anda en el Casino, en los pocitos, en el spa, o con sus amigas tomándose un daiquirí.

De lo que escribo aquí ya comenzamos a observar los primeros síntomas de esa enfermedad. El sistema económico en turno nos vendió la idea de “no importa la cantidad sino la calidad” y ya somos testigos silenciosos de los resultados.

La familia es el núcleo de la sociedad en donde se forman los futuros médicos, profesores, héroes del deporte, filántropos, altruistas, músicos, pero también allí, en la familia, es en donde se forja el carácter de un futuro psicópata, que le valga “madres” el otro. Ya estamos viviendo las primeras consecuencias de eso, esperemos que no sea demasiado tarde.

Carlos Arturo

Carlos Arturo

Monclova, Coahuila. Mx.
Psicólogo Social, Psicoterapeuta, Miembro de APPCAC, Catedrático Universitario.http://psicologocarlosmoreno.wordpress.com