El deseo inconsciente del humano

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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“Cuando las causas no son reproducibles no queda más alternativa que inferirlas desde los efectos”. (Carlo Ginzburg)

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¿Por qué se lee el periódico? hasta hace poco tenía el in-sano hábito de leer diariamente el periódico, quizá siguiendo el consejo hegeliano de “leer el periódico se ha convertido en la oración matinal del hombre moderno”.

Intentando responder a dicha interrogante de por qué la atracción hacia el periódico, existen infinitas respuestas como infinitos lectores, algunos lo compran para verse en la foto que le tomaron en el antro, otros porque andan buscando chamba. Para muchos se ha convertido en un ritual; estar informado del acontecer diario de la República que camina, resulta para unos un imperativo categórico, para otros la oportunidad de tener un tema de conversación, o simplemente los hay que afirman que leer el periódico lo hacen por un simple acto hedonista.

¿Cuál es la representación social que se tiene sobre el periódico y su uso? Fenomenológicamente no podríamos abarcar la cuestión, nos queda grande el asunto, el lector y su periódico forman una simbiosis perfecta, una relación de amor-odio, te compro, me insultas, te leo, te tiro, te levanto, me vuelves a insultar, decido ya no comprarte, no te leo dos o tres días pero me doy cuenta de que no aguanto una existencia sin ti y vuelvo a comprarte, y así ad infinitum, se repite y se repite esa dialéctica perversa, retorcida, sadomasoquista, vete, regresa, te amo, esfúmate, allí te quedas, compláceme, infórmame… te quiero.

Lo que encontramos en el periódico son notas de muerte, destrucción, que alarman, inquietan, seducen, preocupan, angustian, atormentan. Básicamente la nota que impera en nuestro país es la lucha entre “buenos” contra “malos”; entre “guardianes del orden” contra “desestabilizadores del sistema”. Hasta hace poco no había confusión; los malos estaban en un lado y los buenos en el otro lado, al puro estilo maniqueista.

El orden establecido que imperaba en nuestro México Lindo y que-herido sufrió una crisis de identidad, los buenos, que antes se encargaban de cuidarnos, de protegernos, de luchar contra las fuerzas imperiosas del mal sufrieron una metamorfosis kafkiana y se fueron al otro bando, allá con los malos, con los asesinos, con los sicarios, un día despertaron y decidieron renunciar a su cargo, ya no quisieron encarnar nunca más la ley y el orden.

¿Qué hay de tras de ese cambio tan drástico? ¿por qué el humano que juró imponer la ley y el orden cambia de aires y decide experimentar la transubstanciación convirtiéndose en lo que con tanto empeño juzgaba? Se fue al equipo contra quien luchaba, su sentido de la vida trasmutó radicalmente, lo que antes era una virtud y digno de admiración, se convirtió en lo más ruin, despreciable, escoria de la sociedad.

¿Al servicio de qué está esa metamorfosis? ¿será cierto eso de “con dinero baila el perro”? ¿todos tenemos un precio? ¿qué pasó? ¿por qué fulanito que antes era un buen soldado de pronto extorsiona? ¿el trato diario lo orilló a tomar esa decisión?

El factor que está detrás de todo esto se llama formación reactiva. Es la “trasformación en lo contrario” lo que opera cuando alguien que se preciaba de ser “bueno” en exageración, un día decide “salir del closet” y mostrar a la sociedad (y a la saciedad) su verdadero rostro, su verdadera condición humana, de lo que está hecho, quebranta su ideal y asume su pulsión. El que antes era el adalid de la justicia se convierte en el máximo corrupto; esto no significa que haya cambiado, al contrario, siempre fue así, solamente que ahora demuestra su verdadero deseo; deseo que se ocultaba tras la fachada de la “cultura y civilización” que espera de los seres humanos se regulen bajo la conducta socialmente esperada.

La transformación en lo contrario explica el por qué un sujeto “bueno” deviene en un sujeto “malo”. No es que la sociedad o la oportunidad lo haya cambiado, es que en realidad él era así, solamente que luchaba en contra de ello y lo transformó en un valor altamente valorado por la sociedad. Se convirtió en el gran amoroso, en el gran altruista, en el gran filántropo para ocultar su verdadero y real deseo. Al final, todo lo que se oculta, lo que se reprime, lo que ha quedado velado, sale a la consciencia y con mayor ímpetu. Es por eso que nos damos cuenta de casos exagerados que rayan en lo absurdo, casos en donde lo sublime topa con lo ridículo. Curas amorosos que se descubren como pederastas, soldados del ejército que se descubren como esbirros, médicos que se descubren como asesinos, juristas que se descubren como corruptos. Al final, la pulsión que constituye al ser humano, se impone.

 

El antónimo de Dios

Escribe:  Paco Robledo

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Iguala sigue igual. Como nosotros y como nadie. Y todos se han dado y no cuenta. O qué, ¿alguien sabe para dónde vamos? Digo no para que haga la tarea. Es nomás pa’ que señale un rumbo, que yo, no veo que avance. Será que todos van adelante, y yo los voy viendo, arre que corren, tropezando como si los hubieran dejado libres en el monte de noche. Enserio que si camino, pero esto no avanza, no avanza más que la edad, hay para detener la vejes de la carne, pero no la de la muerte. Y que mejor. Sería agotador no morir. Y no es que me agote todo, como al clásico pesimista apadrinado por la beca. Enserio que no, justo ahora y después, estaré de pie, caminando hacia adelante y en zigzag, y de reversa, esperando que me tope en la frente lo que venga.  De hecho y de milagro, no he parado de trabajar y por alguna extraña razón, sonrió, y me encanta la música, no cabe duda de que sin ella, esto sería MÁS huraño. Aunque sé que a lo que más que se llega en está vida, es a enranciarse. De ahí, lo otro, el pozo, la desaparición total.

Antes de seguir hablando, quiero decir que la trascendencia está mal empleada, los muertos siempre dejan eso entre sus calcetines sucios. Hay una vasta cantidad de personas que trascendieron sus hechos, no sus almas. Ahora la trascendencia es el principal difusor en la obra de alguien. La idea de los arquetipos, refugiados en las ideas de otros, en lo que admiramos poder ser. Hemos intentado ser auténticos, pero los resultados son egocentristas. Aspiramos a la industria y la llevamos a cabo con ritualidad, con manojo de instrucciones y dos granos de sal.

Yo hablo del romance del cuerpo con la lentitud, el achaque y el síndrome de la infantilidad. A pie en el bastón de andar somnoliento, o a las anchas en silla de ruedas. En ese tiempo que es de regresión constante. Estoy resignado, estoy recargado en el marco de la venta. Conformado conforme la luz del día se hace negra nocturna. Acepto que entregamos nuestras habilidades para volver de donde vinimos, si es que venimos de otra parte, y si es que hubo habilidades en el cuerpo. Junto a ese marco, que de esos no faltan por ahí, se observa a las el movimiento de las sociedades que han tocado, y se ve la repercusión de las siguientes. Y no hay qué avance. Pero si mucha mezcla. Sometidos estamos a la reproducción sin medida, a contarles a nuestros hijos que en “nuestros” tiempos hacíamos otras cosas.

Este mundo pare cada vez más habitantes como de otro mundo. Está la habilidad de dar vida; que muere y que no muere. La vida que muere es la del alma, la de la psique. La vida que no muere es la del material, la que se calcula con el peso en la mano; entre más volumen y peso, mayor el precio; lo grande cuesta más, lo que cuesta más, es lo mejor, según los humanos. Somos humanitos jugando al Sísifo de la industria, subiendo (“cielo”) y bajando (“infierno”), naciendo y muriendo. En eso no falla el hombre, que nace sin pedirlo y muere sin quererlo. Viviendo del tiempo que enseña los modales. Somos de carne y hueso, como los animales del rastro. Ellos llevan el privilegio de ser animales, y nosotros, los homo sapiens, terminamos títeres con la tanta tv y todas las modernidades mata neuronas, o como más bestialmente se le llamaría, instintos.   La vida y la muerte van unidas, bailan de cachete el vals del ruido urbano. La viva y la muerta de la mano, cogiendo, pariendo vivos y muertos. Eso como línea apenas perceptible que divide arriba de abajo, entre el ser y la independencia. Esa como línea donde el cielo se recuesta a besar el filo pedregoso de los enormes cerros; tumores negros que nacen de la tierra, lucen como una lápida tiznada que día a día vigila el caserío, como si estas fueran las tumbas que no hay que saquear.

Con el transcurrir de las horas en la ventana, los cerros negros se extienden por el aire, como flor cerrando su florecer.  Somos parte de la mutación que nada lo evita. Bienvenidos al pensamiento universal.

Los pocos milagros que existen, de los cuales la humanidad se siente orgullosa y yo les reconozco, son: la capacidad de dar y quitar vida. De crear Dioses resistentes, el dinero y el materialismo. Eso ni Dios-cruz se ha comprobado que lo evite, ¿cuantos años rezando a oídos sordos? Y aun así, el hombre no ha cargado el triunfo de la guerra contra los Dioses, mientras siga habiendo gente que se comporte como tal para defender su revolución hedonista. Los mexicanos se convirtieron en verdugos de ellos mismos. Explicar el caso sería escurrir demasiada sangre por aquí.

Me apego a lo biológico que a lo espiritual. Lo segundo lo adjudico a la modernidad, al arte y a toda la contaminación occidental de inicios de siglo. Lo primero fue un accidente inalterable, un tropiezo entre gases y la combustión propició la explosión que invadió de parásitos el planeta. A esos parásitos también les llaman vividores, inútiles, pero no solamente al vividor económico-existencial y al imbécil por naturaleza, sino a la bacteria que necesita de un cuerpo para terminar de desarrollar el suyo. Convirtiendo el cuerpo primero en un médium, un aparato zombi que deja de cumplir sus funciones porque ahora un parasito tal, deposito dentro el huevecillo que capitanea su carnaval: la nave de la carne según su sentido original proveniente de las primeras civilizaciones. Donde ya practicaban dichos eventos paganos.

Vamos, vamos y vamos y no veo nada. No veo rumbo. Voy con mi familia de la mano, por el baldío de Saltillense y, en la otra mano, el azadón que le dé a esto un toque camino cuento de hadas. Pero a veces veo lo de siempre: Nada. Como si ese algo estuviera escondido entre los nopales y las ramas. No veo, no hay nadie adelante de mí. No veo nada y no sé a dónde voy a parar. Me da la sensación de que el 2014 como 1914 están entregados al dadaísmo y sus ramos. Es un caso grave que la época se modifique conforme las madres paren de a tres y a cuatro obreritos. Esto es una pena de sociedad, un fracaso inmediato de que no deseamos cambiar, sino acumular lo que vaya saliendo, excepto la censura, todo aquello que afecte las buenas costumbres y la alta moral, cosa referente a la frigidez y la pederastia, el sadismo a cargo de un encargado de pueblo, la falocracia del machismo y la bestialidad de los asexuados, los queers y todos aquellos que alteramos el ya ecosistema dogmático a través del Facebook. Andamos donde las culturas se dividieron.

 ¿Y por qué no mezclarnos, porque no hacer una sociedad multicultural y multipotencial? no una fantasía o una ciencia ficción. No hablo de juegos con el lenguaje, sino de antropología urbana. Hablo de que ya no exista diferencia alguna, repudio alguno por las variaciones en los demás. Al cabo, es un mundo de similares, con las mismas capacidades e incapacidades. Yo, que voy siendo una generación reciente, me miro en la historia que se encapsuló como polvo viejo en los voluminosos libros, y mucho de mis antepasados asquea. No comprendo cómo es que los siglos no han acabado con el cristianismo, la monarquía, el capital, los farmacéuticos, la policía, el presidente y un largo etc… Ya sé que van a salir algunos portando el traje de héroe, levantando la voz para defender su ideología, su espiritualidad, su ser experimentador, compareciente y bondadoso. Qué es lo que esas porras teóricas nos gritan. Que todo quede de igual manera como ahora lo está, porque así es como esto va a funcionar, funcionó, funciona, funcionaba, funcionará. Nadie quiere acceder la razón. Nadie quiere abandonar lo poco que se ha cosechado. Nos quedamos afianzados a la historia, a la historia de los demás, a la de nuestros arquetipos, de quienes retomamos las capacidades para volvernos una extensión de eso, sin ello, también quedaríamos vacíos.

En verdad nada nos pertenece, somos simples contemplantes de un obligatorio fenecer. Ya sé que nadie nos obligó a venir, como nadie nos obliga a quedarnos. Empezamos como el típico animalito que aprende lo que el otro le enseña, autómatas que no aprenden nada nuevo, nada más allá que las nuevas culturas afianzadas a la viejas escuelas, enrolladas y sazonando todo con todo, las modas con las varias formas de pensamiento, la ideóloga con la utopía, los héroes con la fama, los buenos actos con la caridad, la inutilidad de usar traje para Forbes y la extravagancia parásita de andar desaliñado, como acto excluido del cinismo Griego. No hay en realidad, nada nuevo que aprender, no hay cosa más obvia que cambiar.

Hay miedo de dejar el arte y la política, lo entiendo. Pero por un momento, abandonen todo, la ley, los dogmas, el manifiesto, si es posible, tomar asiento para amortiguar la caída de los posibles desmayados de la impresión de la ligereza.

Olviden el alter ego, dejen de ser padres, hijos, trabajadores. Quítense las etiquetas, aunque signifique olvidar a nuestros muertos, hacerlos a un lado junto con las escuelas, las técnicas, los dramas, la mitología Griega, el psicoanálisis, los muros que dividen la tierra, las nacionalidades, los conceptos, el histrionismo, la religión, pero sobre todo, la noción de cultura. Todo lo que el hombre haya “avanzado” deteriorándose y deteriorando, hay que abandonarlo, hacerlo a un lado, inclusive, la literatura, que en nada ha ayudado. Y no porque leer sea malo, sino porque ya hay muchos libros de lo mismo. Todo ese millar de personajes huevones, hedonistas, viciosos y holgazanes, como sus autores, hacerlos por cinco minutos a un lado, como si fuera un papel en el suelo que no desea ni mirar. Si esto ocurre, después de ocurrido, hay que plantarse la idea de que todos somos una familia de similares, con las mismas capacidades e incapacidades. Y que de ahí empiece todo, una reconstrucción fuera de estereotipos, humanos sin angustia para alimentar a Dios.

Olvidemos el pensamiento de la geografía, de los siglos antes y después de Cristo. Démosle nuevamente cuerda al reloj si así lo desean y que esto nuevamente continúe, como el instinto natural que siempre fue. Dirán que volverá a ser lo mismo, con la infraestructura fosilizada por ahí. Ese es el único pedo por el cual llamarme insulso, pero es que el mundo de las imágenes nos tiene tan atrapados, que tú es el otro y el otro-otro es tú. Este mundo de las figuras que tan mal educados nos tiene.

Todos tenemos un modo, y ese modo, nadie puede despreciarlo, porque ese alguien tiene un modo que nadie le despreciará. Hay que quitarnos el mayor temor, antes que al narco, las guerras o los pandilleros, el temor de darle la espalda a nuestras creencias, al barrio, a la academia, al cristianismo, no queremos hacerlo por temor a darnos la vuelta para alejarnos de nuestros desechos y terminemos cayendo en un largo, confuso y profundo vacío negro. Llevamos una vida expensa y agradecida a los que creemos nuestros supremos, esas imágenes que nos frustran y que a escondidas, ahí por el inconsciente, son el espejo en el que te miras, en el que recitas lo que quieres saber para irlo a parlamentar en la primera mesa que compartas con el prójimo.

E iguala sigue igual, como todo la república, rodeados en un mundo que se recuesta sobre muertos anónimos. Vamos pisando suelo donde siembran muertos con la justa injusticia. Donde la primera es para los jodidos y la segunda para los que gobiernan esta milpita.

También esto hay que dejarlo a un lado, sino, vamos a terminar armándonos, dejando las ideas porque ¿y por qué no? Si los gobiernos han matado más cuando portan sus categorías, que todos los malandros de todos los barrios.

Extraditable

La experiencia analítica

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen de cosimodemonroy.com

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“No hay relación más íntima que la del analizante con el analista”
Jacques-Alain Miller

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Cada ser humano tiene una historia de vida que contar, una “novela familiar” diría Sigmund Freud. Cada uno de nosotros posee una verdad oculta, una verdad que siempre estará intentando salir a la luz, ser revelada, ya sea a través de un sueño, un error, un lapsus, un acto fallido, una relación sexual.

Sigmund Freud se dio cuenta de eso; se dio cuenta de que el malestar en la cultura o lo que es lo mismo, el malestar en el sujeto tiene mucho que ver con esa “verdad no revelada”, con esa verdad no esclarecida, con ese secreto de familia. El paciente al hacer consciencia de eso que ha quedado reprimido ha dado el primer paso que lo encaminará al sendero del inconsciente y es precisamente allí, en el inconsciente en donde se ha gestado la verdad y parafraseando la enseñanza milenaria: “La verdad nos hará libres”; es decir, el acceso a ese material inconsciente, reprimido, al simbolismo y sus manifestaciones, podremos acercarnos a una existencia más llevadera en donde no sea necesario el síntoma, la angustia, la depresión para callar eso que incomoda, eso que molesta.

La experiencia analítica es una experiencia entre el paciente y su psicoanalista, en donde el paciente dejará paulatinamente de ser “paciente” (padeciente) para dar paso a ser “analizante” es decir un sujeto activo que está allí en el consultorio apostándolo todo por desear saber eso no dicho; “el saber no sabido”.

¿Cómo es eso que solamente con la palabra el paciente se cura (si llegara a haber una “cura”)? Efectivamente la propuesta del psicoanálisis es “la cura por la palabra” en donde el paciente (de ahora en adelante analizante) habla de todo cuanto se le ocurra, de todo cuanto aparezca en ese preciso momento que está sentado frente a su psicoanalista. De esa manera, a través de la asociación libre, el paciente hará un recorrido a través de su propio discurso, de su propia palabra, un recorrido por todos los recovecos que existiesen en su pensamiento, en su alma, en su inconsciente.

El psicoanálisis como esa propuesta que invita a “mejor vivir, mejor amar, mejor trabajar, mejor disfrutar” como bien dijera Marie Langer. El psicoanálisis como el dispositivo básico inventado por Sigmund Freud para que el ser humano se topara con su deseo, para que hiciera un recuento de esa vida a través del recuerdo, de las imagos, de los fantasmas; el psicoanálisis como el lugar idóneo para que el ser humano se re-encuentre consigo mismo, se reconcilie, le dé un sentido a su propia vida, re-signifique su propia existencia y comience a construir la vida que desea vivir.

Un proceso analítico es costoso, implica tiempo, dinero, esfuerzo, dedicación, constancia, tenacidad, pero ¿qué cambio duradero no lo implica? Además es un compromiso que se lleva a cabo con uno mismo, un acto de amor hacia sí mismo, un espacio en donde una vez a la semana durante una hora va y se piensa en voz alta, con honestidad, sinceridad, y lo que es mejor, en donde se es escuchado y lo que es aún mejor, se es escuchado sin ser juzgado.

La experiencia analítica implica un grado de responsabilidad muy grande por parte del analizante (antes paciente) ya que los cambios deseados, la vida deseada se da a través de la propia palabra, del propio análisis del analizante, acá no se viene a escuchar una receta, un consejo, un sermón, al contrario, se viene uno mismo a escucharse y en ese escucharse a sí mismo uno va encontrando los hilos de la madeja. Acá la función del psicoanalista es una escucha flotante, una escucha atenta, pero sobre todas las cosas el responsable de su propio análisis es la persona que acude al consultorio porque se queja de algo, porque sufre, se acongoja, se deprime. Pero poco a poco, lentamente, a través de su propio análisis, el ser humano va re-surgiendo a través de su propia palabra, a través de ese re-encuentro con los fantasmas del pasado, los recuerdos de la infancia que atormentan, que no dejan andar, que paralizan.

A fin de cuentas, la experiencia analítica es un gesto de amor, una apuesta por la escucha y qué mejor que optar por esta propuesta estando en una etapa de nuestra existencia en donde la paciencia y la escucha están muy poco valoradas. La invitación allí está, si se desea vivir la experiencia analítica, cada quién tiene un lugar reservado allí, en donde tendrá un encuentro muy íntimo con sus propios demonios pero también un encuentro muy íntimo con su propia alma.

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Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo Y Psicoterapeuta
Miembro de APPCAC y SMP
Consulta privada en Monclova, Coah. Mx.
psicologocarlosmoreno@gmail.com

Volver a nacer

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen tomada de secretosparaunavidamejor.blogspot.com

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El ser humano atraviesa la vida experimentando situaciones cotidianas, del trabajo al hogar, horas incontables de estudio, diversión, comer, dormir, ritos sociales y un cúmulo de actividades más que hacen de la vida algo llevadero, algo soportable.

La vida del ser humano adquiere sentido cuando se topa con lo que los psicoterapeutas humanistas han denominado “experiencias cumbre” es decir, acontecimientos en la vida fuera de lo ordinario que a la postre dan un giro a la existencia del humano. Como experiencias cumbre por antonomasia están las que se rigen por el acontecimiento de la vida y el suceso de la muerte. Cuando nace un hijo o cuando muere un ser amado. Esas dos experiencias definen la existencia del sujeto.

Vida y muerte; Eros y Tánatos siempre presentes en la existencia del ser humano. Manifestaciones de vida como el amor, la amistad, el compañerismo, el compromiso, la familia, la construcción de una vida con sentido. Manifestaciones de muerte como la destrucción, el odio, la muerte misma, el suicidio, el homicidio, la violación, el secuestro, el robo, el acoso, la amenaza.

Ante un acontecimiento emanado de la representación simbólica del Eros (vida-amor) no hay mucho que re-plantearse, pero ¿qué hacer cuando se sufre la manifestación de la pulsión de muerte, ya sea la propia o ya sea la del “Otro”? La propuesta de la psicoterapia es muy clara: re-significar la existencia a partir de dicho acontecimiento, no sabemos si eso que sucedió es bueno o malo sino a partir de las consecuencias y la capacidad de re-significar la vida, a través de la resiliencia.

Un paciente sufre un robo en el cual comenta que su vida corrió peligro, en donde los ladrones pudieron golpearlo, secuestrarlo. Víctima del terror el paciente en cuestión agradece haber salido con vida de esa experiencia; re-significa su existencia a raíz de lo allí vivido, pone en una balanza su proceder y comienza a vivir una existencia nueva sabiendo la fragilidad de su paso por este mundo o citando a Milan Kundera: “La insoportable levedad del ser”.

El paciente en cuestión ha abandonado el síntoma que lo mantenía maniatado, ha re-valorado su existencia, piensa la vida desde otra perspectiva, claro que siente odio hacia sus agresores pero también se siente agradecido con la vida (o con Dios, que lo protegió con su “manto sagrado” en propias palabras del paciente) y pudo salir adelante después de ese trago amargo que le suscitó dicha experiencia. Tomó el teléfono público para avisar a sus seres queridos que todo estaba bien. Cuando tomó el teléfono público señala que fue como si hubiese cerrado una etapa de su vida, algo que había quedado abierto precisamente con una llamada de teléfono hace más de quince años.

La vida, Dios, el destino, la oración de la madre, la enseñanza del padre, todo se conjuga para que el ser humano pueda acceder a una vida con sentido. Es a partir de una “experiencia cumbre” que en su momento no sabemos si es “buena” o “mala” como la anécdota del padre de familia que tenía un hijo que fue atravesando diversas situaciones de la vida a las cuales el padre solo respondía: “esto es bueno, esto es malo, quién sabe”.

Re-significar la existencia a raíz de un acontecimiento que cimbra la consciencia, re-plantearse el lugar que se tiene en el mundo, saber valorar la vida y comenzar a vivir una vida con sentido. No quedarse en el discurso de “¿por qué me pasó esto a mí?” sino a partir de eso re-plantear las prioridades, saber qué es eso que constantemente se está repitiendo y que no deja avanzar, ese síntoma que entorpece y no deja vivir una existencia plena.

Me quedo pensando en eso que comenta el paciente: en esa experiencia en la que estuvo su vida en peligro. Quizá Dios estira las orejas de manera drástica a sus hijos que requieren de medidas extremas para tomar consciencia de su vida (“tocar fondo” dirán algunos). Dios, el destino, la vida misma, la consecuencia de sus actos, serendipia, cualquier cosa, lo importante es lo que se va a hacer a partir de eso, la vida que desea vivir siendo un hombre nuevo. En esta ocasión fueron unos ladrones, para otras personas el llamado a la vida puede ser a través de acontecimientos trágicos como una violación, un secuestro, la muerte de un ser querido. Vivir el duelo correspondiente y acompañado de un proceso de psicoterapia poder salir adelante; re-significar el acontecimiento y no quedarse en la posición de víctima, preguntarse qué es lo que se está haciendo mal y comenzar a re-plantearse su lugar, su ser-en-el-mundo. El replanteamiento de la existencia puede ser a través de dichos acontecimientos (que cualquiera quisiera estar exento de eso) pero también la vida llama con susurros al oído; a través del acompañamiento amoroso de la pareja, del cuidado amoroso de los padres, de la amistad brindada, un encuentro con Dios (de acuerdo a la creencia del sujeto) o también se puede re-significar la existencia precisamente a través de un proceso de psicoterapia, un proceso de análisis en donde el ser humano va y se escucha y logra saber eso que tanto le viene perjudicando la existencia sin necesidad de exponer su vida. Más vale un buen análisis a tiempo que lamentarse por las consecuencias de ese síntoma que no se quiso escuchar.

 

El Sujeto deseante

 Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen tomada de tallerladiosa.blogspot.com

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“Cuando descubre que el Otro miente, que el Otro no existe,
el sujeto adviene al encuentro con su deseo.”
(Isidoro Vegh)

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¿De qué estamos hechos? Estamos hechos de la misma naturaleza del mundo, de la naturaleza somos y a la naturaleza vamos, nuestro destino es la entropía, “polvo somos y en polvo nos convertiremos” resuena constantemente en nuestro pre-consciente cada mes de abril. El narcisismo de la especie humana ha sabido contener esos tres golpes asestados por Copérnico, Darwin y Freud: no somos el centro del universo, no somos una especie única y no somos conscientes de nuestros actos. El ser humano como un sujeto errante por el mundo buscando darle sentido a su existencia.

La cuestión de lo humano ha intentado ser interpretada desde la filosofía, el psicoanálisis, la biología, la sociología y hasta la poesía.

Para poder entender la cuestión de qué es el ser humano, primero tendremos que responder a la pregunta ¿quién es ese “Otro” que está a mi lado? ¿quién es ese “Otro” que está frente a mi? Y es a partir de allí y sólo entonces que podemos descifrar ese acertijo de lo que es el humano. El ser humano surge a través de la respuesta que demos a la interrogante ¿quién es ese “Otro”?

El Otro es el que inevitablemente viene a dar la estructura al Sujeto. El Otro es el que estructura; la madre en su momento, luego la Familia, luego la Institución Educativa, la Iglesia, la sociedad misma, el matrimonio y la muerte. Siempre vamos a tener a ese “Otro” representado en esas instituciones que darán forma y estructura al sujeto.

En un principio existe el binomio “Madre-Padre” que da estructura al sujeto; luego eso se desplaza en las instituciones que ya se señalaron. Si no estuviera el “Gran-Otro” ¿qué seríamos? Sin la mirada deseante del Otro simplemente seríamos objetos, cosas, cuerpos. El deseo del otro es el que encarna al sujeto, el deseo del Otro abre la posibilidad de que el niño pueda convertirse en algo, encarne la expectativa del Padre-Madre; si no hubiera Otro nos desestructuraríamos. Un ejemplo concreto: ¿qué sucede cuando no existe la mirada del Otro, cuando estamos solos en nuestro hogar y no está la mirada del Otro, la palabra, la presencia de ese Otro que nos estructura? El niño se atreve a soltar improperios, se convierte en una pequeña bestia salvaje que pide a gritos reglas y normas, alguien que lo estructure, que le diga qué hacer, que le diga cómo debe comportarse, alguien que lo ame. El adolescente ante la misma situación de soledad, ante la ausencia de ese “Otro” aprovecha para practicar el goce, piensa en hacerse daño, en sentir algo, experimentar placer ya sea cortando su cuerpo, ya sea explorándolo, el adolescente sin el Otro se topa con el vacío, con la nada, con la ausencia, avasallado por la angustia se refugia en lo que cree encontrará satisfacción momentánea. Llega el Otro y el sujeto vuelve a la estructura: el niño se pone a jugar sin maldecir, se re-conoce ante la mirada del Otro; el adolescente regresa a sus menesteres del estudio, prende el estéreo y apacigua sus deseos más primitivos y con una sonrisa complaciente se sabe estructurado por la mirada del Otro.

Tenemos pues que lo que da estructura, lo que hace ser humano al sujeto es el Otro, la mirada del Otro, la presencia del Otro y todo lo que eso conlleva. El “Gran-Hermano” que todo lo ve, que todo lo sabe, omnisciente, omnisapiente, el “Panóptico” siempre presente por los siglos de los siglos, desde que el hombre es hombre, desde que la especie humana construyó eso llamado consciencia (consciencia: “sea lo que fuere” dijo Freud).

El Sujeto se va a estructurar precisamente ante la mirada de la madre y del padre, es decir, ante la mirada amorosa de la madre y la mirada que castra del padre. La madre que ama y el padre que rompe, que castra, que impone su ley, que obliga al infante a buscar su propio “falo”, a desear más allá de la madre. Y a partir de eso el Sujeto se estructura.

Tenemos pues el primer axioma: el Ser humano se estructura a partir del deseo de sus padres. El sujeto surge a partir del deseo, de la catectización, de la mirada, de la Ley, de la expectativa que los padres depositan en sus hijos, en muchos de los casos la ecuación resulta favorable, si no, ya no tendríamos civilización. El punto toral de la presente argumentación es que el ser humano “es” a partir del deseo del Otro.

¿Qué pasa cuando el ser humano se cuestiona, se queja de eso que no sabe, cuando la existencia le resulta insoportable, cuando la piel que le heredaron sus padres le ha quedado insuficiente? Muchas de las veces el ser humano se topa con que hay algo en lo profundo de su ser que lo impulsa a cuestionar si en verdad está viviendo la vida que desea vivir, si está viviendo la vida de acuerdo a su deseo. Cuando se da cuenta de que no está siendo él sino una proyección, un síntoma de sus padres, (la encarnación de los sueños frustrados de sus padres, el “goce” negado en la vida de sus padres), comienza a elaborar esos síntomas molestos, ese malestar cotidiano, esa angustia, esa queja, esa demanda y es cuando acude al consultorio, cuando ya la vida no da para más, cuando sabe que por más “fuerza de voluntad” que tenga no puede salir adelante, que hay “algo” que lo detiene, que lo inmoviliza; y por lo regular ese “algo” no se sabe, ese “algo” pertenece a otro orden, al orden de lo inconsciente.

¿Eso quiere decir que viviremos siempre repitiendo el deseo de nuestros padres? ¿Seguiremos siendo una representación cómica del “ideal del Yo”? Desde el punto de vista del psicoanálisis y la psicoterapia psicoanalítica existe la posibilidad de un segundo momento, de re-estructurar la personalidad, de re-significar eso que constituyó al sujeto.

Cuando el ser humano se da cuenta de que “esa piel” ya no le queda, ya no le acomoda, que su deseo es otro, que la vida que ha estado viviendo ya no le satisface, llega el momento en que el sujeto se interroga,  sospecha de que cuenta con otros intereses, con otro deseo, ya no el de sus padres sino su propio deseo. Es cuando la psicoterapia propone esa transición. La psicoterapia como el proceso en donde el sujeto re-nace y se re-significa su estructura y su historia de vida.

El sujeto se estructura ante la mirada siempre del Otro. Lo mismo sucede en un proceso de psicoterapia, el Sujeto se va a estructurar ante la mirada de su psicoterapeuta. ¿Pero cuál entonces sería la diferencia? ¿Siempre va a existir el Otro que impone su deseo? La diferencia es que en la psicoterapia el sujeto se estructura frente a otro que lo escucha, ya no más frente al deseo de su madre y la mirada inquisidora de su padre, ahora se estructura bajo su propio deseo y bajo la escucha del psicoterapeuta.

La estructura de personalidad se moldea bajo la mirada de los padres, bajo el deseo de los padres. Lo que sucede en el consultorio psicoterapéutico es algo similar: vuelve a haber una “estructuración” (re-estructuración) de la personalidad con la salvedad de que ahora ya no es bajo el deseo del padre (mucho menos bajo el deseo del analista) sino ahora esa estructura de personalidad se crea a partir del deseo del propio paciente; y ya no bajo la mirada que tenía que civilizar o educar, sino ahora a través del propio discurso del paciente y la escucha atenta del analista.

La psicoterapia como ese necesario cambio de piel; algunos lo hacen poniendo piel sobre piel (tatuajes) otros intentando matar a ese otro introyectado, la desventaja es que en ese intento se llevan como consecuencia su vida misma (suicidio), otros cambian de piel sometiéndose al discurso de Otro Amo. En la psicoterapia no se trata de eso: de lo que se trata es ese volver a nacer, ese cambio de piel signado por su propio deseo ante la presencia del otro (el otro siempre presente, siempre estructurando) pero ese otro no está allí para juzgar, ese otro (psicoterapeuta) no está para decir “eso está bien, eso está mal”, al contrario, es en esa escucha en donde el sujeto encuentra su deseo inconsciente y lo que le toca es saber qué hacer con esa verdad esclarecida.

El paciente acude a la psicoterapia porque sabe que falla algo, porque la manera que ha venido solucionando sus problemas ya no le resulta, porque la angustia lo avasalla, porque ya no puede más con la culpa o con ese deseo que lo atormenta o ese goce que lo inmoviliza, acude a psicoterapia por ese conflicto inconsciente que se manifiesta a través de un síntoma que paraliza, que inmoviliza, que angustia. Y es en ese encuentro con su psicoterapeuta en donde empieza a andar algo, algo de lo que sospechaba o de lo que no tenía ni la más remota idea; se comienza a gestar una existencia que el paciente o la paciente está decidiendo. El proceso es doloroso, implica quitarse la piel con la que se ha vivido, implica muchas de las veces cuestionar lo que hasta ese momento ha creído, implica cuestionar, dudar, poner en el crisol la ideología que daba hasta ese momento sentido a su existencia. Pero al final se obtiene la gratificación, el resultado de haber construido la vida que desea vivir a partir de su propia decisión, no a partir del deseo de sus padres, del “Gran-Otro” o de su psicoterapeuta. El fin del análisis implica un sujeto nuevo, un re-nacer, una existencia experimentada de acuerdo a su propio deseo; parafraseando a Jacques Lacan: “El deseo, función central de toda la experiencia humana”.

No todo está perdido, hay una apuesta a otra cosa, hay una apuesta a “desmitificar” lo establecido, hay algo más allá de la mera ilusión. En el consultorio se lleva a cabo la enseñanza de Sigmund Freud: “Nos negamos de manera terminante a hacer del paciente que se pone en nuestras manos en busca de auxilio un patrimonio personal, a plasmar por él su destino, a imponerle nuestros ideales y, con la arrogancia del creador, a complacernos en nuestra obra de haberlos formado a nuestra imagen y semejanza”

Vivir la vida que uno desea es posible, solo basta escucharse con atención, con auto-observación, con honestidad, sinceridad, llegar hasta donde tope, hasta lo insospechado. Esclarecer lo turbio, traducir el mensaje acotado por el síntoma. Conocerse, aceptarse, poder cambiar lo que es posible cambiar y saber vivir con la condición humana que nos caracteriza. La cura por la palabra; no la palabra del “Otro”, sino la propia palabra, el propio inconsciente. Vivir la vida con menos sufrimiento, consciente de nuestras limitaciones pero también consciente de nuestro deseo. “La acción eficaz del análisis consiste en que el sujeto llegue a reconocer y a nombrar su deseo” (Jacques Lacan)

En el inconsciente está la verdad y dicha verdad quizá nos hará vivir nuestro paso por este mundo con un tanto cuanto de libertad. Viviendo con lo estrictamente personal, con lo que a uno le toca, sin la necesidad de estar cargando asuntos, pleitos, culpas que no nos pertenecen. Vivir de cara a la verdad, a nuestra verdad tejida por nuestra historia de vida, es un proceso doloroso, quizá también implica un proceso que lleve tiempo, pero sino se vive la vida que se desea vivir, entonces ¿vale la pena seguir viviendo una existencia prestada?

 

 

Sobre la violencia

Escribe: José Antonio Lara Peinado

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La violencia en los estadios, los decapitados y descuartizados, los asesinatos y los feminicidios, etc.. enmarcan un lamentable escenario para México, no son hechos que han de verse aislados, bien por el contrario, parecieran ser un conjunto de síntomas ligados entre sí, que forman un síndrome social difícil de comprender y aún más difícil de atender.

En su etiología la violencia se estructura en primera instancia en el seno familiar y en segunda instancia en el encuentro de un niño con el mundo que lo rodea.

El sistema económico que es defendido a ultranza por los políticos en turno, provoca desintegración familiar, el aspecto económico deviene en trabajo de ambos progenitores, descuido de los hijos y estados alterados de comportamiento derivados de las fuertes presiones monetarias a las que se ven sometidos los padres; aparece en ellos una insatisfacción al darse cuenta de que aunque trabajen de sol a sol, jamás accederán a lo que de forma por demás fantasiosa ofrece este enfermo sistema económico, se rompen así las estructuras familiares, aparece la violencia física y psicológica, en el mejor de los casos, esta violencia es neurótica, en el peor de los casos, esta violencia se ejerce de forma sociopática; decenas de niños atendidos en nuestro trabajo cotidiano, presas de esta particular forma de violencia, construyen para sí, una idea inconsciente de estar descuartizados o crecen dentro de ellos temores muy arraigados de que serán asesinados y cortados por sus progenitores, no ha de extrañar que muchos de estos niños puedan detonar en su vida adulta conductas delincuenciales, violentas y homicidas.

El otro componente etiológico de la violencia está en lo que un niño recibe del mundo que lo rodea, la situación es grave, bombardeado desde bebé por una televisión con programación chatarra, llena de violencia, sangre, morbo, burla, explotación, utilización de niños para sacar dinero y programas morbosos que exhiben la podredumbre humana, el niño a muy temprana edad es sobrexcitado, esto le provoca al infante fuertes cargas de angustia, pero aún hay más, niños, jóvenes y adultos están expuestos a instituciones políticas corruptas, a impunidad total, fraudes y engaños de políticos, empresarios y religiosos, instituciones bancarias que los endrogan de por vida, falta de oportunidades, exámenes universitarios que lejos de aceptar rechazan, sistemas educativos excluyentes, que al tiempo provocan frustración y odio y por si fuera poco, un sistema de justicia corrupto, todo esto es el pan cotidiano del mexicano.

He enmarcado de forma por demás general una apreciación sobre el origen de la violencia, sin embargo las autoridades encargadas de atender este problema, centran más su preocupación en el castigo, de forma por demás ilusoria sueñan que a más castigo menos violencia, los resultados ahí están, atender al síntoma y no a la enfermedad ha resultado aún peor.

Las autoridades y muchos medios de comunicación han convertido la violencia en un show mediático, los medios lucran con ella, los políticos la administran y se exhiben con operativos y programas para combatirla, operativos que al no ir al fondo del asunto sólo sirven para lucirse y salir en televisión.

Hay una violencia cotidiana en el discurso y el actuar de los políticos, el sueldo mismo, sus lujos y extravagancias, son una forma brutal de violencia, también hay una violencia nauseabunda en muchos noticieros, en donde locutores y comentaristas, privatizan el uso del micrófono sin permitir siquiera el legitimo derecho de la réplica.

Mientras no se atienda de fondo el problema de la violencia, estaremos presenciando el aumento de la misma, también estaremos ante la presencia de operativos, discursos, aprensiones, leyes, que sólo serán paliativos que nada van a resolver, eso sí, mucho circo, muchas declaraciones, mucho show, aderezado de muerte y sangre, que al parecer, motiva y excita al actual gobierno.

DR. José Antonio Lara Peinado.

Autor de los libros: “Psicoanálisis del poder en México”, “El mal-estar docente en México” “A. La mujer sin habla, el tratamiento Psicoanalítico de una esquizofrenia” “Titular de la investigación: El tratamiento Psicoanalítico de la esquizofrenia y La Pedagogía de los nadie” Conferencista magistral en congresos nacionales e internacionales en temas de Psicoanálisis, Salud mental, Educación, Criminalística y ciencias forenses.

 

Neurosis, psicosis y perversión; tres rostros de la condición humana

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

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Genio y figura hasta la sepultura. Hijo de tigre, pintito. El que nace para maceta no sale del corredor. Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza. ¿Qué tienen en común estos refranes? Tienen un común denominador: la personalidad del ser humano siempre estará presente a lo largo de su existencia. No en balde nuestros ancestros recopilaron siglos de sabiduría en pequeñas oraciones postuladas como aforismos para designar las experiencias que da el paso por esta tierra.

El ser humano está constituido bajo una “estructura de personalidad” que se entiende como aquello que nos constituye, que nos hace “ser” en relación a nosotros mismos y al mundo, una manera de ser y estar en el mundo. Desde la lectura del psicoanálisis existen tres estructuras básicas: neurosis, psicosis y en medio de ellas la perversión.

¿Cómo se estructura el sujeto? ¿en base a qué experiencias el sujeto se estructurará? ¿de qué depende que un sujeto sea perverso, psicótico o neurótico?

La personalidad del ser humano se estructura en base a las primeras experiencias vividas en la más tierna infancia; experiencias de amor pero también experiencias de muerte. Experiencias de amor como el apego, el cariño, afecto, y la posterior separación-individuación.  Experiencias de muerte manifestadas a través del rechazo, el descuido, la falta de reconocimiento, la destrucción, aniquilación, el niño como prolongación de su madre, etc. Y todo esto en conjunto es lo que va a estructurar al ser humano, esas primeras vivencias quedarán troqueladas en lo más recóndito de su inconsciente y desde allí fraguará su existencia.

Las experiencias en la primera infancia y cómo se hayan éstas percibido van a quedar de alguna manera “fijadas” en la psique del infante, sobre todo las experiencias vividas como excesos: exceso de frustración y exceso de satisfacción. Amor y abandono. La falla que se instaura tendrá mucho que ver en esa estructura psíquica que se forma.

Todo se juega en el primer año de vida. ¿Cómo es que una persona tiene un “quiebre psicótico” y anda por la vida ensimismado en su propia realidad, en un solipsismo a perpetuidad? La persona que está estructurada bajo el designio de la psicosis (esquizofrenia, paranoia y bipolaridad) lo es por lo que vivió en ese primer año de vida, cuando su “Yo” se estaba formando, no hubo algún referente, hubo en cambio una madre psicotóxica, ajena a su función de madre, enajenada con otros menesteres, abandonando al infante a su propia suerte; no hubo una madre que catectizara al infante (llenarlo de amor) y por lo tanto el “Yo” no logró estructurarse. Un Yo débil que a la postre, ante algún evento traumático regresará al allá y el entonces y al no haber la estructura básica necesaria tendrá el quiebre psicótico. De adulto tenderá a la psicosis ante un medio adverso y una estructura que ya trae desde la infancia.

En el neurótico opera otra cosa, el neurótico (fóbico o histérico u obsesivo) libró ese primer año; su “yo” logró estructurarse a través de introyecciones, pasa a un segundo momento, a una segunda estructura, la estructura neurótica en donde su yo estará en constante conflicto con la realidad, con las demandas del Ello y con las exigencias del Superyó. Como se dice coloquialmente en las aulas de la Facultad de Psicología: “Todos somos neuróticos gracias a Freud”.

La característica principal del neurótico es ese constante conflicto con la realidad; realidad que le frustra, realidad con la que siempre está en constante conflicto. El neurótico por un lado está bajo las demandas del principio del placer pero por otro lado está también bajo el yugo de las demandas del principio del deber. En cambio en la estructura psicótica sucede otra cosa, la persona que se ha estructurado bajo la denominación de la “psicosis” tiende a  evadir la realidad, no le gusta; por lo tanto “crea” una realidad alterna: “No soy yo el malo, son ellos los que me persiguen”; su síntoma como un intento de re-equilibrio.

¿Cómo se relaciona el neurótico, el psicótico y el perverso con el “Otro”? ¿cuál es su posición existencial como ser-en-el-mundo? Tomemos de ejemplo el constructo “demonio”. Para el neurótico los “demonios” con los que tiene que luchar son sus padres, su jefe, los compañeros de trabajo, la falta de dinero, la insatisfacción sexual, la obsesión; es decir, son demonios “simbolizados”, demonios que tienen que ver precisamente con eso que ocurrió en su infancia y retornan a su existencia representados en personas de carne y hueso en los que deposita las frustraciones que vivió en el allá y el entonces.  Siguiendo con la misma alegoría, los demonios para el psicótico son demonios reales, demonios que lo persiguen. Demonios que existen y que atraviesan paredes, que se le aparece en su cuarto, nadie más lo ve, demonios que se esconden en sus botas, demonios que le susurran cosas al oído.

Tenemos pues que el constructo denominado “demonio” es experimentado para el neurótico a través del simbolismo, en cambio el demonio para el psicótico existe realmente. Sólo nos queda la estructura perversa: en el perverso el “demonio” es él mismo. El perverso como el demonio encarnado.  El perverso es un “niño grandote” que no le pusieron reglas, normas, límites, no hubo un padre que lo castrara; ausencia de la figura paterna que le pusiera límites, que le castrara su deseo, el perverso goza por ese medio. Su goce es un goce infantil, goza como lo hiciera un infante sádico, mortificando la existencia del otro, saciando sus pulsiones perversas importándole solo él.

¿Cómo se relaciona cada persona dependiendo de su estructura con los fenómenos oníricos (el sueño)? El neurótico tiene una pesadilla y al despertar sabe que solo fue un mal sueño, o un sueño erótico que solo queda en eso, en sueño. El perverso lleva a cabo lo que el neurótico sueña.  El psicótico vive en un sueño eterno en donde ángeles y demonios existen en su vida real.

O también podremos comprender la relación que tiene cada estructura de personalidad con el “Otro”, por ejemplo: se dice que el neurótico tropieza siempre con la misma piedra, de hecho el neurótico no solo tropieza con la misma piedra, él mismo la pone para tropezar con ella (compulsión a la repetición). La relación del perverso con la piedra sería una relación de fetiche; tomaría a la piedra no para tropezar con ella sino para fetichizarla, sodomizarla, erotizarla, o buscar hasta por debajo de las piedras para ver con qué más gozar. El psicótico se pondría a platicar con la piedra.

Infancia es destino y allí se jugará gran parte de lo que el ser humano será en su vida adulta. Será desde allí como tomará decisiones, cómo se enfrentará a las situaciones cotidianas de la vida. Todo esto ha quedado troquelado en el inconsciente del ser humano y desde allí estará demandando ser reconocido. Intentará salir a la luz y por lo regular lo logra, pero ese “salir a la luz” lo hace a través de una máscara que denominamos síntoma y es precisamente ese síntoma lo que no permite al ser humano andar por la vida ligero de equipaje. El síntoma (depresión, ansiedad, estrés, trastorno alimenticio, obsesiones, relaciones amorosas no sanas etc.) como manifestación de eso que incomoda, de eso de lo que se quiere hablar pero que la sociedad insiste en que se debe callar. El síntoma existe por algo, no se trata de simplemente modificarlo o callarlo, al contrario, hay que escucharlo, interpretarlo, traducirlo. El síntoma está allí por algo y el consultorio es el lugar idóneo para escuchar lo que tiene que decir a través de la propia palabra del paciente, del que sufre ese malestar que por lo regular se esconde detrás de un “No sé lo que me pasa”.

La psicoterapia como ese lugar idóneo en donde se puede escuchar el discurso del paciente y saber eso que está allí pero que por ser precisamente inconsciente no se sabe. Hablar ese sueño “perverso” que aterra, platicar de esos demonios simbolizados, comprender esa compulsión a la repetición que impulsa a poner la piedra para tropezar con ella. Descubrir la propia verdad, la propia constitución, la propia estructura de personalidad, aceptar de lo que estamos hechos y comenzar a construir la vida que se desea vivir.

*Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo (UANL) y Psicoterapeuta
Consulta privada en la ciudad de Monclova, Coah. Mx

 

El pequeño Freud

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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“Lo que se calla en la primera generación… la segunda lo lleva en el cuerpo”
F. Dolto

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 “Infancia es Destino” ¿Qué hay detrás de este apotegma? Dicha frase hace referencia a que lo que sucede en los primeros años de nuestra existencia va a marcar nuestra vida futura; lo que sucede en la primera infancia es la vida original, lo demás es una re-edición de  esas experiencias y acontecimientos del allá y el entonces; por eso la gran importancia que dentro de una psicoterapia se aborde la experiencia del paciente respecto a los recuerdos que tiene de su niñez, que pueda acceder a dichas vivencias a través de su propia palabra.

¿Por qué querer hablar del “Pequeño Freud”? quizá para poder entender el origen del psicoanálisis; remontarnos a la niñez de Freud, a la primera infancia, a sus primeros recuerdos, sus primeras “imagos”, sus fantasmas, sus recuerdos, sus experiencias que quedaron troqueladas en su inconsciente y que a la postre daría material para crear el psicoanálisis que tanto ha aportado para comprender la concepción de la naturaleza del ser humano, sus patologías, sus deseos; todo esto a través de la escucha del discurso del paciente que sufre e intenta saber el porqué de ese malestar.

De entrada pensemos en Sigmund Freud como el creador del psicoanálisis, ¿cómo llegó a construir dicha propuesta? Tuvieron que pasar demasiados acontecimientos en su vida y en su obra para por fin “parir” dicha teoría que en la actualidad continúa vigente sobre todo por su aportación a la comprensión del ser humano a través de la escucha del inconsciente y sus manifestaciones.

Sabemos que Sigmund Freud constantemente buscaba ser reconocido, admirado, ya sea por algún descubrimiento, alguna aportación, o algo que catapultara su nombre hacia la inmortalidad. Quizá por el mensaje que quedó cincelado en su inconsciente que su madre Amalia constantemente le repetía; que sería un hombre grande, un hombre de éxito. Recordemos que “Nadie puede traicionar el deseo inconsciente de una madre”. Y por otro lado estaba su padre Jakob, el que lo reprendía, su padre del cual recuerda aquel acontecimiento en donde se baja de la banqueta ante la afrenta de un peatón insultándolo por su condición de judío.

Sigmund Freud recuerda que su padre lo reprendió alguna vez (por orinar deliberadamente en el cuarto de sus padres, a los siete años de edad) y las palabras que utilizó fueron: “este niño nunca llegará a nada”. Quizá de aquí se puede desprender la siguiente hipótesis: la teoría de Sigmund Freud como una respuesta al reto que el padre le auguraba como destino manifiesto; el psicoanálisis como el éxito ante la predicción fallida de frustración del padre.

La teoría de Freud se centra en la importancia del vínculo madre-hijo; su teoría como una hipótesis en donde la madre es el centro y lo demás girará en torno a ella. Se deduce por lo tanto que el “Complejo de Edipo” propuesto por Freud tiene su más arcaico origen precisamente en su vivencia como hijo. Sabemos que la hipótesis del complejo de Edipo le surge a través de un sueño, pero también es importante señalar cómo fue construyendo su idea del complejo de Edipo a través de las vivencias y palabras que le decían sus padres: su madre palabras de aliento (amor) y su padre palabras de realidad, de castración. Es así como Freud comenzó a construir la universalidad del complejo de Edipo: Amor hacia la madre y rivalidad hacia el padre. (Estos últimos deseos de parricidio que Alejandro Jodorowsky señalaría como un delirio de Freud).

Otro rasgo de la indudable seguridad que Sigmund Freud tenía sobre su influencia en el pensamiento contemporáneo es cuando en abril de 1885 le escribe a su amada Marta que quemó todos sus diarios de los últimos catorce años (esa sería la primera vez, la segunda fue en 1907). ¿Por qué estaba tan seguro Sigmund Freud que sus “biógrafos” lamentarían ese acto? Aquí la respuesta en las propias palabras de Freud: “Cuando un hombre ha sido el favorito indiscutido de su madre, logra conservar durante toda la vida un sentimiento de vencedor, esa confianza en el éxito que a menudo conduce realmente al éxito”. La madre así lo creyó y el hijo solo se encargó de llevar ese deseo a buen puerto.

El padre de Freud bien pudo haber pasado por su abuelo. Jakob Freud ya había estado casado pero enviudó, tuvo a Sigmund a los 40 años, se casó con Amalia Nathansohn que aún no cumplía los 20 años. Sigmund Freud fue el primogénito y tuvo cinco hermanas y dos hermanos, de los cuales Julius, el hermano que le seguía falleció a los 8 meses. Este dato resulta ser revelador en la biografía de Freud ya que desde pequeño se topó con la realidad de la muerte. Así, la muerte, el nacimiento (la vida) y el amor formarían parte importante en la constante construcción de su teoría psicoanalítica.

Jakob Freud y Sigmund Freud tenían algo en común: la elección de una mujer que estructuraba la personalidad del marido a tal grado de “dejarse conducir por ella” según palabras de Ernest Jones.

Sigmund Freud narra un acontecimiento que marcaría sus ulteriores relaciones interpersonales, menciona que tenía un sobrino (de nombre Hans, por cierto, el nombre de “Hans” lo acompañaría por siempre) con quien jugaba pero también discutía, esto lo llevó a la conclusión de que en la vida de adulto re-editaba aquél juego con su sobrino de amor-odio, en donde en un primer momento elegía a sus amistades pero posteriormente se convertían en sus archirrivales. (Como ejemplo está la relación ambivalente que sostuvo con Fliess, Breuer, Ferenczi, Jung). “Un amigo íntimo y un odiado enemigo fueron siempre indispensables a mi vida emocional”. Ernest Jones escribe que esa relación con su sobrino Hans “constituye el primer signo de que la constitución sexual de Freud no era exclusivamente masculina”.

Por lo tanto, partiendo del axioma básico en psicoanálisis de que el infante es el síntoma de los padres, que es la encarnación de los conflictos psíquicos inconscientes no resueltos de los padres; ¿qué síntoma introyectó Freud de sus padres? ¿acaso ese desafortunado suceso en donde ve a su padre caer del lugar del héroe para posteriormente él superarlo y resarcir aquella afrenta? ¿Toda su vida como una oblación hacia sus padres con el intento de revertir esa exclusión emanada del repiqueteo de las campanas que escuchaba en su infancia, que llamaban a los cristianos al culto y a ellos, a los judíos, los mantenía en el ostracismo? ¿El psicoanálisis como una respuesta que vendría a desmitificar esas reglas por las cuales fue excluido por su condición de judío, él y toda su familia?

Sigmund Freud, un hombre insatisfecho que no se conformó con lo establecido, que sospechó de la moral, que sospechó de las reglas de convivencia de la sociedad y que descubrió la naturaleza del hombre, la bestia que se escondía detrás de esas reglas que dictaba la sociedad. Sigmund Freud, el favorito de su madre, le hizo caso y le fue bien. Muy bien. Políglota que desde pequeño (a los ocho años) leía en inglés las obras de William Shakespeare, que por cierto, no creía que el escritor fuera de Inglaterra, más bien era de la opinión que alguna vez habría escuchado a un maestro suyo, que en realidad William Shakespeare era un ciudadano francés de nombre “Jaques Pierre”.

La vida de Sigmund Freud está íntimamente ligada con su propuesta teórica. Olvidar este detalle sería perder de vista la subjetividad por la cual atraviesa la propuesta freudiana; una propuesta que no considera ser legitimada por el discurso de cualquier “Amo”, una propuesta que concibe al hombre desde su más recóndita naturaleza. Las ideas de Freud siguen vigentes hoy en día, tanto para comprender la “miseria” humana como también para escuchar lo que el paciente desea saber a través de su propia palabra. El psicoanálisis como esa brújula para acceder al inconsciente, al deseo más recóndito, al sueño enigmático, al síntoma que causa malestar pero que a la vez encierra un gran significado que al comprenderse dará sentido a la existencia. Re-significar la vida misma a través de la escucha, escuchar los propios demonios, comprender a los propios fantasmas y dejar de luchar contra ellos, reconciliarse con lo que uno es y a partir de eso construir lo que uno desea llegar a ser.

La infancia de Sigmund Freud como fiel reflejo de lo que sucede en el acto analítico. La infancia de Freud que preparó con mucho cuidado lo que a la postre lo inmortalizaría. El psicoanálisis como el legado de esa historia que comenzó a gestarse en la más pequeña y tierna infancia de Sigmund Freud.

Referencias:
Freud, Sigmund “Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Sigmund Freud” en Obras Completas Tomo I Amorrortu Ed.
Freud, Sigmund “Estudios sobre la Histeria” Obras Completas Tomo II Amorrortu Ed.
Freud, Sigmund “Presentación autobiográfica” Tomo XX Obras Completas Amorrortu Ed.
Jones, Ernest “Vida y obra de Sigmund Freud” (I) Ed. Anagrama 

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*Autor: Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo y Psicoterapeuta
Miembro de la Sociedad Mexicana de Psicología
Miembro de la Asociación de Psicólogos y Psicoterapeutas de Coahuila A.C.
Egresado de la UANL
Consulta privada en Monclova, Coah. Mx

 

Dios ha muerto

 Escribe: Carlos Moreno

"Perdita Durango" imagen tomada de fumarpaco.com.ar

“Perdita Durango” imagen tomada de fumarpaco.com.ar

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Dios ha muerto ¿Cuáles son las implicaciones en la subjetividad del ser humano de esta frase de Federico Nietzsche? ¿Qué repercusiones tiene ese grito nietzscheano en las interacciones del sujeto con el otro?

El sujeto se detenía ante la sentencia: “Pórtate bien sino Dios te castiga” o “Si te portas bien tendrás un lugar asegurado en el Reino de los cielos”.

Dios ha muerto y con ello su temor. Dicen que ya no existe el temor de Dios y lo que eso implica. Ahora la ley la impone el ser humano. El psicópata es el que irónicamente impone la ley, irónicamente porque se supone que el psicópata es un sujeto sin ley, un sujeto sin Padre; pero ahora, en tiempos de la “hiper-modernidad”, en donde “todo vale” en donde la relatividad de los valores, la promiscuidad, el consumismo, el materialismo, el dinero, el sexo, la perversión, se han convertido en los bienes supremos; ¿y quién tiene acceso a eso? Precisamente los psicópatas, lo perversos, los psicópatas que al no ajustarse a las normas en turno imponen las suyas, una ley del más fuerte, la ley del fusil, la ley de la tortura, de la amenaza, del castigo; la ley de la muerte y su destino manifiesto: la droga cocodrilo.

Dios ha muerto y vivimos como si en realidad esto fuera cierto. El ser humano en su intento de gozar ha llevado su existencia al límite, requiere del exceso para poder sentir, para saberse vivo. El exceso como la norma: “Nada con medida, todo con exceso” es el mandamiento del superyó lacaniano, y precisamente en una recién entrevista a Eric Laurent, menciona que el psicoanálisis “protege al sujeto del exceso”. ¿En qué se ha convertido el psicoanálisis? ¿El psicoanalista como el portador del “Ethos” en turno?

El psicoanálisis al descubrir que el sujeto goza con su síntoma viene a desmitificar lo que anteriormente se creía del psicoanálisis. Antiguamente al psicoanálisis se le concebía como ese dispositivo que emancipaba al sujeto de un superyó  castrante, punitivo, un superyó concebido por Freud que tendía a reprimir al sujeto, que lo hacía infeliz, que le imponía una vida bajo el principio del deber. Ahora las cosas han permutado, el sujeto se encuentra atravesado por la cultura, y la cultura de hoy es muy diferente a la cultura que imperaba en la época de Freud, aquella Viena mojigata en donde la sexualidad era un tema tabú, en donde la represión era el fenómeno a desentrañar; ahora la cosa es diferente, la queja, la demanda es del padre de familia que acude con el especialista de la “salud mental” para que silencie al sujeto, para que no sea él, para que no desee, para que le ayude a imponerle normas, reglas, límites, jerarquías (como si de una psicoterapia estructural de Minuchin se tratara).

El psicoanálisis en la actualidad sabe que el sujeto es atravesado por un superyó perverso que le manda a gozar, a vivir en el exceso, a poner al cuerpo en el límite del acto, inyectarlo, perforarlo, manipularlo, gozarlo, destruirlo, aniquilarlo.

Nietzsche se ha convertido en el mensajero, en el “ángel” que avisa la muerte del último Dios que nos había acompañado en este caminar; Nietzsche proclamó la muerte de Dios y la posmodernidad vino a darle cristiana sepultura. Dios ha muerto y con él el “Último-Gran-Relato”. Ahora el ser humano se encuentra solo, inmensamente solo, sin Dios y sin diablo, abandonado a su suerte.

Paradojas de la posmodernidad: Ahora que Dios ha muerto, ¿quién impondrá la ley? El nombre del padre, el gran otro. El perverso impone la ley; manda, exige el goce. Ronda por las calles. No nos queda de otra más que quedarnos en casa ante este toque de queda no impuesto por la autoridad competente sino impuesto por el demonio que acecha, que intenta digerir al sujeto. Hombre posmoderno, hombre estructurado en los límites de la híper-modernidad. Y para muestra basta con salir a la calle: el sociópata se ha apoderado de la ciudad. La droga cocodrilo como síntoma de esa enajenación. En un pueblo sin Dios el loco es el rey.

Mexicanos, Petróleo y Psicoanálisis

Escribe:  José Antonio Lara Peinado

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imagen tomada de blogdeizquierda.com

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Ante el inminente debate que está por venir valdría la pena preguntarnos acerca de aquello que simbólicamente representa el Petróleo para los Mexicanos, considero que la discusión no solo parte de lo Neoliberal-Político, propongo analizarlo desde lo emocional-simbólico.

El mundo actual ha roto el sentido de humanidad del hombre, es el dinero, los bienes materiales, la posesión y el consumismo los nuevos valores impuestos por el Neoliberalismo al Ser, los representantes de este Neoliberalismo, llámense empresarios, gobernantes y políticos, han adoptado discursos hipócritas para engañar y vender, es decir, sus discursos parecen sostenerse desde presupuestos de buena voluntad, (que les sirven para ofertar) aunque en el fondo lo prioritario es el dinero, que convertido en su nuevo dios, los vuelve cínicos y mercenarios.

Con más de 50 millones de pobres en este país (derivado de esta política económica) se plantea una reforma energética, aunque comprobado está que privatizar, vender y comercializar los bienes de la nación no ha hecho sino más ricos a los ricos y a los pobres más pobres.

En medio de esta cruda realidad, ¿Alguien se ha preguntado qué representa psíquicamente el Petróleo para los Mexicanos?, ¿Qué tiene que ver esto con la autoestima y la identidad? Me permito dos respuestas y una conclusión.

1.- El Mexicano tiene una larga cadena de pérdidas; a manos de Españoles los pueblos originarios perdieron identidad, lenguaje, cultura, el genocidio no solo derivo en saqueo, esclavismo y violaciones, también derivó en la construcción psíquica de que se nos puede arrebatar, robar, ultrajar, en la triste idea de que el Mexicano solo sirve para servir, para obedecer, la independencia dejó otro vacio, los indígenas, el pueblo en general siguió viviendo en las mismas condiciones, la revolución nuevamente dejó ver una ilusión, pero otra vez los pobres siguieron siendo pobres, en esta larga cadena de duelos (que en el aquí y ahora nos pesan emocionalmente), aparece Cárdenas con la expropiación petrolera, por primera vez en el inconsciente del Mexicano se construye una idea que permite pelear con los fantasmas del pasado, el Mexicano le arrebata a los extranjeros lo que de sí le pertenece, el Mexicano por primera vez gana, no una batalla, o un partido de futbol, el Mexicano gana ese oro negro, con el cual se identifica, simbólicamente el Petróleo aparece como una revancha del Mexicano, por eso la gente salió a la calle, por eso llevó gallinas, dinero, lo que fuera, porque lo trascendental no era lo económico, era y es simbólicamente, el cobrarnos una deuda emocional, después de tantas muertes, saqueos, robos y violaciones.

La expropiación petrolera se convierte pues en un mito, y como tal, permite una cohesión entre el psiquismo y la realidad, es decir, permite explicar y justificar algo del sufrimiento del Mexicano.

Lamentablemente el síndrome de chingado y conquistado, aparece en los directivos, dirigentes sindicales y gobiernos en turno, que convertidos en los nuevos saqueadores del pueblo, roban, y llevan a la quiebra a PEMEX, de manera por demás patológica utilizan esa aparente quiebra que ellos provocaron para justificar nuevamente la intervención extranjera, estos sujetos que carecen de figura materna no les importa en lo más mínimo lo que representa simbólicamente el Petróleo, bien por el contrario, estos genocidas modernos no tienen patria ni identidad, su madre es transnacional y su padre Neoliberal.

2.- En torno a la segunda pregunta, los pueblos requieren elementos simbólicos que les permitan cohesionarse para construir identidad, esa identidad tiene que ver con la autoestima y el bienestar social, el amor a nosotros mismos no pasa solamente por lo que nuestros padres introyectaron en nuestra psique, también pasa por lo que históricamente sabemos de nosotros, de la comunidad y del país en donde nacimos, en México se han encargado durante décadas (los mismos que ahora proponen la reforma energética) a contarnos la historia de los vencedores, de los saqueadores, es decir, llevamos más de quinientos años escuchando una historia en donde siempre perdemos, eso golpea directamente a nuestra autoestima como personas y como pueblo, ahora nos vienen a decir, que son los extranjeros los que van a venir a salvarnos, los que nos van hacer competitivos, estos discursos no hacen sino reforzar la idea de que el Mexicano es incapaz de crear, producir, construir tecnología y desarrollo, lo que no dicen es que el aparente atraso de la industria petrolera en este país no es por culpa del pueblo, es por culpa de los directores, secretarios generales del sindicato, gobiernos en turno, que son los directamente responsables de lo que le pasa a la empresa.

Conclusiones.

El tema del Petróleo no debe de discutirse únicamente desde lo económico-político, es pertinente abrir la discusión también desde lo psíquico –afectivo, nos queda claro que para los nuevos conquistadores de los mercados emergentes, hablar de nacionalismo, identidad, afectos, es algo fuera de moda, caduco e intrascendente, sin embargo dadas las circunstancias actuales del país eso que para ellos es intrascendente, es lo único que puede sacar a México del atraso en el cual los nuevos genocidas del pueblo nos han metido.

La huella psíquica que representó en los Mexicanos la expropiación petrolera, no es algo que haya que echar por la borda, es tiempo de apostarle a los jóvenes, pueblo e investigadores nacionales, la esperanza de construir el futuro con el oro negro, el Mexicano es capaz, trabajador, a diferencia de los políticos en turno, que son corruptos y cínicos, el pueblo, los pobres, han demostrado que es posible salir adelante, desechar lo que simbólicamente le permite al Mexicano construir su autoestima social, no solo provocará una sociedad deprimida, provocará una sociedad que desquite con sus semejantes la frustración de saberse otra vez robados por los extranjeros y políticos que como Porfirio Díaz se sienten de cualquier otro país menos de México.

DR. JOSE ANTONIO LARA PEINADO

Autor de los libros: “Psicoanálisis del poder en México”, “El mal-estar docente en México” y “A. La mujer sin habla, el tratamiento Psicoanalítico de una esquizofrenia” “Titular de la investigación: “Salud emocional docente”, El tratamiento Psicoanalítico de la esquizofrenia y La Pedagogía de los nadie” Conferencista magistral en congresos nacionales e internacionales en temas de Psicoanálisis, Salud mental y Educación.

 

El Sub Marcos, EZLN, y Psicoanálisis

Escrito por: Dr. Psicoanalista José Antonio Lara Peinado

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imagen tomada de sinembargo.mx

imagen tomada de sinembargo.mx

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El ser humano es en sí mismo un lugar de afirmación, proyección y rechazo, esto marcará en última instancia que el sujeto sea visto como amigo o enemigo, sosteniendo esta idea, queda claro que el sujeto es objeto de una serie de proyecciones que como máscaras, se ponen en el Otro para resignificar lo que de ese se piensa y se siente, esto lo sabe bien Marcos, el pasamontañas, es simbólicamente fundamental para un pueblo Mexicano que toda su vida ha vivido con máscaras, la aparición en la escena de un pasamontañas que solo muestra los ojos, paradójicamente camina con la necesidad de ser vistos para ver, (igual que un bebé se hace ver para ser escuchado), es en esa significancia psicoanalítica que se empieza a resignificar un movimiento legítimo que a partir del 94 hace su aparición en la escena nacional.

Aludo a la escena porque el movimiento Zapatista irrumpe en este México con un protagonista llamado Marcos, el Sub. funciona como un gran marco atrayendo para sí una serie de proyecciones transferenciales de miles de Mexicanos que de pronto nos identificamos con la voz de los sin voz, Marcos rápidamente es rodeado por la sociedad civil, (pero para el interés de este artículo), no solo fue pueblo, el Sub se convierte en icono de artistas y sin que él pudiera darse cuenta, en una estrella más del canal de las estrellas, el protagonismo no derivó de una narcisista postura de Marcos, el narcisismo le es introyectado por la televisión, las y los artistas y por los pseudo periodistas, que de manera por demás maniaca colocaron al Sub como actor, no como guerrillero, bastaría recordar una de las últimas entrevistas que da Marcos a televisa, justo en el Marco del conflicto de Atenco, 09/05/06, Loret inicia preguntándole a Marcos banalidades, incluso le comenta que Marcos trae pasamontañas de reserva por si una fans se lo arrebata, en otra parte de la entrevista Marcos le entra al chacoteo, y termina hablando de que él tiene las mejores piernas del Sureste Mexicano, mientras en Atenco, el dolor y la angustia reinaban de la mano de Peña Nieto y Fox.

La entrevista a la que aludo, también refiere cuestiones de fondo en torno a los acontecimientos de Atenco, a los cuales Marcos magistralmente responde, sin embargo, no se percata, de que el chacoteo del entrevistador, le quitó a sus palabras el peso que estas tienen, la máxima televisiva se cumplió: “a lo trascendental el parloteo”, la mejor manera de desvirtuar un hecho importante, es llevar al entrevistado al talk-show, Marcos no se percató.

Freud cuando habla de la vida anímica del ser refiere un dilema entre lo que es el ideal del Yo y el Yo ideal, (para efectos prácticos de este artículo), Freud refiere al ideal del Yo, cuando se dirige a un sujeto que está en falta, una falta posibilitadora en tanto le permite la búsqueda de aquello que pudiera ser su ideal, a diferencia del Yo ideal, en donde el sujeto pareciera no estar e falta, en el Yo ideal, imaginariamente el sujeto se asume como completo, sin cortes, perfecto.

La virtud desde mi punto de vista del EZLN es que simbólicamente nos muestra a los Mexicanos la sensación real de la falta (ideal del Yo) de esa que tiene que ver con la injusticia, el racismo, la discriminación, la pobreza, el hambre, esa falta que tiene que ver con los padres de nuestros padres, de esa falta que tiene que ver con el dolor del genocidio mal llamado conquista.

El problema es que Marcos vía los medios en especial la televisión y los artistas que han visto en el movimiento una vitrina para exhibirse como pseudo revolucionarios, rompe con la búsqueda de un yo ideal para entrar (sin que él se dé cuenta) tramposamente al ideal del Yo, es justo en ese momento cuando Marcos rompe simbólicamente lo que representa el EZLN.

La televisión y el poder fáctico político empresarial, trabajaron en la desconstrucción simbólica del movimiento, entrampando al Sub. Comandante Marcos, llevándolo a un Yo ideal que ha dejado en un segundo momento al EZLN.

Considero que habría que dar cuenta de lo anterior argumentado, para romper este conflicto, habría que sostener que Marcos no es el EZLN, que el movimiento debe de romper los protagonismos, son los pueblos los que van construyendo la conciencia crítica, no necesariamente Marcos, el protagonismo no está en los sujetos, el protagonismo caminará en los ideales.

Es necesario dar cuenta de la necesidad de reconstruir el protagonismo de las ideas por encima de las personas, esto provocará la resignificación de un movimiento que desde mi punto de vista es honesto, un movimiento que simbólicamente tiene que ver con todos nosotros, con un ideal del Yo, en donde muchos seguimos apostándole a la esperanza, a la justicia, a los sueños, a la libertad.

El aquí y ahora, no es más que el allá y el entonces, el EZLN y los movimientos civiles caminan en la reconstrucción de eso que se llama identidad, no se puede caminar negando eso que fuimos, el EZLN y los pueblos indígenas ahí están para seguir insistiendo en la falta, en nuestra falta que hoy más que nunca se ha presentificado, vía este sistema político-empresarial-pseudodemocrático corrupto, enfermo y demencial.

Autor. Dr. Psicoanalista

José Antonio Lara Peinado.

Autor de los libros: “Psicoanálisis del poder en México”, “El mal-estar docente en México” “A. La mujer sin habla, el tratamiento Psicoanalítico de una esquizofrenia” “Titular de la investigación: El tratamiento Psicoanalítico de la esquizofrenia y La Pedagogía de los nadie” Conferencista magistral en congresos nacionales e internacionales en temas de Psicoanálisis, Salud mental y Educación.

Empédocles y Freud: El dualismo pulsional y la cosmogonía

Escrito por: José Vieyra Rodríguez

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“Lo que sigue es especulación, a menudo de largo vuelo,
que cada cual estimará o desdeñará de acuerdo con su posición
subjetiva. Es, además, un intento de explotar consecuentemente
una idea, por curiosidad de saber a donde lleva”
S. Freud
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“Insensatos, pues no tienen preocupaciones por
pensamientos profundos, ya que creen 
que lo que no existió antes llega a ser 
o que algo perece y se destruye por completo”
Empédocles
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Es conocido que dentro del desarrollo de la obra de Sigmund Freud, se puede encontrar una última modificación teórica acerca de las pulsiones, en ella sostiene la oposición entre dos fuerzas míticas que ejercen su acción en el campo del psiquismo, ellas son Eros Pulsión de destrucción“la meta de la primera es producir unidades cada vez más grandes y, así, conservarlas, o sea, una ligazón {Bindung}; la meta de la otra es, al contrario, disolver nexos y, así, destruir las cosas del mundo”[1].
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Esta última visión sobre las pulsiones, data claramente desde su escrito Más allá del principio del placer (1920), en él Freud especuló sobre el origen de las mismas, pensó que “en algún momento, por una intervención de fuerzas que todavía nos resulta enteramente inimaginable, se suscitaron en la materia inanimada las propiedades de la vida. Quizá fue un proceso parecido, en cuanto a su arquetipo {vorbildlich), a aquel otro que más tarde hizo surgir la conciencia en cierto estrato de la materia viva. La tensión así generada en el material hasta entonces inanimado pugnó después por nivelarse; así nació la primera pulsión, la de regresar a lo inanimado”[2], posteriormente, surgió una oposición a este ímpetu de volver a lo inanimado, a ésta, que busca conservar la vida la llamará Pulsiones de autoconservación, y “son las genuinas pulsiones de vida; dado que contrarían el propósito de las otras pulsiones”[3], a éstas pulsiones de autoconservación son las que más adelante agrupará bajo el término de Eros.
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Es por demás interesante la especulación que hace Freud en este texto, pues no sólo intenta universalizar un fenómeno encontrado reiteradamente en la clínica y extrapolarlo, sino que además roza una postura cosmogónica, que aunque el mismo Freud declaró abiertamente que no estaba interesado en ella, no es posible pasar por alto su visión sobre el origen de todo, remitiéndolo a dos fuerzas metafísicas identificadas bajo el concepto de Pulsiones.
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En sus Nuevas conferencias de Introducción al Psicoanálisis, la conferencia 35 lleva por nombre En torno a una cosmovisión {Weltanschauung}, en ella Freud dice entender por cosmovisión (Weltanschauung ) “una construcción intelectual que soluciona de manera unitaria todos los problemas de nuestra existencia a partir de una hipótesis suprema”[4], por ello, niega categóricamente que el psicoanálisis posea una cosmovisión, pues el espíritu científico que mantiene lo hace estar sujeto a los cambios debido a los nuevos conocimientos. Sin embargo, Freud aclara al inicio de la conferencia que el término Weltanschauung es de difícil traducción a otros idiomas, él opta por esta definición. En la versión castellana de Luis López Ballesteros, aparece la traducción de la conferencia como El problema de la concepción del Universo {Weltanschauung}. Lo cierto es que una concepción del universo, no es necesaria y únicamente un todo unificado sobre una teoría, sino también responde al origen del mismo, algo que hace bajo la teoría de las pulsiones, y en este sentido, podemos entenderlo también como una cosmogonía, la cual, considero que sí posee.
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La postura de Freud acerca de estas fuerzas pulsionales, parecía ser original en el ámbito de la psicología o la medicina, pero no en la filosofía, campo al que Freud no era totalmente ajeno, de hecho él mismo identificó que la posición a la que había llegado, se asimilaba a la que el filósofo griego Empédocles había postulado hacía más de dos mil años, en ella “el filósofo enseña que existen dos principios del acontecer así en la vida del mundo como en la del alma, dos principios que mantienen eterna lucha entre sí. Los llama φιλία {amor) y νεῖκος; {discordia)”[5].
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En efecto, Empédocles, natural de Acragas, llegó a postular el origen y movimiento del universo como la interacción de dos fuerzas contrarias, éstas luchan una contra la otra para restituir un equilibrio perdido por causa de su oposición, según Empédocles, en el comienzo había cuatro elementos primigenios, los cuales son el fuego, aire, agua y tierra, sin embargo, por medio de las fuerzas del Amor y el Odio, o Armonía y Discordia, fueron capaces de separarse y mezclarse unos con otros,  “el Amor o la Atracción reuniría las partículas de los cuatro elementos, desempeñando una función constructiva; la Discordia o el Odio separaría las partículas, provocando con ello la extinción de los objetos”[6].
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Según cuenta Simplicio en la Física fragmento 158, Empédocles escribió:
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“Un doble relato te voy a contar: en un tiempo ellas (las raíces de todo[7]), llegaron a ser sólo uno a partir de una pluralidad y, en otro, pasaron de nuevo a ser plurales a partir de ser uno; dúplice es la génesis de los seres mortales y dúplice su destrucción. A la una la engendra y destruye su reunión, y la otra crece y se disipa a medida que nacen nuevos seres por separación. Jamás cesan en su constante intercambio, confluyendo unas veces en la unidad por efecto del Amor, y separándose en otras por la acción del odio de la Discordia”[8].
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El filósofo presocrático, no duda en hacer de este proceso no sólo el origen sino el fin de todo cuanto existe, quizá por esto Freud intenta poner cierta distancia entre ambas teorías, argumentando que “media el distingo de que la del griego es una fantasía cósmica, mientras que la nuestra se ciñe a pretender una validez biológica”[9], aunque habría que señalar que en la misma visión de Empédocles “su aplicación más clara y más importante está, sin duda, en su teoría del nacimiento y la muerte del universo, pero la aplicó también al ciclo vital de los animales”[10], pero lo más importante de todo esto, es que en uno de los escritos póstumos, Freud no duda en llevar a esta oposición fuera del campo de lo biológico, declarando en su obra Esquema del psicoanálisis “esta acción conjugada y contraria de las dos pulsiones básicas produce toda la variedad de las manifestaciones de la vida. Y más allá del reino de lo vivo. La analogía de nuestras dos pulsiones básicas lleva a la pareja de contrarios atracción y repulsión, que gobierna en lo inorgánico”[11].
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Considero que lo importante de la similitud de la filosofía de Empédocles y el psicoanálisis de Freud, no es sólo encontrar elementos en común en diferentes pensadores, sino entender la magnitud y dimensión de las consecuencias teóricas que se llegan a sostener, en último análisis, ambos recurrieron a postular dos fuerzas activas como necesarias, ello para completar la explicación del porqué se lleva a cabo el cambio, el movimiento, es decir, no basta con saber cómo está compuesto aquello que se investiga, sino que además es necesario conocer qué es lo que impulsa a estarlo de aquella forma y además a modificarse. En el caso de Empédocles, su interés es sobre la φύσις (Physis), su generación y movimiento, en el caso de Freud, sobre el psiquismo y su dinámica, pero ambos llegan a idénticas conclusiones.
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Referencias 

[1] Freud, S. Esquema del psicoanálisis. Tomo XXIII. Obras Completas. Ed. Amorrortu. Argentina. 1992. Pág. 146
[2] Freud, S. Más allá del principio del placer. Tomo XVIII. Obras Completas. Ed. Amorrortu. Argentina. 1992..  Pag. 38
[3] Ibidem. Pag. 40
[4] Freud, S. Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. 35ª conferencia. En torno a una cosmovisión. Tomo XXII. Obras Completas. Ed. Amorrortu. Argentina. 1992. Pag. 146
[5] Freud, S. Análisis terminable e interminable.. Tomo XXIII. Obras Completas. Ed. Amorrortu. Argentina. 1992. Pág. 247
[6] Copleston, F. Historia de la filosofía I. Edición Digital. pág. 58
[7] Los cuatro elementos
[8] Kirk. Raven. Schofield. Los filósofos presocráticos. Parte II. Editorial Gredos. Versión Digital. Pág. 103
[9] Freud, S. Análisis terminable e interminable. Op. Cit. Pág. 247
[10] Kirk. Raven. Schofield. Los filósofos presocráticos.  Op. Cit. pag. 104
[11] Freud, S. Esquema del psicoanálisis. Op. Cit. Pág. 147

Dolor y síntoma en psicoanálisis

por José Vieyra Rodríguez

imagen tomada de filosofiapsico.blogspot.mx

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“Por cruel que suene, debemos cuidar
que el padecer del enfermo no termine prematuramente… 
de lo contrario corremos el riesgo de no conseguir nunca 
otra cosa que una mejoría modesta y no duradera”
S. Freud
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Al parecer se ha convertido casi en un tabú hablar de curación en psicoanálisis, los argumentos la mayor de las veces son escuetos y casi dogmáticos, si bien Freud pugnó por establecer al psicoanálisis en alguna de sus acepciones como “un método para el tratamiento de trastornos neuróticos”[1], desde Lacan parece impensable hablar de una curación en psicoanálisis, así como su vertiente terapéutica. Lo cierto es que cada sujeto que llega al consultorio de un psicoanalista, poco le importa las cuestiones teóricas y las disputas sobre la cura analítica o la ética del psicoanálisis, el sujeto llega con un malestar, y plantea una demanda clara y concisa, la mayor de las veces nos plantea un malestar, nos dice que algo no anda bien, en otras palabras, nos presenta un síntoma y acude esperando una mejoría.
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Aún así, algunos analistas optan por desacreditar el hablar del sujeto, es común escuchar en algunos círculos académicos plantear de manera dogmática: “¿cuál es el motivo de consulta?”, después de que se responde con lo que el paciente dijo, el comentario obligado es “habrá que esperar a las siguientes sesiones, porque ese no es el motivo que lo trae”. En otras palabras, de entrada se desacredita la palabra en nombre de un inconsciente y un contenido latente que se obligará a buscar, en otros casos, a delirar para intentar asirlo.
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Tendríamos que plantearnos en este punto cuál es entonces el quehacer del psicoanalista que se coloca ahí, en el consultorio, tras el semblante, y que de alguna manera se presta al juego terapéutico y sin embargo no cree en él. De lo anterior no se desprende que no se piense como agente de cambio, sino que tendría que cuestionarse su posición frente al síntoma que aqueja al sujeto que se sienta o se recuesta frente a él.
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La cuestión fundamental es cómo se piensa el síntoma, más allá de su etiología represiva, pensar la teleología curativa, es decir, una vez frente a él, qué labor le corresponde al psicoanalista. En lo que confiere al inicio del tratamiento, es indispensable no plantarse como meta la eliminación del síntoma, pues si entendemos como síntoma aquello “imposible de soportar” , aquello que por medio del síntoma se sabe que eso no anda, que eso falla –o ríe o sueña–, pero que por medio de ello mismo se puede hacer algo, pues identificar lo que falla sirve como brújula en el mar de las pulsiones psíquicas y los procesos primarios. En otras palabras, si nos planteáramos en un inicio su eliminación, sería tanto como borrar las coordenadas que nos guiarían en el proceso analítico, además de advertir que su supresión la mayor de las veces va de la mano de la sugestión y no de la relación transferencial puesta en juego en un análisis.
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Utilicemos una analogía con la medicina; cuando un paciente acude al médico, éste pregunta qué le duele, tras una revisión de los síntomas, se orientará a buscar la causa de dichos dolores y no la supresión inmediata de los mismos, pues toma en cuenta que el dolor físico es necesario para orientarse hacia el origen del mismo. Por ello, una enfermedad tan extraña como la Insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis, es además de una alteración, un impedimento u obstáculo para el diagnóstico y la curación de otras enfermedades que se presentan, pues dicha enfermedad congénita, es una alteración del sistema nervioso que produce una ausencia total del dolor, lo que precisamente la hace alarmante, pues el cuerpo está desprovisto de un arma valiosa como lo es el dolor, ya que él, aunque se manifiesta como molesto e insoportable para la persona, es la forma de saber orientarse en un mundo potencialmente peligroso a la supervivencia, y a la vez una forma de saber qué no anda bien en el cuerpo, qué falla en él.
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De la misma manera, en el mundo psíquico, plantearse como meta la supresión del síntoma es tanto como renunciar a la curación analítica, pues ésta precisamente se da en el marco del conocimiento del origen fantasmático que articula al síntoma. Por ello se insiste en la vieja polémica contra la medicación psiquiátrica, la cual busca callar lo que el síntoma grita. Al igual que el nutriólogo que se sirve de pastillas para reducir el apetito, consiguiendo con ello la reducción de ingesta de alimentos en el paciente y su correspondiente pérdida de peso, pero esto no significa que el paciente ha emprendido un cambio en hábitos alimenticios, ni mucho menos un conocimiento del porqué la comida funciona como objeto de un cierto goce oral de incorporación de algo que falta. El nutriólogo que lleva a cabo esta práctica tramposa, consigue resultados, pero no son duraderos, no atacan el origen del problema y peor aún, sustituye una ingesta por otra: la comida por la pastilla, pero en última instancia, el síntoma persiste, el cambio de ingesta no hace diferencia, mientras se siga tragando esperando que por fin aquello que pasa por la boca (sea comida o pastilla) es lo que terminará por hacer feliz.
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En resumen, no es banal que se insista en que el síntoma en psicoanálisis es fundamental,  y que ante él debemos posicionarnos claramente, no como enemigos sino como aliados y agentes de cambio, buscando hacer del síntoma algo de lo cual el sujeto ya no se queje, “que devenga el motor pulsional de su acto, que puede estar por lo tanto al servicio de la sublimación, bajo la forma de la creación artística o científica, etcétera” [2]
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Referencias bibliográficas[1] Freud, S. Dos artículos de enciclopedia. Psicoanálisis y libido. Ed. Amorrortu. Vol. XVIII. Argentina. 2005.
[2] Lombardi, G. La clínica del psicoanálisis 2. El síntoma y el acto. Ed. Atuel. Argentina. 1998. p.p. 28

La criminalidad de un presidente

Escrito por: José Antonio Lara Peinado

imagen tomada de ciudadcapital.com.mx

(Cualquier parecido con la vida real es mera coincidencia).

Hombre de corta estatura, presumiblemente adicto al alcohol, llega a la presidencia en medio de una guerra sucia orquestada por él y sus asesores de campaña, entre ellos un Español, desde sus primeras apariciones en público, sus emociones no correspondían a lo que afirmaba, en su campaña enarboló un discurso de odio y de revancha, se asumió como el candidato de las manos limpias, sin embargo tanta obsesión con ese mensaje no hizo sino develar lo que hoy en día padecemos, las manos no solo sirven para saludar, también sirven para matar, las protestas  de buena parte del pueblo, detonaron en el sujeto en primera instancia una respuesta cínica y agresiva, el aiga sido como aiga sido, representó una de sus primeras renuncias a la ley, después la forma en que simbólicamente se le entregó la banda presidencial, evidenció la manera en que un sujeto se puede emborrachar con el poder, ese momento posiblemente detonó el advenimiento de ideas delirantes en torno a la omnipotencia, estas ideas caminaron rápidamente a la estructura megalomaniáca, vestirse él y sus hijos de militar, e iniciar lo que él llamó en un principio guerra contra el narco, demuestran la imposibilidad del sujeto para reprimir los impulsos sádicos que seguramente comenzaban a atormentarle, la tragedia de Pasta de Conchos y la impunidad observada, no hacen sino evidenciar ya la aparición de la idea sádica, los primeros miles de muertos no motivaron siquiera una autocrítica, por el contrario, hay una especie de conducta retadora y agresiva contra los presuntos delincuentes, sin embargo esas conductas nunca eran en el campo de batalla, eran ante los medios, ante las cámaras, lo cual dejó ver la estructura narcisista que aunada a lo anterior detonó en la personalidad criminal de ese presidente, la tragedia en la guardería ABC es tal vez el momento más debelador de la estructura criminal de ese sujeto, muy pronto se observa una carencia emocional-afectiva, la respuesta a esa tragedia al día de hoy tiene que ver con la impunidad y la insensibilidad, aparece en estos momentos con mucha fuerza, el comportamiento mafioso propio de sujetos criminales, es decir, la protección a todos aquellos que comparten la idea delirante del grupo, en este caso, es clara la protección a los responsables de la tragedia.

El SME representó una forma más de ejercer el sadismo, mientras, los miles de muertos aumentaban en país, sin embargo la idea sádica se enquistaba en el sujeto, por ejemplo, decir que la Sra. Ernestina Ascencio había muerto por una gastritis mal atendida, nuevamente pone en evidencia como el sujeto ha reprimido ya sus pulsiones de vida, para entregarse de lleno a sus pulsiones de muerte, los casos de impunidad del ejército contra la población civil, no hicieron mella en la idea delirante, por el contrario reforzaron la regresión infantil, ésta puede verse sin problema, en la regresión infantil de ver al sujeto jugando arriba de un avión del ejército, o con declaraciones infantiles, como afirmar que los muertos son daños colaterales, o utilizar el futbol para referirse a situaciones que requerirían miradas serias y profundas, sin embargo cuando la gente entra en el camino sádico del goce perverso, es imposible parar, bien por el contrario, el criminal construye escenarios para regodearse con la tragedia, los diálogos de Chapultepec y el beso a Sicilia, muestran perfectamente lo dicho anteriormente. La estructura criminal está pues desatada.

Escribo este artículo por la preocupación en torno a la siguiente pregunta ¿Puede un sujeto con estas características dejar de gozar, y ponerse un límite? La respuesta es que no, luego entonces se corre el riesgo de que este sujeto conforme se acerque la elección incite a la violencia, a la sangre y a la muerte, por eso es importante no caer en las provocaciones.

AUTOR

Dr. Psicoanalista

José Antonio Lara Peinado

Autor de los libros “Psicoanálisis del poder en México”, “El Mal-Estar Docente” y “A. La mujer sin habla, el tratamiento Psicoanalítico de una esquizofrenia” “Autor de más de 50 artículos sobre Salud mental, educación y Psicoanálisis”. “Titular de la investigación: El tratamiento Psicoanalítico de la esquizofrenia”. Conferencista Magistral en congresos Nacionales e Internacionales en temas de Educación y Psicoanálisis.

@elpoderenmexico

Fox, sectas y su desequilibrio

Escrito por: José Antonio Lara Peinado

imagen tomada de solo-opiniones.com

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Las frases de Fox… “no nos venga a descomponer la fiesta”, “Me le voy a poner enfrente, haré lo que sea para que no llegue esa opción”….

Nos llevan a pensar en la crisis psíquica de un sujeto que por salud pública debemos de analizar.

La descomposición mental de Fox está demostrada, eso ya no está a discusión, lo que preocupa es que cada día este sujeto da claras muestras de un pensamiento delirante, la primera frase es delicada, nos habla de un sujeto que se siente en fiesta, en un país con más de 60.000 descuartizados, tenemos a un Vicente Fox que vive eso como un jolgorio constante, cual si fuera un sujeto narcotizado busca que su fiesta sea para siempre, sin embargo hablamos de una fiesta que tiene que ver con la sangre y con la muerte, de una fiesta que tiene que ver con la corrupción y la impunidad, esa es la fiesta que trae Fox, baila y baila desnudo de su alma, en rededor de un país que sufre y que está teñido de sangre, Fox se presenta con sus palabras y con su actitud, como un sujeto demencial miembro de una secta, ahí es donde hay que detenerse, personas con esas características, viven un constante mundo delirante de fiesta y de misticismo, justo lo que estamos observando en las palabras y el comportamiento de Fox, ya no estamos ante un simple acto locuaz de un individuo, estamos ante una persona que pareciera ser parte de un grupo igual de delirante que opera en México, por eso no es de extrañar que Espino, y Rosario Robles compartan esa idea.

La segunda frase nos habla del delirio megalómániaco de Fox, se ve así mismo omnipotente y grandioso, el sujeto amenaza y en su desequilibrio no se da cuenta que amenaza a una parte del pueblo, en su grandiosidad este sujeto ve a Peña Nieto, como un lacayo, como un simple instrumento de su delirio, Peña Nieto representa para Fox un simple títere, Fox en su percepción tan deformada que tiene de sí, ve a Peña Nieto, como una simple extensión de sus brazos o piernas, como producto de sus excrecencias más patológicas, Peña Nieto es simplemente para Fox, la hostess que lo recibe para que él siga comiendo, cual caníbal, Fox, requiere seguir en su fiesta de sangre, muerte e impunidad, sobre todo esto último es lo que este sujeto desea, hoy más que nunca es necesario dar cuenta del desequilibrio de esta persona, he de advertir tal cual lo he hecho ya en otros análisis, que el brote paranoico anuncia una crisis esquizofrénica, en el caso de Fox, hay idea paranoica, rasgo perverso, y esquizofrenia, lo cual anuncia una crisis propia de un sociópata miembro de una secta.

Dr. Psicoanalista

José Antonio Lara Peinado

Autor de los libros “Psicoanálisis del poder en México”, “El Mal-Estar Docente” y “A. La mujer sin habla, el tratamiento Psicoanalítico de una esquizofrenia” “Autor de más de 50 artículos sobre Salud mental, educación y Psicoanálisis”. “Titular de la investigación: El tratamiento Psicoanalítico de la esquizofrenia”.

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