El hombre ¿nuevo?

Escribe: Adolfo Huerta Alemán 

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“Nuestra  época  ha  substituido  el  mecanismo  de  defensa freudiano – la sexualidad, las pulsiones,  estas  insípidas  y  recurrentes  invitadas  de  la  escena  pública  bajo  los  aspectos  políticos  y  mediáticos,  desfilando  de  la  telerrealidad   a  la  política  espectáculo – por  otro  mecanismo  de  defensa  inédito,  el  del  alma.  Egobody    es el  hombre  de la  psiquis  reducida  al  cuerpo,  de la  psiquis  desanimada”.

Robert  Redeker <<Egobody  La  fábrica  del  hombre  nuevo>> FCE. 2014

 

¿Quién  nos  fabrica  hoy  en  día? ¿Somos  producto  de  lo  que  comemos? ¿Dios  nos  sigue  creando?  ¿Es  la  familia  en  su  modelo  tradicional  la  que  nos  está  formando? ¿Quién  forma  ahora  a  las  personas?

Estamos  ante  una  era  donde  las  instituciones  perennes  quedaron  desfasadas,  donde  ahora  los  nuevos  templos  son  los  estadios  de  futbol,  y  donde  la  televisión  absolutiza  la  estupidez  vacía   de  la  sinrazón  del  ser humano,   y  los  padres  de  familia  quedan  sumisos  ante  el  espectáculo  vano  que  se  convierte  en  un  dictador  de  modas  y  costumbres.

La  Santísima  Trinidad  ya  no  rige   la  existencia,  la  trinidad  que  nos  está   fabricando  en  ésta  época  es: el  teléfono  móvil,  el  internet  y  la  televisión.

La  mujer  y  el  hombre  son  una  conexión  más,  por  decirlo  así,  son  una  extensión  más  de  su  teléfono  celular,  lo  adhiere  a  él  como  una   prótesis,  es  una   máquina  de  redes  y  múltiples  conexiones,  pero,  sin  un  real  compromiso  con  el  otro,  lo  único  que  hay  es  el  selfie  del  otro,  pero  sin  saber  si  es  real.

¿Estaremos  ante  la  desaparición  sobre  la  verdad  del  Hombre?  La unidad  del  hombre  se  va  desvaneciendo  poco  a  poco  y  se  pierde  ante  el  mar  de  conexiones  y  colectiviza  su  alma,  o   lo  que  queda  de  ella.

Esas  películas  de  zombis  se  van  haciendo  realidad,  cada  vez  que  la  tecnología  es  más  popular.

En  estos  días  hemos  perdido  nuestra  interioridad ¿ya  no  creemos  en  el  alma? ¿la  hemos  aniquilado? Hoy  el  Facebook  es  el  sacerdote  donde  publican  sus  confesiones,   las  telenovelas  son  los  psicólogos  de  la  gente.

Si  ya  no  existe  el  alma  ¿tiene  sentido  la  salvación  de  nuestra  alma? Si no existe el alma ¿qué  es  lo  que  nos  hace  consciente  de  nosotros  mismos? ¿Nuestra  mente,  o  el  cerebro?

Al  ver  la  cantidad  de  gimnasios   y   el  cómo  la  gente  cuida  su  cuerpo,  cada  vez  quieren  vivir  en  una  eterna  juventud,  descubrimos  como  el  cuerpo  se  va  imponiendo ¡Ya  no  hay  alma  sólo  cuerpo!

Lo  que importa  es  el  cuerpo  sano,  mente  sana ¿De  qué  está  hecho  el  hombre  de  hoy?  Me  resuenan  aquellas  palabras   de  Poncio  Pilato: ”Eche  Homo”  ¡He  aquí   al  Hombre!

En  otras  épocas  el  hombre  buscaba  refugio  en la  literatura,  en  la  filosofía,  en  todas  las  expresiones  de  su  creatividad,  allí   se  encontraba  a  sí mismo  y  luchaba  contra  su  propia  extinción, hoy  no  hay  refugio,  no  hay  horizontes,  sólo  pantallas  de  televisores  y  de  móviles  inteligentes.

Se  va  absolutizando  la  estupidez  humana:  la  propaganda  del  consumo,  el  deporte  como  religión  y  los  políticos  cada  vez  más  parecen  conductores  de  las televisoras.

¿Nos  encontramos  ante  el  nacimiento  del  posthumano?

“El  hombre,  se  convierte  en  un  infierno  deshumanizante. . . El  que  ya  no  escribe  ya  no  piensa “twittea”  navega  en  el  ciberespacio,  donde la  comunicación  se  ha  desconectado  de  la  realidad,  de la  escritura  y  del  pensamiento”.

Robert  Redeker <<Egobody>> FCE. 2014.

 

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El hombre que fue Dios

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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“De poco sirve defender doctrinas sublimes sobre Él si no caminamos tras sus pasos”

José Antonio Pagola

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No es que Jesús haya sido realmente Dios. Jesús, con sus actos, con su vida, con sus hechos, se hizo Dios.

Jesús hizo realidad el amor encarnado, el amor en la tierra, y eso precisamente es Dios. Algo similar sucede cuando los papás hacen realidad a “Santa Claus”; los niños creen en su existencia pero tiene que haber alguien que haga realidad el acto. Con Dios pasa lo mismo, el ser humano cree en Él pero es necesario que otros humanos hagan realidad en concreto lo que se cree en abstracto. La oración tendría que cambiar, no se trata de pedir a Dios, se trata de colaborar con Él. (A Dios orando y con el mazo dando).

Existe gente que por cuestiones de inseguridad manifiesta su intolerancia; personas que no son capaces de escuchar otro discurso en torno a Dios. No toleran y reaccionan con enojo cuando se les comunica la hipótesis de que Jesús de Nazaret era un loco, que no era Dios, que murió por revoltoso y otras interpretaciones más. Precisamente algún sector de dicha población (gente creyente) reacciona de una manera desmedida porque toca fibras sensibles, fibras superpuestas que no tienen un fundamento, un sustento, son endebles y ante el temor de la destrucción, no les queda otro remedio que reaccionar de manera violenta; no vaya a ser que el mito se destruya.

Con el transcurso del tiempo se ha perdido la esencia de la propuesta del Nazareno: Jesús es un manual de vida y no tanto un sujeto digno de adoración. La vida de Jesús es un “imperativo categórico” de cómo el ser humano debe de proceder en su vida, amando, viviendo con Justicia, optando por una vida digna y plena, sublimando, creando cultura y civilización.

Es muy frecuente distraerse con el mensajero para desatender el mensaje. Es más fácil ir a rezar, hincarse, ir a misa, comulgar, dar la paz en abstracto que comprometerse a una vida como la que llevó Jesús. Resulta más fácil adorar a Cristo que poner en práctica lo que él practicó hace ya más de dos mil años.

Me gusta pensar en ese “amén” que dicen los que creen cuando terminan alguna oración o una frase mística. Me gusta pensarlo y cambiar el acento de lugar, que en lugar de que ese “amén” fuera palabra aguda, fuera palabra grave: “amen”. Esa fue la enseñanza del Nazareno, sólo que fue más fácil cambiar el “amen” por el “amén”; cambiar el compromiso de amar por el ritual “amén” que sepultó la idea original.

 

La voz del Evangelio en la posmodernidad

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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“Discernimos que al bárbaro le resulta fácil ser sano; para el hombre de cultura, es una tarea dura.” (Sigmund Freud)

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Hace tiempo escuché a un cura en su sermón señalando que hacía falta que los padres de familia voltearan a ver sus hijos, que los descubran, que les inculquen valores, que les enseñen el respeto al prójimo; que por eso la sociedad está en un bache, la sociedad se desmorona; en un “atolladero”.  La estructura primigenia de la sociedad que es la familia está produciendo sujetos sin ley, que se les hace fácil delinquir; ¿por qué? porque en su familia no se les inculcaron los valores; el amor, el respeto, la gratitud, el esfuerzo, la disciplina, la tolerancia la paciencia, el compartir; todos estos valores con los que la cultura se afianzó y se logró conquistar la civilización.

La cuestión es la siguiente: ¿Cómo enseñar en la familia los valores como lo son la tolerancia, el respeto, la disciplina, cuando la sociedad en la  que estamos inmersos lo que nos dicta son otros valores como la competitividad, el individualismo, el consumismo, el materialismo, el hedonismo, la cosificación? ¿Cómo educar a nuestros hijos con valores de fraternidad cuando vemos que el que tiene éxito en la vida es precisamente por lo contrario? ¿Cómo educar a nuestros hijos en base a que lo bueno cuesta cuando vemos que los que se hacen millonarios lo hacen acosta del dinero fácil?

Resulta interesante la propuesta. De un tiempo para acá la Iglesia está tomando la palabra, está hablando fuerte; sabedora de que en la actualidad las Instituciones como la educativa, la institución política o la ciencia no están respondiendo a la exigencia ética. La Iglesia quiere asumir ese rol, y por eso en la actualidad propone, y nosotros lo que deberíamos hacer es analizar el mensaje y no tanto al mensajero.

Sé que dentro de la Iglesia pudiera existir motivos fehacientes que hacen desmotivar al feligrés, sabemos que la Iglesia está pasando por un mal momento; pero nosotros como sociedad debemos rescatar el mensaje del Evangelio que no es más que otra cosa que el Amor, vivir con Amor y eso a nadie, hasta hoy, le ha hecho daño.

A la iglesia se le puede criticar, por sus frutos, por sus actos, por su pasado, por sus representantes, por sus dogmas, por su metafísica, pero ¿qué ganaríamos con seguir criticando a los prelados? nada, mejor escuchemos sus preceptos, mantengámonos abiertos a sus posturas, escuchemos y analicemos con un sentido crítico y tolerante su visión de la existencia.

 

Dios ha muerto

Escribe: Carlos A. Moreno De la R.

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Dios ha muerto ¿Cuáles son las implicaciones en la subjetividad del ser humano de esta frase de Federico Nietzsche? ¿Qué repercusiones tiene ese grito nietzscheano en las interacciones del sujeto con el otro?

El sujeto se detenía ante la sentencia: “Pórtate bien sino Dios te castiga” o “Si te portas bien tendrás un lugar asegurado en el Reino de los cielos”.

Dios ha muerto y con ello su temor. Dicen que ya no existe el temor de Dios y lo que eso implica. Ahora la ley la impone el ser humano. El psicópata es el que irónicamente impone la ley, irónicamente porque se supone que el psicópata es un sujeto sin ley, un sujeto sin Padre; pero ahora, en tiempos de la “hiper-modernidad”, en donde “todo vale” en donde la relatividad de los valores, el consumismo, el materialismo, el dinero, la perversión, se han convertido en los bienes supremos; ¿y quién tiene acceso a eso? Precisamente los psicópatas, lo perversos; los psicópatas que al no ajustarse a las normas en turno imponen las suyas, una ley del más fuerte, la ley del fusil, la ley de la tortura, de la amenaza, del castigo; la ley de la muerte, la ley del exceso; el mandamiento del goce.

Dios ha muerto y vivimos como si en realidad esto fuera cierto. El ser humano en su intento de vivir al extremo (goce) ha llevado su existencia al ocaso; un caos multitudinario; requiere del exceso para poder sentir, para saberse vivo.

El exceso como la norma: “Nada con medida, todo con exceso” es el mandamiento del superyó lacaniano, y precisamente en una recién entrevista a Eric Laurent, menciona que el psicoanálisis “protege al sujeto del exceso”. ¿En qué se ha convertido el psicoanálisis? ¿El psicoanalista como el portador del “Ethos” en turno?

El psicoanálisis al descubrir que el sujeto tiende al goce con su síntoma, viene a desmitificar lo que anteriormente se creía de la propuesta freudiana.

Antiguamente al psicoanálisis se le concebía como ese dispositivo que emancipaba al sujeto de un superyó  castrante, punitivo, un superyó concebido por Freud que tendía a reprimir al sujeto, que lo hacía infeliz, que le imponía una vida bajo el principio del deber. Ahora las cosas han permutado, el sujeto se encuentra atravesado por la cultura, y la cultura de hoy es muy diferente a la cultura que imperaba en la época de Freud, aquella Viena mojigata en donde la sexualidad era un tema tabú, en donde la represión era el fenómeno a desentrañar; ahora la cosa es diferente, la queja, la demanda es del padre de familia que acude con el especialista de la “salud mental” para que silencie al sujeto, para que no sea él, para que no desee, para que le ayude a imponerle normas, reglas, límites, jerarquías (como si de una psicoterapia estructural de Minuchin se tratara).

El psicoanálisis en la actualidad sabe que el sujeto es atravesado por un superyó perverso bajo el imperativo del goce; a vivir en el exceso, a poner al cuerpo en el límite del acto, inyectarlo, perforarlo, manipularlo, destruirlo, aniquilarlo.

Nietzsche se ha convertido en el mensajero, en el “ángel” que avisa la muerte del último Dios que nos había acompañado en este caminar; Nietzsche con su mirada oteadora proclamó la muerte de Dios y la posmodernidad vino a darle cristiana sepultura. Dios ha muerto y con él el “Último-Gran-Relato”. Ahora el ser humano se encuentra solo, inmensamente solo, sin Dios y sin diablo, abandonado a su suerte.

Paradojas de la posmodernidad: Ahora que Dios ha muerto, ¿quién impondrá la ley? El nombre del padre, el gran otro. El perverso impone la ley; manda, exige el goce. Ronda por las calles. No nos queda de otra más que quedarnos en casa ante este toque de queda no impuesto por la autoridad competente sino impuesto por el demonio que acecha, que intenta ingerir al sujeto.

Hombre posmoderno, hombre estructurado en los límites de la híper-modernidad. Y para muestra basta con salir a la calle: el sociópata se ha apoderado de la ciudad. En un pueblo sin Dios el loco es el rey.

@CarlosMorenoMx

Pulsión de muerte y posmodernidad

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

Escena de la película "A Serbian Film"

Escena de la película “A Serbian Film”

 

Quizás los humanos seamos una raza maldita,
nada nos salva de la ciega voluntad de destruir
que se halla insertada en nuestros genes”.
Jorge Volpi

 

Hace unos cuantos años, cincuenta o sesenta a lo mucho, las campanas repiqueteaban en los pueblos, llamaban a misa o simplemente le recordaban al ser humano su finitud. Las cosas de unos años para acá han cambiado, las campanas dejaron de sonar, el bullicio se apoderó de los pueblos y los pueblos dejaron de serlo para convertirse en la gran ciudad.

La modernidad trajo consigo muchos cambios en lo cultural, en las relaciones interpersonales, en la subjetividad del ser humano, en su posición de ser en el mundo.

A mi mente llegan imágenes de películas clásicas en donde por ejemplo Pedro Infante era el protagonista y lidiaba épicas batallas con tal de conquistar a la mujer de su corazón. Hoy las cosas son diferentes.

Hace unos cuantos años, cincuenta, sesenta o setenta, no lo sé, las mujeres ataviadas con un rebozo esperaban la serenata; eso las mataba, caían rendidas a los brazos de su amado. Hoy en día la serenata se ha convertido en un ruido estentóreo, el reguetón ha impuesto su ley, los narco-corridos forman parte de la idiosincrasia del mexicano.

No quisiera sonar como un viejo amargado que suelta su perorata durante las reuniones familiares afirmando el silogismo: “los tiempos pasados siempre fueron mejores”, simplemente son cosas que vienen a mi mente como flashazos de aquellos tiempos en donde todo era blanco y negro; ahora existe un escenario multi-color. En ese intento de “todo vale”, hemos caído en ciertas exageraciones contraproducentes para nuestra civilización.

Lo de hoy es una barbarie, al parecer hemos perdido el sentido, la brújula, cada día la depresión es más común, el sin-sentido de la vida como bandera de la posmodernidad, el adolescente ya no se contenta con el discurso homogeneizador y se libera o creyendo que se libera de ese yugo opta por el suicidio. Padres de familia que rehúyen al compromiso. Servidores públicos que solamente se sirven con la cuchara grande a costillas del ciudadano. Cada vez más corrupción, más des-humanización. ¿qué legado vamos a dejar a nuestra descendencia?

El discurso totalizador ha quedado atrás, los valores de la posmodernidad son diametralmente opuestos a los valores con los que crecieron nuestros abuelos. El sexo desenfrenado, el consumismo, el materialismo, la acumulación de dinero y bienes como el máximo escalón al que puede aspirar el ser humano.

La voz de la religión ha quedado relegada, el discurso ya no tamborilea en la consciencia del ser humano; vivimos en un contexto en donde el superyó se ha convertido en una estructura psíquica demasiado laxa, ya no es un superyó freudiano que hacía sentir culpable, miserable, ante algún acto “impuro” o de placer. Ahora el superyó es un superyó que se rige bajo el imperativo del “goce” que tiene la misma finalidad del superyó de antaño: la destrucción total del sujeto.

El imperativo actual es “Goza”, tienes que gozar si no, no valió la pena, tienes que sentir, experimentar, vivir, pero siempre al límite, en el exceso. Ese es el imperativo superyóico que muy bien ha descrito J. Lacan.

La pulsión de muerte se ha desatado, la cultura de la muerte, la civilización de la muerte, la generación de la muerte. Una vida sin sentido, vivir al límite, tentando a la propia muerte, buscando causar malestar en el otro o a uno mismo como en un intento de saciar el impulso de morbosidad que está instaurado en ese vacío existencial que caracteriza la era contemporánea. La bestia que permanecía encadenada para producir civilización se ha liberado.

¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi…

Escribe: Adolfo Huerta Alemán

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imagen de artistasdelatierra.com
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“La revolución cultural,  es la  que  está  dispuesta  a  transformar  mentes, 
las  costumbres, los  valores  y  la  forma  de  vivir  de las  personas”.
<<Carlos  Granés:  El  puño  invisible – Arte, revolución  y 
un  siglo  de  cambios  culturales>> Ed. Taurus 2011.

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Cada  generación  se  cree  protagonista  de  su  historia  y  de  poder  cambiarla:  ilusos  dirán   algunos,  pero  mal  harían  en  no  creerse  protagonistas  de  su  momento  histórico  que  les  tocó  vivir,  si  cada  generación  no  se  creyera  responsable  de  su  protagonismo  histórico,  creo  que  no  llegaríamos  a  ningún  lado  o,  no  evolucionaríamos  como  Humanidad.

¿En  dónde  nos  ubicamos  las  y  los  de  nuestra  generación? ¿Hacia  dónde  vamos? ¿Estamos  aportando  algo? ¿Somos  parte  del  cambio?

Se  nos  dice  que  somos  hijos  de  la Caída  del  muro  de  Berlín,  del  derrumbamiento  del  socialismo  real  a  nivel  mundial.

Que  somos  blanco  fácil  del  consumismo,  se  dice  que  todo  lo  que  se  vende  es  inventado  para  el  mercado  joven – adulto “Compra más, la  vida  es  corta”.

Que  estamos  abusando  de  los  recursos  naturales  y  los  usamos  sin  medida,  ni  preocupándonos  por  los  que  vienen  atrás  de  nosotros.

Somos  testigos  pasivos  del  cómo  la  era  digital está  cambiando  nuestras  relaciones  humanas.

Nos  invade  la  impotencia  del  cómo  la  economía  se  va  imponiendo  como  valor  absoluto,  y  cada  vez  arrasa  con  los  derechos  laborales  de  nuestra  gente  trabajadora,  se  ve  menos  en el  trabajo  como  un  medio  digno  para  obtener  beneficios  para  una  vida  más  tranquila  y  satisfactoria.

Vemos  como  todas  las  instituciones  nacidas  del  período  de la  Revolución  Francesa,  de  la  época  de  la  Ilustración,   el  Estado  moderno  y  su  economía  están  en  una  profunda  crisis,  esto  es  un  <<parteaguas  civilizatorio>>;  a donde  quieras  que  volteas,  la  crisis  está  presente,  con  mayor  o  menor  intensidad se  hace  presente:  graves  turbulencias  económicas,  supuestas  guerras  contra  el  narcotráfico,  inoperancia  de  los  partidos  políticos,  movilizaciones  sociales  crecientes,  aumento  de  despojo,  más  enajenación  a la  televisión  y  a  su  entretenimiento  chatarra,  más  miseria,  crece  la  represión  del  Estado  hacia  la  ciudadanía  comprometida  y  actora,  cada  vez  más  se  criminaliza  la  protesta  social.

Las  y  los  que  pertenecen  a  una  religión,  también  nos  han  desilusionado,  vemos  a  flor  de  piel que  no  viven  ninguna  congruencia con  los  fundamentos  de  sus  iniciadores  que  eran  unos  verdaderos  místicos:  sus  palabras  iban  acompañadas  de  acciones  muy  concretas,  las  instituciones  nacidas  de  las  religiones  también  están  pasando  por   una  profunda  crisis.

Claro,  que  esta  generación  también  hay  cosas  propositivas,  pero  esas  te  tocan  a  ti  descubrirlas  y  potencializarlas   para  que  se  vayan  propagando.

¿Podremos  cambiar  algo,  las  y  los  que  pertenecemos  a  ésta  generación?  ¿Queremos  de  verdad  un  cambio?  ¿Cómo  y  para  qué  provocaríamos  un  cambio?  ¿Qué  tanto  estoy  dispuesto,  para  asumir  mí  protagonismo  para  generar  ese  cambio?  ¿Hasta  dónde  estoy  dispuesto  para  salir de  mí  confort  e  individualismo  y  sumarme  a  gente  que  le  está  apostando  al  cambio  que  necesitamos?  ¿Hacia  dónde  nos  dirigimos  con  ese  cambio  que  provocaríamos? ¿Y,  para  qué  queremos  un cambio?

¿Somos  hijas  e  hijos  de  la  desilusión? Aquí  en  México  diríamos ¿Somos  hijos  de la  chingada  desesperación? Si  así  lo  fuera,  esto  no  es  determinante,  pues  tenemos  libertad  de  elegir  y  el  poder  de  nuestra  voluntad,  para  apostarle  a  un  verdadero  cambio  y  decir  con  nuestras  acciones,  que  no  todo  está  dicho ¡Que  la  lucha  está  por  comenzar!

“El  nuevo  protagonista  de  las  futuras  revoluciones  culturales  y  sociales: el  joven  insatisfecho”.

<<Carlos  Granés – El  puño  invisible>>

 

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Dios ha muerto

 Escribe: Carlos Moreno

"Perdita Durango" imagen tomada de fumarpaco.com.ar

“Perdita Durango” imagen tomada de fumarpaco.com.ar

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Dios ha muerto ¿Cuáles son las implicaciones en la subjetividad del ser humano de esta frase de Federico Nietzsche? ¿Qué repercusiones tiene ese grito nietzscheano en las interacciones del sujeto con el otro?

El sujeto se detenía ante la sentencia: “Pórtate bien sino Dios te castiga” o “Si te portas bien tendrás un lugar asegurado en el Reino de los cielos”.

Dios ha muerto y con ello su temor. Dicen que ya no existe el temor de Dios y lo que eso implica. Ahora la ley la impone el ser humano. El psicópata es el que irónicamente impone la ley, irónicamente porque se supone que el psicópata es un sujeto sin ley, un sujeto sin Padre; pero ahora, en tiempos de la “hiper-modernidad”, en donde “todo vale” en donde la relatividad de los valores, la promiscuidad, el consumismo, el materialismo, el dinero, el sexo, la perversión, se han convertido en los bienes supremos; ¿y quién tiene acceso a eso? Precisamente los psicópatas, lo perversos, los psicópatas que al no ajustarse a las normas en turno imponen las suyas, una ley del más fuerte, la ley del fusil, la ley de la tortura, de la amenaza, del castigo; la ley de la muerte y su destino manifiesto: la droga cocodrilo.

Dios ha muerto y vivimos como si en realidad esto fuera cierto. El ser humano en su intento de gozar ha llevado su existencia al límite, requiere del exceso para poder sentir, para saberse vivo. El exceso como la norma: “Nada con medida, todo con exceso” es el mandamiento del superyó lacaniano, y precisamente en una recién entrevista a Eric Laurent, menciona que el psicoanálisis “protege al sujeto del exceso”. ¿En qué se ha convertido el psicoanálisis? ¿El psicoanalista como el portador del “Ethos” en turno?

El psicoanálisis al descubrir que el sujeto goza con su síntoma viene a desmitificar lo que anteriormente se creía del psicoanálisis. Antiguamente al psicoanálisis se le concebía como ese dispositivo que emancipaba al sujeto de un superyó  castrante, punitivo, un superyó concebido por Freud que tendía a reprimir al sujeto, que lo hacía infeliz, que le imponía una vida bajo el principio del deber. Ahora las cosas han permutado, el sujeto se encuentra atravesado por la cultura, y la cultura de hoy es muy diferente a la cultura que imperaba en la época de Freud, aquella Viena mojigata en donde la sexualidad era un tema tabú, en donde la represión era el fenómeno a desentrañar; ahora la cosa es diferente, la queja, la demanda es del padre de familia que acude con el especialista de la “salud mental” para que silencie al sujeto, para que no sea él, para que no desee, para que le ayude a imponerle normas, reglas, límites, jerarquías (como si de una psicoterapia estructural de Minuchin se tratara).

El psicoanálisis en la actualidad sabe que el sujeto es atravesado por un superyó perverso que le manda a gozar, a vivir en el exceso, a poner al cuerpo en el límite del acto, inyectarlo, perforarlo, manipularlo, gozarlo, destruirlo, aniquilarlo.

Nietzsche se ha convertido en el mensajero, en el “ángel” que avisa la muerte del último Dios que nos había acompañado en este caminar; Nietzsche proclamó la muerte de Dios y la posmodernidad vino a darle cristiana sepultura. Dios ha muerto y con él el “Último-Gran-Relato”. Ahora el ser humano se encuentra solo, inmensamente solo, sin Dios y sin diablo, abandonado a su suerte.

Paradojas de la posmodernidad: Ahora que Dios ha muerto, ¿quién impondrá la ley? El nombre del padre, el gran otro. El perverso impone la ley; manda, exige el goce. Ronda por las calles. No nos queda de otra más que quedarnos en casa ante este toque de queda no impuesto por la autoridad competente sino impuesto por el demonio que acecha, que intenta digerir al sujeto. Hombre posmoderno, hombre estructurado en los límites de la híper-modernidad. Y para muestra basta con salir a la calle: el sociópata se ha apoderado de la ciudad. La droga cocodrilo como síntoma de esa enajenación. En un pueblo sin Dios el loco es el rey.

La renuncia de Ratzinger

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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ratzinger

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“Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia,
he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada,
ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”.
Ratzinger

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“La renuncia del Papa
habla de un hombre de sólidos valores y de consistencia ética”.
Rubén Aguilar Valenzuela

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La renuncia del Papa es un paso lógico dentro de un camino ilógico. La renuncia del Papa se debe de leer como un síntoma más de la sociedad insertada en la era de la posmodernidad en donde los valores del esfuerzo, el coraje, el empeño, el sacrifico han quedado atrás; con esto no quiero decir que Ratzinger sea un desobligado, no, lejos está la interpretación de su acto de juzgarlo como tal, más bien, lo que aquí se intenta expresar es el cómo se instaura y cómo se lee su dimisión al cargo como él así lo afirmó: por cuestiones de salud.

No faltarán los amantes de las hipótesis de conspiración que afirmarán que “un papa no renuncia, lo renuncian”, pero eso sería entrar en el terreno del suponer, más bien mi lectura de la renuncia del Papa tiene una hermenéutica diferente: la renuncia del Papa como metáfora del malestar de la cultura actual.

El hombre que se está construyendo en la actualidad es un hombre hedonista, que busca a toda costa el placer por el placer, que evita el sufrimiento, que prefiere beneficios con el mínimo esfuerzo, la palabra “sacrificio” en la actualidad es una palabra que asusta, que incómoda, lo de hoy es simplemente pasarla bien, gozar, disfrutar, poseer, tener, qué importa el ser.

La renuncia del Papa la leo desde esa óptica, como un síntoma del hombre posmoderno, que se da el lujo de renunciar a un compromiso establecido. El hombre de la posmodernidad valora más su salud, si integridad, su libertad su felicidad por sobre todas las cosas; antes el hombre y la mujer cuando hacían un compromiso llegaban hasta las últimas consecuencias, como muestra de lo que aquí escribo basta analizar las estadísticas de los divorcios, las mujeres vivían bajo el designio de “es la cruz que me tocó cargar” y no renunciaban al compromiso pactado, pero ahora, al mínimo roce, a la mínima frustración, el hombre y la mujer incardinados en la posmodernidad optan por renunciar y buscar un camino diferente, un camino que los lleve al goce.

“Si el Papa renuncia imagínate lo que puede hacer cualquier mortal” alcancé a escuchar. La renuncia al cargo como manifestación de la sociedad en la que estamos viviendo; cultura creadora de sibaritas. Imaginemos en su momento a Jesús bajándose de la cruz: “esto duele mucho, allí se ven”. El Papa como depositario de los valores de la Posmodernidad.

imagen de comandoamelia.blogspot.com

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La angustia ante lo efímero

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la rosa

@CarlosMorenoMx

 

imagen tomada de: ens9001.mza.infd.edu.ar

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“Todo lo que creíamos sólido se disuelve en el aire”.
Karl Marx.

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Últimamente he dejado el teclado a un lado y me he dedicado a leer. Bueno, leer es un decir, me he dedicado a otras cosas, pero básicamente dejémoslo así, en leer. Lo que más me ha dejado asombrado en estos tiempos de la posmodernidad y más con el constante uso de internet es la esencia fútil de la noticia, del descubrimiento, del ensayo, del escrito, de la opinión. Quizá lo que caracteriza a esta era posmoderna es lo transitorio; lo que apenas ayer era noticia hoy deja de serlo. Recuerdo mis tiempos de juventud cuando estudiamos la preparatoria y no había Internet; el conocimiento era el que nos administraba el profesor y el que podíamos dilucidar en la biblioteca. El conocimiento tenía uno o dos años de vigencia, ahora no, lo que se aprende hoy solamente da para ser tema del momento, ya para mañana es noticia arcaica. Lo mismo sucede con los símbolos que antiguamente sustentaban nuestras creencias, los arquetipos como el Amor, Dios, la Muerte, el Diablo. Los valores también han trasmutado, fenómeno característico de nuestra cultura líquida. La cultura líquida “liquida”.

La futilidad del conocimiento, de lo que “en lo que creían nuestros ancestros” también ha alcanzado a las Instituciones educativas, el proceso de enseñanza-aprendizaje se ha convertido en otra cosa, en algo muy diferente a lo que estábamos acostumbrados, el uso de las tecnologías de la información y la comunicación ha venido a imponer un ritmo demasiado acelerado a ese proceso dialéctico. Lo que se aprende en los salones de clase es una metáfora de lo que está aconteciendo en la “vida real”, lo sólido de lo que creíamos antaño cada vez con la apoteósica mirada que implica vivir en la era de la posmodernidad ha quedado obsoleto, raquítico, pasado de moda, anticuado, arcaico, olvidado.

Ahora la voz de cualquier mortal puede ser escuchada, o en su caso, leída. En México existen grandes opinólogos y eso me abruma, ya todos escriben (escribimos); he leído muy buenos comentarios en los blogs así como excelentes ensayos en sitios de internet. Ahora todos opinan, todos hablan y lo hacen bien; es por eso que ya tengo tiempo de no escribir, sé que existen escritores que pueden decir mucho mejor lo que yo quiero trasmitir, por eso tenía tiempo de no querer enfrentarme a esta eterna hoja en blanco, pero la necesidad de expulsar los demonios aún sigue allí. El lector posmoderno prefiere leer el Blog de Luis, de Sebastián, de Rodrigo porque sabe que encontrará destellos hermenéuticos para comprender la realidad que vive día a día. Lo malo del asunto es que hemos dejado de leer a Sartre, a Camus, a Nietzsche, para poder atender las exigencias de los blogueros.

¿Por qué volver a escribir? Quizá por la misma angustia ante tanta información, es un mar de información, es avasallante, temas y temas desarrollados por miles de blogueros. Antes entraba a una librería y me angustiaba por tantos libros por leer y yo con tan poco tiempo. Ahora la angustia se vuelve a presentar; tantos sitios de internet tan valiosos y yo con tan poquísimo tiempo. Tanta información que nos presenta la Red, y lo característico del suceso que estamos presenciando es que nos damos cuenta del cómo es que suceden las cosas; somos testigos del proceso de los fenómenos. Antes solo teníamos el producto terminado, nos enterábamos de los hechos en las noticias, en el periódico, o leyendo algún libro. Ahora cada sujeto puede ser protagonista de la historia del momento, claro, con la consabida advertencia que ahora las reglas cambian, quizá la aportación no quedará como precedente para la historia contemporánea de la humanidad. Con lo anterior ya esbozado y sabiendo que el conocimiento cada día se está constantemente actualizando ¿Tendrá validez una Tesis Doctoral? Ya ni se diga una Tesis como por ejemplo de Licenciatura. Todo pasa, ya nada queda, como decía el Libro Sagrado: “No hay nada nuevo bajo el sol”, y eso, sin añadir el ya consabido: “La vida se nos va entre las manos”. La angustia ante lo efímero.

El 2 de octubre

Escrito por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

imagen tomada de somacles.files.wordpress.com

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La cita con el destino, inexorablemente, ha vuelto a cumplirse y la fecha simbólica del 2 de octubre llegó de nuevo a nosotros. Y su llegada me hace preguntarme ¿de verdad no se olvida?

Jean Françoise Lyotard escribió en “El entusiasmo”, que el año de 1968 marcó el final del entusiasmo de la humanidad por estos proyectos y utopías que mueven las masas hacia la realización de sus ideales.

A partir de la lectura de “La crítica del juicio” de Kant y más concretamente de la noción de entusiasmo contenida en el Segundo conflicto de la verdad, Lyotard plantea la imposibilidad de concebir la historia humana como un desarrollo único y progresivo en pos de la emancipación y la justicia universal.

Ello supone dejar de lado las metahistorias que han acompañado al proyecto de la Ilustración: básicamente, las ideas de perfectibilidad humana, de desarrollo económico indefinido o de alcanzar el ideal de la democracia burguesa. Todas estas teologías de la modernidad han sido refutadas y desmitificadas por Auschwitz, Hiroshima y Nagasaki, el Gulag soviético o nuestras sociedades hipertecnificadas y alienantes.

Así, en opinión de Lyotard, en tiempos de postmodernidad caracterizados por la melancolía y la tristeza, la duda y la ironía, el objetivo de la cultura es, cada vez más, procurar entusiasmo moral, acostumbrándonos a pensar y resistir sin la salvaguarda de moldes o criterios.

Y pareciera que los hechos recientes le dan la razón: muchas situaciones que vive nuestro país nos provocan a tomar una postura urgente, y sin embargo, la apatía, el desánimo o el miedo, campean a sus anchas por entre nosotros.

El movimiento #yosoy132 se presentaba como un movimiento de jóvenes, prometedor, que incluso fue comparado con aquel de 1968. La experiencia de los países de África del Norte anunciaba la posibilidad de un movimiento más que significativo y de ocasión. Pero no fue así.

No pretendo tener una explicación para estos acontecimientos. Prefiero leerlos a la luz de la fe. Y más que con fe, con la esperanza que animaba al profeta de Nazaret a compartir cinco panes y dos peces con multitudes de personas.

Jesús exhortaba a sus discípulos a orar sin cesar y a pedir al Padre todo aquello que se necesita, como si ya se poseyera. Y no hay que olvidar que lo primero en la lista de peticiones del padrenuestro es ¡venga tu Reino!

Así, si oro con la convicción de que el Reino ya está en la Tierra (¡y lo está!) me queda agradecer a Dios por sus dones, por su amor y misericordia, y me corresponde mantener, conservar y hacer vida –todos los días- esos dones.

De esta forma vivo en clave del Reino, yo mismo he de procurar la justicia, el gozo, la paz, la equidad, la solidaridad, y todas aquellas actitudes y virtudes que describen al Reino de Dios.

Franz Hinkelammert en la “Crítica de la Razón utópica” explica que la auténtica utopía está enraizada en la realidad cotidiana, no en ideales imposibles. Y es así como puede conservarse la esperanza y el entusiasmo. Es así cuando se puede leer que aquellos ideales de los jóvenes del movimiento estudiantil de 1968 siguen vigentes. Pero no solo como un proyecto nacional para el país, sino para cada uno de nosotros en el ámbito individual, que estamos invitados a hacer vida todos los días: la igualdad, la fraternidad, la justicia, la equidad, la democracia…

En fin. Como muchas cosas en nuestra vida, tenemos la posibilidad de ver esto con esperanza, si lo queremos. Ojalá que sea así.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

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gabrioignaz@yahoo.com

Hacia un Horizonte Ético


Por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

imagen tomada de celtiberia.net

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Los ideólogos y analistas, así como los historiadores y filósofos coinciden en señalar que nuestro mundo vive una época completamente nueva en la historia.

Para algunos es algo más profundo que un simple cambio de mentalidad o de meros adelantos tecnológicos. Señalan algunos otros que estamos ante el reacomodo de los elementos que conforman lo que se ha llamado Modernidad. La economía, la religión, el orden internacional y el antropocentrismo han sufrido transformaciones dolorosas a lo largo de la historia de los últimos dos siglos y, a partir de la segunda mitad del siglo XX estaríamos asistiendo a la crisis de ese modelo de cultura y sociedad.

Para otros, estamos ante un cambio mucho más hondo y profundo. No solo es el reacomodo de los elementos modernos, sino su transformación, o incluso su fin. Así, estaríamos ante una nueva conformación cultural, enteramente diferente a la Modernidad. Esto lo han llamado posmodernidad o tardomodernidad.

En esta nueva etapa de la humanidad, las sociedades han reconfigurado los factores que le dan su propia identidad y se busca, de una u otra forma, paliar los errores modernos. Así, uno de los elementos claves de esta época es la ética. De acuerdo con esta situación, asistimos a la disolución de la historia, pues esta condujo al hombre a los holocaustos étnicos, a la guerra nuclear y al desastre ecológico. Por ello, ya no podemos sostener una escala de valores anclada en esos proyectos de progreso y desarrollo al modo del capitalismo o del socialismo del siglo XX. Por eso, la estética sustituye a la ética.

Ya que no hay origen ni fin, cualquier dirección es válida. Vivir y disfrutar el presente, que es la única condición que posee el sujeto, es la norma. Por estética se entiende todo lo que tiene que ver con la percepción y que atrae y mantiene la atención por su valor intrínseco, no por su utilidad en orden a un fin. El egoísmo hedonista es el criterio práctico, se promueven grupos de encuentros, terapias de sentimientos, cuidados del cuerpo, masajes, pedagogía del contacto y más.

Sin embargo, no todo está “perdido”, o no hay que ser tan pesimistas. Ya desde el siglo XX se ha dado en llamar a la ética “filosofía primera”. Por ética se entiende la responsabilidad de cada uno para con los demás; una responsabilidad que es irremplazable e indelegable.

Pero ¿quiénes son “los demás”? los demás, el otro o la otra, es el rostro en cuanto realidad expresiva. Ese rostro interpela, cuestiona, se torna desafío ético para la libertad y, especialmente, el rostro del que sufre, del marginado, del doliente. Estos se vuelven palabra, solicitud, súplica que pide respuesta, ayuda, compasión. De ahí emana la responsabilidad para con los demás, no de un contrato.

La conciencia es la urgencia de una destinación que conduce al otro, y no un eterno retorno de sí. Es inocencia que no cae en ingenuidad, rectitud que no desemboca en necedad, rectitud absoluta que es asimismo, crítica de sí.

Desde esta perspectiva, la filosofía ha reelaborado el imperativo categórico de Kant:

“En lugar de considerar como válida para todos los demás cualquier máxima que quieras ver erigida en ley universal, somete tu máxima a la consideración de todos los demás con el fin de hacer valer discursivamente su pretensión de universalidad” J. Habermas (dialógico-subjetivo);

“En cualquier situación debe lograrse un consenso con el fin de formar una voluntad solidaria “ K.O. Apel (consensual);

“Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una auténtica vida humana sobre la tierra” Hans Jonas (antropo-ecológico);

“Obra de tal manera que las consecuencias de tu acción no sean destructivas para con la naturaleza, la vida y la tierra” L. Boff (eco-teológico);

“Obra de tal manera que ajustes tu máxima de conducta, o de acción, a tu propia condición humana, a tu condición de habitante de frontera” E. Trías (condición fronteriza).

Hay que distinguir también dos tipos de intersubjetividad y de solidaridad: la simétrica o descendente (por consenso entre iguales) y la asimétrica o ascendente, que tiene en cuenta de manera preferente los derechos de los no-iguales, excluidos del consenso entre iguales. Así, la solidaridad asimétrica se da desde la compasión a partir de los intereses de los no-sujetos.

La estructura formal de la inteligencia no consiste solo en la comprensión del ser o en la captación del sentido. Comprende también, y en su núcleo, aprehender la realidad y el enfrentarse con ella, que comporta, a su vez, tres aspectos: 1) el hacerse cargo de la realidad. Es decir, estar en la realidad de las cosas a través de sus mediaciones materiales y activas; 2) el cargar con la realidad. Es decir, tener en cuenta el carácter ético fundamental del inteligir humano; 3) el encargarse de la realidad. Es decir, reconocer la dimensión práxica de la inteligencia.

Y a partir de aquí, es mucho lo que podremos lograr.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

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¿Hay lugar para Cristo en la Posmodernidad?

Autor: Carlos Moreno

imagen tomada de brujakozmica.blogspot.com

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¿De qué se trata la existencia? ¿De qué se trata la instancia del hombre en la tierra? ¿De qué se trata su paso efímero en esta parte del Cosmos? ¿La vida tiene sentido, o lo adquiere o uno se lo inventa o simplemente somos un error filogenético? ¿Tenía razón Milán Kundera cuando inventó ese título de “La insoportable levedad del ser”?

Me dicen que todo se reduce a la percepción, que todo depende con el cristal con que se mira, que es cuestión de actitud, que la realidad no te afecta sino la manera en que percibes. Otros más alegóricos afirman científicamente que “cada quien habla como le fue en la feria” o en el baile, dependiendo de la afición del hablante.

Tal parece que para unos el sentido de su existencia es vivir briagos, “el que vino al mundo y no tomó vino entonces a qué chingados vino” dice un axioma de nuestra cultura mexicana. Y no solo es ponerse borracho, además es aderezarlo con la música ad hoc: “ando bien pedo, bien loco”. Esa sería una respuesta existencial a la interrogante sobre el sentido de nuestra estadía terrenal.

Otros que van de la mano de dicho grupo de libadores son los llamados “hedonistas posmodernos”. Sabemos que el sujeto hedonista existe desde que el hombre hizo del pensamiento una forma de vida, como los pre-socráticos, acordémonos de la eterna lucha entre los “hedonistas” y los “eudemonistas”; los primeros decían que el sentido de la existencia era el placer corporal, el aquí y el ahora, lo efímero, lo espontáneo, lo momentáneo. En cambio los “eudemonistas” opinaban que el sentido de la existencia se obtenía cuando el sujeto buscaba la felicidad en compañía de sus seres queridos; es decir el hedonista buscaba una “felicidad” egoísta y el eudemonista buscaba una felicidad comunitaria. Hoy ya no hay lugar para los eudemonistas, están desterrados, lejos de los planes actuales, lo de hoy es ser hedonista, vivir bajo el principio del placer, “lo hago porque me da placer, si exige de mí algo de sacrificio ni me lo menciones”, parece ser el eslogan de los hedonistas posmodernos. El hedonista posmoderno busca el placer en la televisión, en el sexo desenfrenado, en internet, chateando, comiendo, etc. entre menos esfuerzo exija la cuestión es mejor. Tal parece que de humanos poco nos queda. Los placeres que están en boga están íntimamente relacionados con las necesidades fisiológicas: dormir, comer, evacuar y fornicar.

Ante tal panorama: ¿existe un lugar para Cristo? Tal parece que la existencia actual se vive tan aprisa que no volteamos o más bien no queremos voltear a ver la propuesta del Nazareno. Muchos afirman que el Sentido de la Vida es encontrarse con la Divinidad, tener ese encuentro con Dios aquí en la Tierra, pero dicho discurso es antagónico con los preceptos de la moral en turno. Pocos años tenemos como sujetos civilizados, y también en pocos años las reglas de la vida se han trastocado; si seguimos así, que no nos extrañe que formemos parte de la última Generación de mortales que habitaron un día este planeta pequeñito llamado Tierra.

@CarlosLector

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa (Monclova, Coahuila. Mx.)

¿Para qué sirve creer en Cristo?


Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

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En días pasados leía en las noticias que una señora había reclamado a un sacerdote de la ciudad por su participación con el grupo de “Indignados” que reclaman cuentas claras al gobierno estatal, ejecutivo y legislativo, como parte de la necesaria y urgente toma de conciencia ciudadana por un mejor Coahuila.

La raíz del conflicto se centró en por qué un sacerdote tiene que meterse en “política” en lugar de estar en la iglesia rezando o celebrando sacramentos. La respuesta del sacerdote Adolfo Huerta fue: “No se puede ser católico y no estar indignado”.

Una vez más volvemos a la falsa polémica de “Al César lo que es del César…”. Sí, polémica falsa, porque Jesús de Nazaret, el Cristo en el que creemos los que nos llamamos cristianos, nos guste o no, fue un ajusticiado político. Claramente los evangelios explican que la causa de la condena de Jesús fue hacerse llamar Rey de los Judíos.

Así, el creyente en Cristo está necesariamente atado a una consecuencia política de su fe: hacer presente el Reino.

El reino, por el que vivió, predicó, luchó y murió Jesús implica la inversión de los “valores” tradicionales de la sociedad, no se diga de una sociedad de consumo como esta, donde el dinero, el poder y el tener están por encima de la persona, de su bienestar, de su felicidad…

Cuando el evangelio dice por boca de María que Dios “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y despide vacíos a los ricos” se está proclamando desde la fe, que este es el proyecto de Dios para la humanidad: no a la historia de dolor, pobreza y sufrimiento de la humanidad.

¿Cómo podemos llamarnos cristianos si solapamos una estructura social desigual, basada en el consumo y el poder? ¿Cómo puedo creer en Cristo y confesarlo como Señor si mi vida es una realidad diametralmente opuesta al proyecto del Reino? ¿Cómo puedo decirme cristiano si no me preocupa el destino infeliz de los demás seres humanos?

Jesús viene de Dios, no con poder y gloria, sino como un cordero indefenso e inerme. Nunca se impondrá por la fuerza, a nadie forzará a creer en él. Un día será sacrificado en una cruz. Los que quieran seguirle lo habrán de acoger libremente.

Los discípulos que siguen a Jesús saben que hay algo en él que los atrae aunque no saben quién es ni hacia dónde los lleva. Sin embargo, para seguir a Jesús no basta escuchar lo que otros dicen de él. Es necesaria una experiencia personal.

Por eso, Jesús se vuelve y hace una pregunta muy importante: ¿Qué buscan? Éstas son las primeras palabras de Jesús a quienes lo siguen. No se puede caminar tras sus pasos de cualquier manera. ¿Qué esperamos de él? ¿Por qué le seguimos? ¿Qué buscamos?

En la Iglesia y fuera de ella, son bastantes los que viven hoy perdidos en el laberinto de la vida, sin caminos y sin orientación. Algunos comienzan a sentir con fuerza la necesidad de aprender a vivir de manera diferente, más humana, más sana y más digna. Encontrarse con Jesús puede ser para ellos la gran noticia. Es difícil acercarse a ese Jesús narrado por los evangelistas sin sentirnos atraídos por su persona. Jesús abre un horizonte nuevo a nuestra vida. Enseña a vivir desde un Dios que quiere para nosotros lo mejor. Poco a poco nos va liberando de engaños, miedos y egoísmos que nos están bloqueando.

Quien se pone en camino tras él comienza a recuperar la alegría y la sensibilidad hacia los que sufren. Empieza a vivir con más verdad y generosidad, con más sentido y esperanza. Cuando uno se encuentra con Jesús tiene la sensación de que empieza por fin a vivir la vida desde su raíz, pues comienza a vivir desde un Dios Bueno, más humano, más amigo y salvador que todas nuestras teorías. Todo empieza a ser diferente.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

No + sangre.

Alto a la guerra absurda.

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Tolerancia: Individualismo y Religión

 Escrito por: Jorge Anaya

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En los pasados días se ha celebrado el “Día Mundial de la Tolerancia”, día en que los seres humanos hacemos votos de respeto en tres temas sensibles que conforman la identidad de la mayoría de los seres humanos: raza, sexo (orientación, preferencia, identidad, etc.) y religión. Estas tres se dan en el ámbito más natural de la persona humana, sin embargo podemos preguntarnos: ¿son evidentes para todos los seres humanos? Sobre la primera podemos decir que sí, la raza de la persona es lo más evidente que hay: no podemos ocultar nuestra raza, pues es parte de nuestra fisonomía y de nuestro carácter cultural propio de nuestro ser humano de hecho es lo que somos.

Sobre la sexualidad la evidencia es en el ser sexuado: hombre y mujer son lo evidente, la orientación y preferencia solo las conocemos por el conocimiento del otro: la alteridad. Así podemos notar que estos signos sensibles que defiende la tolerancia tiene que ver con el conocimiento del otro, de la relaciones que conformamos con los demás seres humanos en su individualidad o, mejor aún, en su persona.

La tolerancia, por tanto, es fruto de la alteridad es respetar al otro en su humanidad aunque la compresión de esta humanidad no nos sea posible. De las dos primeras nos queda claro que ha existido un avance muy claro sobre ellas en materia de derechos humanos y en el ámbito de la convivencia social del día a día, pero sobre la tercera las cosas cada vez quedan cada vez menos claras.

Ponemos nosotros religión por no usar creencias que es más amplio y ambiguo, las creencias son individuales totalmente y son parte de la idiosincrasia de cada persona, la religión, por otro lado, son comunidades humanas que los une la fe, muy distinta a la creencia. La fe es lo que hace a la religión, sin embargo el nivel de la fe es un bien del ser humano que requiere un esfuerzo aún más grande de conocimiento, la fe necesita de comunicación; pues estamos seguros que tanto lo referente a la raza y sexo, con todas sus derivaciones, queda en un plano de evidencia a primera vista, no así la religión que como hemos dicho necesita de la comunicación.

No es fácil verbalizar los términos de la fe, ni para los creyentes ni para sus representantes (sacerdotes, ministros, Atalayas, gurús, etc.) pues se necesita de una permanente comunión en comunidad para ser parte de la fe.

La fe no es un hecho individual, es el fruto de la vida en comunidad, la fe no es posible para el individuo aislado, es necesario ser parte de la vida de todos los días compartiendo los términos esenciales de toda fe: amor al prójimo, esperanza en bienes imperecederos y justicia. Estos no se pueden entender en el aislamiento, se necesita ser parte de una de ellas para comprender lo ámbitos que toca la vida de la religión: toca todas las partes de la vida cotidiana, pero es dentro de una comunidad donde se vive la realización del fenómeno religioso.

Hay una escena de la película “París, te amo” donde un grupo de jóvenes lanzan piropos a las mujeres, una adolescente sentada cerca de ellos trae un Hiyab, velo musulmán, uno de los jóvenes se ve atraído por ello, va a su encuentro y le pregunta por qué lo lleva puesto, tomando en cuenta que en la mentalidad de la gente más joven lo religioso no es parte del “ser joven”,  ella le dice: “porque me hace parte de algo”. La religión no es para los aislados es para los que son parte de algo.

El individualismo nace como fruto de la sociedad liberal-capitalista. Los derechos del individuo sobre los poderes del Estado o de lo Comunitario, en sus dos acepciones, de tal forma que se exaltan estos derechos del individuo por encima de los otros. Es fácil así entender el porqué de los problemas para entender a la religión dentro de los nuevos paradigmas regidos por el individualismo: no son evidentes para el individualismo porque supone la pérdida de un “avance” de la posmodernidad.

Si la religión en la mayoría de los países occidentales ha quedad confinado a la vivencia de lo particular, de lo que se vive dentro de la casa y ahí se queda aunque se puede celebrar los cultos en los sitios indicados para este fin. El individuo puede ser “religioso” pero no vivir en una religión; de ahí que se desencanta todo el aspecto natural y propio de la religión que es la vida comunitaria: se acepta al individuo religioso, pero no a la religión. Por eso los términos de tolerancia a la religión no son claros: tienen derecho a que se respete las creencias del individuo, pero hay un NO rotundo que se opone a la religión, por eso es respetable toda creencia: esoterismo, ufología, trascendentalismo, etc. porque la creencia es parte de la idiosincrasia del individuo, no así a la religión por ser opuesta a los individuos.

La tolerancia con respecto a la religión es una asunto pendiente. Hay que recordar que la tolerancia como tal surge dentro de las controversias de la religión ya que ésta nace en los países que tiene una religión predominante ante otras comunidades que profesan una fe diferente y tiene que convivir de formas distintas. La tolerancia es un tema religioso antes que laical o secular, es en principio el respeto a los otros por ser eso otros o los otros. Los distintos, los que no son parte de la comunidad, los que no se mezclan con la religión predominante, que claman en su vida comunitaria su carácter individualidad.

La religión es el último bastión del individuo que hace y vive en comunidad por propia voluntad, pues su adhesión a ella es por razón de sus propias convicciones y valores, el “individualismo religioso” no es religión como tal, pues el bien mayor de la religión es “ser parte de algo” de una comunidad, de vivir de acuerdo a los valores de la fe que no son posibles de verbalizar en su totalidad sino se viven en comunidad.

La vida de comunidad es la forma en que esa verbalización es posible, es un lenguaje propio al cual no es accesible a la vida de fe. El individualismo, por sus características más deformadas, no admite ese lenguaje en términos no verbales. La verbalidad de la religión es el acto de fe vivida en comunidad. Así, la tolerancia sobre la religión todavía es un asunto pendiente y que provocara roces constantemente, lo que queda para la reflexión es la manera como se tornan las opiniones que al polarizarse causan un alejamiento sobre el tema provocando un malestar que turbia la vida de las personas.

La tolerancia posmodernista esta en términos de beneficiar al individualismo de ahí que las expresiones para debatir sobre el tema esté ambiguo: “Es lo que pienso…”, “no sé porqué te ofendes”, “Yo solo es lo que digo”, etc., que se acuñan en la aversión y agresión que se engendran en razón que se piensa como “una idiosincrasia mas”, una ocurrencia y no vista como un acto comunitario al que se ciñe la vida de millones de individuos que viven y hacen comunidad mediante la fe de ahí “la sorpresa” de el “no sé porque se ofenden” o el clamor “¡estamos en pleno siglo XXI!” de parte de los individualistas seculares que solo reconocen que la única comunidad que existe es la que nace mediante el contrato social o las leyes de la supervivencia de la especie. La razón también se cierra no es solo vicio de la religión.

¿POSMODERNO YO?


Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

La siguiente es una sencilla encuesta para que usted, amable lector, mida sus niveles de posmodernidad. Ninguna persona, hoy día, puede considerarse no influenciada por este cambio de época, podrá haber opositores recalcitrantes, pero difícilmente se encontrará alguien que no esté influido por este cambio de época.

Bien, a cada planteamiento, responda honestamente y tome muy en cuenta el inciso que se ajusta con su respuesta.

1. Usted escucha en las noticias que se ha descubierto un planeta de condiciones semejantes a las de la Tierra y que hay posibilidades de vivir en él y piensa:

            a) la ciencia promete mucho, pero eso es imposible;

            b) es probable, pero la dificultad principal está en la transportación y en el financiamiento, pero igual cuando eso pase ya estaré muerto;

            c) los avances científico-técnicos nos sorprenden a diario, y un día conquistaremos el espacio.

2. De sus amigos y compañeros de trabajo, la mayoría pertenecen a un club, a un grupo religioso o a un partido político, y usted piensa que:

            a) cada quien tiene derecho de reunirse con las personas que piensan como uno, y de sentirse a gusto con personas afines;

            b) eso es pérdida de tiempo y habrían de ocuparlo en cosas de provecho;

            c) cada quien puede hacer con su vida lo que quiera mientras lo dejen a usted en paz.

3. Usted se entera que en Venezuela, el gobierno clausuró un canal de televisión que tenía más de 30 años al aire y piensa que:

            a) eso no tiene nada que ver conmigo. Venezuela está muy lejos de mi casa;

            b) las comunicaciones modernas son una maravilla, y el internet puede suplir la ausencia del canal de TV;

            c) hay que levantar firmas y reclamar en la embajada de Venezuela por el atropello a los derechos humanos de los venezolanos que ha cometido el gobierno.

4. Cuando tiene oportunidad, usted prefiere en ver en la televisión:

            a) programas que le distraigan, le hagan reír y le hagan olvidar las dificultades cotidianas haciéndole más llevadera la vida;

            b) deportes;

            c) noticieros y programas de análisis político.

5. Para estar al día y poder opinar sobre los temas de interés, usted:

            a) no pierde de vista lo que dicen en la TV, el radio y el internet al respecto;

            b) escucha a sus amigos y lee libros sobre esos temas;

            c) usted se forma su propia opinión a partir de su experiencia y conocimiento.

6. Su hijo le platica que en la escuela castigaron a unos estudiantes por indisciplina y usted piensa que:

            a) antes de emitir un juicio hay que entender la posición de cada uno de los implicados y clarificar muy bien cómo pasaron las cosas;

            b) qué bueno que su hijo nunca se mete en líos, pero que aprenda de lo sucedido;

            c) el reglamento de la escuela se tiene que hacer respetar sin concesión alguna.

7. Usted se entera que el hijo de un conocido suyo se ha declarado homosexual y usted piensa que:

            a) es normal y en el mundo de hoy las personas diferentes como los homosexuales, los indígenas, los inmigrantes, han conquistado sus espacios;

            b) mientras no se metan conmigo, que hagan lo que quieran;

            c) esas personas están mal, están enfermas y no deberían ni salir a la calle.

8. Un compañero de trabajo le platica que asiste a terapia para superar algunas situaciones de su personalidad y usted piensa que:

            a) es algo excelente el que las personas quieran entenderse a sí mismo y estar en armonía con todos;

            b) eso no sirve, los terapeutas sólo engañan a la gente, debería mejor de confesarse para que ponga en paz su conciencia

            c) la psicología es una herramienta que ha mostrado científicamente que puede cambiar a una persona.

9. Los monjes tibetanos visitan la ciudad y se presentan en público. Usted opina que:

            a) ojalá toda la ciudad pudiera asistir al rito de purificación que hacen con su canto, pues la sociedad lo necesita;

            b) es un evento cultural interesante y que bien podría valer la pena asistir;

            c) México es un país católico y guadalupano y que mejor vayan todos a misa.

10. Ante la problemática del calentamiento global, usted opina que:

            a) tenemos que cambiar nuestras actitudes y nuestras prácticas, volviendo a lo natural y respetando la naturaleza;

            b) los gobiernos exageran, cuando todas esas catástrofes pasen ya no estaremos aquí;

            c) ese no es mi problema. Yo pago agua, luz y gasolina y tengo derecho a usarles como yo quiera.

Si usted respondió a 5 o más respuestas con el inciso a, definitivamente es posmoderno. El cambio de época le ha sentado bien y ha moldeado sus criterios.

Si usted respondió a 5 o más respuestas con el inciso b, usted está en una especie de limbo y comparte muchos criterios de la llamada generación X o generación perdida.

Si usted respondió a 5 o más respuestas con el inciso c, es alguien anclado en la modernidad científica, más aún puede ser alguien radicalmente opuesto y hostil a la dinámica posmoderna.

Si en sus respuestas no hay una tendencia clara asómbrese, en la posmodernidad no hay absolutos.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

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