Bruta, ciega y sordomuda

Escribe: Anel Hernández Sotelo

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imagen tomada de bellasartesurjc.wordpress.com

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La academia mexicana y la domesticación del pensamiento crítico

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Estado y gobierno son dos nociones que en la praxis política mexicana se funden en una sola.  Justo sería entonces reconocer el legado de Luis XIV a los fundamentos de la “democracia” mexicana.  Si bien, resulta poco probable que quienes ostentan los cargos de gobierno sean capaces de esbozar un somero perfil histórico del monarca francés, en la práctica ejercen el poder con la máxima que a éste se le atribuye: “El Estado soy yo”. Y es que en México el Estado es el presidente, aunque también lo es el policía judicial, el diputado, el senador, el presidente municipal, el jefe delegacional, la secretaria del Ministerio Público, el juez de oficio, el empresario, el narcopolítico, el presentador del noticiero, el arzobispo y, más recientemente, son también Estado los dirigentes de la Policía Federal, la Policía Rural, la Fuerza Ciudadana y la Gendarmería. En este país miserable, el que humilla, ofende, desprecia, oprime, viola y mata es Estado. Los demás son sólo súbditos.

El buen súbdito, entonces, percibe al Estado como un ente de doble envergadura. Está prohibido disentir, exigir, opinar y criticar. El buen súbdito calla porque con su silencio obtiene las dádivas que los que disienten, exigen, opinan y critican jamás obtendrán. Así, el gobierno-Estado es percibido como un ente benefactor que se traviste con el rostro del personaje en turno. Los programas sociales y culturales,  las inversiones a instituciones científicas y educativas, los incentivos al desarrollo agrario y la promoción a los pequeños comerciantes,  son percibidos como producto de un aparato asistencialista que providencialmente da, obsequia y regala subsidios -según el más puro axioma de la caridad cristiana- a quienes entienden los beneficios del silencio. Nada más lejos de la realidad porque las arcas del Estado las llenamos, ahora sí, los ciudadanos que pagamos impuestos. Las instancias administrativas gubernamentales hacen un reparto corrupto de nuestros haberes. En manos de asesinos, traficantes, depravados y ladrones que ostentan los cargos públicos, este reparto es el que posibilita el lavado de dinero, el tráfico de influencias, los crímenes masivos y la emergencia y el mantenimiento de sistemas represores “a la carta”.

En este sistema de súbditos y ciudadanos a conveniencia, ¿quienes integran las instituciones universitarias y de investigación merecen un lugar aparte? ¿Los catedráticos, los profesores eméritos, los directores de los centros públicos de investigación, los que ostentan plazas de tiempo completo como profesionales de la educación superior, son súbditos o ciudadanos? Héctor Rojas apunta que “el índice de analfabetismo en México ha permanecido intacto en diez años, cerca de 6.8 por ciento de la población nacional mayor de 15 años es analfabeta. Ahora la cifra alcanza unos seis millones de mexicanos que no saben leer ni escribir […] En 2000, eran 5 millones 942 mil. En 2010 descendió medio millón. Cuatro años después, hoy, la cifra volvió a aumentar, no así el porcentaje, 5.8 millones de mexicanos analfabetas”.[1] Y, según el Censo Nacional de Población y Vivienda 2010, el 71.9% de los jóvenes mexicanos entre los 18 y los 24 años carecían de posibilidades para asistir a una institución de educación superior (no hay señales de que la situación haya mejorado en los cuatro años posteriores al conteo de población levantado en 2010). [2]  Hay que añadir a este deprimente panorama los altos índices de deserción estudiantil, el bajo porcentaje de universitarios titulados y el nimio porcentaje de profesionistas que obtienen estudios de posgrado.

Sin embargo, en las instituciones públicas de educación superior y en los centros públicos de investigación auspiciados por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, la realidad parece ser otra. El ambiente de estos sitios es idílico, es el Otro México. Hay doctores, maestros, catedráticos y profesores eméritos por doquier. Los más, instruyen a los estudiantes de grado y de posgrado en la disciplina de la reverencia a cierto autor o a ellos mismos, sin glosas, sin matices y sin debate. Los menos, hacen de cada clase un ágora donde se vincula el objeto de estudio con las vivencias actuales. Los más, reciclan sus investigaciones una y otra vez para coleccionar diferentes versiones del mismo texto que presentan ante el Sistema Nacional de Investigadores de trienio en trienio. Los menos, utilizan el tiempo que los más ocupan en maquillar sus textos de “nuevos” para preparar clases, corregir trabajos, explorar fórmulas pedagógicas y debatir sobre el México real. Los más ganan fama y prestigio. Los menos ganan respeto y admiración.

Desgraciadamente, la línea sublime que diferenciaba a los más de los menos parece haberse diluido en los últimos dos años. Quizá fue mucho antes, pero ahora es evidente. La selecta y privilegiada clase académica de este país ha mostrado una absoluta indiferencia ante la vorágine de acontecimientos, de reclamos sociales, de crímenes de Estado y de reformas constitucionales dictadas “para el pueblo pero sin el pueblo”. Algunos incluso se han decantado por la criminalización de la protesta; otros han defendido a personajes como Rosa Verduzco, utilizando el lenguaje “de los letrados” para plasmar el pensamiento propio de los confesores eclesiásticos. Los más histriónicos, aparecen en televisión, se les escucha en la radio, graban spots digitales y dictan conferencias magistrales pero su exposición se reduce al desarrollo de sus intereses de investigación, sin añadir comentario sobre el estado del Estado, sin proponer, sin objetar, sin indignarse… Y aún hay más. Los académicos que ocupan las rectorías universitarias y las presidencias de los centros de investigación se han asumido como vástagos de ese Estado que venimos esbozando y solapan el plagio, el desvío de recursos, la existencia de cacicazgos, la corrupción con que se convocan y concursan las plazas para profesores de tiempo completo y promueven el descrédito de los colegas que, al verter sus críticas a este sistema educativo podrido, resultan incómodos. Incluso, al gremio de los narcoempresarios, narcobanqueros y narcopolíticos hay que agregar ahora un selecto grupo salido de la clase más preparada de este país: los eméritos narcoacadémicos.[3]

 

Brutalidad, ceguera y sordomudez es lo que ha manifestado la elite intelectual y académica de México. Pero ellos también han de recordar que son tales en tanto que es del erario público de lo que viven. De las arcas del Estado corruptamente repartidas -y que parecen infinitas- se pagan su salario, sus viáticos para asistir a congresos nacionales e internacionales, sus prestaciones, el inmobiliario de su despacho, los bonos para la compra de libros y materiales, el mantenimiento del centro donde laboran, las hojas y la tinta para imprimir, el equipo de cómputo y el café que todas las mañanas toman, sea de la calidad que sea. ¿Ciudadanos o súbditos? ¿Instructores o educadores? ¿Agentes de cambio social o perpetuadores de la omisión y la impunidad?

 

imagen enviada por la autora del texto

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Estudiantes de la Escuela Nacional de Arte Teatral

Performance en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México

https://www.youtube.com/watch?v=ivJulIYWuQs#t=205

 

Zamora, Mich., 20 de octubre de 2014

 

[1] ROJAS, Héctor, “Analfabetismo en México, una realidad de alto riesgo” en Educación futura, 20 de junio de 2014. Recurso digital. Disponible en http://www.educacionfutura.org/analfabetismo-en-mexico-una-realidad-de-alto-riesgo/; última consulta: 20 de octubre de 2014.

[2] FUENTES, Mario Luis, “Exclusión: signo de la educación superior” en México social, 8 de octubre de 2013. Recurso digital. Disponible en http://mexicosocial.org/index.php/mexico-social-en-excelsior/item/384-exclusion-signo-de-la-educacion-superior; última consulta: 20 de octubre de 2014.

[3] VILLANUEVA, Ernesto, “El mundo al revés. Diego Valadés y el Cártel de Juárez” en Noroeste. El portal de Sinaloa, 13 de octubre de 2014. Recurso digital. Disponible en http://www.noroeste.com.mx/opinion.php?id_seccion=104; última consulta: 20 de octubre de 2014.

Mexicanos, Petróleo y Psicoanálisis

Escribe:  José Antonio Lara Peinado

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imagen tomada de blogdeizquierda.com

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Ante el inminente debate que está por venir valdría la pena preguntarnos acerca de aquello que simbólicamente representa el Petróleo para los Mexicanos, considero que la discusión no solo parte de lo Neoliberal-Político, propongo analizarlo desde lo emocional-simbólico.

El mundo actual ha roto el sentido de humanidad del hombre, es el dinero, los bienes materiales, la posesión y el consumismo los nuevos valores impuestos por el Neoliberalismo al Ser, los representantes de este Neoliberalismo, llámense empresarios, gobernantes y políticos, han adoptado discursos hipócritas para engañar y vender, es decir, sus discursos parecen sostenerse desde presupuestos de buena voluntad, (que les sirven para ofertar) aunque en el fondo lo prioritario es el dinero, que convertido en su nuevo dios, los vuelve cínicos y mercenarios.

Con más de 50 millones de pobres en este país (derivado de esta política económica) se plantea una reforma energética, aunque comprobado está que privatizar, vender y comercializar los bienes de la nación no ha hecho sino más ricos a los ricos y a los pobres más pobres.

En medio de esta cruda realidad, ¿Alguien se ha preguntado qué representa psíquicamente el Petróleo para los Mexicanos?, ¿Qué tiene que ver esto con la autoestima y la identidad? Me permito dos respuestas y una conclusión.

1.- El Mexicano tiene una larga cadena de pérdidas; a manos de Españoles los pueblos originarios perdieron identidad, lenguaje, cultura, el genocidio no solo derivo en saqueo, esclavismo y violaciones, también derivó en la construcción psíquica de que se nos puede arrebatar, robar, ultrajar, en la triste idea de que el Mexicano solo sirve para servir, para obedecer, la independencia dejó otro vacio, los indígenas, el pueblo en general siguió viviendo en las mismas condiciones, la revolución nuevamente dejó ver una ilusión, pero otra vez los pobres siguieron siendo pobres, en esta larga cadena de duelos (que en el aquí y ahora nos pesan emocionalmente), aparece Cárdenas con la expropiación petrolera, por primera vez en el inconsciente del Mexicano se construye una idea que permite pelear con los fantasmas del pasado, el Mexicano le arrebata a los extranjeros lo que de sí le pertenece, el Mexicano por primera vez gana, no una batalla, o un partido de futbol, el Mexicano gana ese oro negro, con el cual se identifica, simbólicamente el Petróleo aparece como una revancha del Mexicano, por eso la gente salió a la calle, por eso llevó gallinas, dinero, lo que fuera, porque lo trascendental no era lo económico, era y es simbólicamente, el cobrarnos una deuda emocional, después de tantas muertes, saqueos, robos y violaciones.

La expropiación petrolera se convierte pues en un mito, y como tal, permite una cohesión entre el psiquismo y la realidad, es decir, permite explicar y justificar algo del sufrimiento del Mexicano.

Lamentablemente el síndrome de chingado y conquistado, aparece en los directivos, dirigentes sindicales y gobiernos en turno, que convertidos en los nuevos saqueadores del pueblo, roban, y llevan a la quiebra a PEMEX, de manera por demás patológica utilizan esa aparente quiebra que ellos provocaron para justificar nuevamente la intervención extranjera, estos sujetos que carecen de figura materna no les importa en lo más mínimo lo que representa simbólicamente el Petróleo, bien por el contrario, estos genocidas modernos no tienen patria ni identidad, su madre es transnacional y su padre Neoliberal.

2.- En torno a la segunda pregunta, los pueblos requieren elementos simbólicos que les permitan cohesionarse para construir identidad, esa identidad tiene que ver con la autoestima y el bienestar social, el amor a nosotros mismos no pasa solamente por lo que nuestros padres introyectaron en nuestra psique, también pasa por lo que históricamente sabemos de nosotros, de la comunidad y del país en donde nacimos, en México se han encargado durante décadas (los mismos que ahora proponen la reforma energética) a contarnos la historia de los vencedores, de los saqueadores, es decir, llevamos más de quinientos años escuchando una historia en donde siempre perdemos, eso golpea directamente a nuestra autoestima como personas y como pueblo, ahora nos vienen a decir, que son los extranjeros los que van a venir a salvarnos, los que nos van hacer competitivos, estos discursos no hacen sino reforzar la idea de que el Mexicano es incapaz de crear, producir, construir tecnología y desarrollo, lo que no dicen es que el aparente atraso de la industria petrolera en este país no es por culpa del pueblo, es por culpa de los directores, secretarios generales del sindicato, gobiernos en turno, que son los directamente responsables de lo que le pasa a la empresa.

Conclusiones.

El tema del Petróleo no debe de discutirse únicamente desde lo económico-político, es pertinente abrir la discusión también desde lo psíquico –afectivo, nos queda claro que para los nuevos conquistadores de los mercados emergentes, hablar de nacionalismo, identidad, afectos, es algo fuera de moda, caduco e intrascendente, sin embargo dadas las circunstancias actuales del país eso que para ellos es intrascendente, es lo único que puede sacar a México del atraso en el cual los nuevos genocidas del pueblo nos han metido.

La huella psíquica que representó en los Mexicanos la expropiación petrolera, no es algo que haya que echar por la borda, es tiempo de apostarle a los jóvenes, pueblo e investigadores nacionales, la esperanza de construir el futuro con el oro negro, el Mexicano es capaz, trabajador, a diferencia de los políticos en turno, que son corruptos y cínicos, el pueblo, los pobres, han demostrado que es posible salir adelante, desechar lo que simbólicamente le permite al Mexicano construir su autoestima social, no solo provocará una sociedad deprimida, provocará una sociedad que desquite con sus semejantes la frustración de saberse otra vez robados por los extranjeros y políticos que como Porfirio Díaz se sienten de cualquier otro país menos de México.

DR. JOSE ANTONIO LARA PEINADO

Autor de los libros: “Psicoanálisis del poder en México”, “El mal-estar docente en México” y “A. La mujer sin habla, el tratamiento Psicoanalítico de una esquizofrenia” “Titular de la investigación: “Salud emocional docente”, El tratamiento Psicoanalítico de la esquizofrenia y La Pedagogía de los nadie” Conferencista magistral en congresos nacionales e internacionales en temas de Psicoanálisis, Salud mental y Educación.