¿Buena Noticia?

 

Escrito por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

imagen tomada de comunioncatolicaanglicana.blogspot.mx

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¿Es Jesús una buena noticia? Esta pregunta puede resultar chocante, pero necesaria, como apunta Jon Sobrino. Y es que no es lo mismo aceptar que Jesús es Dios y hombre, Señor y mesías, que aceptar algo tan sencillo como que Jesús es «una buena persona», es alguien que «cae bien», que «da gusto conocerlo». No es lo mismo adorar, rezar, obedecer a Cristo y rendirle culto, que sentir gozo en el Dios que se ha manifestado en él.

En opinión de Jon Sobrino, es fundamental agregar a la forma de relación con Jesús, el Cristo, la ortopathos, es decir, el modo correcto de afectarnos por la realidad de Cristo. Y en ese afectarse debe estar centralmente presente en el gozo que causa el que Cristo es Jesús de Nazaret y no otro.

A la doble perspectiva tradicional de ortodoxia y de ortopraxis en nuestra relación con Jesucristo, hay que agregar aquella ya señalada de la ortopathos.

Y con esto se pretende señalar que al Cristo le es esencial el ser buena noticia, y que eso se tiene que hacer notar. Así como el creyente ha de aceptar su verdad y proseguir su praxis para corresponder a su realidad, así al Cristo que es buena noticia se le corresponde con gozo.

Lo que está, pues, en juego en estas reflexiones es simplemente si la realidad de Jesucristo se muestra existencialmente también como buena noticia, lo cual no es tan obvio. El quid de la cuestión está, entonces, en ver desde Jesús cómo Dios, hombre y el salvador pueden ser un Dios, hombre y salvador buenos para nosotros.

En los sinópticos, evangelio es la buena noticia del reino de Dios (cfr. Lc. 4, 43), lo bueno que Dios quiere para su creación, y evangelizar es «llevar la buena noticia a los pobres». El contenido de la buena noticia es, entonces, la cercanía del reino de Dios y su destinatario primario son los pobres. En palabras actuales, la buena noticia es la utopía de la vida justa y digna, y su destinatario son las mayorías de este mundo para quienes la vida es su tarea más urgente y la muerte antes de tiempo su destino más probable, es decir, los débiles, pobres y víctimas; e indirectamente destinatario son también aquellos que se solidarizan con ellos.

Desde un punto de vista antropológico, esa buena noticia es algo que se espera en medio de y en contra de malas realidades y por ello es esperada con ansiedad e incertidumbre por lo difícil de su realización, y con desconfianza por la fuerza de los poderes que se le oponen y por la experiencia histórica acumulada. Es anuncio de algo que toca y nos lleva a los más hondo de nuestra existencia, y que trae consigo luz, ánimo, ganas de vivir y hacer, genera dignidad, generosidad, fraternidad, libertad y comunión. Es anuncio, finalmente, que formalmente produce gozo y mueve a responder con un gracias.

Si lo anterior es cierto, hay que preguntarse si y en qué sentido la misma persona de Jesús, no sólo su mensaje, es también buena noticia: y esto desde una doble perspectiva. Y es que el anuncio del reino puede hacerse de muchas formas: desde arriba, con poder, autoritaria y aun distanciadamente, combatiendo el pecado del mundo, sí, pero sólo desde fuera. O puede hacerse desde abajo, encarnadamente en lo débil y participando de su destino, cargando con el pecado del mundo para erradicarlo. Lo que se quiere asentar es que Jesús fue mediador de tal manera que por el modo de serlo ya fue una buena noticia para los pobres. Esto es lo que parecen reflejar las bellas palabras de Pedro sobre Jesús «pasó haciendo el bien» (cfr. He. 10, 38). En el más sencillo de los lenguajes, hoy diríamos de Jesús que era «buena gente», y que a cualquiera le encanta encontrarse con gente así.

En estas fechas de fiestas navideñas y de inicios de un nuevo año, valdría la pena que se nos note el por qué Jesús es una buena noticia, de lo contrario, todo lo que sucede en estos días no pasa de ser folklor y consumismo.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

Comentarios a:

gabrioignaz@yahoo.com

Seamos Ate@s mejor ¿No?

Escrito por: Adolfo Huerta Alemán 

 

“La  Religión  no  es  para  los  aislados, 
es   para  los  que  son  parte  de  algo”.
Jorge  Anaya  en  Tolerancia: individualismo  y  religión.

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El cristianismo en su conjunto  nos  lleva  a  tener  una  fe, por  lo  tanto  esta  fe ¿qué  tiene  que dar  hoy  en  día?

Puede  dar  mucho, pero  parece  ser  que  los  cristian@s  y  católic@s  se  empeñan  a  encerrarse  en la  sacristía  de  sus  templos.   Prefieren  quedarse  solos  y  estar  cada  día  solos,  seguir  cultivando  una  espiritualidad  individualista  y  tradicionalista  trasnochada  que  en  nada  ayuda  a  encarnar  verdaderamente  nuestra  fe  en  la  realidad.   Mucho  menos  ayuda  en  la  plenitud  de  nuestra  realización  personal  y  comunitaria.

Tengo  la  impresión  de  que  el  cristian@  y  el  católic@  a  veces  tienen  una   fe,  para  disfrazarse  de  creyente  cada  domingo  y  acomodarse  en  su  actitud  mediocre  y  pasiva,  últimamente  el  lema  del   creyente  parece  ser: “es  más   fácil  creer,  que  refutar” “con  que  tenga  fe,  no  me  hables  de  compromiso” “ya  cumplí   con  venir  a  misa,  mí  actuar  no  tiene  nada  que  ver  con  mí  fe” “aquí  vengo  a  que  me  hables  de  Diosito  y  me perdones  mis  pecados  y  no  de  política”.

¡Qué  lástima!  Para  aquellos  que  se  hacen  llamar  creyentes,  cristian@s,  católic@s,  no  han  entendido  nada  y  su  obtusa  mentalidad,  no  les  permite  ver  que la  fe  necesita  de  comunicación  con  el  Otro.   Nos  lo  recuerda  Jorge  Anaya: “la  fe  no  es  un  hecho  individual,  es  fruto  de la  vida  en  comunidad”.   La  fe  nos  lleva  a  un  compromiso  para  con  el  Otro,  mientras  los  creyentes  sigan  sin  un  real  compromiso  con  la  Historia  y  la  realidad  que  viven  día  con  día,  tal  vez,  seremos  menos  los  partidarios  por  una  fe  que  realmente  me  diga  algo  en  los  albores  del   siglo  XXI.

Nos comparte Jon Sobrino  en su  libro <<Jesús  en  América  Latina>>: “Desde la  vida  de  Jesús  aparece  Dios  como  el  Dios  de  la  vida  cuya  voluntad  es  la  vida  misma  y  salvación   de  todos  los  hombres. . . rompiendo  la  simetría  de  un  Dios  posiblemente  lejano. . . Dios  se  acerca  y  eso  significa  que  Dios  es  realmente  amor   y   gracia”.

Josep  María  Rambla <<De  cara  al  tercer  milenio>>: “La  preocupación  por  la  tragedia  de  la  injusticia   en  nuestro  mundo  y  el  compromiso  activo  por  combatirla  es   fuente  y  alimento   de  experiencia   de  espiritualidad”.

Que  no  se  nos  olvide,  lo  que  está  escrito  en  el  Concilio  Vaticano  II,  fruto  ya  hace más de  casi  cincuenta  años,  en  su  Constitución  sobre  la  Iglesia  en  el  mundo  actual: “Por  la  conciencia,  se  conoce  de  modo  admirable  aquella  ley  cuyo  cumplimiento   se  realiza  en  el  amor  de  Dios  y  al   prójimo.  La   fidelidad  a  esta  conciencia   une  a  los  cristianos  con  los  demás  hombres   para  buscar  la  verdad  y  resolver  en  la  verdad  los   numerosos  problemas  morales  que  surgen   tanto  en  la   vida  individual   como  en las  relaciones  sociales”.

Bien,  no  escondamos  lo  que nos  dice  el  Evangelio  según  San  Lucas 2, 40-: “Este  niño  está  para  la  caída  de  muchos  y   reivindicación  de  muchos  y  para  ser   señal  de  contradicción”. 

Si  los  creyentes  siguen  aferrados  a  su  verdad  mezquina – miope  y  reducida,  prefiero   ser  ateo,  quedarme  junto  a  ellos  y  trabajar  con  ellos,  pues,  son  ellos  hoy  en  día,   los  que  me  hablan  más,  de  un  Dios  vivo  y  cercano  a  mí,  más  que  su  Dios  cristiano  y  católico.

 “Porque  venden  al  justo  por  dinero  y  al  pobre  por  un  par  de  sandalias;  pisan  contra  el  polvo  de  la  tierra  la   cabeza  de  los  débiles,  y  el  camino  de  los  humildes   tuercen;  hijo  y  padre  acuden  a  la  misma  moza,  para  profanar   mi  santo  Nombre;  sobre  ropas  empañadas   se  acuestan  junto  a  cualquier  altar.”

Del  Profeta  Amós  2, 6-8. A. T. Biblia  de  Jerusalén.

 

@GofoAutor

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