La muerte de la ilusión

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 
“Seamos sujetos de nuestro destino y decidamos por nosotros mismos”.
Martin Heidegger
 

¿Por qué se idolatra? ¿Cuál es la necesidad de tener ídolos, héroes, súper hombres?

Y en México para eso nos pintamos bien y bonito; El Cura Hidalgo, Emiliano Zapata, La Virgen de Guadalupe…

Como mexicanos hemos crecido bajo la sombra del “Gran Otro”, llámese el español conquistador, llámese el hombre libertario, o el héroe mítico mitad dios, mitad humano.

¿Al servicio de qué está que necesitemos esos ídolos? ¿Por qué no contentarnos con nuestra propia e insulsa existencia? ¿Por qué necesitamos un líder, alguien a quién seguir, un humano en cual depositar nuestros más ínclitos ideales?

Se ha dicho que el mexicano es un ser acomplejado, que se siente inferior, que se siente poca cosa, que desprecia al semejante e idolatra al extranjero, que se envalentona con el igual pero se hinca ante el poder del extraño. El mexicano; sujeto inválido, agachado, vituperado por su Santa Madre, humillado hasta las últimas consecuencias, carente de dignidad, que se refugia en el alcohol, mexicano que necesita ontológicamente un Ser Superior.

Hemos crecido bajo la sombra del héroe, en las Instituciones Educativas se nos enseñó a rendirle tributo y pleitesía a los héroes que nos dieron Patria, recuerdo la anécdota que cuentan algunos enterados sobre la “irreverencia” que tuvo el Loco Valdés al recordar al “Benemérito de las Américas” como “Bomberito Juárez” y ardió Troya. Antes había tabú, había cosas que no se cuestionaban, que no se tocaban, eran dogma que sustentaba el espíritu de la Nación.

Ahora la cosa es diferente, hemos crecido, hemos madurado, hemos evolucionado, ya no necesitamos de héroes nacionales, es por eso que ahora al anciano ya no se le reverencia, es por eso que la muerte de Carlos Monsiváis pasó de noche. Ya no necesitamos muletas, ahora conocemos al ser humano tal cual, ya no aquel ser humano dividido entre “bueno y malos”. Ahora conocemos al humano integrado, no mutilado. Es por eso que no se le ha dado el lugar que se merece Javier Sicilia u otros mortales que luchan por un México mejor en la representación mental de los mortales. “La verdadera Historia” se impone, la naturaleza del humano se manifiesta, dejamos atrás el maniqueísmo, ya aceptamos lo que hay en el corazón del hombre: “Eros y Tánatos”.

¿Qué nos queda? Es cierto, crecimos, pero con ello perdimos la ilusión, perdimos la ingenuidad, dejamos de creer, primero dejamos de creer en Santa Claus, después en Dios, después dejamos de creer en los Héroes Nacionales, después dejamos de creer en nuestros padres… y allí, precisamente allí se troquela la debacle de nuestra Cultura, los primeros atisbos del desastre de la Civilización; el ser humano dejó de creer en su padre y en su madre. Estamos viviendo los síntomas de esa decisión. Lo que vivimos actualmente es el resultado de esa “madurez”, de ese brinco que dimos, ahora somos unos adultos, ya no necesitamos esas figuras idealizadas; preferimos enfrentarnos a la realidad, sin Dios, sin héroes, sin padre ni madre. Estamos huérfanos, deambulando sin sentido, rechinando los dientes, mendigando amor.

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