Apología de la Tele-basura

Escribe: Carlos A. Moreno De la R.

 
Encuentro la televisión muy educativa.
Cada vez que alguien la enciende,
me retiro a otra habitación y leo un libro.
Groucho Marx
.
Si no sale en la televisión no existe.
Carlos Monsiváis

Prendo el televisor, está el programa de “Acábatelo” veo a “Maruca” bailando, el público se ve contento.

Dicen que el objetivo de estar en el mundo es ser feliz, disfrutar, estar alegre, creo que estos tipos de programas cumplen ese objetivo, no entiendo a los que constantemente logran denostar estos programas, los llaman alienantes, insulsos, que están creados para idiotizar, que enajenan las ansias de libertad del pueblo y demás epítetos.

El programa de “Acábatelo” que lo pasa un canal de Monterrey es conducido por “Mayito” el que fungía como “patiño” de Paco Stanley, en ese programa sale una señorita que se autonombra “Maruca”, cantan esa canción que dice “si estás aburrido sácate el moco” etc. Ahí mismo me ha tocado ver un personaje por demás cómico, se llama “Martha” es una persona de la tercera edad, su actuación sube el rating del programa. A esa misma hora en el “Canal de las Estrellas” pasan telenovelas, en Milenio está Jairo Calixto, “Política Cero” en su programa de quince minutos, un humor muy característico.

Lo mismo pasa con el programa de la mañana que se llama “Hoy” en donde sale Galilea Montijo y otros, hablan sobre el caso Kalimba, hacen juegos muy divertidos como “adivínalo con señas”, pero sobre todo se ponen a bailar y se ve que lo disfrutan, hacen la mañana llevadera, imagino a las amas de casa pasándola fenomenal.

En contraparte de lo líneas arriba comentado, existen programas muuuuy serios, con gente seria, muy seria, que hablan de Egipto, de Cassez, se toman la vida muy en serio, se desgañitan por Aristegui, nada que ver con los programas comentados arriba como “Acábatelo” o el matutino “Hoy”. Pero no todo programa “cómico” causa hilaridad, como por ejemplo “La Hora Pico” y otros.

¿Quién define lo que es “telebasura” existen muchos prejuicios respecto a ese asunto, ya quisiéramos el 10% de alegría, jovialidad, diversión o economía que tienen dichos conductores de esos programas denominados “programas pedorros” “poco inteligentes” “sin chiste”. En cambio en los otros programas de gente sumamente seria, preferidos por cierto sector pensante de la población, hablan de política, de los pleitos entre “azules, rojos y amarillos”, de narcos, del presidente en turno, de las elecciones de Guerrero y de Baja California, de la lucha interna entre Ebrard y AMLO, temas muy serios para gente muy seria en donde sale gente muy seria.

Entonces ¿de qué se trata la vida?

Prefiero el show de un payaso a una disertación de un jurista en el canal del congreso, prefiero un albur a un poema, y creo que el común de los mortales opinan lo mismo, por eso son felices (a excepción de un gran porcentaje de tuiteros que se toman la vida muy en serio). Es por eso que mucha gente prefiere ir al cine y ver una película que lo haga reír y no una película que lo ponga a pensar, después de soportar un trabajo miserable que nunca deseó en su infancia o que no eligió sino que fue lo único que pudo encontrar, por eso prefiere estos programas de los cuales la gente se ufana de tildarlos como “programas basura”. No son programas basura, hacen a la gente reír; eso es suficiente, y eso sin tocar el tema del futbol, opio del pueblo posmoderno.

Por un mundo más divertido, más enajenante, con menos ideología, que al cabo es solo un instante el que estamos en este mundo.

Arquitectos

Escrito por: José Jorge Hernández Briones

imagen tomada de planocreativo.wordpress.com

l

“Cada quien es el arquitecto de su propio destino” reza la frase que he escuchado decenas de veces, pero que por prisas, o diferentes motivos nunca le había puesto la atención.

Por cuestión laboral y personal tengo trato con muchas personas, puedo mencionar que son decenas y aunque no está en mi dar consejos, pero si hacer el ejercicio de observar conductas, disposición para realizar actividades veo con tristeza mucha infelicidad.

No quiero caer en el juego se ser juez, pero sí compartir la experiencia para que quien lea estas líneas lo tome en cuenta y tenga más motivos para ser feliz en su vida sobre todo con todas aquellas personas que les rodean.

Ya pasé los cuarenta años, que al contarlos son muchos, pero al amar la vida se hacen pocos, porque cuando se disfruta cada momento al vivir, se quiere ser eterno, aunque sabemos que eso es imposible, aunque no queda otra que seguir disfrutando este bello manjar terrenal.

«Los cuarenta son la edad madura de la juventud; los cincuenta, la juventud de la edad madura», escribió Víctor Hugo, pero tristemente veo personas de diferentes edades quejándose de todo y de todos.

No soy psicólogo, pero repito, si observador de la conducta humana, así que en las quejas de aquellas personas que se molestan de todo percibo una media en la infelicidad: cierta limitación a tener amigos y por lo regular, a buscar su propio beneficio.

El ser humano nació para compartir, comunicarse, darse, recibir, vivir en relación, pero sí por alguna razón no encausa bien su conducta, entonces tiende a la infelicidad y por ende a compartir sus vivencias.

Siempre hay tiempo de enmendar el camino si no se está construyendo una vida a base de calidad, ya lo escribió Juan Villoro, «La historia tiene mucho pasado por delante», así que adelante, a edificar felicidad que nada cuesta.

«La peor derrota de una persona es cuando pierde su entusiasmo», escribió H.W. Arnold, así que a seguir disfrutando de esta vida que hacer lo que se debe de hacer, cuándo debe ser, termina por ser un gran placer.

Deberíamos decidir ser un poquito más felices

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosMorenoMx

Consultorio Psicólogo Carlos Moreno Monclova

.

“El amor a uno mismo es el punto de partida del crecimiento de la persona que siente el valor de hacerse responsable de su propia existencia”
Víctor Frankl

 –

La vida, la vida misma debería ser vivida en un eterno y constante placer. Veo a mí alrededor gente enojada, mal encarada, hace gestos, se abruma, se acongoja, se deprime y se suicida.

Deberíamos de inventar otro sistema alterno en donde la felicidad sí pueda ser una realidad. ¿Cómo? Deberíamos por ejemplo saber decidir una carrera que nos hiciera feliz; ¿han visto algún baterista quejarse? ¿por qué el profesor se queja constantemente? ¿por qué la ama de casa llora a gritos desesperados? Tomar las decisiones más importantes de la vida bajo un riguroso método científico, bueno, o algo que se le parezca.

El sistema económico-político-cultural que establece las relaciones interpersonales que padecemos hoy en día ha creado un malestar profundo en la existencia de la humanidad. Dicen que tiempos pasados siempre fueron mejores, eso yo no lo sé de cierto, sospecho que algo anda mal, que algo huele a podrido y los síntomas de ese malestar lo estamos viviendo en la cotidianidad. No en balde la Organización Mundial de la Salud pronosticó que la Depresión se generalizaría en el año 2020, es decir, lo “normal” en la conducta de la especie humana sería ser un sujeto depresivo: el Ser-en-el-mundo siempre con la queja constante, amargándonos de todo, trabajar en un oficio desgastante y al final del día alienarnos con la televisión: el bálsamo de los pobres.

La vida del mortal debería regirse por unas cuantas ideas básicas, reflexionar en torno a las cuestiones de la posición del ser-en-el-mundo, como por ejemplo: ¿estoy haciendo lo que me gusta? ¿es esta la existencia que quiero llevar? ¿Ella o él es la persona que quiero para el resto de mi vida?

La toma de decisiones debería estar regulada por un hedonismo vitalista, casi casi rayando en un “eudemonismo”; estar a gusto con uno mismo, dejar de quejarse (la queja como epifenómeno de la insoportable levedad del ser), intentar hacer lo que a uno le apasiona, amar más, darse cuenta de que un día, no muy lejano, todos estaremos tres metros bajo tierra o hechos ceniza; lo que antes daba pensamientos ahora dará flores, como dijo el poeta; los brazos que servían para dar y recibir amor, dentro de poco tiempo estarán cruzados sobre el pecho, inertes, estúpidamente solos, como dijera el otro poeta.

¿Cómo valorar más nuestra existencia? Una propuesta para dar respuesta a dicha interrogante la encontramos en el existencialismo, específicamente en Heidegger y en Víctor Frankl. El sentido de la vida es re-pensar la muerte, sabernos finitos, saber que un día nos despediremos para siempre, haciendo consciencia de semejante suceso, ¿vale la pena ese disgusto que pasaste hoy en la mañana? ¿vale la pena haberte enojado con el amor de tu vida? ¿valió la pena reprender a tu hijo por que te desesperaste?

Re-pensar la vida, re-plantearnos la existencia, obtener más momentos placenteros, hacer lo que a uno le agrada, convivir con los seres que uno aprecia, como dijera Siddhartha: “El paraíso es estar con los que uno ama”.

La vida se nos va de las manos, el sistema en turno nos ha hecho creer que es normal vivir bajo el signo de la queja. Existen otras maneras más saludables de estar y ser-en-el-mundo. La cuestión es hacer un alto en el camino y ver hacia el horizonte, tomar decisiones y jugarnos la vida en ello. Quizá así podríamos ser, aunque sea, un poquito más felices.

La felicidad es una opción

Escrito por: Edna Karina Díaz Díaz

imagen tomada de cristibel.blogspot.mx

¿Las cosas pasan porque tienen que pasar? ¿Por qué tienen que pasar? ¿Quién dijo eso?

¿Destino? ¿Qué es esa cosa llamada destino? ¿Dónde la encuentro para reclamarle?

Son tantos los gritos de desesperación cuando algo sobre pasa nuestra barrera de estabilidad emocional, ese dolor que sentimos cuando algo nos aqueja, algo malo para nosotros claro, alguna enfermedad, accidente, pleito o hasta descubrir que tu pareja te es infiel.

No sé por qué las personas o hasta tú mismo (a)  dicen –eso tenía que pasar, -es mejor así, aunque en el fondo sabemos que queremos una explicación, que no soportamos tanto nuestro dolor que necesitamos una respuesta inmediata a ese coraje que nos desgarra por dentro.

Que difícil apelar a favor de lo negativo que nos sucede, que difícil tener que aguantarte las ganas de llorar, de reclamar, de callarte, evitar las ganas de salir corriendo y volver haciendo de cuenta que no pasó nada, si el destino fuera más justo, podrías dormirte y despertar sin la mínima provocación de malestar  con la cual te dormiste, pero no es así.

Nosotros tenemos la capacidad de decidir qué hacer con nuestra vida, debemos de tomar muy en cuenta que la felicidad es una opción, tú decides si tomarla o simplemente dejarla pasar. No quiero decir que es muy fácil olvidarte de  aquel coraje, dolor o resentimiento con la vida misma que te aqueja por ese incidente, quienes hemos perecido situaciones similares sabemos que cuesta trabajo levantarte pero también hay que reflexionar si las simples cosas de la vida como una discusión, un roce con algún compañero de trabajo, la diferencia de pensamiento con otra persona es solamente eso, algo simple, algo que se tiene que tratar como algo inferior a las grandes cosas que podemos disfrutar.

Esa opción de felicidad la podemos compartir con la familia, pareja, amigos, el trabajo o simplemente tomarte tu espacio, tu tiempo, caminar, descansar, disfrutar de un paseo, algo relajante, divertido o  lo que sea pero que te haga sentir pleno e íntegro. Absolutamente nadie puede meterse dentro de ti y manejar tus sentimientos como si fueras un títere, por eso la felicidad es una buena opción que todos deberíamos tomar y disfrutarla diariamente.

¿Hay lugar para Cristo en la Posmodernidad?

Autor: Carlos Moreno

imagen tomada de brujakozmica.blogspot.com

imagen tomada de brujakozmica.blogspot.com

 

¿De qué se trata la existencia? ¿De qué se trata la instancia del hombre en la tierra? ¿De qué se trata su paso efímero en esta parte del Cosmos? ¿La vida tiene sentido, o lo adquiere o uno se lo inventa o simplemente somos un error filogenético? ¿Tenía razón Milán Kundera cuando inventó ese título de “La insoportable levedad del ser”?

Me dicen que todo se reduce a la percepción, que todo depende con el cristal con que se mira, que es cuestión de actitud, que la realidad no te afecta sino la manera en que percibes. Otros más alegóricos afirman científicamente que “cada quien habla como le fue en la feria” o en el baile, dependiendo de la afición del hablante.

Tal parece que para unos el sentido de su existencia es vivir briagos, “el que vino al mundo y no tomó vino entonces a qué chingados vino” dice un axioma de nuestra cultura mexicana. Y no solo es ponerse borracho, además es aderezarlo con la música ad hoc: “ando bien pedo, bien loco”. Esa sería una respuesta existencial a la interrogante sobre el sentido de nuestra estadía terrenal.

Otros que van de la mano de dicho grupo de libadores son los llamados “hedonistas posmodernos”. Sabemos que el sujeto hedonista existe desde que el hombre hizo del pensamiento una forma de vida, como los pre-socráticos, acordémonos de la eterna lucha entre los “hedonistas” y los “eudemonistas”; los primeros decían que el sentido de la existencia era el placer corporal, el aquí y el ahora, lo efímero, lo espontáneo, lo momentáneo. En cambio los “eudemonistas” opinaban que el sentido de la existencia se obtenía cuando el sujeto buscaba la felicidad en compañía de sus seres queridos; es decir el hedonista buscaba una “felicidad” egoísta y el eudemonista buscaba una felicidad comunitaria. Hoy ya no hay lugar para los eudemonistas, están desterrados, lejos de los planes actuales, lo de hoy es ser hedonista, vivir bajo el principio del placer, “lo hago porque me da placer, si exige de mí algo de sacrificio ni me lo menciones”, parece ser el eslogan de los hedonistas posmodernos. El hedonista posmoderno busca el placer en la televisión, en el sexo desenfrenado, en internet, chateando, comiendo, etc. entre menos esfuerzo exija la cuestión es mejor. Tal parece que de humanos poco nos queda. Los placeres que están en boga están íntimamente relacionados con las necesidades fisiológicas: dormir, comer, evacuar y fornicar.

Ante tal panorama: ¿existe un lugar para Cristo? Tal parece que la existencia actual se vive tan aprisa que no volteamos o más bien no queremos voltear a ver la propuesta del Nazareno. Muchos afirman que el Sentido de la Vida es encontrarse con la Divinidad, tener ese encuentro con Dios aquí en la Tierra, pero dicho discurso es antagónico con los preceptos de la moral en turno. Pocos años tenemos como sujetos civilizados, y también en pocos años las reglas de la vida se han trastocado; si seguimos así, que no nos extrañe que formemos parte de la última Generación de mortales que habitaron un día este planeta pequeñito llamado Tierra.

@CarlosLector

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa (Monclova, Coahuila. Mx.)