La muerte y el sentido de la vida

Escribe: Carlos A. Moreno De la R.

¿En qué momento perdimos la esencia de la vida? ¿en qué momento dejamos de disfrutar la existencia?

Creo que hemos perdido el rumbo. La Existencia es una oportunidad de ser feliz, aunque esta palabra está demasiado trillada. O mejor digamos: “vivir sin la miseria neurótica”.

La vida es tan efímera, en cualquier momento cerramos los ojos y dejamos de existir, como dijera el poeta coahuilense Manuel Acuña: “Y en medio de esos cambios interiores tu cráneo, lleno de una nueva vida en vez de pensamientos dará flores.”

Muy diferente sería nuestra vida si desde pequeños nos comentaran que somos finitos, que un día habremos de morir, que hay que disfrutar cada día que estamos. Un poco de Tanatología no nos vendría mal. Sabernos finitos para experimentar este viaje con mayor pasión, con más garra y menos ideas irracionales, con mayor actitud y menor frustración.

Estar conscientes de que el Amor es lo único que nos salvará. ¿De qué? De una vida sin sentido. Pero saber que el Amor, como dijera Erich Fromm, el Amor es una disciplina, es un Arte, valores que la posmodernidad no los lleva prefigurados.

Vivimos en la cultura del menor esfuerzo, eso nos lleva a no valorar lo que somos, a no valorar a las personas que nos rodean y hacen de nuestra vida una estancia más placentera. Siempre estamos deseosos de algo más, de algo que llene nuestro hueco, el vacío existencial, la falla, la falta, la carencia.

Seguimos creyendo en un ser externo a nosotros que guía nuestra vida o en un ser maligno que nos pone tentaciones y cuando nos va mal es que “metió su cola”. ¿Hasta cuando vamos a hacernos responsables de nuestro destino? Un destino manifiesto, muchas de las veces cruel por nuestra misma decisión.

Lo bueno es que existen los niños; inquietos, llenos de vida, mis hijos, los tuyos, que viven bajo su propia realidad, su propia concepción del mundo, con sus prioridades más sinceras, sin falsedades, sin andar ocultando sus emociones, se presentan tal cual son. Habrá que replantearnos la vida misma, vivimos muy apurados, y ya cuando queremos voltear a ver si ha valido la pena, como dijera Martin Heidegger, ya va a ser muy tarde, demasiado tarde.

@CarlosMorenoMx

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