Sotanas en Monclova

“El mundo da la espalda a Dios”
Benedicto XVI

El sábado  5 de febrero del 2011 mientras algunos conmemoraban la promulgación de la Constitución mexicana de 1917 u otros recordaban al protomártir San Felipe de Jesús, (un misionero que dio su vida por la fe que tenía en el Evangelio en tierras orientales), -por cierto, habrá que ver la veracidad sobre lo que algunos enterados “dicen” que empataron estas fechas (la del protomártir mexicano y la Constitución) para que poco a poco nos olvidáramos de ese suceso que enaltecía a la Iglesia-. Bueno, la cuestión es que este pasado 5 de febrero por los cruceros más socorridos en la ciudad de Monclova Coahuila fuimos testigos de un acontecimiento poco usual tanto para nuestra Ciudad como para los tiempos “posmodernos” en los que vivimos. Fue grato poder ver a jóvenes vestidos con sotanas, pertenecientes al Seminario del Sagrado Corazón de Jesús, de la diócesis de Saltillo llevar a cabo un “boteo” como le suelen llamar a esa actividad en donde los ciudadanos cooperan para los estudios de los seminaristas, esos diez años en donde el joven con vocación estudia filosofía y teología y se ordena de sacerdote para acercar a los fieles a la Palabra Viva por antonomasia.

Si algún alto jerarca está leyendo estas líneas, o si alguien conoce al Obispo Raúl Vera o al rector del Seminario de Saltillo el cura Plácido, o cualquier otro Instituto de Formación Religiosa, yo haría la siguiente recomendación: es correcta la estrategia que usaron de que los estudiantes del seminario salgan a las calles portando su sotana haciéndose acompañar por alumnos de algún colegio católico, pero sería más enriquecedor hacer un performance como los que se frecuentan en los actos humanos, por citar un ejemplo el que todos recordamos más reciente en contra de las corridas de toros o los que llevaba a cabo Marisela Escobedo.

Imaginemos la escena (o el performance): en el crucero del boulevard mientras está el rojo del semáforo, en lugar de que el seminarista ande por los carros pidiendo las monedas, solo dejar a los estudiantes que de buena manera acudieron al llamado y poner a los seminaristas sentados en una silla (de preferencia) y en sus manos el Evangelio, verlos allí, sentados, leyendo, instruyéndose de la palabra sagrada, haciendo oración, en ese contacto íntimo consigo mismo y con su Creador, eso sería más llegador, más enriquecedor, más convincente, sabríamos lo que realmente hacen en el Semanario que es leer y orar, como bien lo dijera en su momento el padre Pachicano en Saltillo Coahuila: “su única función dentro del Seminario es leer”. Así que para la próxima espero ver a esos seminaristas que han optado por esa vocación tan encomiable haciendo un performance y verlos leyendo en los cruceros de mi ciudad.

El seminarista hoy en día está llamado a ser eso que los políticos, los estadistas, los profesionales y demás hemos olvidado, los seminaristas deberían de asumir el reto que nosotros como ciudadanos no hemos querido asumir, deberían ser ellos los valientes que propongan un cambio sustancial para nuestro México, son jóvenes llenos de esperanzas, con ideas brillantes, con ganas de trasformar el mundo en el que viven, no permitan que sus corazones se petrifiquen como los que ya tienen cinco, diez o quince años más que ustedes en esas casas de estudio, o como nosotros que poco a poco, lentamente hemos perdido la fe en la humanidad. Ya lo dijo el Papa Benedicto XVI, “El mundo le ha dado la espalda a Dios, pero aún existe el anhelo de que en este mundo se establezca el Reino de amor y paz y que la pobreza y el sufrimiento sean superados, que los hombres encuentren la alegría”. Ustedes seminaristas son la esperanza encarnada de este “pueblo que camina por el mundo buscando la liberación”, este pueblo que sufre, que busca, que añora, que implora el mensaje de paz, ese mensaje de amor que ustedes están obligados a darnos, y no una obligación engorrosa, sino una obligación como compromiso existencial que quieren y han asumido al decidir pertenecer a las filas de la Iglesia. La esperanza la depositamos en Ustedes, se que en su ideología sin Dios no es posible nada, pero si Ustedes nos ayudan a discernir el derrotero hacia el eudemonismo, quedaríamos agradecidos, de perdido unas siete generaciones, como dijera Sabines, no es mucho ni es poco, es bastante.

*fotografía periódico Zócalo Monclova
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