Criminalizar la escritura, exterminar al escribano

Escribe: Anel Hernández Sotelo

imagen de cazandoestrellas.com

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De Proyecto 21.20

 

Escribir es dejar una marca. Es imprimir huellas fragmentadas de la propia constitución psíquica y filosófica. Es conocerse y reconocerse. La tradicional dificultad epistemológica sobre la preponderancia de la oralidad frente a la escritura y viceversa es, desde mi punto de vista, un artilugio retórico academicista superado en la práctica. El habla es la maquinaria dilucidadora de la presencia del ser mientras que “la escritura [es] un modelo para el habla, capaz de hacer que la lengua pueda analizarse en sus constituyentes sintácticos. Las palabras –los constituyentes más elementales- pasan a ser tema de la reflexión filosófica, además de objeto de definición. Las palabras se convierten en cosas”.[1] Así, como quiere David Olson, la escritura proporciona un modelo adecuado para el habla y posibilita el análisis filosófico y estructural de los diferentes tipos de discursos. Es, pues, en este sentido donde quisiera que el lector ubicara el presente texto.

No es lo mismo escribir sobre la rabia, sobre la indignación, sobre la corrupción y sobre el genocidio en México que escribir la rabia, la indignación, la corrupción y el genocidio de los mexicanos. En el primer caso, el amanuense se coloca por encima de su objeto escritural, presumiendo de una suerte de visión panóptica capaz de articular los componentes sintácticos del momento crítico que vivimos acá. En cambio, el segundo supuesto implica que el escribano se yergue presencial y vívidamente frente a los actos, los sentimientos y las emociones humanas reveladas en los síntomas de la crisis estructural del capitalismo a la que asistimos, categorizándolos en enunciados cuyos sujetos tienen nombre y apellido. El lugar donde se coloca el amanuense frente a su objeto escritural determina la diferencia entre el sujeto escribiente en ausencia y el sujeto escribiente en presencia.

Con lo escrito hasta aquí, es probable que el lector suspicaz me acuse de exponer una visión simplista y reduccionista de los complejísimos mecanismos de la cultura lecto-escritural en Occidente. En mi descarga, además de otorgarle entera razón, respondo que para los fines que persiguen estas líneas, el simplismo y la reducción expresas funcionan como las estacas que soportan los palafitos sobre las aguas. Porque de lo que se trata aquí es de discurrir sobre la condición que el Estado criminal le ha otorgado a una especie bien determinada de palafito (el escritor de la prensa crítica) frente a otra especie igualmente determinada (el escritor de reflector, el amanuense de parafernalia).

Generalmente el escritor de reflector utiliza sus habilidades orales y escriturales para consentir al régimen. Sin embargo, en el México de siglo XXI, donde es claro que el Estado crea sus propios contrapesos de disidencia (mañosamente llamados “movimientos de izquierda” o “partidos de oposición”), es necesario matizar la cuestión. Pensemos en dos figuras “magnánimas” y representativas de las letras mexicanas: Enrique Krause y Elena Poniatowska.

Wikipedia, ese gran proyecto enciclopédico colectivo y en constante actualización,  presenta a Enrique Krause como “un escritor, historiador, biógrafo, crítico, editor, ingeniero, empresario cultural, director de la Editorial Clío y de la revista cultural Letras Libres, miembro de la Academia Mexicana de la Historia y de El Colegio Nacional [que] ha escrito más de veinte libros, entre los que destacan Siglo de caudillos, Biografía del poder, La presidencia imperial, La presencia del pasado y Redentores [y] ha producido más de 300 programas y documentales sobre la historia de México”.[2] Este empresario cultural, disfrazado de historiador, calificado de crítico y abrazado fraternalmente por las instituciones académicas de más prestigio en nuestro país tiene, desgraciadamente, una masa de seguidores que defienden su escritura a capa y espada, sin cuestionar el lugar donde esta eminencia se coloca frente a ella.

Sirva como ejemplo una experiencia personal. Siendo quien soy, una historiadora disidente que asume que el humanista que no se implica en las luchas de su tiempo es un humanista inútil, pocos “amigos” me quedan entre el gremio de los profesionales de la historia. Y uno de esos pocos, desechó una amistad de casi diez años cuando la que suscribe creó el grupo “¡¡¡Enrique Krause, fascista!!!” en Facebook, argumentando que la producción historiográfica del empresario cultural es valiosa. En este estado lamentable se encuentra el análisis y la crítica de los profesionales sobre los procesos de nuestra contemporaneidad. Porque a Krause nadie le dictamina sus textos para publicarlos, como sí ocurre con los historiadores de “poca monta”, miembros del Sistema Nacional de Investigadores como yo. Porque Krause, en su calidad de “empresario cultural”, representa la opinión de “los expertos”, de “los que saben”, y es por eso que los medios de comunicación NO libres lo requieren en sus editoriales y en entrevistas radiofónicas y televisivas. Porque Krause habla y escribe sobre política e historia pero no escribe la política ni la historia, dado que es un crítico mediatizado. Porque a Krause nadie lo amenaza, nadie lo acosa, nadie lo tortura y nadie lo exterminará puesto que sus dichos y su escritura no rozan, siquiera tangencialmente, la insurrección de los saberes.  Porque Krause es un engranaje más de la cultura neoliberal que, sin tapujos, defendió el proceso de privatización de los bienes nacionales con su apoyo al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, aunque se le tiene como un crítico del salinato y, en 2006, con su “trabajo crítico”, fue cómplice del descrédito mediático contra Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y legitimó las sucias elecciones de ese año, gracias a las cuales subió a la presidencia el genocida Felipe Calderón. Porque Krause es un estafador que arropa a los de su clase, vista la defensa pública que en 2014 hizo de la figura de Rosa Verduzco y La Gran Familia. En suma, Enrique Krause es un amanuense que funciona como la parafernalia intelectual del régimen: apenas en junio de este año el pseudohistoriador expuso en el Foro Mundial RH 2015 -patrocinado por Oxxo, Sura, ManpowerGroup y el Tecnológico de Monterrey, entre otros-, que el estado de Nuevo León se encuentra en “la vanguardia de un nuevo capítulo de la democracia”[3] con el triunfo del expriísta “independiente” Jaime Rodríguez “el Bronco”, aunque nada expresó sobre la represión electorera en municipios guerrerenses y oaxaqueños. ¡Qué altura de miras!

Pero he apuntado que los escritores que se asumen como “de izquierda” también forman parte del vulgar espectáculo oral y escritural del régimen. Elena Poniatowska representa  quizá uno de los ejemplos más reveladores de la prostitución escritural de la “izquierda intelectual” de este desgraciado país. “Elenita” es la encarnación de la potestad y de la vigencia del sistema de castas a nivel global:

Su madre, Paulette, se llamaba en realidad Dolores Amor y nació en 1913 en París, hija de una familia porfiriana exiliada tras la revolución. En París se casó con otro exiliado, el heredero de la corona polaca Jean Evremont Poniatowski Sperry, y en París nacieron Helène y Sofía, a quien todos llaman Kitzia. Heredó el título de princesa de Polonia, aunque ella misma afirma que le importa muy poco y no frecuenta a su familia europea, que la llama ‘La Princesa Roja’.[4]

Fiel devota de los delirios y las incongruencias lopezobradoristas, la “Princesa Roja” escribió una crónica novelada –que no una historia crítica- sobre la represión de 1968 para, décadas después, en 1987, aparecer sonriente en una serie de fotografías junto a Carlos Monsiváis, Héctor Aguilar Camín, Rafael Tovar y Teresa, Gabriel García Márquez y otros, todos en coro legitimando la campaña presidencial de Carlos Salinas de Gortari, del mismo modo que AMLO entronó con sus carismáticos abrazos a Abarca y a Aguirre en Guerrero y a los aspirantes a una diputación federal por MORENA en la reciente farsa electorera. ¡Ah! y para entender la difusa línea ideológica que separa a los escritores del régimen con los “de izquierda”, recuérdese que Poniatowska también dejó explayar su pluma para defender a la anciana zamorana a quien, su senilidad le salvó de un proceso judicial, según las declaraciones de Murillo Karam. Usos y costumbres de las mafias, nada más.

Recientemente, el 18 de julio de este año, la “Princesa Roja” apareció en la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos como parte de un contingente de intelectuales y artistas “de izquierda”, integrado además por Héctor Bonilla, Juan Villoro, Armando Bartra, Gabriel Retes, Luis Hernández Navarro, Rafael Barajas “el Fisgón” y Marta Lamas, cuyas virtudes críticas les merecieron el título de “padrinos de honor” de la generación 2011-2015. Sus discursos, atisbados de lugares comunes, fueron aplaudidos por algunos mientras que Otros, los normalistas en pie de lucha junto a los padres y las madres de los estudiantes desaparecidos forzadamente por el Estado mexicano en septiembre de 2014, difundieron un documento durante el evento en el que

acusaron “distribución de dinero sucio” para el pago de los trajes que vistieron y ese acto [y] aunque agradecieron la presencia de intelectuales como padrinos, los inconformes afirmaron que ellos acordaron junto con los familiares de los 43 normalistas desaparecidos ‘no negociar’ con el gobierno estatal, como lo hizo, según señalaron en su escrito de dos páginas, el comité de proclausura [porque] “todos esos lujos son pagados con dinero sucio, aún cuando proviene de los contribuyentes del pueblo han pasado por las manos manchadas de sangre y corrupción de los políticos que gobiernan el país”.[5]

Estos magnánimos representantes del intelectualoidismo mexicano “de izquierda”, que tampoco deben hacer pasar sus escritos por dictámenes a doble ciego, ni ir de casa editorial en casa editorial para ver publicados sus libros, utilizan el boom mediático del conflicto social como telón de fondo de un escenario corrosivo y perverso. Porque “critican” al sistema desde la disidencia controlada y sus artilugios retóricos les sirve para continuar vigentes en el espectro mediático.

Hay quien opina que en un país como el nuestro, donde la tasa de analfabetismo en el 2010 era de 6.9% según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía,[6] la influencia de los dichos y los escritos de estos sabiondos es nula. Desde mi punto de vista, estos opinadores son incapaces de vislumbrar la dimensión simbólica del asunto, así como los pejistas tampoco alcanzan a entender el pernicioso mensaje detrás del “inocente” slogan “AMLO es MORENA”. Porque muy poca atención se le presta a lo que Pierre Bourdieu ha llamado la alquimia de la representación:

la palabra o, a formatiori, el refrán, el proverbio y todas las formas de expresión estereotipadas, o rituales son programas de percepción y diferentes estrategias, más o menos ritualizadas, de la lucha simbólica diaria, de la misma manera que los grandes rituales colectivos de nominación o, más claramente aún, los enfrentamientos de visiones y previsiones de la lucha propiamente política, contienen una cierta pretensión de la autoridad simbólica en tanto que poder socialmente reconocido a imponer una cierta visión del mundo social, es decir, a imponer divisiones del mundo social. En la lucha por la imposición de la visión legítima, en que la propia ciencia está inevitablemente empeñada, los agentes detentan un poder proporcionado a su capital simbólico, es decir, al reconocimiento que reciben de un grupo: la autoridad que funda la eficacia performativa del discurso es un percipi, un ser conocido y reconocido, que permite imponer un percipere, o, mejor aún, que permite imponerse oficialmente como imponente, es decir, frente a todos y en nombre de todos, del consenso respecto al sentido del mundo social que funda el sentido común. [7]

Así, aunque los mexicanos no hayan leído nunca la escritura de un Krause o de una Poniatowska, el hecho de ser figuras conocidas y reconocidas los convierte en autoridades simbólicas del consenso, es decir, del sentido común, y es por eso que su presencia es requerida mediáticamente. Que una escritora “de izquierda” acepte el Premio Cervantes de manos de la realeza española y que, más tarde, esa misma escritora apadrine a la generación de normalistas, habida cuenta de la situación que se padece en esa institución que también la condecora, además de denotar la crisis de conciencia que padecen los letrados, nos advierte sobre el tipo de legitimidad que estos “críticos de izquierda” obtienen y las vías por las que hacen efectiva tal legitimidad. Más grave aún es lo que mediáticamente hacen con esa legitimidad impostada.

En la jerga de los músicos, el término impostar se utiliza para referir al acto de “fijar la voz en las cuerdas vocales para emitir el sonido en su plenitud sin vacilación ni temblor”.[8] Pues bien, el sonido que emiten los escritores que hasta aquí he perfilado –sean de derecha, de centro, de izquierda, de todo eso y de su contrario- es un sonido fijo en el sistema partidocrático neoliberal mexicano que alcanza su plenitud “sin vacilación ni temblor” en los medios de comunicación tradicionales. Porque en la dimensión pública que adquieren al aparecer en la prensa, la televisión o la radio, no se les cuestiona y sí se les expone como los garantes de la erudición, la crítica y el análisis en un país en el que desde hace años se extermina sistemáticamente a los escritores que no son de reflector, a los que no son parafernalia. La legitimidad impostada es la condición del sujeto escribiente en ausencia.

Hoy, mientras que el sujeto escribiente en ausencia aparece, irónicamente, en los medios masivos recibiendo premios y autorizando las desviaciones estructurales del sentido de la ética y la dignidad humanas, el sujeto escribiente en presencia desvela su ser solamente después de su muerte. La presencia mediática de ese amanuense es efectiva en su ausencia. Y si no, preguntárselo al gremio de los periodistas quienes, hoy por hoy, son los verdaderos críticos, analistas y cronistas de los tiempos que dolorosamente nos ha tocado vivir.

Según la nota difundida el día de ayer por Regeneración,[9] solamente el gobernador de Veracruz, Javier Duarte Ochoa, carga en sus espaldas el asesinato de más de una decena de comunicadores y la desaparición forzada de cinco periodistas. Armando Saldaña Morales, Octavio Rojas Hernández, Moisés Sánchez, Noel López Olguín, Miguel Ángel López Velasco –asesinado con su esposa y su hijo-, Misael López Solana –fotoperiodista hijo de López Velasco-, Yolanda Ordaz, Regina Martínez, Guillermo Luna Varela, Gabriel Huge Córdova, Esteban Rodríguez, Víctor Manuel Báez Chino, Juan Mendoza Delgado, Gregorio Jiménez de la Cruz y muy recientemente Rubén Espinosa Becerril, son los nombres de estos sujetos escribientes en presencia, conocidos y reconocidos en ausencia. A ellos debemos sumar el asesinato de más de una centena de profesionales de la comunicación entre 2000 y 2015, la inconclusa lista de los miles de activistas, estudiantes e inmigrantes asesinados y desaparecidos por el Estado mexicano y los inexactos datos sobre la cantidad de personas que, con anuencia de este Estado criminal, son víctimas de la prostitución obligada, el tráfico de órganos, la tortura, la prisión injusta y los “daños colaterales” del exterminio sistemático contra la población disfrazada de “guerra contra el narco”.

En este país, el delito de escribir se castiga con cárcel, con tortura, con desaparición o con una muerte sanguinaria. Mientras que describir, es decir, figurar algo delineándolo para exponer un discurso maniqueo, superfluo y encubridor, se premia, se halaga, se mediatiza y se pondera. Los tentáculos de este sistema genocida han alcanzado incluso la escritura en los muros que, de suyo, nos pertenecen. Durante las campañas electoreras pasadas, corría en Twitter una convocatoria de MORENA invitando a la población a “prestar tu barda” para “pintar la Ciudad de MORENA” porque, como soporte escritural, el muro habla y propone. Sin embargo, cuando ese soporte escritural es utilizado por los graffiteros, éstos son criminalizados, acosados y asesinados. En la lucha entre la memoria y el olvido, es necesario rescatar aquí la escritura de Ricardo Cadena Becerra, un joven poblano de 18 años que en la madrugada del 4 de mayo de 2015 fue asesinado por Yahir Mote, entonces subdirector de Seguridad Pública Municipal de San Pedro Cholula, por dejar su marca en una barda, habida cuenta de que dos meses antes “el Congreso de Puebla aprobó la Ley Antigrafiti que plantea castigar hasta con seis años de cárcel a quien dañe propiedad privada con pintas. El delito es castigado con una pena de tres a seis años de prisión cuando el daño se cometa en contra de inmuebles catalogados como históricos o arqueológicos, y en ello no alcanzarán la libertad bajo caución”.[10]

El muro “prestado” para describir la falacia de la esperanza partidista hace las veces de los discursos del Krause, la Poniatowska y otros de su talante, mientras que el muro utilizado para escribir el hartazgo, la indignación, la rabia y la cultura de la desobediencia al Estado criminal se asemeja a la nota periodística que incomoda hasta la médula y, por eso, es necesario exterminar. Cabría preguntarnos qué resulta “más” criminal: ¿la escritura prostituida de los sabiondos o la escritura de los periodistas que, con muchas dificultades, pueden saldar sus cuentas económicas mes con mes pues reciben un salario miserable mientras exponen su vida?

Con indignación y rabia a 4 de agosto de 2015

Reseña curricular de la autora

Anel Hernández Sotelo (México, D. F., 1979)

Doctora y maestra en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid (2006-2011). Licenciada en Historia por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (2000-2005). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México. En el año 2014 realizó una estancia de investigación posdoctoral en el Centro de Estudios de las Tradiciones de El Colegio de Michoacán y un año más tardé cursó el Certificado en Teoría Crítica en 17, Instituto de Estudios Críticos. Para más información, visítese su blog personal www.tlacuiloloyan.blogspot.mx

 

 

 

 

 

 

[1] OLSON, David R., El mundo sobre el papel. El impacto de la escritura y la lectura en la estructura del conocimiento, Barcelona: Gedisa, 1999, p. 100.

[2] “Enrique Krause” en Wikipedia. La enciclopedia libre, 23 de julio de 2015, disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Krauze, última consulta: 3 de agosto de 2015.

[3] CASAS, David, “NL a la vanguardia de un nuevo capítulo de la democracia: Krause” en La Crónica, 12 de junio de 2015, disponible en http://www.cronica.com.mx/notas/2015/903618.html, última consulta: 3 de agosto de 2015.

[4] “Elena Poniatowska” en Escritoras.com Literatura escrita por mujeres, 19 de diciembre de 2013, disponible en http://escritoras.com/escritoras/Elena-Poniatowska, última consulta: 3 de agosto de 2015.

[5] REYES, Laura, “Ayotzinapa: La graduación de una generación ‘cargada de ausencias’” en CNN México, 18 de julio de 2015, disponible en http://mexico.cnn.com/nacional/2015/07/18/ayotzinapa-la-graduacion-de-una-generacion-cargada-de-ausencias, última consulta: 3 de agosto de 2015.

[6] INEGI, información disponible en http://cuentame.inegi.org.mx/poblacion/analfabeta.aspx?tema=P, última consulta: 3 de agosto de 2015.

[7] BOURDIEU, Pierre, ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos, Madrid: Akal, 2001, p. 66.

[8] Real Academia Española (RAE), voz: “impostar”, recurso digital disponible en http://lema.rae.es/drae/?val=impostar, última consulta: 3 de agosto de 2015.

[9] “100 periodistas asesinados en México en sólo 15 años” en Regeneración, 2 de agosto de 2015, disponible en http://regeneracion.mx/causas-justas/100-periodistas-asesinados-en-mexico-en-15-anos/, última consulta: 3 de agosto de 2015.

[10] Redacción, “Subdirector de Policía en Puebla mata a joven por grafitear y se da a la fuga” en SinEmbargo, 4 de mayo de 2015, disponible en http://www.sinembargo.mx/04-05-2015/1333742, última consulta: 4 de agosto de 2015.

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