La verdad histórica, el Dasein, el trauma y el Estado mexicano

Escribe: Anel Hernández Sotelo

imagen de soymenos.wordpress.com

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Segunda oda a la estulticia

 

 

A casi seis meses de la desaparición forzada de los #43,

#NiPerdónNiOlvido #AyotzinapaSomosTodos

#26Marzo #AcciónGlobalporAyotzinapa

 

“Esta es la verdad histórica de los hechos, basada en las pruebas aportadas por la ciencia. No hay una sola evidencia de que haya intervenido el Ejército, ni una sola. Las mismas declaraciones iniciales de los que hoy dicen de que el Ejército fue, lo acusaban de omisión, las mismitas. No hay una sola, una sola evidencia de la participación del Ejército, ni siquiera había un grupo razonable de soldados en el lugar”.

Jesús Murillo Karam

Procuraduría General de la República, 27 de enero de 2015

 

¡¿“Verdad histórica, basada en las pruebas aportadas por la ciencia”?! Sí, frase célebre que me retumba en la cabeza desde aquella noche de enero, rematada por otra más corta pero no menos agraciada: “YaMeCansé”. Aunque Arely Gómez, actual Teleprocuradora General de la República, aseguró hoy que la investigación presentada por su predecesor en el cargo sobre la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal “Raúl Isidro Burgos” fue “profunda, seria y exhaustiva [porque] la realizaron varias personas de la Procuraduría General de la República con un alto nivel”,[1] la “verdad histórica” de Murillo Karam resulta ser una mentira institucionalizada que ha sido desvelada científica e humanísticamente por miembros de otras instancias nacionales e internacionales.

Baste leer el informe de Juan E. Méndez, relator de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sobre la tortura, las penas crueles y los tratos inhumanos o degradantes utilizados por policías y militares en México;[2] los comunicados publicados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF);[3] el análisis de cinco especialistas liderados por Jorge Antonio Montemayor Aldrete, investigador del Instituto de Física de la UNAM, y por Pablo Ugalde Vélez, investigador en ciencias de materiales en la UAM Azcapotzalco, sobre la imposibilidad de que 43 cuerpos pudieran ser incinerados en el basurero de Cocula[4] -lugar ahora famoso por las fosas clandestinas encontradas-[5]; y las investigaciones periodísticas de Anabel Hernández y Steve Fisher sobre la participación de las fuerzas municipales, federales y del ejército en los hechos del 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero,[6] para entender que la “verdad histórica” del Estado mexicano es un recurso retórico de autoencubrimiento, soportado en montajes televisivos, en “evidencias” manipuladas y en fabricación de culpables. Parafraseando a Patricia Dávila, la “verdad histórica” es “un simulacro de solución”.[7]

Pero centrémonos en uno de los síntomas de ese simulacro: la utilidad notabilísima del concepto “verdad histórica” –propio del positivismo decimonónico- en los procedimientos legales y judiciales de procuración de justicia en México. Como apunté, la “verdad histórica” del Estado mexicano no es más que una mentira institucionalizada, como toda nuestra historia oficial. Es poco probable que Murillo Karam -quien ha sido premiado recientemente con la titularidad de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU)- y la mayoría de los servidores públicos de este país, puedan comprender las disertaciones que haré a continuación, dado el grado de estulticia y de ignorancia que manifiestan continuamente. Pero, además, en el caso del ex procurador que apabulla discursivamente con nociones como verdad, historia y ciencia, resulta increíble pensar que sea capaz de discurrir lógicamente, sin parloteo político, sobre el significado del concepto “verdad histórica”, dado que él mismo es un simulacro de abogado. Aunque Murillo Karam se asuma como licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, no hay constancia de su cédula profesional en el Registro Nacional de Profesionistas de la SEP,[8] por lo que su caso se suma a una larga e histórica lista de funcionarios públicos que incurren en el delito de usurpación de títulos tipificado en el Código Penal Federal, que impunemente siguen succionando los haberes del erario público.[9]

Pues bien, la “verdad histórica” no existe. Así de simple y así de complejo. Pero, entonces, ¿para qué sirve un historiador si no es para relatar las “verdades” de cómo, porqué y cuándo ocurrieron los hechos del pasado? ¿O es que lo que los historiadores escriben son invenciones de lo que fue pero ya no es? Cierto es que, para desgracia de la comunidad global de historiadores, “hay de todo en la viña del Señor”. Sin embargo, para los historiadores críticos y contestatarios el dueño de la viña ha devenido en mujer -¿o siempre lo ha sido y el poder hegemónico la ha travestido?- y responde al nombre de Hermenéutica. La Señora de la viña, la Hermenéutica, es hermana carnal de la Ética Profesional. Así, los historiadores interpretamos los hechos del pasado en virtud de que no podemos verificarlos (del latín verificāre, presentar algo como verdadero). Y es que, ¿cómo verificar una coyuntura como la Revolución Francesa? Resulta imposible aprehender a la Revolución Francesa en un laboratorio para estudiarla como entidad en sí misma y conocer que ocurrió en esa Francia de finales del siglo XVIII. No hay laboratorios de análisis históricos, sino grupos de investigación, congresos, seminarios y publicaciones donde se discuten las diferentes interpretaciones de los hechos que se estudian. Y esta, denostados funcionarios públicos, es la “verdad histórica”.

¿Con cuántas interpretaciones sobre los sucesos ocurridos el 26 y 27 de septiembre de 2014 trabajó la Procuraduría General de la República para llegar a la “verdad histórica”? Aunque hemos reseñado antes la existencia de, al menos, cuatro interpretaciones sobre los hechos, el Estado mexicano decidió elaborar –nótese el vínculo del término con la palabra laboratorio- una historia –story not history– que rotuló con el concepto verdad para que los mexicanos estuviésemos orgullosos de su eficacia investigadora, sin considerar las verdades disidentes sobre el caso Ayotzinapa. Porque cuando la verdad es institucionalizada, cuando es creada en un laboratorio con la pretensión de que sea creída por una nación entera, la opción, la alternativa a tal engendro, es la disidencia.

El corrupto y asesino ex procurador, al enfatizar que sus dichos conforman la “verdad histórica” -mismos que la teleprocuradora legitima ahora, habida cuenta del alto nivel de quienes investigaron el caso pero ¿alto nivel? ¿en qué o de qué?- no hace más que evidenciar el pensamiento ultraconservador de los miembros del Estado mexicano; los vicios fundantes, convertidos en virtud, del totalitarismo priísta al que, luego de considerar la historia PNR-PRM-PRI iniciada en 1929, bien podríamos llamar totalitarismo revolucionario; y la falta del hábito de la lectura o, para ser benevolentes, del hábito tan promovido de leer al menos 20 minutos al día porque “leer te hace grande”.

Pilar Gilardi ha enfatizado la importancia de las concepciones heiddegerianas del tiempo y de la historicidad del Dasein (el ser-ahí, cuyo modo de ser es la existencia[10]) para los estudiosos de la historia, expuestas por el filósofo alemán -asociado al régimen nazi- en Ser y tiempo (1927). La filósofa de la historia explica que “pasado, presente y futuro no expresan distintos momentos en una línea del tiempo […] porque lo que está en cuestión es la comprensión lineal del tiempo. A esta concepción de la temporalidad corresponde la ingenua interpretación del pasado como aquello sucedido y concluido, el presente como el ahora y el futuro como aquello que vendrá. Desde la perspectiva heideggeriana, pasado, presente y futuro se copertenecen a tal grado que no se dejan comprender en una línea de sucesión. Para esta concepción de la temporalidad, el futuro (Zukunft) es comprendido en términos de posibilidad anticipante, el pasado (Gewesenheit) como haber sido y el presente (Gegenwart) como presentación”.[11] En suma, en el Dasein convergen simultáneamente las tres temporalidades que tradicionalmente se han definido como sucesivas y sucesorias.

Como haber sido y no como lo que ya no es, el pasado entonces se experimenta “de manera propia”. El pasado –apunta Jesús Adrián Escudero- como “historia acontecida”, como “lo que todavía permanece vivo y activo para nuestro presente […] tiene la capacidad de influir sobre nuestro destino”[12] pues es simultáneamente la presentación de un haber sido con posibilidad anticipante.  Y, entonces, ¿dónde colocar la categoría de verdad? La verdad, escribe Giraldi, “pertenece a la cosa misma y la constituye, no es una propiedad que se pueda tener una veces sí y otras no. Tampoco una acción que el sujeto ejerce sobre las cosas”.[13] La verdad es alethêia, término con el que los griegos definían aquello que no está oculto, lo que es evidente. Así, la verdad “no resulta de comparar el interior [el pensamiento] con el exterior [la realidad] a través de artilugios mentales […], no es el resultado de la relación sujeto-objeto, sino que refiere al mostrarse de las cosas desde ellas mismas”,[14] de donde se sigue que la verdad es “la forma de estar en el mundo originaria del Dasein”[15] a la que sólo se accede mediante un proceso primariamente práctico de comprensión e interpretación de lo evidente, de eso que no está oculto.

Es evidente, es decir, es verdadero que la versión del Estado oculta información sobre la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa: se ha impedido el acceso a las instalaciones del 27º Batallón de Infantería ubicado en Iguala; las compañías de servicio telefónico móvil se han negado a rastrear satelitalmente las locaciones de los celulares que portaban los muchachos; bajo tortura, casi una centena de personas han declarado haber participado en el secuestro de los estudiantes y en su supuesta incineración; y, a pesar del montaje televisivo de la detención de Abarca y Pineda, los mexicanos sabemos que Ayotzinapa no es un caso aislado que se soluciona con la detención (pactada) de estos dos narcopolíticos asesinos. Los compañeros de la Unión por la Organización Estudiantil (UPOE) han dejado claro que el caso es un eslabón más de la larga e histórica cadena de agravios y crímenes de lesa humanidad perpetrado por los tres niveles de gobierno. Los representantes de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial sistemáticamente se han legitimado mediante el terrorismo de Estado porque

“ante la ilegitimidad del Estado mexicano se ha instrumentado un modelo jurídico que amplía los márgenes de la violencia institucional con el objetivo de reprimir ‘legalmente’ la protesta y al mismo tiempo opera la violencia contrainsurgente al fomentar grupos paramilitares, escuadrones de la muerte a los que se les intenta maquillar como obra del crimen organizado o hecho aislado fuera del ‘control’ gubernamental, el enemigo interno con el que se escenifica la confrontación entre crimen organizado y Estado; teatro que por su propio peso cae cuando se comprueba que tan sólo en el caso Ayotzinapa –uno de los miles de casos- al momento de la masacre y detención-desaparición de los 43 estudiantes no sólo actuaron las policías municipales de Iguala y Cocula, por si esto fuera poco este actuar se da en presencia, complicidad y anuencia del ejército federal”.[16]

Siendo así, cabe argumentar que los miembros del Estado mexicano están contagiados por eso que Paul Ricœur llama enfermedad histórica. Los síntomas de este padecimiento nacional -promovido mediante la instrucción dogmática disfrazada de educación pública, laica y obligatoria- se manifiestan en el entusiasmo por la historia monumental “que nivela la grandeza hasta la insignificancia”.[17] El nonagenario Joaquín Gamboa Pascoe, secretario general de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) desde 2005 a pesar de sus probadas prácticas de contrabando[18], al develar su propia estatua de bronce y pronunciarse contra las protestas sociales que inundan las calles del país refleja la mentalidad arcaica de una clase política que pretende trascender históricamente mediante mitos, ritos y objetos de veneración. Y es que en cualquier régimen totalitario –habría que preguntarnos si, en la práctica, existen hoy otras formas de gobierno- la historia monumental resulta tan útil como el exceso que manifiesta. Su utilidad consiste

“en el abuso de las analogías; por ellas, ‘flancos enteros del pasado se olvidan, se desprecian, y transcurren como una corriente grisácea y uniforme de la que sólo algunos hechos aislados, embellecidos, emergen cual islotes solitarios’ [Nietzche, Segunda consideración intempestiva, 1872]. Es entonces cuando daña al pasado. Pero daña también al presente: la admiración sin límites de los grandes y de los poderosos del pasado se convierte en el disfraz bajo el cual se oculta el odio de los grandes y de los poderosos del presente”.[19]

Otro de los síntomas de la enfermedad histórica es la concepción de que el quehacer del historiador consiste en el rescate de la memoria tradicional. La historia tradicionalista –apunta Ricœur- es tan ambigua como la historia monumental porque “es útil para la vida conservar y venerar costumbres y tradiciones; pero, una vez más, el mismo pasado se resiente, pues todas las cosas pasadas terminan por ser cubiertas por un velo uniforme de venerabilidad, y ‘lo que es nuevo y está naciendo es rechazado y atacado’. Esta historia sólo sabe conservar, no engendrar”.[20] En México, el sistema político completo –incluyendo partidos de todos colores, viejos y “nuevos”- se sustenta en la veneración de un panteón nacional instrumentado desde la Secretaría de Educación Pública. Los personajes que componen el santoral mexicano funcionan discursivamente para persuadir, convencer o reprimir en su nombre. Piénsese en la figura de Lázaro Cárdenas: a finales de 2013, esta entidad mitológica sirvió al mismo tiempo como la bandera de la “izquierda” en la defensa de PÉMEX y como bandera de la “derecha” para sostener que la reforma energética respetaba “palabra por palabra” las disposiciones de san Tata Cárdenas.

En La tradición oculta, una serie de ensayos escritos entre 1930 y 1940 y compilados décadas después, Hannah Arendt escribió: “Es una vergüenza que hiciera falta una guerra mundial para acabar con Hitler, sobre todo porque también es cómico. Los historiadores de nuestro tiempo siempre han intentado esconder, borrar este elemento de insensatez sangrienta (cosa bastante comprensible) y dar a los sucesos una cierta grandeza o dignidad que no tenían, pero que los hacía humanamente más llevaderos”.[21] Sí, resulta vergonzoso y, por eso mismo, cómico que se asesinaran a tantos en tantos sitios para acabar con un hombre. Y los historiadores fueron cómplices de esta abyección al promover como verdades nacionales –de ambos bandos-  basadas en la historia monumental y la historia tradicionalista, tal como sucede hoy en este Valle de Impunidad llamado México.

Porque si el grueso de los historiadores mexicanos cobijados en las instituciones públicas (lo que los convierte también en servidores públicos, ya que su salario se obtiene de la hacienda pública) se hubiesen sumado a la protesta social como un colectivo bien definido, probablemente el Estado hubiera procedido con más cautela al señalar la formulación de una simulación como “verdad histórica”. Pero, dado que estos historiadores son cómplices del sistema, no cabe glosa, aclaración ni protesta ante la prostitución teórica de la profesión. Claro está, además, que estos pseudoacadémicos que ejercen como historiadores están plácidamente investigando y discurriendo sobre “el pasado” que antecedió “al presente” pues han sido bien amaestrados en la comprensión del tiempo como una línea continua, al estilo del totalitarismo revolucionario. Y es que esta concepción añeja, caduca, conservadora y cómplice es la conditio sine qua non un historiador mexicano puede obtener una plaza académica vitalicia. La peste de la enfermedad histórica asola a los historiadores.

El único argumento con el que el Estado pudiera remendar su discurso sobre el concepto “verdad histórica” proviene del psicoanálisis. Aunque es altamente dudoso que Peña Nieto, Osorio Chong, Murillo Karam, Videgaray, la teleprocuradora Gómez y el resto de la clase política mexicana sean capaces de discurrir sobre el tema, sería oportuno que consideraran como necesidad urgente –más urgente que sus onerosos bonos- el asistir a terapia porque, de acuerdo con Manuel Canga,

“Freud utilizaba el concepto de verdad histórica […] para referirse a la existencia de un acontecimiento traumático, un “suceso”, dice literalmente, que tiende a ser reemplazado por un deseo antitético, por un deseo o una tendencia de signo opuesto, de igual forma que sucede con algunas leyendas nacionales, cuyo objetivo es camuflar las miserias inconfesables de las grandes familias, de los pueblos, las naciones y de todos sus líderes […] Lo ‘histórico’ introduce así una determinación temporal y localiza algo que concierne a la experiencia viva de un sujeto, la experiencia de un contacto con lo real que tiende a esconderse en las profundidades cavernosas del inconsciente”[22]

¿Será entonces que Ayotzinapa ha devenido en “acontecimiento traumático” para el Estado mexicano? Seguro que sí porque, a seis meses de la desaparición de los 43 normalistas,  Ayotzi vive y la lucha sigue.

 

 

 

 

[1] “La investigación de Murillo Karam sobre Ayotzinapa fue ‘seria y exhaustiva’, dice Arely Gómez” en Animal Político, 9 de marzo de 2015, disponible en http://www.animalpolitico.com/2015/03/la-investigacion-de-murillo-karam-sobre-ayotzinapa-fue-exhaustiva-y-seria-dice-arely-gomez/; última consulta: 9 de marzo de 2015.

[2] “La ONU alerta que ‘casi todas’ las corporaciones de seguridad torturan en México” en Emeequis, 9 de marzo de 2015, disponible en http://www.m-x.com.mx/2015-03-09/la-onu-alerta-que-casi-todas-las-corporaciones-de-seguridad-torturan-en-mexico/; última consulta: 8 de marzo de 2015. La nota contiene un enlace para acceder al informe íntegro del relator Juan E. Méndez.

[3] Comunicado EAAF del 11 de noviembre de 2014, disponible en https://es.scribd.com/doc/246294308/Comunicado-EAAF-11-Nov-2014; última consulta: 9 de marzo de 2015. Comunicado EAAF del 7 de diciembre de 2014, disponible en http://www.cencos.org/comunicacion/comunicado-equipo-argentino-de-antropologia-forense-explica-identificacion-de-alexander-mora-venanci; última consulta: 9 de marzo de 2015. Comunicado EAAF del 7 de febrero de 2015, disponible en https://es.scribd.com/doc/255056847/Comunicado-EAAF-pdf; última consulta: 9 de marzo de 2015. Recomiendo el excelente resumen sobre las inconsistencias de la investigación de la PGR sobre el caso Ayotzinapa realizado por “Ar1zz” del portal Ellos y nosotros. Disculpe las molestias, esto es una revolución, disponible en http://www.ellosynosotros.com/mexico/argentinos-tiran-la-verdad-historica-mientras-la-onu-confirma-desaparicion-forzada-en-mexico-es-sistematica/; última consulta: 9 de marzo de 2015.

[4] ROSAGEL, Shaila, “Científicos de la UNAM: ‘No los quemaron en el basurero, el gobierno está en problemas” en Sinembargo, 11 de diciembre de 2014, disponible en http://www.sinembargo.mx/11-12-2014/1190680; última consulta: 9 de marzo de 2015.

[5] TURATI, Marcela, “Fosas de Cocula: el fallido show de la PGR” en Proceso, 29 de octubre de 2014, disponible en http://www.proceso.com.mx/?p=386097; última consulta: 9 de marzo de 2015.

[6] HERNÁNDEZ, Anabel y Steve FISCHER, “La historia no oficial” en Proceso. Edición espacial No. 48: Ayotzinapa. Una historia de corrupción, barbarie e impunidad, año 38, enero 2015, pp. 62-66.

[7] DÁVILA, Patricia, “Un simulacro de solución” en Proceso. Edición espacial No. 48: Ayotzinapa. Una historia de corrupción, barbarie e impunidad, año 38, enero 2015, pp. 74-76.

[8] La plataforma virtual del Registro Nacional de Profesionistas ha sido consultada el 9 de marzo de 2015. Invito a los lectores a navegar por el recurso para conocer los datos profesionales de alcaldes, presidentes municipales, gobernadores, diputados, senadores y otros servidores públicos, incluyendo a Enrique Peña Nieto en http://www.cedulaprofesional.sep.gob.mx/cedula/indexAvanzada.action.

[9] Sólo un ejemplo para refrescar la memoria. En 2005 el actual titular de la Secretaría de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, que entonces reconoció que “se presentaba como licenciado en derecho sin estar titulado. En ese carácter, aún sin contar con el documento con el que se acredite esa profesión, firmó decretos y otros documentos oficiales como secretario general de Gobierno del estado de Hidalgo” en VELEDÍAZ, Juan, “‘Fui abogado sin serlo’: Osorio Chong” en El Universal, 25 de febrero de 2005, disponible en http://www.eluniversal.com.mx/estados/56490.html; última consulta: 9 de marzo de 2015. A estos casos se suman otros más que bien podrían ser el tema de un ensayo aparte.

[10] Sobre la complejidad del concepto Dasein, consúltese BERCIANO, Modesto, “¿Qué es realmente el ‘Dasein’ en la filosofía de Heidegger?” en Thémata. Revista de Filosofía, No. 10, 1992, pp. 435-450.

[11] GILARDI, Pilar, “El problema de la verdad histórica: una lectura desde la fenomenología hermenéutica” en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, No. 46, julio-diciembre 2013, p. 135.

[12] ESCUDERO, Jesús Adrían, El lenguaje de Heidegger. Diccionario filosófico 1912-1927, Barcelona: Herder, 2009, pp. 102-103, citado en GILARDI, “El problema de…”, p. 136.

[13] GILARDI, “El problema de…”, p. 127

[14] GILARDI, “El problema de…”, p. 129.

[15] GILARDI, “El problema de…”, p. 132

[16] “Ni hecho aislado, ni crimen organizado, es terrorismo de Estado” en Vuelos & Revueltas, Año 2, Núm. 3, noviembre 2014, p. 12. Recomiendo ampliamente la lectura íntegra del número, disponible en https://www.facebook.com/upoeo/photos/a.814822195229685.1073741837.784126738299231/874265255952045/?type=3&theater; última consulta: 10 de marzo de 2015.

[17] RICŒUR, Paul, La memoria, la historia, el olvido, México: FCE, 2010, p. 380.

[18] “Estatua de Gamboa Pascoe, muestra de que el viejo PRI regresó con esplendor: Francisco Cruz” en Noticias MVS, 25 de febrero de 2015, disponible en https://www.youtube.com/watch?v=6MC4YjnDDO8; última consulta: 10 de marzo de 2015.

[19] RICŒUR, La memoria…, p. 380.

[20] RICŒUR, La memoria…, p. 381.

[21] ARENDT, Hannah, La tradición oculta, Barcelona: Paidós, 2004, p. 16.

[22] CANGA, Manuel, “Freud y el problema de la verdad histórica” en Trama y fondo. Revista de cultura, Núm. 20, 2006, pp. 35 y 40.

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