El deseo inconsciente del humano

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen de cinefilocriticon.com

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“Cuando las causas no son reproducibles no queda más alternativa que inferirlas desde los efectos”. (Carlo Ginzburg)

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¿Por qué se lee el periódico? hasta hace poco tenía el in-sano hábito de leer diariamente el periódico, quizá siguiendo el consejo hegeliano de “leer el periódico se ha convertido en la oración matinal del hombre moderno”.

Intentando responder a dicha interrogante de por qué la atracción hacia el periódico, existen infinitas respuestas como infinitos lectores, algunos lo compran para verse en la foto que le tomaron en el antro, otros porque andan buscando chamba. Para muchos se ha convertido en un ritual; estar informado del acontecer diario de la República que camina, resulta para unos un imperativo categórico, para otros la oportunidad de tener un tema de conversación, o simplemente los hay que afirman que leer el periódico lo hacen por un simple acto hedonista.

¿Cuál es la representación social que se tiene sobre el periódico y su uso? Fenomenológicamente no podríamos abarcar la cuestión, nos queda grande el asunto, el lector y su periódico forman una simbiosis perfecta, una relación de amor-odio, te compro, me insultas, te leo, te tiro, te levanto, me vuelves a insultar, decido ya no comprarte, no te leo dos o tres días pero me doy cuenta de que no aguanto una existencia sin ti y vuelvo a comprarte, y así ad infinitum, se repite y se repite esa dialéctica perversa, retorcida, sadomasoquista, vete, regresa, te amo, esfúmate, allí te quedas, compláceme, infórmame… te quiero.

Lo que encontramos en el periódico son notas de muerte, destrucción, que alarman, inquietan, seducen, preocupan, angustian, atormentan. Básicamente la nota que impera en nuestro país es la lucha entre “buenos” contra “malos”; entre “guardianes del orden” contra “desestabilizadores del sistema”. Hasta hace poco no había confusión; los malos estaban en un lado y los buenos en el otro lado, al puro estilo maniqueista.

El orden establecido que imperaba en nuestro México Lindo y que-herido sufrió una crisis de identidad, los buenos, que antes se encargaban de cuidarnos, de protegernos, de luchar contra las fuerzas imperiosas del mal sufrieron una metamorfosis kafkiana y se fueron al otro bando, allá con los malos, con los asesinos, con los sicarios, un día despertaron y decidieron renunciar a su cargo, ya no quisieron encarnar nunca más la ley y el orden.

¿Qué hay de tras de ese cambio tan drástico? ¿por qué el humano que juró imponer la ley y el orden cambia de aires y decide experimentar la transubstanciación convirtiéndose en lo que con tanto empeño juzgaba? Se fue al equipo contra quien luchaba, su sentido de la vida trasmutó radicalmente, lo que antes era una virtud y digno de admiración, se convirtió en lo más ruin, despreciable, escoria de la sociedad.

¿Al servicio de qué está esa metamorfosis? ¿será cierto eso de “con dinero baila el perro”? ¿todos tenemos un precio? ¿qué pasó? ¿por qué fulanito que antes era un buen soldado de pronto extorsiona? ¿el trato diario lo orilló a tomar esa decisión?

El factor que está detrás de todo esto se llama formación reactiva. Es la “trasformación en lo contrario” lo que opera cuando alguien que se preciaba de ser “bueno” en exageración, un día decide “salir del closet” y mostrar a la sociedad (y a la saciedad) su verdadero rostro, su verdadera condición humana, de lo que está hecho, quebranta su ideal y asume su pulsión. El que antes era el adalid de la justicia se convierte en el máximo corrupto; esto no significa que haya cambiado, al contrario, siempre fue así, solamente que ahora demuestra su verdadero deseo; deseo que se ocultaba tras la fachada de la “cultura y civilización” que espera de los seres humanos se regulen bajo la conducta socialmente esperada.

La transformación en lo contrario explica el por qué un sujeto “bueno” deviene en un sujeto “malo”. No es que la sociedad o la oportunidad lo haya cambiado, es que en realidad él era así, solamente que luchaba en contra de ello y lo transformó en un valor altamente valorado por la sociedad. Se convirtió en el gran amoroso, en el gran altruista, en el gran filántropo para ocultar su verdadero y real deseo. Al final, todo lo que se oculta, lo que se reprime, lo que ha quedado velado, sale a la consciencia y con mayor ímpetu. Es por eso que nos damos cuenta de casos exagerados que rayan en lo absurdo, casos en donde lo sublime topa con lo ridículo. Curas amorosos que se descubren como pederastas, soldados del ejército que se descubren como esbirros, médicos que se descubren como asesinos, juristas que se descubren como corruptos. Al final, la pulsión que constituye al ser humano, se impone.

 

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