La experiencia analítica

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen de cosimodemonroy.com

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“No hay relación más íntima que la del analizante con el analista”
Jacques-Alain Miller

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Cada ser humano tiene una historia de vida que contar, una “novela familiar” diría Sigmund Freud. Cada uno de nosotros posee una verdad oculta, una verdad que siempre estará intentando salir a la luz, ser revelada, ya sea a través de un sueño, un error, un lapsus, un acto fallido, una relación sexual.

Sigmund Freud se dio cuenta de eso; se dio cuenta de que el malestar en la cultura o lo que es lo mismo, el malestar en el sujeto tiene mucho que ver con esa “verdad no revelada”, con esa verdad no esclarecida, con ese secreto de familia. El paciente al hacer consciencia de eso que ha quedado reprimido ha dado el primer paso que lo encaminará al sendero del inconsciente y es precisamente allí, en el inconsciente en donde se ha gestado la verdad y parafraseando la enseñanza milenaria: “La verdad nos hará libres”; es decir, el acceso a ese material inconsciente, reprimido, al simbolismo y sus manifestaciones, podremos acercarnos a una existencia más llevadera en donde no sea necesario el síntoma, la angustia, la depresión para callar eso que incomoda, eso que molesta.

La experiencia analítica es una experiencia entre el paciente y su psicoanalista, en donde el paciente dejará paulatinamente de ser “paciente” (padeciente) para dar paso a ser “analizante” es decir un sujeto activo que está allí en el consultorio apostándolo todo por desear saber eso no dicho; “el saber no sabido”.

¿Cómo es eso que solamente con la palabra el paciente se cura (si llegara a haber una “cura”)? Efectivamente la propuesta del psicoanálisis es “la cura por la palabra” en donde el paciente (de ahora en adelante analizante) habla de todo cuanto se le ocurra, de todo cuanto aparezca en ese preciso momento que está sentado frente a su psicoanalista. De esa manera, a través de la asociación libre, el paciente hará un recorrido a través de su propio discurso, de su propia palabra, un recorrido por todos los recovecos que existiesen en su pensamiento, en su alma, en su inconsciente.

El psicoanálisis como esa propuesta que invita a “mejor vivir, mejor amar, mejor trabajar, mejor disfrutar” como bien dijera Marie Langer. El psicoanálisis como el dispositivo básico inventado por Sigmund Freud para que el ser humano se topara con su deseo, para que hiciera un recuento de esa vida a través del recuerdo, de las imagos, de los fantasmas; el psicoanálisis como el lugar idóneo para que el ser humano se re-encuentre consigo mismo, se reconcilie, le dé un sentido a su propia vida, re-signifique su propia existencia y comience a construir la vida que desea vivir.

Un proceso analítico es costoso, implica tiempo, dinero, esfuerzo, dedicación, constancia, tenacidad, pero ¿qué cambio duradero no lo implica? Además es un compromiso que se lleva a cabo con uno mismo, un acto de amor hacia sí mismo, un espacio en donde una vez a la semana durante una hora va y se piensa en voz alta, con honestidad, sinceridad, y lo que es mejor, en donde se es escuchado y lo que es aún mejor, se es escuchado sin ser juzgado.

La experiencia analítica implica un grado de responsabilidad muy grande por parte del analizante (antes paciente) ya que los cambios deseados, la vida deseada se da a través de la propia palabra, del propio análisis del analizante, acá no se viene a escuchar una receta, un consejo, un sermón, al contrario, se viene uno mismo a escucharse y en ese escucharse a sí mismo uno va encontrando los hilos de la madeja. Acá la función del psicoanalista es una escucha flotante, una escucha atenta, pero sobre todas las cosas el responsable de su propio análisis es la persona que acude al consultorio porque se queja de algo, porque sufre, se acongoja, se deprime. Pero poco a poco, lentamente, a través de su propio análisis, el ser humano va re-surgiendo a través de su propia palabra, a través de ese re-encuentro con los fantasmas del pasado, los recuerdos de la infancia que atormentan, que no dejan andar, que paralizan.

A fin de cuentas, la experiencia analítica es un gesto de amor, una apuesta por la escucha y qué mejor que optar por esta propuesta estando en una etapa de nuestra existencia en donde la paciencia y la escucha están muy poco valoradas. La invitación allí está, si se desea vivir la experiencia analítica, cada quién tiene un lugar reservado allí, en donde tendrá un encuentro muy íntimo con sus propios demonios pero también un encuentro muy íntimo con su propia alma.

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Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo Y Psicoterapeuta
Miembro de APPCAC y SMP
Consulta privada en Monclova, Coah. Mx.
psicologocarlosmoreno@gmail.com
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