¡Hey tú! ¡Si tú! te contaré algo que me pasó cuando niño… dijo en voz baja…

Escrito por: Alejandro Serrato Castillo.

20/7/2013

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imagen tomada de poesiademujeres.com

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Cuando niño me mudé a una casa vieja, y en esa casa había muchas ventanas, pero sólo una era diferente; esa ventana me daba miedo, en ella había un niño, un niño que me daba miedo, siempre que pasaba por la ventana él me veía sin decir nada y yo sentía miedo y corría a esconderme en cuartos vacíos, así que decidí no verlo más y evitaba pasar por ahí porque no me gustaba verlo.

En fin… te contaré como conocí a mi mejor y único amigo.

Era una tarde invernal, recuerdo que me gustaba hacer figuritas con mi aliento, pero hacía tanto frio que la amable señora que solía verme jugar y darme comida me dio chocolate caliente, piezas de pan y un suéter. Me dijo que yo le daba mucha tristeza, no sé; ¿por qué? pero ella se marchó llorando. Regresé a casa feliz por el pan que había recibido y mientras trataba de abrir la puerta, un auto que pasaba tiró una caja a mi jardín frontal y escuché un llanto que provenía de la caja. Tuve miedo, tomé una rama, me acerqué a ella y la abrí… lentamente… en ella había un perrito; pensé “pobrecito, lo tiraron” lo cargué, le di del pan que tenía y le dije: “te llamaré Donita” al igual que la dona que comí ese atardecer. Abrí la puerta y por primera vez dormimos juntos esa noche; por primera vez no tuve miedo a estar solo, “Donita” me daba valor.

A la mañana siguiente al juguetear por la casa, lancé una pelota a “Donita”, pero él no la atrapó, tal vez porque él siquiera sabía que era una pelota, le dije: “No te preocupes y come más pan del que nos dio la señora, yo voy por la pelota“. Fui por la pelota y sin darme cuenta estaba parado frente a esa ventana, esa horrible ventana donde siempre había un niño.

Pero esta vez fue diferente; no corrí a esconderme entre cuartos vacíos como en otras ocasiones. Corrí a abrazar a “Donita” y le dije: “No tengas miedo, yo estoy aquí contigo” y en medio de mi miedo, me puse a pensar “¿por qué me da miedo ese niño?”, “tal vez no sea malo” dije, “¿tal vez él también tenga miedo?”. Él siempre está solo, sin amigos, sin papás… me sentí muy triste por aquel niño y quise hablarle, me armé de valor, tomé a “donita” y me acerqué lenta y cuidadosamente a esa ventana y ¡oh!… cruel sorpresa, vi que él también tenía un perrito.

Entonces me di cuenta que tan sólo era un reflejo; el triste, temeroso y pobre niño que tenía a “Donita” en sus manos… Era yo.

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