La angustia ante lo efímero

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la rosa

@CarlosMorenoMx

 

imagen tomada de: ens9001.mza.infd.edu.ar

imagen tomada de: ens9001.mza.infd.edu.ar

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“Todo lo que creíamos sólido se disuelve en el aire”.
Karl Marx.

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Últimamente he dejado el teclado a un lado y me he dedicado a leer. Bueno, leer es un decir, me he dedicado a otras cosas, pero básicamente dejémoslo así, en leer. Lo que más me ha dejado asombrado en estos tiempos de la posmodernidad y más con el constante uso de internet es la esencia fútil de la noticia, del descubrimiento, del ensayo, del escrito, de la opinión. Quizá lo que caracteriza a esta era posmoderna es lo transitorio; lo que apenas ayer era noticia hoy deja de serlo. Recuerdo mis tiempos de juventud cuando estudiamos la preparatoria y no había Internet; el conocimiento era el que nos administraba el profesor y el que podíamos dilucidar en la biblioteca. El conocimiento tenía uno o dos años de vigencia, ahora no, lo que se aprende hoy solamente da para ser tema del momento, ya para mañana es noticia arcaica. Lo mismo sucede con los símbolos que antiguamente sustentaban nuestras creencias, los arquetipos como el Amor, Dios, la Muerte, el Diablo. Los valores también han trasmutado, fenómeno característico de nuestra cultura líquida. La cultura líquida “liquida”.

La futilidad del conocimiento, de lo que “en lo que creían nuestros ancestros” también ha alcanzado a las Instituciones educativas, el proceso de enseñanza-aprendizaje se ha convertido en otra cosa, en algo muy diferente a lo que estábamos acostumbrados, el uso de las tecnologías de la información y la comunicación ha venido a imponer un ritmo demasiado acelerado a ese proceso dialéctico. Lo que se aprende en los salones de clase es una metáfora de lo que está aconteciendo en la “vida real”, lo sólido de lo que creíamos antaño cada vez con la apoteósica mirada que implica vivir en la era de la posmodernidad ha quedado obsoleto, raquítico, pasado de moda, anticuado, arcaico, olvidado.

Ahora la voz de cualquier mortal puede ser escuchada, o en su caso, leída. En México existen grandes opinólogos y eso me abruma, ya todos escriben (escribimos); he leído muy buenos comentarios en los blogs así como excelentes ensayos en sitios de internet. Ahora todos opinan, todos hablan y lo hacen bien; es por eso que ya tengo tiempo de no escribir, sé que existen escritores que pueden decir mucho mejor lo que yo quiero trasmitir, por eso tenía tiempo de no querer enfrentarme a esta eterna hoja en blanco, pero la necesidad de expulsar los demonios aún sigue allí. El lector posmoderno prefiere leer el Blog de Luis, de Sebastián, de Rodrigo porque sabe que encontrará destellos hermenéuticos para comprender la realidad que vive día a día. Lo malo del asunto es que hemos dejado de leer a Sartre, a Camus, a Nietzsche, para poder atender las exigencias de los blogueros.

¿Por qué volver a escribir? Quizá por la misma angustia ante tanta información, es un mar de información, es avasallante, temas y temas desarrollados por miles de blogueros. Antes entraba a una librería y me angustiaba por tantos libros por leer y yo con tan poco tiempo. Ahora la angustia se vuelve a presentar; tantos sitios de internet tan valiosos y yo con tan poquísimo tiempo. Tanta información que nos presenta la Red, y lo característico del suceso que estamos presenciando es que nos damos cuenta del cómo es que suceden las cosas; somos testigos del proceso de los fenómenos. Antes solo teníamos el producto terminado, nos enterábamos de los hechos en las noticias, en el periódico, o leyendo algún libro. Ahora cada sujeto puede ser protagonista de la historia del momento, claro, con la consabida advertencia que ahora las reglas cambian, quizá la aportación no quedará como precedente para la historia contemporánea de la humanidad. Con lo anterior ya esbozado y sabiendo que el conocimiento cada día se está constantemente actualizando ¿Tendrá validez una Tesis Doctoral? Ya ni se diga una Tesis como por ejemplo de Licenciatura. Todo pasa, ya nada queda, como decía el Libro Sagrado: “No hay nada nuevo bajo el sol”, y eso, sin añadir el ya consabido: “La vida se nos va entre las manos”. La angustia ante lo efímero.

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