Una historia de todos los días

 

Por: Juan Pablo Cruz Alvizo

Twitter: @jpcruzalvizo

jpcruzalvizo@hotmail.com

 viejita

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La Señora Ignacia padece diabetes, uno de los males que más aquejan a las y los mexicanos en nuestros días. Cuenta con el servicio del Instituto Mexicano del Seguro Social, gracias a que su marido, ya jubilado, trabajó en una línea de transportes, aunque pareciera que le hacen un favor cuando ella acude a solicitar los servicios médicos.

Hace ya cuatro meses que le programaron para una cirujía <<urgente>> y ya se la cancelaron, por lo que tendrá que esperar otros tres meses más. Eso no es raro, ya se acostumbró a que la traigan “a las vueltas” como dice ella.

En más de una ocasión ha tenido que acudir en la madrugada a solicitar servicios de urgencia a la clínica más cercana a su domicilio y han llegado a tardar para atenderla hasta una hora, porque nadie está en la guardia para atender y sólo escucha la Tertulia que hace el personal en algún cuarto contiguo al área de urgencias.

En una ocasión llego a encontarse con la desagradable sorpresa de encontrar a un empleado de limpieza teniendo sexo con una enfermera en una camilla de dicha sección hospitalaria.

Ella no pierde la esperanza de que las cosas cambien, pues el pasado gobierno terminó presumiendo que el sitema de salud de nuestro país es el más moderno y está cubierto no sólo en cantidad, sino en calidad. Con tristeza dice: <<como se ve que el presidente nunca se atiende sus enfermedades en el IMSS>>.

Con nostalgia recuerda sus tiempos de juventud diciendo que le gustaba tener su casa bien limpia, pues una casa sucia habla muy mal de la señora de la casa. “Ahora me da vergüenza ver cómo tienen muchas señoras sus casas, hasta el seguro (sic) está bien sucio, con manchas y chicles pegados en el suelo y las bancas, – personal no falta, lo que falta es que se pongan a trabajar, no creo que el salario que reciben sea tan bajo para que no lo hagan bien, esos del Sindicato sí que saben exigir sus derechos, pero no saben cumplir con sus obligaciones- advierte.

Po r su enfermedad, gran parte del tiempo Doña Nachita, como le dicen de cariño sus vecinas, se la pasa en la Unidad de Medicina Familiar cercana a su casa (cercana es un decir, se encuentra a veinte cuadras de su domicilio) a donde se tiene que trasladar a pie, pues la <<combi>> se tarda mucho en pasar. Esto trae consigo que nuestra buena amiga conozca el sistema de salud, en especial el Instituto Mexicano del Seguro Social.

“Ojalá que con este nuevo presidente que entró ahora sí cambien las cosas. Ya empezó con los maestros, les va a poner pruebas a ver si pasan pa que den clases, espero que a los doctores, enfermeras, y todos los del seguro también les pongan pruebas, de seguro que muchos reprobarían, y de paso que les enseñen algo de educación, porque la mayoría son muy groseros” termina diciendo Doña Nachita, que se dispone a continuar su viacrucis para poder acceder a la cirugía tan anunciada.

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