Jesús, el de Nazareth

 

Escrito por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

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imagen tomada de cartujoconlicencia.blogspot.mx

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¿Qué es lo que llamó la atención de Jesús entre la gente pobre y sencilla? Indudablemente el mensaje de esperanza que traía y sus prácticas liberadoras: milagros, expulsiones de demonios, acogida a los marginados, enfrentamientos con los poderosos…, pero también su talante, su modo de ser y hacer.

Los contemporáneos y paisanos de Jesús veían en él a alguien que hablaba con autoridad por estar convencido de lo que decía, no como otros que hablan como fanáticos o funcionarios a sueldo. En sus tribulaciones los pobres acudían a él, y al pedirle solución a sus problemas lo hacían con lo que, al parecer, era siempre el gran argumento para convencer a Jesús: “Señor, ten misericordia de mí”. Los niños no se asustaban de él y también las mujeres le seguían. La gente acudía a él de todas partes, y al final de su vida esa gente es la que le defiende y en el pueblo encuentra su mayor protección. Una mujer no pudo contener su entusiasmo y lo expresó con la mayor vivacidad: “Bendito el vientre que te llevó”.

En otras palabras, los pobres y sencillos, secularmente oprimidos y marginados, encuentran en Jesús a alguien que los ama y los defiende, y que trata de salvarlos simplemente porque están en necesidad. Esto, ayer como hoy, no es frecuente y es en verdad una buena noticia.

De Jesús impacta la misericordia y la primariedad que le otorga: nada hay más acá ni más de ella, y desde ella define Jesús la verdad de Dios y del ser humano.

Es evangelio, entonces, que a Jesús se le muevan las entrañas a misericordia y que configure su vida y su misión desde ella. De Jesús impacta su honradez con lo real y su voluntad de verdad, tanto en su juicio sobre la situación de las mayorías oprimidas y de las minorías opresoras, como en su reacción hacia esa realidad: defensa de los débiles y denuncia y desenmascaramiento de los opresores. Es buena noticia, evangelio, entonces, que Jesús sea voz de los sin voz y voz contra los que tienen demasiada voz.

De Jesús impacta su fidelidad para mantener a lo largo de la historia honradez y misericordia hasta el final en contra de crisis internas y de persecuciones externas. Es buena noticia, entonces, que Jesús sea fiel y mantenga la misericordia hacia donde quiera que le lleve.

De Jesús impacta su libertad para bendecir y maldecir, para acudir a la sinagoga en sábado y para violarlo, libertad en definitiva para hacer el bien. Es buena noticia, entonces, que para Jesús la libertad no sea sólo ni principalmente la libertad burguesa ni siquiera la existencial, sino la que consiste en que nada puede ser obstáculo para hacer el bien.

De Jesús impacta que quiere el fin de las desventuras de los pobres, y que quiere el bien, la felicidad y el gozo de sus seguidores, y desde ahí formula las bienaventuranzas. Es buena noticia, entonces, que para Jesús existe un camino que lleva a la verdadera felicidad.

De Jesús impacta que acoja a pecadores y marginados, se siente a la mesa y celebre con ellos y que se alegre de que Dios se revele a ellos. Es buena noticia, entonces, que Jesús celebre la vida y celebre a Dios.

De Jesús impacta, finalmente, que confíe en un Dios bueno y absolutamente cercano, a quien llama Padre, y que esté absolutamente disponible a ese Padre que sigue siendo Dios, misterio absoluto e inmanipulable. Es buena noticia, entonces, que Jesús sea hermano nuestro también a ese nivel estrictamente teologal.

Pero impacta también, y quizá incluso más que lo anterior, el que en una misma persona aparezcan unidas y se reconcilien cosas difícilmente reconciliables en la historia, como sucede en Jesús. El se nos muestra, a la vez, hombre de misericordia y hombre de denuncia profética; hombre de reciedumbre y hombre de delicadeza; hombre de confianza en Dios y hombre de soledad ante Dios.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

Comentarios a:

gabrioignaz@yahoo.com

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2 pensamientos en “Jesús, el de Nazareth

  1. EN LA MEDIDA QUE PODAMOS CONTROLAR NUESTROS, ODIOS, RENCORES, DESAMOR, Y SOBRE TODO LA INDIFERENCIA A LA NECESIDAD Y DOLOR AJENO PODREMOS LLEVAR A CABO, LA TAREA QUE JESUS NOS ENCOMENDO, LA DE HACER EL BIEN.

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