La Deuda

Por: Juan Pablo Cruz Alvizo

imagen tomada de skyscraperlife.com

 

Twitter: @jpcruzalvizo

jpcruzalvizo@hotmail.com

Es interesante observar cómo va cambiando el aspecto de algunas ciudades, en aras de la tan traída y llevada <<modernización>>. Una de esas ciudades es la de Saltillo.

En una reciente visita que hice a Saltillo reflexionaba yo cuánto ha cambiado en los últimos cinco años, no es la misma ciudad con aspecto de pueblo mágico, sino que tiene ahora elementos que le hacen tener el aspecto de una ciudad moderna. Para quienes conocimos Saltillo antes quizás nos gustaba más cómo lucía en aquel tiempo.

Pero lo más importante que reflexionaba es: ¿Cuánto le ha costado a los saltillenses y a los coahuilenses esto? Y no pude evitar pensar en la mega deuda que tenemos en nuestro estado.

Lo más curioso del caso es que me quedaba pensando en que cómo es posible que no nos hayamos dado cuenta como sociedad lo que estaba sucediendo –que nos estábamos endeudando -. La respuesta es fácil, lo estamos viendo en las campañas presidenciales: mientras a la gente le den algo a cambio de apoyo político, serán capaces de vender su alma al diablo.

Porque no es posible que se dé paso a la supuesta modernización sin grandes presupuestos; la pregunta es, o era, de dónde salen tantos recursos. Sólo hay dos opciones: o  nos lo están regalando de una procedencia extraña, casi siempre ilícita, o estamos disfrutando lo que las próximas generaciones pagarán.

Lo peor es que con la primera opción, el ciudadano sólo muestra su indiferencia e hipoteca su propia seguridad y con la segunda muestra su idiosincrasia y su falta de previsión con el pensamiento tan difundido entre la sociedad: “Disfruta hoy, paga después”. Para muestra basta un botón: las ventas en tiendas como Famsa, Copel, Elektra y otras parecidas son enormes y sus ganancias, jugosas, especialmente provenientes de los intereses.

Desde ese punto de vista, lo que el gobierno del estado hacía, no era malo a los ojos de una gran mayoría que así maneja su economía personal o familiar, pues sólo así <<puede hacerse de sus cosas>> dicen de manera sencilla.

Sea para bien o para mal, los hechos ahí están y el silencio de muchos fue también una forma de complicidad, ya disfrutamos de pintura, de despensas, del monedero de la gente; de uniformes, útiles escolares y hasta computadoras; que ahora es tiempo de pagar con austeridad, despidos y hasta chivos expiatorios que pagarán en la cárcel por lo que sus jefes “de arriba” hicieron. Pero esto puede esperar, al menos una semana, pues primero tiene que seguir el reparto de apoyos para impulsar al candidato priista y al grupo de legisladores que ya hipotecaron el futuro de Coahuila, y ahora están dispuestos a hacerlo con todo el país.

Mientras tanto, nosotros seguiremos viendo <<prosperar>> nuestro país con una alta dosis de populismo, pero sin resolver el problema de fondo: la corrupción, haciéndonos cómplices silenciosos de un latrocinio en contra de nuestras futuras generaciones.

Por lo pronto la única deuda que debemos tener es con nuestra conciencia. ¿Qué tal está la tuya?

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