El malestar en la cultura posmoderna

Autor: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosLector

imagen tomada de georginathompson.blogspot.mx

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“Quizás los humanos seamos una raza maldita,
nada nos salva de la ciega voluntad de destruir
que se halla insertada en nuestros genes”.
Jorge Volpi

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¿Cuál es el origen del mal? ¿De dónde surge tanta desestabilidad en México? ¿Por qué el robo, extorción, delincuencia, narcotráfico, violencia, el bullying?

Escribía Erich Fromm que en el corazón del hombre está la potencialidad de amar pero también de matar, de construir pero también de destruir.

Para que la pulsión del eros se manifieste debe existir un contexto que permita el libre desarrollo de la libido, es decir un ambiente sano, un ambiente en donde predominen las relaciones interpersonales sanas, en donde la sonrisa sea el motor de las acciones. Por el contrario, para que la pulsión de Tánatos se manifieste es necesario un contexto diametralmente opuesto, un ambiente de odio, frustración, miedo, desesperanza. Amor llama al amor y odio llama al odio.

¿Por qué la inestabilidad social? Precisamente porque vivimos en una sociedad estresada, en una sociedad frustrada, a mayor frustración mayor envidia, mayor coraje, mayor odio, mayor deseo de revancha; ¿cómo no enojarse por los insulsos daños colaterales de una supuesta “inteligencia militar”? ¿Cómo no denunciar la desigualdad, la injustica, la explotación? Lo que estamos viendo y viviendo es esa dialéctica en donde un sujeto vive en la frustración por los bajos salarios, por la infelicidad que impera en su hogar, por la conducta no funcional de sus hijos, ante esa realidad el mismo sujeto sale a la calle, se pone borracho, se droga, roba, delinque, con tal de evadir su funesta realidad.

Cada vez más un mexicano opta por ser parte de la delincuencia organizada, y eso a su vez hace de su familia una familia desorganizada, sin límites, reglas, normas, los hijos ven y actúan en consecuencia. Hemos olvidado la puesta en práctica de la axiología: la “delgada línea del respeto” se ha extraviado, el superyó freudiano ha quedado simplemente como un resabio, una reliquia, un constructo que solamente sirvió para el siglo XX, ahora, inmersos en la era de la posmodernidad, en donde “todo vale”, “todo discurso es válido”, se han trasmutado tristemente los valores. Allí donde leíamos “colectividad” se alcanza a leer “individualismo”. Allí donde leíamos cooperación, leemos “competitividad”. Valores propios de la moral en turno. Valores y jamás antivalores.

Estoy de acuerdo con aquello de “para que haya un cambio en México es necesario cambiar las estructuras sociales” tengo más de veinte años escuchando eso y mientras ese cambio de estructuras sucede nosotros cambiemos de actitud, que de eso si somos responsables.

En México se han cometido muchas atrocidades y continuarán, como el Caso de la Guardería ABC, las mujeres asesinadas, las muertes de activistas, los monopolios, la explotación del obrero, la enajenación de los medios de comunicación, los arreglos en lo oscurito de los políticos.

¿Cuál es la propuesta? ¿Qué nos queda?

Voltear a ver a la familia, allí está todo, allí. De la familia salen los peores males de la sociedad pero también de la familia surgen agentes de cambio. Somos testigos del resquebrajamiento de la moral en turno, habrá que construir otra, quizá no una enraizada en los más puros constructos metafísicos, pero sí una que surja del hombre y para el hombre, una filosofía de vida, aprovechar eso de que “después de la tormenta viene la calma”.

Si no es ahora… ¿Cuándo?

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