¡Es que ya no quiero estar contigo!

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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“Los sueños, sueños son”.
Calderón De la Barca.

Todo empezó en la casa de mis padres, habías tenido una visita, un tal sujeto de apellido “Jamín”. Tu tono de voz cambiaba cuando te dirigías hacia él, tu mirada me recordaba a esa mirada que tenías cuando nos conocimos.

Él ya se iba de la casa de mis padres en donde hacíamos algo, no sé qué chingados hacíamos en casa de nuestros padres. Tú lo quisiste despedir regalándole unos fritos de una bolsita de dulces que nos había dado mi madre; mi madre, tu suegra o ahora tu ex suegra dijo que ni madres, que esas bolsas de fritos ella nos las había dado y que por ningún motivo permitiría que tú se las dieras al guapo de Jamín. Fue entonces cuando dijiste que si te dábamos permiso de ir a la tienda de “Don Pepe” para ir a comprarle unas bolsas de fritos a tu amigo. Mi madre, tu suegra o ahora tu ex suegra dijo que si, yo había dicho que ni madres, pero decidiste ir. Yo sabía que no volverías, pero mi madre decía lo contrario, tardaste mucho. Recibimos una llamada, eras tú hablándonos desde un vivero, habías ido a un vivero e intentabas comprar una planta, un árbol, no se, mi madre creo que fue la que contestó la llamada, te preguntó que en donde estabas, en eso mi hermana tomó el teléfono y también quiso saber qué pasaba contigo, si solamente habías dicho que irías por unos fritos. Te habías ido con el tal Jamín. Supiste que la habías cagado, intentaste regresar.

Estábamos en una reunión, llegaste pidiendo perdón. Yo indignado me salí de el lugar en donde estábamos, caminé hasta el carro, me subí a un carro, no era precisamente nuestro carro pero el valet parquin me dijo que me subiera en él, pregunté por qué y me dijo que ese carro pertenecía al tal Jamín. Me bajé del coche indignado y decidí caminar. Tú ibas detrás de mi, el ballet parquin también iba detrás de mi, era un amigo de ustedes, un amigo tuyo y de el tal Jamín. Tu amigo me iba diciendo que le gustaban las cosas que yo escribía. Pasamos por un table dance y yo con mi coraje solo alcancé a voltear a ver una que otra chica, tu amigo, el que creí que trabajaba en el ballet parquin solamente sonrió. Seguía caminado, caminé mucho y tú detrás de mí, llegó un momento en que me alcanzaste, te pusiste frente a mí y no me dejabas caminar. Te abracé, te levanté y te miré a los ojos y te dije siete palabras: “es-que-ya-no-quiero-estar-contigo” creo que tú me creíste porque no reclamaste nada, no dijiste nada, simplemente te diste la media vuelta y te fuiste. Lo otro, lo demás, lo que pasó después, a estas alturas del juego, ya no tiene importancia.  Te fuiste, eso fue lo importante. Te fuiste, eso es lo importante.

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