“Adiós a Rocamadour” el libro de Antonio Sonora

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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“Encontrarse a sí mismo en el absoluto desgarramiento”
Hegel

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¿Qué haces? Me pregunta un tío. “Estoy leyendo un libro” le respondo, a lo que él me contesta: ¿y el libro te puede leer a ti?

Antonio Sonora es un escritor joven de Monclova, su prosa pertenece a la literatura fantástica.

¿De qué trata el libro “Adiós a Rocamadour” escrito por Antonio Sonora? Trata del ser humano, trata de lo que hay en el corazón del hombre, del bien y del mal, del potencial para amar pero también del potencial para destruir.

¿Qué podemos encontrar o qué nos puede decir el libro de Antonio Sonora que se ha presentado en la Feria del libro de Guadalajara y en Bellas Artes y por supuesto aquí en Monclova? Mi suegro cuando lo leyó dijo que era un libro muy raro, eso para Antonio Sonora es una lisonja, un aplauso, un halago, como lo mencionó cuando presentó el libro en el Museo Coahuila y Texas.

Adiós a Rocamadour nos presenta una serie de cuentos breves llenos de realismo mágico, nos transporta a los aspectos más recónditos de la naturaleza humana (si llegara a haber alguna), y es precisamente eso lo que en un primer momento nos regala el libro, una reflexión profunda sobre el ser humano como un sujeto artificial en constante construcción; a veces hacia el cielo, a veces hacia el infierno. Antonio Sonora a lo largo de los 18, 19 o 20 cuentos nos describe “fascinantemente” a ese hombre que aún en pleno siglo XXI no nos ha dejado de sorprender.

¿Por qué sufre el ser humano? En el cuento “El Aprendiz” que es el cuento que abre el libro nos encontramos con una patología que bien podría describir el malestar actual de la humanidad: la obsesión. La obsesión como tal. Dicha obsesión puede ser por cualquier cosa: por la religión, por el sexo, por el consumismo, por el vicio; al fin y al cabo obsesión. ¿Qué sigue después de la obsesión? La venganza. Como en el amor, primero los amorosos se obsesionan mutuamente, pero a la mínima traición surge el sentimiento de la venganza.

En “Adiós a Rocamadour” nos topamos con detalles grandes de las pequeñas cosas, y fluye como por encanto la voz de la mujer y con ello otro sentimiento netamente humano: el amor. Más adelante, en el cuento titulado “Video Casero” nos topamos con la voz antagónica del amor: el odio.

¿Qué es el hombre? Me vuelvo a preguntar y las respuestas brotan conforme avanza la lectura: en el corazón del hombre hay obsesión, venganza, amor, y odio. El cuento “Juego de máscaras” nos confirma que tenemos un pasado, una historia, una memoria. Un pasado que nos determina, un pasado que quizá arrastramos, que quizá no nos atrevemos a enfrentar. Y eso nos traslada al cuento “Aniversarios” a la nostalgia y con ello al acto en donde el odio encuentra su máxima expresión: asesinar al prójimo.

No todo en el hombre es pesadumbre, existe un bálsamo para curar las heridas, podría ser el amor, pero cuando no está el amor nos podemos conformar con la risa, y es precisamente el cuento titulado “Fetiche” en donde podemos encontrar esa otra pieza para ir re-estructurando y re-descubriendo al hombre artificial en el que nos hemos convertido; la risa como atributo del mortal que pone a perspectiva la insoportable levedad del ser.

Una de las características de la literatura fantástica es precisamente el asombro que despierta en el lector, con el cuento “Líneas” se llega al paroxismo del asombro; el asombro ante lo inesperado: “Antes de que pudiera gritar de espanto, una línea furtiva le cubrió los labios con un hilo de silencio”. Clímax total.

Los sueños, sueños son, dijo el poeta, pero la vía regía para llegar al inconsciente son precisamente los sueños, diría Freud. El lector que no está acostumbrado a leer literatura fantástica (como yo) podrá encontrar momentos en donde en una espiral dialéctica la realidad y la fantasía se bifurcan para dar como resultado, por ejemplo el cuento titulado “Días de tormenta”.

En fin, hablar de “Adiós a Rocamadour” de Antonio Sonora es hablar de obsesiones, venganza, amor, odio, sexo, sentidos, tristeza, desgracias, muerte, sueños, anhelos y lágrimas. Leer el libro “Adiós a Rocamadour” es volver a pasear y re-encontrarnos con esa naturaleza humana que día a día se está convirtiendo cada vez más en un ser artificial, todos los personajes forman simbólicamente un todo, y ese todo se nos presenta con las carencias propias de lo humano, pero qué le vamos a hacer si es lo único que tenemos; sin embargo es precisamente eso lo que nos hace “humanos, demasiado humanos”.

Qué razón tenía mi tío, el libro a fin de cuentas si nos lee.

@CarlosLector

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