INTOLERANCIA


Escrito por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

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Estamos a ya en el inicio de la Semana Santa. Un periodo de tiempo que valoramos más por las vacaciones que por el significado profundo que tienen para el occidente cristiano.

Junto con la llegada de la Semana Santa, llega el periodo de campañas electorales con miras a la obtención de la Presidencia de la República y a la renovación de buena parte del Congreso Federal.

Normalmente ambos temas no guardan relación alguna entre sí. Pero en esta ocasión, me ha llamado significativamente la atención la creciente intolerancia que el ambiente político-electoral está generando. He ahí, en mi opinión, la clave de la relación entre ambos temas.

La celebración de la Semana Santa se centra en lo que se conoce técnicamente como Triduo Pascual. Este Triduo implica la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Es el culmen celebrativo de la fe cristiana, lo que le da sentido a todo el universo cristiano.

De esta forma, la Semana Santa vuelve sus ojos a la muerte de Jesús y, más aún, a la causa de la muerte de Jesús. A Jesús lo condenaron y mataron por haber volcado su vida a la Causa del Reino de Dios, esto es, al anuncio de la Buena Noticia que implica la llegada de la justicia, de la caridad y del amor como el nuevo horizonte para la vida del ser humano y de sus relaciones.

El Reino de Dios exige una dinámica nueva en la forma de cómo nos relacionamos entre nosotros y, particularmente, de cómo nos organizamos. Y en esa nueva forma de organización humana se requiere de una política y una economía inspiradas por la justicia, la solidaridad, la equidad y la ayuda mutua. Suena muy bonito, pero hacerlo vida implica “pisar muchísimos callos”.

A Jesús le pasó. Los potentados y los dueños del dinero no estaban dispuestos a ceder sus prebendas. Los jefes de las naciones difícilmente se asumen como servidores del pueblo, decía el mismo Jesús. Y eso le costó la vida. Dice J. A. Pagola que:

“Ni el poder de Roma ni las autoridades del Templo pudieron soportar la novedad de Jesús. Su manera de entender y de vivir a Dios era peligrosa. No defendía el imperio de Tiberio, llamaba a todos a buscar el reino de Dios y su justicia. No le importaba romper la ley del sábado ni las tradiciones religiosas, solo le preocupaba aliviar el sufrimiento de las gentes enfermas y desnutridas de Galilea. No se lo perdonaron. Se identificaba demasiado con las víctimas inocentes del imperio y con los olvidados por la religión del templo. Ejecutado sin piedad en una cruz, en él se nos revela ahora Dios, identificado para siempre con todas las víctimas inocentes de la historia. Al grito de todos ellos se une ahora el grito de dolor del mismo Dios. En ese rostro desfigurado del Crucificado se nos revela un Dios sorprendente, que rompe nuestras imágenes convencionales de Dios y pone en cuestión toda práctica religiosa que pretenda dar culto a Dios olvidando el drama de un mundo donde se sigue crucificando a los más débiles e indefensos”.

A Jesús lo asesina la intolerancia de los jefes de su tiempo. Y la intolerancia de todos aquellos que no quisieron abrir su corazón al Reino de Dios.

Ahora bien, el ambiente político en México, caldeado de por sí, está generando un sentimiento de intolerancia en muchas personas que, guiadas por la visceralidad de los fanatismos partidistas, están confrontando a unos con otros. Los militantes y simpatizantes de partidos y candidatos se acusan unos a otros y se insultan, se ofenden, se tildan de ladrones y de ignorantes… y como en la fábula de los ratones, el gato se relame tranquilo, esperando a que los ratones se destruyan entre sí para solamente recoger el botín.

Creo conveniente advertir del ambiente de intolerancia que empieza a crecer, y que con campañas en puerta, parece que subirá como espuma. ¿Quién va a ganar con la ruptura de la sociedad mexicana? ¿Cómo construir una ciudadanía con hombres y mujeres intolerantes e incapaces de dialogar? ¿Podemos exigir tolerancia y diálogo a nuestros gobernantes si entre nosotros mismos somos incapaces de ello?

Ojalá que me equivoque. Al tiempo.

No + sangre.

Alto a la guerra absurda.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

Comentarios a:

gabrioignaz@yahoo.com

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