La insoportable Levedad del Ser

Escrito por Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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Ya le habían dicho a José Carlos que su mujer andaba de puta, o de “putita” como dijera Laura Bozzo. Como siempre, como en todos los casos, él al principio lo dudó, pero como siempre y como en todos los casos, no se quedó con la duda y la increpó. Esa noche José Carlos había tomado de más, bueno, siempre se ponía bien pedo, y más desde que los vecinos le decían que su “Silvita” le ponía el cuerno con el reguetonero ese, quesque su amigo desde la Secundaria.

José Carlos y Silvia tenían una bebé, y digo tenían porque esa noche discutieron, otra vez, por que José dudaba de que la niña fuera su hija. Silvia lo negaba, pero había algo en su mirada que no lo convencía. Quizá por la gran diferencia de edades; cada vez que le contaban el chiste del cazador que disparó con el bastón mientras otro disparaba por él, recordaba a su Silvita.

Esa noche discutieron, esa noche la discusión se tornó mas fuerte, hubo más agresión, la niña de siete meses se despertó, José la levantó para arrullarla pero no paraba de discutir, forcejearon y la niña fue a dar al piso. Volvió a llorar ahora con más fuerza por el dolor del golpe, José la levanta, Silvia también, José intenta callar el llanto, cada vez el llanto se vuelve más insoportable, José anda bien pedo, sigue reclamándole a Silvia, ella se encabrona y le da la espalda, él, encabronado y emputado no sabe qué hacer con lo que tiene en sus brazos, en un momento de locura y peor que una bestia le mete la mano a la niña en la boca. La niña calla.

Cuatro horas después creen que la niña duerme, Silvia acude a la casa de su madre, como todos los días. -¿Cómo está la beba? – bien, algo desvelada, anoche discutimos José y yo y se nos cayó, pero ya está bien, ayer mi esposo la durmió y mírala, ahora duerme como todo un angelito, pero se me hace que le va a dar gripe, es que la siento un poco fría…

José Carlos confesó todo, Silvia aún no asimilaba nada, pero el más consternado era el paramédico, tenía poco de haber entrado a trabajar a la Cruz Roja, nunca había sentido el cuerpo inerte de una bebé. –Puta madre… ¿de qué se trata la vida?… pensaba mientras caminaba… Se subió a la ambulancia con el cuerpo entre sus brazos, pensando, solo pensando.  Por su mente, vagamente, y digo solo vagamente,  pasó el recuerdo del título de un  libro que un día un maestro,  en la Escuela de Enfermería,   se los había recomendado; “La insoportable levedad del ser”…

 Carlos Arturo

Monclova
Psicólogo Social y Psicoterapeuta. Miembro de APPCAC. Catedrático Universitario.
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