‘No te juntes con la chusma…’

Escrito por José Jorge Hernández Briones

“Un sistema fincado en la desigualdad va contra la naturaleza y, en el largo plazo, acaba colapsado”,

Matthew Arnold, poeta y crítico inglés.

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Fue a principios de septiembre de este año, luego del hecho bochornoso de las “Ladies de Polanco” cuando me puse a reflexionar de donde nacía tanto odio de unos mexicanos hacia otros, tanta crítica destructiva y luego de leer en Internet a columnistas me percaté de que en México hay muchos problemas, pero veo uno muy grave: el clasismo.

Ejemplos hay muchos y lo vivimos desde niños, pero siempre del lado de los buenos. ¿Quién no se acuerda de doña Florinda?, la señora que aparecía en “El Chavo del Ocho” y que le decía a su hijo Kiko, “No te juntes con la chusma”, un hecho gracioso que a todos nos marca, pero también nos enseña la desigualdad social que prevalece en México.

Veo que en Estados Unidos cargan con el estigma del racismo, pero aquí el problema principal quizá no sea el odio por el color, sino el clasismo y un ejemplo inmediato es el de Paulina Peña, la hija del precandidato del PRI, Enrique Peña Nieto.

La muchacha, como todos lo sabemos se molestó por las críticas que recibió su padre, luego llamó a la gente que pretende gobernar su papá “la prole”, “la bola de pendejos”, por decir un ejemplo, también están “Las Ladies de Polanco”, quienes llamaron a un policía “pinche asalariado de mierda”.

Uno más, el pasado domingo, un usuario de la red Twitter, luego de saber que los Tigres jugarían la final contra el Santos, de inmediato escribió en su cuenta “Nos reservamos el derecho de admisión”, en clara alusión a que no querían recibir a la porra del equipo regio, un ejemplo más del clasismo.

El clasismo lo vivimos en el trabajo, en los clubes a los que pertenecemos, en las fiestas a las que asistimos, cuando nos subimos al camión, es más, hasta tenemos un sinfín de términos para etiquetar a las personas.

Podemos llamarlas “naco”, “zorra”, “relingo” “puro licenciado”, “callejero”, vago”, pero todos estos términos expresados, además del insulto, revelan una manera de entender al mundo la cual viene acompañada de odio, arrogancia y hasta desprecio.

Creo que los episodios citados de por sí son vergonzosos y nos dan material para la reflexión y para analizar tal como lo son el desprecio al prójimo, el clasismo en la sociedad en que vivimos, así como la carencia de valores es idóneo para nuestra realidad, pero sobre todo para las circunstancias.

En México seguimos viviendo bajo las etiquetas, muchos de los padres fueron educados bajo esa cultura y con dicha enseñanza hacen lo mismo con sus hijos, pero aquí vale la pena hacer un alto y poner fin a la desigualdad social que de por sí nos marca y a la que nosotros le damos fuerza cada día.

O bien como lo dijo, Luis Rubio, doctor en Ciencia Política “La realidad nos alcanzó una vez más: así como hemos sido incapaces de transformar a la economía y construir un sistema político moderno y estable, seguimos viviendo con el fardo de la desigualdad social y el clasismo que nos ancla en un mundo que no da para más”.

Un abrazo hasta Monclova…

José Jorge ✔

Saltillo,Coahuila, México
Coordinador operativo en medio de información. Ocurrente. Corro, leo, pedaleo y blogueo, eeeooo, eeeeoooo! Me gusta lo que hago…
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3 pensamientos en “‘No te juntes con la chusma…’

  1. Jorge:
    Coincido contigo en que los mexicanos tenemos una grave problemática con el clasismo pero me parece que también somos en cierta medida ‘racistas’. El ejemplo más claro que me viene a la mente es la frase aquella de “los mexicanos son la raza de bronce” en alusión a la ‘característica’ tez morena de los connacionales. Y no me sobran experiencias para decirte que esa idealización del mexicano como alguien moreno hace a un lado a la porción de ciudadanos que no cumplimos con ese ‘requisito’, siendo que, como nación mestiza, no somos ni lo uno ni lo otro, sino -y precisamente- una mezcla de todo. Lo mismo le sucede a los de piel muy clara como a los de tez más morena de lo común.
    Creo que a pesar de dos siglos de convivencia como pueblo mestizo, no hemos aprendido a valorarnos por nuestras capacidades, sino que lo hacemos con base en nuestro poder adquisitivo y -más triste aún- nuestra fisionomía.
    Por lo demás, muy buena reflexión. Saludos y abrazos.
    P.D. Espero que me no lluevan muchos reclamos.

      • ¡Hombre, qué halago! Pero vamos, que no es para tanto, sólo me gusta leerte o darte mis apreciaciones. Pero gracias, siempre es agradable leer grandes reflexiones.

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