Una incómoda ofrenda de día de muertos


Escrito por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

Día de muertos

El día de muertos en México implica una especial manera de celebrar. El día de muertos es sobretodo una celebración a la memoria. Los rituales reafirman el tiempo sagrado, el tiempo religioso, y éste es primordial para la memoria colectiva. La memoria es el tiempo de regreso, los muertos, sus espíritus o sus almas, vienen a convivir con nosotros. El ritual de estos días en el que las ánimas nos visitan, es un acto que privilegia el recuerdo sobre el olvido.

Los antiguos mexicanos tenían dos días para esta celebración, el Miccailhuitontli, o fiesta de los muertecitos, es decir, de los niños y los inocentes muertos, y que servía como preparación para la fiesta grande, la fiesta de Xocotlhuetzi, la fiesta de los muertos. Originalmente se celebraban a finales del mes de agosto, coincidiendo con los días en que concluía la cosecha de calabaza y frijol, según detallan Durán y Sahagún en sus crónicas del siglo XVI.

La mezcla con el cristianismo llegado de España dio a estas celebraciones un matiz nuevo, iluminado con la perspectiva cristiana, llenando de un nuevo colorido estas celebraciones. Conforme a los estudiosos de la antropología cultural, son nueve los elementos indispensables para la ofrenda de muertos: el agua, fuente de vida; la sal, para purificar el cuerpo y evitar su corrupción; las ceras o velas, signo de luz y guía; el copal o incienso, signo de reverencia a los difuntos y dioses; flores, símbolo de fiesta; el petate, como signo de la mortaja; la figura del perro, que es el guía a los difuntos hasta el lugar de los muertos; el pan, signo universal del alimento; las cañas, signo de los huesos. A estos nueve elementos se agregan otros: los retratos de los difuntos, calaveras de azúcar, comidas, licor, papel picado, entre muchos más.

Así pues, para ponernos a tono con las celebraciones de estos días, hagamos nuestra ofrenda de día de muertos.

Coloquemos el agua, signo de la vida. Cuántas personas hoy día sufren y mueren a falta de agua potable y cuántos más sufren y mueren a causa del agua que destruye casas y campos. Vaya pues nuestra ofrenda por aquellos que son víctimas del deterioro del planeta, de nuestra indolencia y nuestra falta de conciencia por mantener el equilibrio de la vida en nuestro mundo.

Aquí colocamos la sal, que curte el cuerpo y evita su corrupción. Cuántos mexicanos han muerto a causa de la corrupción que pudre nuestra convivencia social. La mejor ofrenda que podemos hacer es luchar, desde nuestra conciencia, por combatir la corrupción y no fomentarla.

Pongamos acá las velas encendidas, signo de luz que ilumina el camino. Cuántos muertos que han buscado otro camino para su vida porque nuestro país les ha cerrado todos. Cuántos muertos y cuántos les seguirán, cayendo en el camino hacia el “sueño americano”, víctimas de los coyotes, de los gringos racistas y xenófobos, pero también de policías y militares mexicanos. Mientras, lo demás, nos volvemos indiferentes ante esta situación que ha asesinado nuestras conciencias.

Aquí quemaremos el copal, para reverenciar a nuestros muertos y a nuestros dioses. Pero no se trata de honrar a los nuevos dioses que exigen sacrificios humanos, los dioses del mercado y del valor monetario, los dioses de la guerra, de la bolsa de valores, de la moda y del plástico. Honremos a nuestros muertos, a los que han caído luchando por devolverle al ser humano su dignidad y su lugar en el mundo.

Coloquemos ahora flores, muchas flores que alegren la memoria de nuestros muertos. Las flores de la justicia, de la solidaridad, de la compasión. Las flores del trabajo, de las oportunidades reales de educación y trabajo, las flores del incremento del poder adquisitivo, de sueldos mejores… Sí, coloquemos muchas flores, no importa que a la larga, ya no tengamos tantos muertos a quien recordar.

En este sitio pongamos el petate, signo de la mortaja, porque aún muerto, se tiene dignidad. Cuántos de nuestros muertos han sido pisoteados en su dignidad al no tener una cama en el Seguro Social, prestaciones laborales suficientes para atender sus enfermedades, alimentación adecuada para no padecer desnutrición crónica, medicinas para aliviar aquella enfermedad de la que ya nadie se debería morir. Al menos ahora, devolvámosles su dignidad, arrebatada por la pobreza y la miseria que convive con tantas personas a diario y que, a veces, pretendemos alejar con una moneda. Y eso, a veces.

Acá pondremos el perro, el izcuintle que ayuda a llegar al lugar de los muertos. Cuántos de nuestros muertos han caído solos. Dicen que la muerte es al mismo tiempo el momento de mayor soledad de cada persona. Que nuestra ofrenda permita vernos hoy como compañeros de camino del otro, de aquel que va con nosotros caminando, luchando por un mundo mejor con su trabajo honesto, con el cumplimiento de sus responsabilidades como ciudadano, pero al mismo tiempo, descubriéndonos solidario con todo ser humano, que vive en la misma casa que yo, nuestro planeta. Hacernos solidarios con los demás podrá mejorar nuestra vida, mirándonos amigos y no adversarios.

Que nuestra ofrenda rebose de pan. Y de pan partido y compartido. Mucho pan para aquellos que la vida no les ha dado nada o les ha dado muy poco. Y ojalá que sea pan salido de nuestras propias mesas, y que sea pan que se da sin pedir nada, sino como acto conciente y alegre de compartir lo que tengo hoy y no lo que me sobra. Pan de educación para aquellos a quienes la pobreza los margina también en la ignorancia, pan de la salud para aquellos que ven alejarse su esperanza de vivir con alegría, pan de trabajo que permite construir vida, y familia, y un país cada vez mejor… pan para todos. Y que sobre.

Finalmente pongamos aquí las cañas, símbolo de los huesos. Esos huesos que son nuestros muertos, nuestros muertos que no podemos darnos el lujo de olvidarnos. Los huesos de nuestros muertos son signo de la memoria de nuestro pueblo, de su caminar, de su lucha por ser mejores y hacer de nuestras ciudades y pueblos lugares mejores para vivir. Sus huesos han de ser aliciente para nuestra memoria y para nuestro esfuerzo de seguir su ejemplo. No por nada desaparecen los cadáveres de aquellos de quienes se pretende negar su muerte, y con ella, su memoria y el mensaje de su vida y su lucha por la justicia.

Coloquemos pues nuestras ofrendas por todos lados, para que así la memoria perdure y nuestro trabajo y vida sea la mejor muestra de gratitud y recuerdo por nuestros muertos.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

Comentarios a

gabrioignaz@yahoo.com

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Un pensamiento en “Una incómoda ofrenda de día de muertos

  1. Qué buena actualización y reedifinición de la Fiesta de Nuestros Fieles Difuntos.
    GRACiAS Gabriel por darme otro punto de vista sobre éste día.
    Con éstas Ideas Otro Mundo es Posible y la esperanza es verdadera, como sentencias.
    Sigamos esparciendo Ideas que despierten nuestra sensibilidad y nuestro compromiso histórico.

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