Migrantes

Escrito por: Padre Juan Gerardo Hernández Briones

Tengo en mi memoria muchas visitas de migrantes a mi casa, desde que era niño. Siempre me llamaba la atención lo que platicaban con mi papá, quien siempre los despedía alimentados.

Recuerdo a un señor joven que venía de Guanajuato, traía a un niño menor que yo. Mi papá, como en otras ocasiones les dio de comer y me dijo que le diera al niño un juguete, no recuerdo qué juguete le di, si era un carrito o qué, pero estaba en buen estado.

Mi papá decía que cuando llegaban los migrantes con nosotros, ya habían vivido muchas dificultades. Que cuando venían con nosotros y los ayudábamos, nos dejarían bendiciones, pues recordaba aquello de “dar de comer al sediento, vestir al desnudo y dar posada al peregrino”, actos de misericordia que Jesús espera de quienes se digan cristianos. Pues dice Jesús: “cuanto hicieron con ellos lo hicieron conmigo”

Eran tiempos de relativa calma para nuestros hermanos migrantes, que siempre han vivido explotación y violencia, pero nunca como la de hoy.

Hoy la delincuencia organizada, aunada a las malas políticas de migración se suman a la insensibilidad de mucha gente y solo ven pasar noticias sobre abusos y masacres como la de San Fernando, Tamaulipas. Una población que se dice cristiana no debe contentarse con “portarse bien y “no meterse con nadie”, pues esas actitudes son las que van permitiendo que crezca la insensibilidad y nuestros hermanos migrantes sufran más. Ellos no saldrían de sus pueblos, no dejarían sus familias sino porque buscan mejores condiciones de vida.

Qué Dios siga despertando las conciencias dormidas para que exista una verdadera solidaridad de hermanos. Que veamos a Cristo en el que sufre, en el enfermo y en el migrante, no olvidemos que en ellos está Jesús. No olvidemos que José, María y Jesús migraron a Egipto en medio de no sabemos qué dificultades.

Que nuestra oración por la paz en nuestra patria vaya unida a una evangelización que mueva al interés por el hermano en dificultad y a acciones concretas de apoyo solidario a quienes buscan mejorar sus condiciones de vida y así ellos también vean a Cristo que no los abandona, que Cristo está presente en quien no los deja solos. Así, como en la Iglesia naciente, veremos el amor palpable en la comunidad cristiana.

Dios los bendiga…

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