TEOLOGÍA DE LAS VACACIONES


Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

La reflexión teológica latinoamericana está fuertemente marcada por la conciencia de la militancia activa, de la urgencia de empujar el Reino, de construir la nueva humanidad y, en ocasiones, olvida la dimensión de la contemplación, de la entrada en el descanso divino, como canta el Salmo 94, tan presente en otras espiritualidades, y arraigada fuertemente en el descanso sabático de Dios al concluir la creación (cfr. Gn. 2, 1-4).

En los evangelios, una vez que los Doce han regresado de la misión de anunciar el Reino a Israel, Jesús se los lleva aparte, a un lugar solitario para descansar (cfr. Mc. 6, 30-32). Así, la temporada vacacional de verano es un momento propicio para reflexionar, con actitud creyente, en el descanso y las vacaciones.

Para Leonardo Boff, a pesar de los absurdos existenciales, la mayoría de las personas no deja de confiar en la bondad fundamental de la vida. Se levanta por la mañana, va a trabajar, lucha por su familia, procura vivir con un mínimo de decencia y acepta sacrificarse por los valores que realmente importan. ¿Qué se esconde detrás de estos gestos cotidianos? Ahí se afirma, de forma prerrefleja e inconsciente, que la vida tiene sentido.

Esta bondad intrínseca de la vida es la que hace posible el humor, la fiesta y el descanso vacacional. Mediante las vacaciones el ser humano rompe el ritmo monótono de lo cotidiano, hace un alto para respirar y vivir la alegría de estar vivos, construyendo juntos la amistad, gozando de la bondad de la Creación y disfrutando la satisfacción de comer y de beber. A través de tales elementos el ser humano trasmite su sí al mundo que lo rodea y la confianza en su armonía esencial.

Esta última confianza da origen al sentido del humor. Tener humor es tener capacidad de percibir la discrepancia entre dos realidades: entre los hechos brutos y el sueño, entre las limitaciones del sistema y el poder de la fantasía creadora, entre el trabajo y la responsabilidad cotidiana y el reposo y el disfrute de los frutos del esfuerzo diario.

En el humor existe un sentimiento de alivio ante las limitaciones de la existencia y hasta de las propias tragedias. El humor es señal de trascendencia del ser humano que siempre puede ir más allá de cualquier situación en su ser más profundo y libre. Por eso puede sonreír y tener humor por encima de las formas que lo quieren encuadrar, de la violencia con la que se pretende someterlo. Solamente quien es capaz de relativizar las cosas más serias, aunque las asuma dentro de un compromiso efectivo, puede tener buen humor.

Y aquí, las vacaciones asumen su tono “pascual”.

Es el tiempo en que obreros y empleados suspenden el trabajo agotador del día a día y se reúnen alegremente en familia o en grupos de amigos. Todo es sonrisa y amabilidad. ¡Y qué manera de hablar! En las mesas las botellas de cerveza se suceden una tras otra. Y se come algo barato pero sabroso.

Los rostros se transfiguran. Se nota que son personas explotadas, por sus cuerpos trabajados, sus caras cansadas, sus ropas usadas. Durante todo un semestre se han visto sometidos a las tareas que manda el deber, el mercado, la producción. Ésta no valora la creatividad del trabajador o de los estudiantes. El capitalismo no ama a la persona, apenas su fuerza de trabajo, sus músculos, su cabeza, su habilidad y especialmente su productividad.

Pero las vacaciones son el momento en que la vida cambia. Tiene lugar la resurrección. Los seres humanos recuperan su humanidad perdida, redimidos de las cadenas que los sujetan a cuatro paredes, a las máquinas melancólicas, a las higiénicas oficinas con sus computadores fríos.

Se dice que en Occidente sólo entró la sonrisa después de la fe en la resurrección, o sea, con la victoria de la vida. La resurrección sucede de nuevo cada que hay vacaciones, en la esperanza de que un día se vuelva un eterno domingo de pascua.

A pesar de los problemas, las crisis, la urgencia de la defensa de los derechos humanos y de tantas cosas, ¿hay todavía lugar para el humor, el descanso y el sentido de la fiesta? Creo que sí. Las vacaciones revelan que hay siempre una reserva de sentido que todavía nos permite vivir y sonreír.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

No + sangre.

Alto a la guerra absurda.

Comentarios a:

gabrioignaz@yahoo.com

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