Lo Siniestro Nuestro de cada Día

Escrito por: @doctora

"Espera" de Cécy Castro

Decapitados cuyas cabezas se tiran lejos de sus cuerpos, ajusticiados abandonados en zonas donde las familias suelen convivir los fines de semana, granadas estalladas en medio de niños, mujeres, hombres y ancianos reunidos en una plaza cívica, retenes en los que los militares detienen a balazos a los ciudadanos, secuestros que coronan con crímenes aberrantes. El Terror llega ahora a ensañarse con una sociedad, la mexicana, previa y gravemente dañada y cada día más acosada por la pobreza, la carestía imparable, el desempleo, la falta de oportunidades, el crimen organizado, la corrupción, la falta de justicia y legalidad para los que no podemos pagarla y las acciones delictivas, insensibles y sin castigo de la casta en el poder.

Freud en su obra “Lo Siniestro” (1919) aborda el tema de la angustia, “…lo siniestro se da cuando se desvanece el límite entre la fantasía y la realidad; cuando lo que habíamos tenido por fantástico aparece ante nosotros como real…”, lo siniestro pertenece al orden de lo terrorífico, de lo que provoca angustia y horror. Sería aquello espantoso que afecta a las cosas conocidas y familiares.

Sin duda lo familiar o conocido, aquellas personas, lugares o situaciones con las que nos sentimos reconfortados, son el punto de referencia de nuestros sentimientos de protección, seguridad y valía. En ellos nos sentimos libres de amenazas, resguardados, amparados y valiosos. Por ello, ahora en México en que lo familiar se ha convertido también en habitáculo del miedo, quedamos absolutamente carentes de protección, sin puntos de referencia y con la sensación de que no valemos nada.

¿Dónde podremos resguardarnos ahora? ¿Hacia dónde huiremos del peligro si ese peligro emerge de lo que nos es más próximo, nuestra tierra, nuestro hogar? ¿Qué podrá ahora procurarnos el sentimiento de estar a salvo? La experiencia de lo siniestro, según Freud, responde a la súbita transformación del propio calor del hogar en algo capaz de helarnos la sangre en las venas.

Cuando no nos podemos aferrar a cuantas cosas fueron un referente, entonces nace el verdadero miedo y el terror es el sentimiento que aparece, justamente, cuando no hubo apronte angustiado y el peligro sobresalta. Estas experiencias son causadas por la intervención humana y como consecuencia tienden a trastocar el sistema de valores, creencias y actitudes de toda la sociedad ya que se asocian con la crueldad humana en su máxima expresión, enviando el mensaje “la próxima vez puedes ser tú”, caracterizándose así la dimensión de angustia, irracionalidad y perversidad que conmociona nuestra realidad y nos hace sentir tratados como objetos, como cosas.

Frente a semejantes actos masivos terroristas, criminales, violentes, súbitos e inesperados, las víctimas reaccionamos inicialmente con un estado de “shock” que se acompaña de una sensación de irrealidad e incredulidad. Esto se denomina negación y responde a un poderoso estímulo instintual. Posteriormente cuando la negación es superada por la realidad, aparecen sentimientos de espanto, miedo, temor o terror, emociones que se caracterizan por un campo de reacción psicológica muy limitado.

Después de un tiempo, que varía de persona en persona, aparece la tercera fase: la Depresión Traumática. Si nos va bien y podemos lidiar con todo lo anterior, se presentará la Fase de Resolución, en la que se integra la experiencia traumática, caracterizándose por una actitud vigilante, la revisión de nuestros valores, así como cambios afectivos que repercuten en la vida emocional y psíquica y entre ellos se encuentra la desilusión.

Dos factores provocan la desilusión: el quiebre de la eticidad vigente y la manifestación de la brutalidad. Por un lado es posible apreciar que lo normal es que el Estado prohíbe al individuo recurrir a la injusticia; la educación brega por el respeto de los derechos del individuo. En tiempos como los que vivimos, se transgreden todas estas normas, se abandonan las restricciones éticas y el estado beligerante se entrega a la injusticia. Por otro lado, emerge la brutalidad en la conducta de los individuos, la sociedad se degrada y afloran las actitudes anímicas más arcaicas y primitivas. La repentina libertad de ser agredido puede conllevar con facilidad a la libertad de agredir, anulando las normas morales intelectuales mantenidas hasta el momento.

Otra de las consecuencias es la perturbación en la actitud hacia la muerte. El ser humano no puede concebir la muerte propia, el inconsciente está convencido de su inmortalidad. Es evidente que los actos que estamos viviendo los mexicanos arrasan dicha creencia, las personas mueren y no sólo uno por uno, sino multitudes de ellos, sin importar su género o edad o si son buenos o malos. Esta situación retorcida exige la disposición a morir y puede derivar en hacerlo también para matar.

Los imperativos “No matarás”,Ama a tu prójimo como a ti mismo” son cancelados y transformados en su contrario. Lo prohibido antes es permitido hoy, nuevas normas empiezan a regir el accionar de la sociedad dentro de un marco de legalidad institucional.

No sólo cambia la actitud hacia la muerte, también se trastorna la actitud hacia la vida. La situación que vivimos es tan excepcional que deben esperarse trastornos psicológicos en quienes somos expuestos a estas nuevas condiciones de vida y que producen entonces lo traumático. Caemos en este estado de terror porque no estamos preparados para estas experiencias, estos ataques nos toman por sorpresa. El trauma no se deja olvidar por quienes lo padecemos, el shock traumático golpea y despierta la constitución previa de cada sujeto, reactiva sus propias defensas provocando efectos en el psiquismo. Síntomas motores, corporales, sufrimiento subjetivo, sensaciones melancólicas, depresivas, estado de duelo, ataques similares a crisis histéricas, debilitamiento y perturbación de las funciones psíquicas son algunas de sus manifestaciones sintomáticas.

Socialmente se alteran los lineamientos que mantienen las relaciones de la comunidad, se fomenta el divisionismo y se pierde la confianza en los demás.

En momentos así, como si fuera poco y de acuerdo a la experiencia de lo que ha sucedido en otras regiones del mundo, se corre el riesgo de que la violencia institucional pueda incrementarse pues los grupos en el poder pierden su capacidad política para controlar a la sociedad y otros sectores pueden también avivar aún más el fuego fomentando la formación de escuadrones de la muerte, grupos paramilitares, actividades represivas.

Quisiera cerrar este post con un mensaje de aliento, de esperanza y es lo que me está siendo más difícil, pero encuentro que más allá del terror, la consecuencia más grave de estas acciones es su efecto inhibitorio en el conjunto de la sociedad mediante la incrustación de la desesperanza, la apatía, el egoísmo y el resentimiento,

Las especies con mayor probabilidad de existencia son las que trabajan por el bien de la comunidad, es ahí donde radica su fortaleza. Los individuos en una comunidad cada vez más organizada se encuentran más protegidos y por lo tanto, su opción de subsistir y de reproducirse es mayor que la de las otras especies próximas, en la escala natural.

Las personas más afortunadas poseen un patrimonio mucho más valioso que su recurso material y es precisamente la manera en que logran hacer uso de sus recursos internos. El mecanismo psíquico posee los mismos elementos básicos en todos los seres humanos, pero su efectividad posee una gran diversidad (casi infinita) de posibles variaciones, que dependen del uso que les demos. No podemos elegir que lo que sucede en nuestro país pare, pero podemos elegir no sentirnos víctimas ante ello y levantarnos sobre nuestros pies y evitar que nos colapse y colapse a los nuestros y a nuestro país.

Evitémoslo acudiendo a lo mejor que hay dentro de nosotros, aunque ello conlleve exigencias, renunciemos a privilegios propios en pro del bien común, evitemos el divisionismo y el individualismo, veámoslo si quieren egoístamente: el bienestar de los demás es también el propio.

Hagamos el bien, aunque sea difícil, empaticemos con el prójimo, no neguemos la realidad aunque sea horrorosa, hagamos un inventario minucioso de ella con la mente abierta, todos queremos lo mismo: bienestar, el cómo o con quién es lo que ha generado mucha división entre muchos mexicanos, la mayoría de los cuales somos buenos seres humanos.

Utilicemos el sentido común, la reflexión, no nos dejemos engañar con “spots”, “gags”, “slogans” o sobadísimos lugares comunes, ya que revisar minuciosamente cada tabique sobre el que se cimientan nuestras creencias, valores, actitudes, prejuicios y preceptos traerá enormes beneficios; es en estos temas en donde la utilización de nuestros recursos internos puede convertir el infierno en el que ahora vivimos en algo digno de llamarse vida, porque en nuestro país se ha vuelto fácil sobrevivir, vivir es lo que cada día se hace más difícil.

Autor: @doctora (Ciudad de México)


Anuncios

Un pensamiento en “Lo Siniestro Nuestro de cada Día

  1. Dostoyevski: Solo tengo miedo a una cosa, no ser digno de mis sufrimientos.
    Hay cosas externas que no tienen porque afectar la desición y alineación
    interna del individuo, aunque esta esté destryendo a toda una Nación.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s