Recordando aquello de la Influenza

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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Fue nuestra culpa el no saber descifrar “Los signos de los tiempos”; el primer mensaje que se nos dio para descifrar la epidemia-pandemia que se nos venía  fue aquel video muy famoso en donde nos daban una pista “me amarraron como puerco” he allí la primera pista, ajá, de allí provendría la epidemia, el segundo mensaje que nos dieron fue por parte de un Municipio de Guanajuato, en donde prohibieron los besos en la boca en lugares públicos, así o más clara la advertencia, pero nosotros, ciegos a los designios humanos, no quisimos ver.

Cuando todavía este evento no se convertía en epidemia ni llegaba a nivel 4 según la OMS, acá en Monclova Coahuila (Monclova-Springfield) se daba el siguiente fenómeno, la gente, más por imitación que por información salía a la calle con su cubre bocas; fui a un centro comercial y vi una escena un tanto cuanto hilarante, toda una familia entera portando su cubre bocas, padre, madre y tres hijos, por favor, ¡pues mejor quédense en casa y que uno solo haga la nota!

Esto del tapabocas se convirtió rápidamente en un fetiche, el que lo portara se volvía automáticamente en una persona inmune, “con esto yo ya la libré”. Desde una óptica psicosocial se lograba diferenciar de los que no lo portaban, es decir, los que traían el cubre bocas pertenecían al grupo de los informados, los conscientes de la realidad, los responsables, los que hacían una cruzada en contra de la influenza, y veían con ojos feos y de desconfianza a los que no lo portábamos, es decir, a los inconscientes, desinformados u homicidas en potencia. Eso si, no faltó la imagen de un hombre con cubre bocas bajando la escalera y deslizando su mano por el pasamanos…

Otro comentario un tanto cuanto inteligente provino de un psicólogo que dijo: “Todo esto es por culpa de la Gestalt” se escucharon risas al final de la frase, por aquello de que como juego se le indilga a la Gestalt de promover el contacto corporal el abrazo, el apapacho…

Lo cierto es que estamos ante un nuevo ser, una célula mutante, resultado de la mezcla de la conjugación de un ave, un cerdo y un ser humano. Y para acabarla los noticieros nos informan sobre la Influenza y ponen de fondo una musiquita así como las que salen en las películas de misterio, “tiru riru” o “hij hijk hijk del clásico “Psicosis”.

Ah, eso sí, acá en Monclova no se les va ni una, ya los cumbieros sacaron “Las cumbia de la Influenza” con su secuela “La cumbia del Tapabocas”.

Como de todo mal sucede algo bueno, dos cosas hay que agradan, la primero es que hay que aprender a vivir con este virus, lo dijo un experto por la televisión y la segunda y todavía mejor es que en estas épocas de promociones electorales no veremos a los clásicos acarreados.

(imagen tomada de 4.bp.blogspot.com )

“Adiós a Rocamadour” el libro de Antonio Sonora

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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“Encontrarse a sí mismo en el absoluto desgarramiento”
Hegel

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¿Qué haces? Me pregunta un tío. “Estoy leyendo un libro” le respondo, a lo que él me contesta: ¿y el libro te puede leer a ti?

Antonio Sonora es un escritor joven de Monclova, su prosa pertenece a la literatura fantástica.

¿De qué trata el libro “Adiós a Rocamadour” escrito por Antonio Sonora? Trata del ser humano, trata de lo que hay en el corazón del hombre, del bien y del mal, del potencial para amar pero también del potencial para destruir.

¿Qué podemos encontrar o qué nos puede decir el libro de Antonio Sonora que se ha presentado en la Feria del libro de Guadalajara y en Bellas Artes y por supuesto aquí en Monclova? Mi suegro cuando lo leyó dijo que era un libro muy raro, eso para Antonio Sonora es una lisonja, un aplauso, un halago, como lo mencionó cuando presentó el libro en el Museo Coahuila y Texas.

Adiós a Rocamadour nos presenta una serie de cuentos breves llenos de realismo mágico, nos transporta a los aspectos más recónditos de la naturaleza humana (si llegara a haber alguna), y es precisamente eso lo que en un primer momento nos regala el libro, una reflexión profunda sobre el ser humano como un sujeto artificial en constante construcción; a veces hacia el cielo, a veces hacia el infierno. Antonio Sonora a lo largo de los 18, 19 o 20 cuentos nos describe “fascinantemente” a ese hombre que aún en pleno siglo XXI no nos ha dejado de sorprender.

¿Por qué sufre el ser humano? En el cuento “El Aprendiz” que es el cuento que abre el libro nos encontramos con una patología que bien podría describir el malestar actual de la humanidad: la obsesión. La obsesión como tal. Dicha obsesión puede ser por cualquier cosa: por la religión, por el sexo, por el consumismo, por el vicio; al fin y al cabo obsesión. ¿Qué sigue después de la obsesión? La venganza. Como en el amor, primero los amorosos se obsesionan mutuamente, pero a la mínima traición surge el sentimiento de la venganza.

En “Adiós a Rocamadour” nos topamos con detalles grandes de las pequeñas cosas, y fluye como por encanto la voz de la mujer y con ello otro sentimiento netamente humano: el amor. Más adelante, en el cuento titulado “Video Casero” nos topamos con la voz antagónica del amor: el odio.

¿Qué es el hombre? Me vuelvo a preguntar y las respuestas brotan conforme avanza la lectura: en el corazón del hombre hay obsesión, venganza, amor, y odio. El cuento “Juego de máscaras” nos confirma que tenemos un pasado, una historia, una memoria. Un pasado que nos determina, un pasado que quizá arrastramos, que quizá no nos atrevemos a enfrentar. Y eso nos traslada al cuento “Aniversarios” a la nostalgia y con ello al acto en donde el odio encuentra su máxima expresión: asesinar al prójimo.

No todo en el hombre es pesadumbre, existe un bálsamo para curar las heridas, podría ser el amor, pero cuando no está el amor nos podemos conformar con la risa, y es precisamente el cuento titulado “Fetiche” en donde podemos encontrar esa otra pieza para ir re-estructurando y re-descubriendo al hombre artificial en el que nos hemos convertido; la risa como atributo del mortal que pone a perspectiva la insoportable levedad del ser.

Una de las características de la literatura fantástica es precisamente el asombro que despierta en el lector, con el cuento “Líneas” se llega al paroxismo del asombro; el asombro ante lo inesperado: “Antes de que pudiera gritar de espanto, una línea furtiva le cubrió los labios con un hilo de silencio”. Clímax total.

Los sueños, sueños son, dijo el poeta, pero la vía regía para llegar al inconsciente son precisamente los sueños, diría Freud. El lector que no está acostumbrado a leer literatura fantástica (como yo) podrá encontrar momentos en donde en una espiral dialéctica la realidad y la fantasía se bifurcan para dar como resultado, por ejemplo el cuento titulado “Días de tormenta”.

En fin, hablar de “Adiós a Rocamadour” de Antonio Sonora es hablar de obsesiones, venganza, amor, odio, sexo, sentidos, tristeza, desgracias, muerte, sueños, anhelos y lágrimas. Leer el libro “Adiós a Rocamadour” es volver a pasear y re-encontrarnos con esa naturaleza humana que día a día se está convirtiendo cada vez más en un ser artificial, todos los personajes forman simbólicamente un todo, y ese todo se nos presenta con las carencias propias de lo humano, pero qué le vamos a hacer si es lo único que tenemos; sin embargo es precisamente eso lo que nos hace “humanos, demasiado humanos”.

Qué razón tenía mi tío, el libro a fin de cuentas si nos lee.

@CarlosLector

La insoportable Levedad del Ser

Escrito por Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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Ya le habían dicho a José Carlos que su mujer andaba de puta, o de “putita” como dijera Laura Bozzo. Como siempre, como en todos los casos, él al principio lo dudó, pero como siempre y como en todos los casos, no se quedó con la duda y la increpó. Esa noche José Carlos había tomado de más, bueno, siempre se ponía bien pedo, y más desde que los vecinos le decían que su “Silvita” le ponía el cuerno con el reguetonero ese, quesque su amigo desde la Secundaria.

José Carlos y Silvia tenían una bebé, y digo tenían porque esa noche discutieron, otra vez, por que José dudaba de que la niña fuera su hija. Silvia lo negaba, pero había algo en su mirada que no lo convencía. Quizá por la gran diferencia de edades; cada vez que le contaban el chiste del cazador que disparó con el bastón mientras otro disparaba por él, recordaba a su Silvita.

Esa noche discutieron, esa noche la discusión se tornó mas fuerte, hubo más agresión, la niña de siete meses se despertó, José la levantó para arrullarla pero no paraba de discutir, forcejearon y la niña fue a dar al piso. Volvió a llorar ahora con más fuerza por el dolor del golpe, José la levanta, Silvia también, José intenta callar el llanto, cada vez el llanto se vuelve más insoportable, José anda bien pedo, sigue reclamándole a Silvia, ella se encabrona y le da la espalda, él, encabronado y emputado no sabe qué hacer con lo que tiene en sus brazos, en un momento de locura y peor que una bestia le mete la mano a la niña en la boca. La niña calla.

Cuatro horas después creen que la niña duerme, Silvia acude a la casa de su madre, como todos los días. -¿Cómo está la beba? – bien, algo desvelada, anoche discutimos José y yo y se nos cayó, pero ya está bien, ayer mi esposo la durmió y mírala, ahora duerme como todo un angelito, pero se me hace que le va a dar gripe, es que la siento un poco fría…

José Carlos confesó todo, Silvia aún no asimilaba nada, pero el más consternado era el paramédico, tenía poco de haber entrado a trabajar a la Cruz Roja, nunca había sentido el cuerpo inerte de una bebé. –Puta madre… ¿de qué se trata la vida?… pensaba mientras caminaba… Se subió a la ambulancia con el cuerpo entre sus brazos, pensando, solo pensando.  Por su mente, vagamente, y digo solo vagamente,  pasó el recuerdo del título de un  libro que un día un maestro,  en la Escuela de Enfermería,   se los había recomendado; “La insoportable levedad del ser”…

 Carlos Arturo

Monclova
Psicólogo Social y Psicoterapeuta. Miembro de APPCAC. Catedrático Universitario.

Mira tu obra, Zapata

Escrito por: Profesor Arnulfo Requena Sáenz

 

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  Del surco…

de la palpitante tierra

surge vigorosa la caña al viento,

vibra la vida en sus espigas,

y el grito en la garganta se ha quedado,

la rabia y el coraje del labriego,

que pisoteado, humillado y explotado

sigue sembrando… sembrando en la campiña.

 

  Y en el reverberante día de junio

mientras el arado rasga la tierra

suela en la liberación cercana

y sueña que Zapata volverá…

 

  Zapata, el solo recuerdo

al campesino da fuerza y esperanza,

luz a su vida desdichada.

 

  La parcela, el fruto de una lucha encarnizada

y el agrarismo que surge incontenible

como hermoso sistema para el campo

mas en sistema escrito se ha quedado

porque en la choza sombría y miserable

el campesino muere con la esperanza

de que un día la ley se haga efectiva.

 

  Como en sueños recuerda la gesta heroica

en que cambió el fusil por el arado

y se incorporó a las filas de Zapata

para arrebatar la tierra al hacendado.

 

  ¡Tierra y Libertad!

 

  Fue el grito que estalló en el campo

y fue resonando el eco de cumbre en cumbre.

 

  Y bajó a los llanos

y del sur cabalgó con rumbo al norte.

 

  Y todo México vibró con la consigna

 

  La tierra es de quien la trabaja.

 

  Y temblaron de miedo los hacendados,

los ricos explotadores

que se habían alimentado con el sudor del desvalido.

 

  Hay un rayo de esperanza en el horizonte

es Zapata que levanta su voz para exigir

justicia a sus hermanos los campesinos

que humillados y explotados por siglos

siguen siendo engañados

por políticos que solo ambicionan el poder.

 

  Mas Zapata acaudilla a sus indios

y ahora es con Madero

 

  Y después contra Madero

 

  No más engaños a los hijos de la Patria destrozada

y el Plan de Ayala nace incontenible

y su bandera ejidataria se levanta

inmaculada, sin retroceder en su propósito.

 

  Un pedazo de tierra al campesino.

 

  Libertad para vivir humanamente,

sin capataces, ni látigos que fustiguen.

 

  Y llenar el granero con el fruto dorado

que al sudor y al trabajo recompensen.

 

  Ni Madero ni Carranza lo entendieron

 

  Ni lo entendieron quienes lo sucedieron.

 

  Pues para callar al Quijote justiciero

la traición en Chinameca urdieron.

 

  Chinameca fertilizó la idea

con la sangre derramada de Emiliano

y el agrarismo se arraigó en el campo.

 

  Más mira Zapata como han pisoteado tu bandera

como siguen explotando al campesino,

y aunque estamos viviendo en otra era

queremos que nos muestres el camino.

 

  Los amos son más ricos y voraces,

el pobre sigue hundido en la miseria,

y si hemos cambiado capataces

son los mismos, lo muestra nuestra Historia.

 

  Tu bandera ejidataria, la enarbolan

los políticos ambiciosos

y a lo largo del discurso solo hablan,

de conquistas, repartos y progresos.

 

  Tu plan de Ayala ha quedado allí,

archivado en la historia mexicana,

como hermoso sistema… sí!

pero fracasando en cada intento del programa.

 

  La tierra que querías para todos

está en poder de la gente acaudalada,

y solo de tierras estériles te están dotando,

la parcela sin agua, desolada.

 

  La mirada taciturna del labriego

se pierde a lo largo de su tierra.

 

  Esperando la lluvia para el riego

mientras las nubes se alejan por la sierra.

 

  La cosecha se pierde nuevamente,

y su fe lo reanima a que prosiga

como ayer, como siempre, eternamente

teniendo en mente el fruto de su espiga.

 

  Y su fe lo reanima a que prosiga

como ayer, como siempre, eternamente.

 

  Más un día volverás, Zapata amigo

a conducir a tus legiones campesinas,

cuando el labriego despierte del letargo,

y destruya del camino las espinas.

 

  Más un día volverás, Zapata amigo

a conducir a tus legiones campesinas.

 

  Nuevos surcos se abrirán en nuestra patria

y tus ideas cabalgarán en la campiña

tu grito libertario florecerá en el surco

redimiendo así a la clase campesina.

 

  La repartición equitativa de las tierras

que tu Plan de Ayala pide cumplimiento

será la salvación, pues la cosecha

será del mexicano su sustento.

 

  Que no se acapare el producto por el rico,

que el sudor campesino obtenga el fruto

de las ilusiones que depositó en el surco,

y llegue a su jacal con su producto.