¿Jesús se fue al Cielo?

Escrito por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

Cuando la otrora Unión Soviética puso al primer hombre en órbita, en la persona de Yuri Gagarin, los líderes del ateísmo comunista científico se regocijaron al constatar que, allá afuera no estaba Dios, ni nada por estilo.

Esta expresión que hoy puede sonar risible, representa una tradición cultural, un paradigma sociorreligioso que, para muchos, sigue operando en sus vidas de modo inconsciente.

Los textos neotestamentarios, escritos en este ámbito cultural premoderno, no pretenden describir un movimiento de traslación de Jesús cuando afirman que subió al cielo. Veamos, el evangelio de Marcos (ca. 60 d.C.) señala que el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Mateo (ca. 70 d.C.) solo señala que yo (Jesús) estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo. Lucas (ca. 90 d.C.) es el más pródigo en detalles, pues en el evangelio menciona que Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Y en el texto de los Hechos agrega que serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra. Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos.

Los textos evangélicos y de los Hechos son testimonios de fe y se mueven en el horizonte simbólico. Es por eso que tienen un doble aspecto, uno apunta a Jesús y otro a la comunidad creyente.

En lo que apunta a Jesús, se señala que subió al cielo o fue llevado al cielo. No es una referencia de tipo topográfica o espacial, sino que, dado que el cielo es símbolo del ámbito divino, funciona como una confesión de fe: Jesús pertenece por entero a Dios y a lo divino. La glorificación de Jesús no solo es la resurrección, sino también su pertenencia por entero a Dios. Esta confesión de fe permitirá el posterior desarrollo del dogma trinitario.

El otro aspecto, que apunta al creyente, tiene que ver con la responsabilidad. Jesús resucitado se va al cielo y ahora empieza el tiempo del creyente, del seguidor. Jesús ya no está en medio del grupo de creyentes para instruirlos o aconsejarlos. Es ahora el tiempo de los seguidores de Jesús que, con su vida, han de hacerlo presente en sus trabajos, en sus hogares, en su caminar cotidiano. Somos nosotros los que tenemos que hacer vida a Jesús en el mundo.

Los soviéticos no hallaron a Dios allá afuera, y ningún astronauta actual o los habitantes de la Estación Espacial Internacional no lo han de ver –ni lo verán- allá en el espacio. pero deberán de verlo en cada uno de los que creemos en Él, que seguimos en este mundo con la grave responsabilidad de amar como amó Jesús, de sentir como Jesús sintió, de pensar como Jesús pensó. Como dice el himno de esta fiesta: “No, yo no dejo la tierra, no yo no olvido a los hombres… comienza su tarea”.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

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El conflicto de la Resurrección

Escrito por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

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Se suele decir en teología que la resurrección de Jesús no es un hecho “histórico”, con lo cual se quiere decir no que su realidad está más allá de lo físico. La resurrección de Jesús no es un hecho realmente registrable en la historia; nadie hubiera podido fotografiar aquella resurrección. La resurrección de Jesús objeto de nuestra fe es más que un fenómeno físico. De hecho, los evangelios no nos narran la resurrección: nadie la vio. Los testimonios que nos aportan son de experiencias de creyentes que, después, “sienten vivo” al resucitado, pero no son testimonios del hecho mismo de la resurrección.

La resurrección de Jesús no tiene parecido alguno con la “reviviscencia” de Lázaro. La de Jesús no consistió en la vuelta a esta vida, ni en la reanimación de un cadáver. La resurrección, tanto la de Jesús como la nuestra, no es una vuelta hacia atrás, sino un paso adelante, un paso hacia otra forma de vida, la de Dios.

Importa recalcar este aspecto para darnos cuenta de que nuestra fe en la resurrección no es la adhesión a un “mito”, como ocurre en tantas religiones, que tienen mitos de resurrección. Nuestra afirmación de la resurrección no tiene por objeto un hecho físico sino una verdad de fe con un sentido muy profundo, que es el que queremos desentrañar.

¿Por qué la noticia de la resurrección suscitó la ira y la persecución por parte de los judíos? La buena noticia de la resurrección fue conflictiva. Noticias de resurrecciones eran en aquel mundo religioso menos extrañas que hoy. A nadie hubiera tenido que ofender en principio la noticia de que alguien hubiera tenido la suerte de ser resucitado por Dios. Sin embargo, la resurrección de Jesús fue recibida con una agresividad extrema por parte de las autoridades judías. Hace pensar el fuerte contraste con la situación actual: hoy día nadie se irrita al escuchar esa noticia. ¿La resurrección de Jesús ahora suscita indiferencia? ¿Por qué? ¿Será que no anunciamos la misma resurrección, o que no anunciamos lo mismo en el anuncio de la resurrección de Jesús?

Leyendo más atentamente los Hechos de los Apóstoles ya se da uno cuenta de que el anuncio mismo que hacían los apóstoles tenía un aire polémico: anunciaban la resurrección “de ese Jesús a quien ustedes crucificaron”. Es decir, no anunciaban la resurrección en abstracto, como si la resurrección de Jesús fuese simplemente la afirmación de la prolongación de la vida humana tras la muerte. Tampoco estaban anunciando la resurrección de un alguien cualquiera, como si lo que importara fuera simplemente que un ser humano, cualquiera que fuese, había traspasado las puertas de la muerte.

Los apóstoles anunciaban una resurrección muy concreta: la de aquel hombre llamado Jesús, a quien las autoridades civiles y religiosas habían rechazado, excomulgado y condenado. Cuando Jesús fue atacado por las autoridades, se encontró solo. Sus discípulos lo abandonaron, y Dios mismo guardó silencio, como si estuviera de acuerdo. Todo pareció concluir con su crucifixión. Todos se dispersaron y quisieron olvidar.

Pero ahí ocurrió algo. Una experiencia nueva y poderosa se les impuso: sintieron que estaba vivo. Les invadió una certeza extraña: que Dios sacaba la cara por Jesús, y se empeñaba en reivindicar su nombre y su honra. Jesús está vivo, no pudieron hundirlo en la muerte. Dios lo ha resucitado, lo ha sentado a su derecha misma, confirmando la veracidad y el valor de su vida, de su palabra, de su Causa. Jesús tenía razón, y no la tenían los que lo expulsaron de este mundo y despreciaron su Causa. Dios está de parte de Jesús, Dios respalda la Causa del Crucificado. El Crucificado ha resucitado, está vivo.

Y esto era lo que verdaderamente irritó a las autoridades judías: Jesús les irritó estando vivo, y les irritó igualmente estando resucitado. También a ellas, lo que les irritaba no era el hecho físico mismo de una resurrección, que un ser humano muera o resucite; lo que no podían tolerar era pensar que la Causa de Jesús, su proyecto, su utopía, que tan peligrosa habían considerado en vida de Jesús y que ya creían enterrada, volviera a ponerse en pie, resucitara. Y no podían aceptar que Dios estuviera sacando la cara por aquel crucificado condenado y excomulgado. Ellos creían en otro Dios.

Pero los discípulos, que redescubrieron en Jesús el rostro de Dios como Dios de Jesús comprendieron que Jesús era el Hijo, el Señor, la Verdad, el Camino, la Vida, el Alfa, la Omega. La muerte no tenía ningún poder sobre él. Estaba vivo. Había resucitado. Y no podían sino confesarlo y “seguirlo”, “per-siguiendo su Causa”, obedeciendo a Dios antes que a los hombres, aunque costase la muerte.

Creer en la resurrección no era pues para ellos una afirmación de un hecho físico-histórico que sucedió o no, ni una verdad teórica abstracta , sino la afirmación contundente de la validez suprema de la Causa de Jesús, por la que es necesario vivir y luchar hasta dar la vida.

Creer en la resurrección de Jesús es creer que su palabra, su proyecto y su Causa, el Reino, expresan el valor fundamental de nuestra vida.

Y si nuestra fe reproduce realmente la fe de Jesús: su visión de la vida, su opción ante la historia, su actitud ante los pobres y ante los poderes, será tan conflictiva como lo fue en la predicación de los apóstoles o en la vida misma de Jesús.

En cambio, si la resurrección de Jesús la reducimos a un símbolo universal de vida postmortal, o a la simple afirmación de la vida sobre la muerte, o a un hecho físico-histórico que ocurrió hace veinte siglos, entonces esa resurrección queda vaciada del contenido que tuvo en Jesús y ya no dice nada a nadie, ni irrita a los poderes de este mundo, o incluso desmoviliza en el camino por la Causa de Jesús.

Lo importante no es creer en Jesús, sino creer como Jesús. No es tener fe en Jesús, sino tener la fe de Jesús: su actitud ante la historia, su opción por los pobres, su propuesta y su lucha decidida.

Creer lúcidamente en Jesús en esta América Latina, o en este Occidente llamado “cristiano”, donde la noticia de su resurrección ya no irrita a tantos que invocan su nombre para justificar incluso las actitudes contrarias a las que tuvo él, implica volver a descubrir al Jesús histórico y el sentido de la fe en la resurrección.

Creyendo con esa fe de Jesús, las “cosas de arriba” y las de la tierra no son ya dos direcciones opuestas, ni siquiera distintas. Las “cosas de arriba” son la Tierra Nueva que está injertada ya aquí abajo. Hay que hacerla nacer en el doloroso parto de la Historia, sabiendo que nunca será fruto adecuado de nuestra planificación sino don gratuito de Aquel que viene. Buscar “las cosas de arriba” no es esperar pasivamente que suene la trompeta del juicio final, sino hacer realidad en nuestro mundo el Reinado del Resucitado y su Causa: Reino de Vida, de Justicia, de Amor y de Paz.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

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¿Hay lugar para Cristo en la Posmodernidad?

Autor: Carlos Moreno


¿De qué se trata la existencia? ¿De qué se trata la instancia del hombre en la tierra? ¿De qué se trata su paso efímero en esta parte del Cosmos? ¿La vida tiene sentido, o lo adquiere o uno se lo inventa o simplemente somos un error filogenético? ¿Tenía razón Milán Kundera cuando inventó ese título de “La insoportable levedad del ser”?

Me dicen que todo se reduce a la percepción, que todo depende con el cristal con que se mira, que es cuestión de actitud, que la realidad no te afecta sino la manera en que percibes. Otros más alegóricos afirman científicamente que “cada quien habla como le fue en la feria” o en el baile, dependiendo de la afición del hablante.

Tal parece que para unos el sentido de su existencia es vivir briagos, “el que vino al mundo y no tomó vino entonces a qué chingados vino” dice un axioma de nuestra cultura mexicana. Y no solo es ponerse borracho, además es aderezarlo con la música ad hoc: “ando bien pedo, bien loco”. Esa sería una respuesta existencial a la interrogante sobre el sentido de nuestra estadía terrenal.

Otros que van de la mano de dicho grupo de libadores son los llamados “hedonistas posmodernos”. Sabemos que el sujeto hedonista existe desde que el hombre hizo del pensamiento una forma de vida, como los pre-socráticos, acordémonos de la eterna lucha entre los “hedonistas” y los “eudemonistas”; los primeros decían que el sentido de la existencia era el placer corporal, el aquí y el ahora, lo efímero, lo espontáneo, lo momentáneo. En cambio los “eudemonistas” opinaban que el sentido de la existencia se obtenía cuando el sujeto buscaba la felicidad en compañía de sus seres queridos; es decir el hedonista buscaba una “felicidad” egoísta y el eudemonista buscaba una felicidad comunitaria. Hoy ya no existen o más bien no hay lugar para los eudemonistas, están desterrados, lejos de los planes actuales, lo de hoy es ser hedonista, vivir bajo el principio del placer, “lo hago porque me da placer, si exige de mí algo de sacrificio ni me lo menciones”, parece ser el eslogan de los hedonistas posmodernos. El hedonista posmoderno busca el placer en la televisión, en el sexo desenfrenado, en internet, chateando, comiendo, etc. entre menos esfuerzo exija la cuestión es mejor. Tal parece que de humanos poco nos queda. Los placeres que están en boga están íntimamente relacionados con las necesidades fisiológicas: dormir, comer, hacer pipí y popó y fornicar.

Ante tal panorama: ¿existe un lugar para Cristo? Tal parece que la existencia actual se vive tan aprisa que no volteamos o más bien no queremos voltear a ver la propuesta del Nazareno. Muchos afirman que el Sentido de la Vida es encontrarse con la Divinidad, tener ese encuentro con Dios aquí en la Tierra, pero dicho discurso no va de la mano o más bien es antagónico con los preceptos de la moral en turno. Pocos años tenemos como sujetos civilizados, y también en pocos años las reglas de la vida se han trastocado; si seguimos así, que no nos extrañe que formemos parte de la última Generación de mortales que habitaron un día este planeta pequeñito llamado Tierra.

@CarlosLector

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa (Monclova, Coahuila. Mx.)

Navidad en cortos

Escrito por: Adolfo Huerta Alemán

 

"Caminos de fé" by Julián Martínez

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Karina me dice que Santa Claus no existe, me lo dijo ayer en la posada del kínder.  Eso me pone muy  triste ¿entonces quién nos traerá  los regalos en la noche de navidad? Pero, hoy cambió todo, cuando mi mamá me llevó a comprar  unas  cosas para  la  cena  de  noche buena.  Pasando por  las calles  del  centro, no podía  creer lo que mis  ojitos veían. Era  Santa  Claus, estaba tirado en el suelo, tal vez estaba descansando, pues por la noche tendría que visitar muchas casas a llevar  regalos. Allí  estaba acostado afuera  de una cantina, olía a leche agria, a un lado había una  gran tarta que parecía una pizza, despedía  un  olor  a  queso  a  echado a perder, y de su pantalón rojo  le salía su  pipí  que parecía un gusano arrugado y sin vida.

-¡Mira mamá  Santa Claus  si existe!

-Si mi’ja, vámonos  camina rápido.

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No he conseguido trabajo  y  necesito  dinero, de perdido para comprar  unos  pollos  asados  para la noche,  y  no  volver  a  comer  tostadas  con  chile  solamente. Conseguí  este  trabajo  por esta  noche,  bueno,  de  a  eso  a  nada,  pues  ya  es  algo. Solamente  es ponerme  el   traje  de  Santa  Claus  y  que  los  niños  se  tomen  la   foto,  escucharlos  lo  que  quieren  que  les  traiga  para  la  noche  de  navidad. No sé  de  dónde  salen  tantos  niños  y  niñas,  ya  me  tienen  cansado,  escuchando  sus  peticiones  de  regalos. Es  cuando  una   niña  más  o  menos  de   seis  años  u  siete,  la  tengo  en  mi    regazo   y  me  dice  al  oído,  lo  que  quiere  que  le  traiga  de  regalo para  navidad,  fue  cuando   dejé  de  quejarme.

-          Quiero  que  mi  papá  se  muera  o  que  lo  mates  Santa  Claus.

-          ¿?

-          Porque me mete  su  cosa,  a  mi  cosita  y  ya  me  duele  mucho,  y  también  me  la  mete por  donde  hago  popó  y  me  sale  sangre. Por eso  quiero  para  esta  navidad  Santa,  que  lo  mates, si,  por favor.

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Otra navidad sola, ya  soy más  vieja, aunque apenas tengo 42 años pero ya me siento  más  vieja  que  ayer. Cenando sola me doy cuenta que fui una mosca muerta, que  viví para las apariencias, que fui una santurrona  y  que  me  apegué demasiado  a  mis  prejuicios.  Desearía  estar  con  él,  que  me  acompañara, pero lo espanté  con mis mojigaterías  y  con  el dilema: ¿qué  dirá  la  gente? Que eso está  mal,  que  estoy  actuando  igual  que  mi  ex esposo,  que  faltó  a  los  valores  de  la  castidad.

Ahora, para esta navidad  me  regalé  un  consolador  de  color  natural  y  con  pilas.

Cenando  sola  frente  al  consolador  que  no   dice  nada,  solo  vibra.

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Es la primera  navidad que  vamos  a  estar  juntas, después de ocultarlo por mucho tiempo.  Me siento  mejor  después  de  todo. Haremos  juntas  la  cena,  nos  miraremos  a  los   ojos,  nos  desearemos,  estaré  desesperada  por  ver  la   tormenta  de  su  cabello  caer  en  la  almohada  y  oler   su  aliento.  Aunque  estaremos  lejos  de  nuestras  familias,  mismas  que  nos  corrieron  de  su  entorno,  cuando  se  dieron  cuenta  de  nuestro  amor. Dicen  que  estamos   mal,  que  somos  antinaturales,   que  somos   errores  de  Dios ¿Cuál  Dios?  su  Dios  que  pregonan,  no  es  más  que  una   proyección  de  sus   complejos. Mi  amor  hacia  ella  es  transparente  y   de  verdad ¿a  poco  el  amor  tiene  preferencia  sexual? Soy  feliz  junto  a  ella,  y  lo  somos,  aunque  seamos  lesbianas.

Recuerdo  el  primer  regalo  que  le  pedí  a  Santa  Claus,  fue  un  camión a control  remoto, por fin me lo va a traer  en  esta  noche,  junto  con  ella.

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Ya  llevo  quince navidades  celebradas  aquí,  entre  estas  cuatro  paredes, cada  vez  son  menos  los  que  me   visitan,  se  van  olvidando  de  mí.  Aquí  el  tiempo  parece  que  no  transcurre,  me  doy  cuenta  que  el   tiempo  avanza,  pues  cada  vez  tengo  menos  cabello  y  tengo  más  arrugas  en  mi   rostro  y  por  la  menopausia  me  doy  cuenta  que  soy  más   vieja.  Se  me  acusa  de  asesinar  a  mi  esposo,  pero  no  lo  maté,  solamente  hice  justicia,  pues  ya  me  tenía  hasta  la  madre. Cada  vez  que  venía   borracho  me  violaba  y  me  metía  muchas  cosas  por  mí  vagina  y   a   mi  ano,  incluso  a  veces  traía  a  sus  compañeros  de   borrachera  para  que  se  acostarán  conmigo.

Llegó  el  día  que  me  decidí  a  ponerle  un  alto.   Era  un  24  de  diciembre  de  1976  por  la  mañana.  Estaba  por  despertar  de  una  cruda  mi   esposo  cuando  me  ordenó  hacerle  unos  huevos   estrellados  con  mucho  chile,  allí  estaba  sentado  tratando  de  despertar  aún. Cuando  sin pensarlo,  todavía  adolorida  de  mi  vagina,  pues  por  la  noche  me   había  metido  la  imagen  del  niño  Dios  a  mi   pequeña   vagina,  tomé  el  cuchillo  con  el  que  corto  los  pollos,  y  se  lo  pasé   por  el  cuello,  cual   si fuera  el  cuello  de  un   marrano.

Esa  noche  me  dispuse  a  desaparecer  el  cuerpo.

Lo   hice  pozole,  pero  rindió  mucho  el  cuerpo  de  mi  esposo,  tuve  que  invitar  a  cenar  a   toda  su   familia  esa  noche  buena.

Todos  estaban  saboreando  el  exquisito  pozole,  cuando  no  faltó  quien  dijera: “qué  sabroso  el  pozole   cuñadita  ¿cómo  lo  hiciste  o  dónde  compraste  la  carne,  es  de  cerdo?”.

Ustedes  coman,  que  si  supieran  de  qué  está  hecho,  no  gustarían de  él…  
¡Feliz  navidad!

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Es  noche  buena,   vísperas  a  navidad,  llegué  junto  con  el  Padre  Orlando,  soy  acólito  de  su  parroquia,  mis  papás  lo  habían  invitado  a  compartir   la  cena  de  navidad. Rápido  se  ganó  la  confianza  de  mis  papás,  ellos   son  muy  creyentes  por  tradición  y  se  sienten  de  otro   mundo,  o  más   bien   dicho  bendecidos  al  hecho  de  que  vaya  un  sacerdote  a  cenar  a  su  casa  y  no se   diga  en  noche  buena.

Acabando  de  cenar  y  de  dar  los   regalos  de  navidad, el  padre  Orlando  le  pidió  a  mis  padres,  que  si  podía   quedarme  con  él.   Mis  papás  accedieron  sin  ningún  problema,  se  sentían  agraciados  de  que  su  hijo  se  fuera  a  quedar  con  un  sacerdote,   también  me  pareció   buena  idea  irme  a  quedar  esa  noche  a  la  casa   parroquial,  me  envidiarían  los  demás  acólitos,  que  yo  fuera  el  elegido  del  Padre.

Estando  ya  en  el  cuarto  del  Padre  Orlando,  comenzamos  a  ver  una   película,  puso  la  de  Batman,  me  encanta  esa  película,  ya  los  dos  nos  encontrábamos  en  la  cama,  me  abrazó  y  comenzó  a   frotar  su  miembro,  me  metió  su  lengua  en  mi  oreja  derecha,  fue  cuando  comencé  asustarme,  estaba  tieso  del  miedo,  me  paralizó  el  temor,  no  me  imaginaba  que  iba  a  suceder  esto.

Me  decía  que  yo  era  el  niño  Dios  y  que  él  era  la  Virgen  María,  fue  cuando  me  besó  mi  culito,  no  dejaba  de  repetir  que  era  la  Virgen  María  y  yo  el  niño  Dios.    Me  metió  toda  su  verga  dura  en  mí  trasero,  hasta  desflorarlo,  recuerdo  que  se  enojó  porque  me  salió  sangre  y  excremento  y  porque  lloré  mucho, me  decía  que  era  un  marica,  que  mis  13  años  no  debería  de  llorar,  y  que  debería  de  valorar  el  regalo  de  navidad  que  me  hacía,  que  me  sintiera  un  sagrario  privilegiado,  pues  reservaba  su  semen  en  mi  cola,   no   todos  tenían  esa  dicha,  era  bendecido  por  sus  mecos  santos.

No  olvido  esa  maldita  navidad,  pues  mis  papás  no  me  creyeron,  que  estaba  chiflado.  Al  padre  Orlando,  lo  único  que  hizo  el  Obispo  fue  cambiarlo  de  parroquia.

Pero  en  esta  navidad,  después   de  que  han  pasado  8  navidades  que  no  dejo  de  pensar  en  aquella  desgraciada  noche.   Estoy  afuera   de  la  parroquia  donde  el  Padre  Orlando  esta oficiando  la  misa  de  gallo,  al  terminar  recibirá  su  navidad  tan  deseada  por  mí.

Me  reconocerá,  no  sé,  pero  de  lo  que  si  estoy  seguro  es  de  que  le  cortaré  el  pene  y  se  lo  enterraré  en  la  oreja  derecha   y   sus  huevos  se  los  pondré  en la  boca  y  su   culo  apestoso  y   fofo,  le  meteré   la   imagen  del  niño  Dios  y  antes  de  morir   le  diré ¡Feliz  Navidad  Padre  Orlando!.

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Afuera  del  patio  se  ven  los  adornos  y  las  lucecitas  de  navidad,  las  mujeres  que  viven  aquí,  la  mayoría  son   ancianas  y  no  tienen  a  nadie  quien  velen  por  ellas,  en  su  mayoría  fueron  víctimas  de la  violencia,  ni  siquiera  están  registradas  en  los  juzgados  civiles,  no  poseen  actas  de  nacimientos,  son   una   población  invisible  y  muy   vulnerable.  Son  mujeres  que  casi  en  toda  su  vida  ejercieron  la  prostitución,  de  hecho  Daniela  a  sus   73  años   todavía  se  prostituye,  cobrando  veinte  pesos.

El nombre  de  Daniela,  tal vez  no  te  dirá  nada,  lo  maravilloso  de  ella,  es  que   tiene  Síndrome  de  Down.   Es  muy  callada,  pero  nunca  deja  de  sonreír. A  ella  la   tiraron  a la  basura  y  la  recogió  una   trabajadora  sexual,  quien  a  los  doce  o  trece  años  la  puso  a  trabajar  en  la  prostitución.

Daniela  aún  quiere  ser  útil  a  los  demás;  limpia,  camina,  cocina, acomoda  y  convive  con  sus  demás  compañeras.  La  han desahuciado   en  muchas  ocasiones  por  su  enfermedad  de  mongolita  como  muchos  suelen  decir.  Pero  sigue  en  pie   y  sobretodo  sonriendo.

Y  esperando  la   piñata  para   romperla   y   ganar  muchas  golosinas  para  endulzar  esta  navidad.

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¡Qué pinche es la vida! O mejor dicho los demás.  Desde  que  estoy  aquí  postrada  en  esta  cama, será  la  primera  navidad  que estaré  sola.  Desde  que  me  diagnosticaron  SiDA  estoy  sola.  Los  primeros  en  dejarme  sola,  fue  mi  familia  y  poco  a  poco  las  que  se  hacían  llamar  mis  amigas.

No  moriré  de  SiDA,  moriré  de  soledad,  que  es  peor  que  la  enfermedad.

Aunque,  el  que  me  alegra  en  esta noche  de  navidad,  es  el  enfermero  de  guardia,  es  ateo  y  es  mejor   que  todos  los  mierdas  de  cristianos  y  cristianas  que  celebran  la  navidad,  por  él  sigo   creyendo  en  Dios  y  en la  navidad.   Y  no  por  los  pinches   mierdas  de  católicos  y  católicas  con  sus  villancicos  navideños.

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Hola  Soy  Humberto  Moreira  y  quisiera  que  para  esta  navidad;  pedirle  a  Santa  Claus  y  al  Niño  Dios. Un  regalo  para  todas  y  todos  los  coahuilenses,  sería  pedirles  demasiado  que  me  perdonen  y  me  comprendan,  que  no  tengan  resentimientos  para  conmigo  y  para  con  mi  partido.  Ustedes  no  comprenden  lo  que  tengo  que  hacer  para  mantener  mi  estatus  quo,  para  mantener  a   muchos  banqueros;  servidores  públicos;  políticos;  familiares  y  demás  lideresas. Además  no  se  enojen,  ustedes  me  dieron  su   voto  por  la   vía  democrática  y  creen  que la  democracia   es  tachar  el  logo  de  un  partido.  Ustedes  tienen  la  culpa,  pues  si   Yo  me  animé   a  dejarles  la  deuda  fue,  porque  nunca  se  quejan,  no  se  informan,  no  participan,  no  se  organizan,  aparte  de  que  son  indiferentes  y  pasivos  en  lo  que  respecta  a  lo  que  sucede  en  Coahuila,  entonces  no  se  quejen;   ustedes  tienen  el  gobierno  que  se  merecen,  está  a  su  medida.

¡Feliz  Deuda  Coahuila!  Perdón  ¡Feliz  Navidad!.

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Logos, ofertas, juguetes, lucecitas  de  colores, exceso  de  comida, borracheras, estrenar  ropa  nueva, consumismo, Santa  Claus,  Coca Cola  ¿Ésto  es  la  Navidad?

¡Váyanse   y  métanse  su  Navidad  por  el  culo!

¡Pinches  Navidades,  a  la  mierda  con  Santa  Claus  y  su  Niño  Dios!

Adolfo Huerta Alemán

Adolfo Huerta Alemán

Saltillo, Coahuila
La Locura sin Mí, , , no tiene Vida! ! !http://youtu.be/N-ymxJDeG8ohttp://radio.infonor.com.mx

Hacia una vivencia real y encarnada

Escrito por: Adolfo Huerta Alemán 
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“¿Es  el  hombre  tan  sólo  un  error  de  Dios?
¿O  es  Dios  tan  sólo  un  error  del  hombre?”.
De
  Friedrich  Nietzsche<<Cómo  se  Filosofa  a  Martillazos>>.
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La  situación  que  vive  nuestro  país  de  vida  y  de  muerte no  sustituye,  menos  aún,  nos  quita  la  capacidad  de  razonar  y  de  reflexionar,  aunque  sin  aquello  no  podemos  crecer  en  nuestro  pensamiento,  más  en  nuestra  comprensión  de  nuestros  actos  y  comprendernos  mejor  a  nosotros  mismos,  para  cambiar  nuestra  actitud  frente  al  otro  y  el   rumbo  de  nuestra  historia. 
Es  necesario  y  beneficioso  reflexionar  para  pasar  a  la  acción:“es  que  pensamos  juntas” sentenció  una  de  las  madres  que  busca  a  su  hijo  inmigrante, de  la  Caravana  de  las  Madres  de  Inmigrantes  Asesinados,  en  su  visita  en días  pasados  por  Saltillo, Coahuila. Hoy  en  día  es  una  urgencia<<PeNSAR  JuNTOS>> y no dejar de poner el dedo  en  la  llaga  de  nuestra  realidad  que  vive  el  país; nuestro estado  y  nuestras  ciudades.  Por  ello,  a  creyentes  y  no  creyentes,  sigue  siendo  muy  necesaria  la  reflexión  que  nos  motive  a  asumir  nuestra  responsabilidad  histórica.   Más  para  aquellos  que  presumen  tener  un  fe,  peor  aún  para  aquellos  y  aquellas  que  se  atrevan  a  llamarse  católicos  y  católicas  tienen  que  responder  a  ser  creíble  su   fe  cristiana,  el  grito  de  Gustavo  Gutiérrez  no  ha  muerto: “Cómo  decir  a  los  pobres (excluidos)  de  este  mundo  que  Dios  les  ama“. 

Un  espacio  que  ofrece  las  comunidades  cristianas  y  no  se  ha  logrado  que  lleguen  a  tocar  fondo  en  el  corazón  de  la  mujer  y  del  hombre  de  hoy;  son  los  sacramentos  de  vida  cristiana.  A  mí  parecer  son  un  espacio  privilegiado  y  muy  bueno,  para  iniciar  procesos  de  concientización  y  de  participación  ciudadana. “La  Iglesia  es  en  Cristo  como  un sacramento,  o  sea,  señal  e  instrumento  de  la  íntima  unión  con  Dios  y  de  la  unidad  de  todo  el  género  humano” (CV II Constitución  Dogmática  sobre  la Iglesia). 

Toda  cultura  tiene sus ritos  de  iniciación  para  la  aceptación  dentro  de  la  comunidad.  La  iglesia  presume  siete  sacramentos,  de  los  cuales  tres  de  ellos  son  de  iniciación;  dos  de  sanación  y  dos  más  para  el  servicio  de  la  comunidad.  Tal vez,  la  estructura  eclesial,  no  ha  sabido  sacar  suficiente  provecho  a  este  espacio  que  ella  misma  ofrece,  tiene  que darse  cuenta  el  pueblo  que  estamos   hoy  en  día  obligados  a  configurarnos  hacia  una  nueva  praxis  sacramental,  que  llegue  realmente  a  la  mujer  y  hombre  de  esta  época,  y  construya  su  plenitud  de  su  existencia,  pues  nos  estamos  acostumbrando  a  una  muerte  prematura,  lenta  y   violenta.  

No  cuestiono  la  esencia  de  los  sacramentos en sí,  lo  que pongo en  duda,  son  algunos  de  sus  ritos  que ya  estan  caducos  y  no  dicen  nada  nuevo.   Habría  que  revisarles  para  darles  verdadera  plenitud  a   dichos  sacramentos. Ya  los  esquemas  de  los  rituales  de  los  sacramentos  no  responden  a  la  exigencia  de  nuestra  responsabilidad  histórica, para  el  hoy  que  estamos  viviendo. 

¿Renuncian  a  Satanás? (Por  citar  un  ejemplo  el  rito  de  Bautizo) ¡Qué! Todavía  son  niños(as) el pueblo, como  para asustarles  con  un supuesto  ente  que llaman diablo.  Esto  le  dice  algo  al  hombre  y  a  la  mujer  de  hoy,  creo  que  es  rídiculo  y  no  aportamos  nada,  para  que  nuestra  gente  participe  y  se  comprometa  con  su  entorno  histórico.  Otra,  las  presentaciones  matrimoniales,  el  esquemita  de  entrevista,  ya  no  sirve  para  nada,  y  así   podemos  mencionar  los  demás   ritos  del  resto  de  los  sacramentos.  

No  se  hace  otra  cosa  que  cultivar  la  ignorancia,  la  superstición  y  lo  mágico  que  ya  viene  cargando  de  siglos  atrás  la  fe  cristiana: “una práctica sacramental habitual, que muchas veces  sacraliza el  statu  quo  ambiental  y  no  cuestiona  la  situación de injusticia, de la que estos  sectores son, en gran parte, responsables  y  beneficiarios” (Mysterium Liberationis. Conceptos fundamentales de la Teología de la Liberación; pag. 269/Tomo II). A  esto  me  refiero  y  pongo  en la  mesa  de  discusión,  que  los  ritos  de  los  sacramentos  no  están  provocando  un  cambio  de  mentalidad  en  nuestra  gente, menos  aún  no  hay  un  compromiso  real  en  su  contexto  que  se  desenvuelve,  su  cotidianidad. Que  realmente  lleguen  a  ser  signos  eficaces  de  la  Gracia  de  Dios  en  el  Hombre  y  la  Mujer  de  hoy, ésta  es  la  tarea  pendiente ¿estamos  logrando  ese  cometido?: “el  horizonte  eclesiológico  moderno  tiene  el  riesgo  de  degenerar  en  una  liturgia  elitista  y  ahistórica,  en  unos  sacramentos  bien  preparados   y  bien  celebrados  por  el  sector  minoritario  de  la  sociedad,  en  un  encuentro  con  el  Resucitado  que  deje  al  margen  el  seguimiento  del   Jesús   histórico” (Op. Cit. Pag. 273). 

Tenemos  que  seguir  propagando  las  ideas  y  una  verdadera  formación  en  cada  uno  de  nosotros,  para  hacer  creíble  la  propuesta  de  Jesucristo,  y  que  los  sacramentos  lleguen  a  una  verdadera  transformación  del  Hombre  y  de  la  Mujer  de  hoy,  y  dejen  de  ser  un  adornito  social  de  la  sociedad  y  lleguen  a  dignificar  a  nuestra  sociedad. A  ver  hasta  cuándo  los  del  color  púrpura  junto  con  su  Vicario  de  color  blanco,  se  les  antoja  hacer  una  verdadera  revisión  de  los  rituales  de  los  sacramentos  que  se  adapten  y  lleguen  a  un  profundo  cambio  de  los que  se  hacen  llamar  todavía  católicas  y  católicos. 

Por  lo  pronto,  en  lugar  de  preguntar  si  renuncian  a  Satanás; Yo  yá  cambié  el  ritual a: ¿Renuncian a  Televisa; a  TV Azteca  a su  mierda  mal  parida, y  al  enjendro  de  RCG? ¿Junto  con  la  deuda de Humberto  Moreira?

La  conversión  que  exige  Jesús  no  es  solamente  cambio  de  convicción (teoría),  sino  principalmente  cambio  de  actitud (práctica) “. 
De  Leonardo  Boff<<La  Fe  en  la  periferia  del  mundo>>.  

@GofoAutor

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Me encanta Dios

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

Dedicado al Cura Gofo, que poco a poco, lentamente me ha invitado a creer y amar a Dios.

Existen temas de vital importancia como las estadísticas en los deportes, o cómo tener un jardín hermoso o divagar sobre Dios. Esos son temas trascedentes, ¡la política que!, ese tema nunca se va a terminar, nunca se va a modificar, políticos se van, políticos vendrán y todos, todos tienen el mismo fin; servirse de las arcas del Estado para su beneficio.

De los temas arriba mencionados (deporte, zacate y Dios) quiero esbozar algunas líneas sobre éste último, sobre Dios, ya que se me hace un tema por demás interesante, tema que deberíamos como humanos de retomar más seguido. Como sociedad nos hace falta más Dios, comer Dios, levantarnos y pensar en Dios y etc. ese es el mal de nuestra civilización posmoderna, deja fuera de la línea a Dios.

Hablar de Dios nos conlleva una espinosa dificultad, no sabemos a cuál Dios nos referimos, al Dios del Oriente, al Dios del Occidente, al Dios de nuestros Ancestros, al Dios cósmico, al Dios cómico, al Dios vengativo, al Dios Amor, al Dios Juez, al Dios del Antiguo Testamento, al Dios del Nuevo Testamento, al Dios del cura de la Iglesia de la esquina o al Dios del cura de la Iglesia de la otra esquina.

“A mí me encanta Dios” escribió algún día Jaime Sabines. A mí también, a mi me fascina saber que existe un Dios, pero no un Dios “Judeo-Cristiano”, con tintes antropomórficos, no, a mi me gusta más pensar en un Dios Cósmico, Universal, que va más allá de lo que nuestra corteza cerebral puede entender. Dios no existe por sí solo, a Dios lo hacemos día con día.

El motivo de escribir hoy acerca de Dios es que me topé con una Biblia, versión “Latinoamericana” y menciono la versión ya que para algunos enterados la versión implica muchas cosas, por ejemplo la versión que tengo a mi lado (la latinoamericana) la conocen como la Biblia de “corn flakes” por que carece de toda exégesis y hermenéutica que pueda ser digna de tomarse en cuenta para los estudios de desentrañar la esencia de Dios.

Pues bien, en la introducción de la Biblia Latinoamericana podemos leer textualmente que “La Biblia no ha caído del cielo, no fueron proclamados desde la nubes, con algún parlante celestial, sino que se reunieron pacientemente a lo largo de siglos en el seno del Pueblo de Dios gracias a la fe de sus minoría más conscientes”. ¿Y qué con esto? Pues que la misma Biblia nos dice que ya no sigamos creyendo o afirmando que “los textos los escribió Dios pero utilizando a los profetas”, es decir, el Dios que nos presenta la Biblia es un “Dios de acuerdo a la fe del Pueblo de Dios” del allá y el entonces, esa fue su experiencia de Dios, nosotros también debemos de encontrar esa experiencia con ese Dios, pero no un Dios mítico-mágico como lo elucubraron hace ya más de 2000 años, sino un Dios que responda a las inquietudes existenciales de nuestra época, un Dios más humano, menos ritualista, un Dios más amoroso y no un Dios Juez, un Dios que le gusta el rock and roll.

 @CarlosDasein 

¡Una Teología que te pone a bailar!

Autor: Adolfo Huerta Alemán

¿De  dónde  proviene  la  actitud fatalista  y  condenatoria  del  supuesto  creyente  contemporáneo?.  Los  que  se  hacen  llamar  cristianos;  católicos; creyentes  y   demás   fanáticos  de  la  fe ¿Por qué  su  actitud  de  arrogancia  y  de  creerse  de  poseer  la  verdad?.    Y  partir  de  allí;  a  juzgar  sin misericordia  a  medio  mundo  que  no  concuerdan  con  su  forma  de  pensar  y  por  lo  tanto  la  de su  actuar,  se  nos  olvida  muy  pronto,  que  Jesús  no  condenó  a  nadie  y  que  no  vino  a  eso,  a  condenar  nuestro  mundo,  sino  a  darnos   vida  y   vida  en  plenitud. 

Parece  ser  que  todavía  seguimos  arrastrando  resabios  agustinianos  en  nuestra  fe;  recordarán  un  libro  de San  Agustín<<Ciudad  de  Dios  contra  paganos>>.  Este  libro  de  éste  santito  que  no  es  para  nada  de  mis  predilectos,  influyó  en  los  primeros  siglos  de  la  era  cristiana  y  marcó  la  forma  de pensar,  y  tal  vez  la  sigue marcando,  sino,  cómo  nos  explicamos  la  actitud  del  creyente  hoy  en  día  de  identificar  todavía  con  el  pecado,  lo  que  supuestamente  no  entra  en  los  cánones  tradicionalistas  de  la   moral  cristiana,  y  por  lo  tanto,  de  seguir  condenando  pecaminosamente  todo  cuanto  nos  ofrece  ésta  bellísima  creación.  

Todo  aquel  que  se  atreva  a  llamarse  cristiana(o)  en  este  instante  tendrá  que  atreverse  a  emprender  la  ardua  tarea  de  aprender  a  des – fariseizar  el  discurso  tradicionalista  que  a   acompañado  a  la  teología  y  fe  cristiana.  Los  que   hemos  recibido  una  educación  cristiana  y  teológica,  no  podemos  pretender  que  somos  “buenos”  por  el  mero  hecho  de  pertenecer  a  una  religión  ò  a  una  iglesia,  en  lugar  de  eso,  tenemos  la  obligación  de  empezar  a preguntarnos - cuestionarnos – discutir  sobre  nuestra  complicidad  en  el  uso  de  palabras,  sobre  todo  palabras  religiosas  y  teológicas,  para   crear  una   bondad  falsa,  y   que  en  el  nombre  de  esta  bondad  expulsemos  a  toda  aquella   y  aquel,  que  no  concuerda  con  nuestra   forma  de  ver  la  vida.  

Hoy  en  día  todos  aquellos  y  aquellas  que  presumen  de  pertenecer   a  una  iglesia   que  ofrece  y  trafica  con  la  salvación,  ò   que  se  identifican  con  una  fe  cristiana,  tienen  la  responsabilidad  de  reflejar  realmente  lo  que  es  vivir  una  verdadera   fe  ante  una  humanidad  desorientada.   Y  más  para   aquellas  y  aquellos  que  dicen  creer  en  un  Jesús  que  es  el  rostro  perfecto  de la  Ternura  de  Dios;  si  Jesucristo  tuvo  siempre  una  actitud  de   compasión  y  de  cercanía  para  todas   y   todos  aquellos   que  no   eran  muy  bien  vistos  por  los  guardianes  de la  moral;  del  orden  social – político  y  de  la  religión  de  su  tiempo.

Que  no  se  les  olvide   supuestos  creyentes  y   cristianos,  que  Dios  amó  tanto  al  mundo  que  envío  a  su  único  Hijo,  para  que  tuvieran  vida   y  vida   en  abundancia.  

Lo  que  deberían  hacer  los   catoliquillos  y   caricaturas  de  cristiano,  es  dedicarse  a  vivir  y  a  construir  su  felicidad.  Y  no  andar  por  el  mundo  viendo  y  condenando,  sin  aprovechar  el  tiempo  que  se  te  está  dando  y  sobretodo   la  Vida,  de  tu  vida.    

Al fin al cabo,  como  lo  afirma  Leonardo  Boff  en  su  libro<<Teología  del  cautiverio  y  de  la  liberación>>  muy  acertadamente:”Lo  sagrado  y  lo  profano  son  revelaciones  del  único  y  mismo  sol,  el  Misterio  salvífico  y  liberador   de  Dios”. 

Mejor  pónganse  a  bailar  y  aprendan  a  disfrutar  de  esta  vida  que  se  les  ha  dado  creyentes  como:”David  bailaba  y  giraba  con  todas  sus  fuerzas  ante  Dios, , ,”(2 Samuel 6, 14 -); “Alegrénse  en  la medida en  que  participen  por  los  sufrimientos  de  Jesucristo,  para  que  también  se  alegren  gozando  y  bailando  en  la  revelación  de  su   gloria”(1ª de Pedro: 4, 13 – 14);”Alaben  el  nombre  de  Dios   bailando, , ,”(Salmo 149, 3-). 

Concluyo  con  una  frase  tomada  del  film  <<9 songs>>:“Sólo  los  amargados,  son malos  bailarines”.

DE HOY EN ADELANTE VAS A PEPENAR HOMBRES…

 Autor: Gabriel Verduzco

-¿Por qué hay ricos y por qué hay pobres?- volvió a preguntar Jesucristo cuando José Gómez regresó del trabajo.

-Porque así es el mundo –contestó el albañil.

-Pues qué mundo tan pinche –dijo Jesucristo.

Hace 32 años, en la Pascua de 1979, don Vicente Leñero publicó uno de sus libros emblemáticos: El evangelio de Lucas Gavilán. Como él mismo explica, el texto es una paráfrasis del evangelio de Lucas a la realidad sociopolítica del México de los 70s. Influido por la teología de liberación latinoamericana, el Evangelio de Lucas Gavilán se acerca mucho a una forma de lectura popular de la Biblia y su posterior reflexión teológica. El libro describe el escozor que la teología popular de la liberación y su alto contenido sociopolítico generaron –y generan aún- en los ambientes tradicionalistas, conservadores y “espiritualizados” del catolicismo mexicano. Sin embargo, hoy más que nunca, resulta pertinente volver a leer el texto con ojos de creyente que sigue preguntándose la razón de su esperanza, que a fin de cuentas ese es el papel de la teología.

Hijo del albañil José Gómez y de su esposa María David, Jesucristo Gómez David es un buen albañil, piadoso, listo y sensible a las necesidades de la gente desde que era un niño, allá en su pueblo, San Martín el Grande, Estado de México.

Una vez que asistió a una reunión del Frente Común, que lideraba su primo Juan Bautista, comprendió que

[...] era cierto. Cómo pasarse la vida trabajando nomás para el propio provecho. Cómo olvidar lo que dice el Evangelio. Cómo quedarse cruzado de brazos ante tanta miseria, ante tanta injusticia, ¡carajo!, no puede ser. Él no había nacido para trabajar de albañil (p. 55).

El evangelio de Lucas Gavilán -quizá sin quererlo, quizás no-, da al clavo en la cuestión del ser y quehacer cristiano, del seguimiento: el personaje central del evangelio es Jesucristo Gómez, un albañil de un pueblo del Estado de México. Su madre, María David lo bautiza con el nombre de Jesucristo porque

[...] Jesucristo vino a defender a los pobres y a luchar contra las injusticias. Maldijo a los ricos. Combatió a los explotadores. Dio su vida para cambiar este mundo… Por eso quiero que mi hijo se llame Jesucristo [...] (p. 24)

Así, el texto de El evangelio de Lucas Gavilán es completamente provocador. Pero también recupera y nos hace sentir lo subversivo de la persona de Jesús y de los evangelios y que ahora hemos edulcorado, suavizado, corregido, reinterpretado y vaciado de esa fuerza de choque que implica el mensaje de la Buena Nueva del Reino:

-¡Me limpio con sus novenarios! En lugar de tanta rezadera, lo que Dios quiere de ustedes es que hagan algo contra esta pinche situación de injusticia, ¿no la sienten? Y si su fe no les sirve para eso, olvídense; ya lo dice el Evangelio: si un árbol no da fruto, a la chingada (p. 50).

Jesucristo Gómez encarna las actitudes, los pensamientos y las causas de Jesús de Nazaret. Lo interesante aquí es que, en la historia de la teología espiritual, los grandes maestros y místicos coinciden en señalar que el clímax de la vida cristiana llega cuando uno puede intercambiar su nombre con el de Jesús en los evangelios. Así, de sopetón, Lucas Gavilán nos hace caer en la cuenta que el papel de los creyentes es hacer vida a Jesús, pensar como él, actuar como él, amar como él…

Jesucristo Gómez, de unos 30 o 34 años, comienza entonces su actividad itinerante:

-Yo vine a alborotar los pueblos y cómo me gustaría ver ya a todos alebrestados (p. 171).

Se dedica a tiempo completo a la promoción de la justicia, a organizar a la gente en comités, agrupaciones, frentes vecinales… pues solo unidos y trabajando juntos es posible revertir la inercia de la sociedad individualista y burguesa. Así, un día ayuda a sus amigos pepenadores de Iztapalapa Pedro y Andrés Simón y Juancho y Santiago Zepeda, a pepenar para reunir 4,600 pesos (¡de aquellos años!) y poder pagarle a un agiotista. Tras el éxito, sus amigos se admiran de la habilidad de Jesucristo para la pepena:

-Comparado contigo yo soy un pepenador de quinta –dijo Pedro Simón.

Sucio, agotado, con las ropas ennegrecidas, el cabello pastoso, las manos hinchadas y tasajeadas de heridas y cicatrices, sonreía Jesucristo Gómez a sus amigos:

-De hoy en adelante vas a pepenar hombres –dijo a Pedro Simón. Y acompañado por los cuatro echó a andar (p. 80-81).

En esta tónica se mantiene Lucas Gavilán. Problemas de regularización de tierras, broncas sindicales, las dificultades del Seguro Social, las transas políticas, la corrupción… todo esto está presente en el texto para poder insistir en la lucha radical por la justicia. La justicia es el tema capital en Lucas Gavilán. Esta justicia tiene que llegar desde abajo, cambiándolo todo. Y no se puede engañar a Dios ni al propio corazón. O se está comprometido con ella o se hace bandera con la justicia para seguir fregando a los demás:

-Para ti todas las riquezas son mal habidas, ¿no dices?

-Yo digo que no se puede ser rico y estar al lado del pueblo. Como tampoco se puede ser rico y buen cristiano al mismo tiempo.

-Uh, pues hay muchos líderes campesinos que son millonarios –exclamó Felipe Higuera-. ¡Y los católicos! Todos los pinches burgueses son católicos.

-Acomodan el Evangelio a su conveniencia –agregó Tomás Carrillo.

Nadie puede acomodar el Evangelio a su conveniencia. –Jesucristo empezó a comer la otra mandarina.

-El Evangelio no tiene vuelta de hoja.

-Pues lo acomodan –insistió Tomás (p. 198-199).

En Lucas Gavilán queda de manifiesto que no se puede ser creyente cristiano -de cualquier confesión-, si no hay un compromiso auténtico con la justicia y por la lucha contra la marginación:

-Cuando triunfe la justicia de Dios no se va a medir a nadie por su fe, sino por sus obras. Y tenga la seguridad que habrá muchos creyentes que serán acusados de haber entorpecido la justicia y muchos incrédulos que serán reconocidos como creyentes por haber favorecido la justicia de la que habla el Evangelio (p. 179).

Y añade:

-Si ustedes dicen que el Evangelio es palabra de Dios, ¿cómo pretenden ser fieles a Dios olvidando lo que el Evangelio dice sobre los pobres? Y si ustedes dicen que Jesús es hijo de Dios, ¿cómo pretenden seguir a Jesús si no renuncian a todo para luchar por la justicia? (p. 257).

A poco más de 30 años de que Lucas Gavilán vio la luz por primera vez, el final del “discurso escatológico” tiene hoy un fuerte sabor de actualidad. Escuchamos hablar de protestas sociales en España, en Grecia y en Irlanda para cambiar los modelos económicos que empobrecen a los trabajadores. Los países islámicos hacen sus revoluciones exigiendo democracia real a los regímenes que tienen más de 30 años en el poder. En América Latina se va dando un cambio electoral por sistemas socialistas que reivindican luchas obreras, campesinas e indigenistas y plantan cara valientemente al sistema hegemónico de la economía de mercado neoliberal.

Y en México sigue creciendo el descontento ante una clase política insensible y sorda ante los clamores de justicia, democracia y alto a la violencia. En México, hay cada vez más personas inconformes con los manejos de la economía, con los cochupos políticos, con las farsas electorales, con la hipocresía de los líderes religiosos de cualquier denominación.

Ante estas cosas, la potente voz de Jesucristo resuena de forma profética:

-Llegará el día en que la fe saldrá de los templos y no será necesario encarcelar a Dios en las iglesias. La fe dejará de estar sujeta a dogmas para convertirse en una forma de vida [...] Ojalá y para entonces no hayan renunciado ustedes a sus convicciones ni hayan perdido el espíritu de lucha y de justicia. Que cuando llegue el día de la liberación, cuando los oprimidos se levanten, los encuentren a ustedes combatiendo a su lado, en su misma trinchera (p. 259-260).

 LEÑERO, Vicente (1989): El evangelio de Lucas Gavilán, Seix Barral: México.

Escrito por: Gabriel Verduzco (Saltillo, Coahuila)

Un Tributo Gofiano a Kafka

Autor: Adolfo Huerta Alemán

"Desintegración" by Mª Jesús Casal Rodriguez

Me  están  triturando  y  es  como  si  no  tuviera  huesos,   es  doloroso,  es  como  si  me  estuvieran  exprimiendo,  de  alguna  manera  me  están  sacando   la  sangre,  pero  no  es  sangre  la  que  sale  de  mí  cuerpo  amorfo,  son  sustancias,  solamente  jugos.   Me  siento  pequeño,  casi  insignificante, casi  nada.   El  dolor  me   hace  consciente,  el   maldito  dolor,  eso  que  te  hace  sentir  un   insecto,  eso   que  te  recuerda  que  la  vida  es   sólo   un  suspiro,  que  eres   comida   para   gusanos,  maldito  sea  el   dolor,  ¿Para  qué   sirve  el  maldito  dolor?  Sólo   para  recodarte  que  aún  estás   vivo  y  sigues  aquí.

Estaré  secuestrado  por  los  zetas,  no  creo  ¿Por  qué  habría  de  estar  secuestrado,  el  profe nos cuida, o no?  De  lo  que  si  estoy  seguro  es  que  me  están  triturando,  además,   no  recuerdo  haber  sido  levantado,  lo  último  que  recuerdo  es   que  estaba    bañando  a  Lady  Gaga  y   tenía  mí  mano  derecha  en  su  hermoso  y  delicado  seno  izquierdo,  dos  de  mis  dedos  jugaban   con  su  bellísimo  pezón  sediento  de  ser  tocado.

Ahora   me  mueven  de  un  lugar  a   otro  como  ropa  interior  de  mujer  en una  lavadora  automática,  la   vista   comienza  a  regresar  ò  más   bien  me  he  acostumbrado  a  la  oscuridad,   lo  que   puedo  ver  es   una   pared   roja  carnosa  y  lo  que  parece  que  me  tritura  son  rocas  blancas, , ,  como   dientes.

¿Dientes? ¿Cómo?  Y  lo  que  pensaba  era  mí  cama,  es  un  gran  pedazo  de  carne  rojiza  suave con  muchos  poros   que  absorben  los   jugos  que  salen,  de  lo  que  queda  de  mi  cuerpo  deforme,  qué  digo  deforme,  parece  vomitada  de  borracho  agrio,  después  de  nueve  días  de  estar  ahogado  en   tequila  y  haber  comido  menudo  con  cebolla  por  la  madrugada.

Resbalo por  un  tobogán  de  parque  de  diversiones  gigante, es  un  gran  tubo,  me  golpeo  a lo  que  parece  una  perilla  de  boxeo,  caigo  a  lo  que  me  imagine  que  es  el  infinito  ¿a  dónde  voy? ò  ¿me  llevan? Tal  vez,  nunca   he  sabido  a  dónde   voy  ¿debería  de  saberlo?  Me  siento  como  una  masa  que  nada  puede  hacer  contra  la  gravedad,  pareciera  material   de  desecho  eliminado,  pero  tirado  por  quién.  Con  el  súbdito  de la  caída  libre  he  dejado  de  sentir  dolor,  casi   es   pura  oscuridad  aquí,  me lascivo  como  semen  entre  los   dedos.

Por   fin  caigo,  se   supone  que  Soy  Yo, , , Soy  ò   qué  Soy  ¿qué  intenté  Ser? ¿qué  fuí?  Se  supone  que  estoy  vivo,  que  pienso:  ahora  no  sé   qué  Soy ¿dónde  estoy? ¿Quién  Soy  realmente?  Éstas   pinches   preguntas   existencialistas  que  siempre  te  siguen  como   una  sombra,  y  no  sé  si  nos  llevarán  a  algún  lado.

No  me  había  percatado,  pero  hay  silencio,  se  ha  calmado  todo,   todo  es  calma;  es  de  ese  silencio  monacal  seminarístico,  que  te  acosa  de  que  estás  en  el  lugar   equivocado,  en  la   hora  equivocada  y   para   joderte  más,   con  la  persona  equivocada,  por  lo  tanto,  has  hecho  la  elección   equivocada  de   tu  vida.   Me  quedo  inmóvil,  no  me  puedo  mover, me  quedo  sin   hacer  nada,  a  veces  es   bueno  no  hacer  nada  frente  a  lo  que  no  sabes  a  que  te  enfrentas,  a  lo  desconocido.   Tengo  la  sensación  de  ser  una  morsa  recién  parida  toda  pegajosa,  sólo  hay  quietud  inerme,  como   esa  quietud  en los  rostros  de  yeso  a  los  que  asisten  a  misa,  no  hacen  nada,  sólo  observan  y  no  hacen  nada,  se  contentan  con  su  quietud  mediocre.

De repente  se  abre  un  gran   hoyo  a  lo  que  parece  una  pared  roja,  aquí   todo  es  rojo  y  húmedo.

Comienzo  a  moverme  involuntariamente  y  algo  me  jala  hacia  el   hoyo,  descubro  ruidos  ò   voces  que  parecen  mascullar  frases,  que  no  logro  entender  en  una   lengua  extraña  a  mí  y  no  sé  por  qué,  ahora   resucitan  en  mí  las  clases  de  secundaria  sobre   biología,   del  capítulo   sobre  el  aparato  digestivo, podrá  ser  cierto  lo  que  me  dicen  las  viejas  clases  de  biología, , ,  El   hoyo. . .

Es  el  intestino   delgado ¿cómo?  y  lo  acompañan  movimientos   peristálticos,  hay   mucho   ruido,   es  el   movimiento  de la   digestión, esto  es   extraño,  acaso  estoy  pensando,  estoy   vivo,  es  una   pesadilla   kafkiana,  acaso   Soy   comida  ò  era   comida,    ahora   soy   un  material   viscoso  gelatinoso  que  va  como si  fuera  en  un  trenecito  de   mina,  que  va   dirigido  del  intestino  delgado  al   intestino   grueso.   Voy   pasando   cientos   de  millones   de   bacterias   y  no   puedo   reconocer  a   una  de  ellas,  tan  solo  ellas  existen   como   75  tipos  de   bacterias.

Entonces  no  estoy  secuestrado,  ni  nada  de  eso,  soy  desecho  de  comida,  pero  de  quién.   Ahora  llego  a  un  gran  filtro,  es  el   hígado,  me  convierto  como   queso  rallado  que  traspasa   una   pared    y   se   dirige  a   otra  que  recuerdo  que lo  llaman  páncreas.   Soy  expulsado  y   voy   cayendo   como  a  una   gran   alberca,    cuando  logro  sumergirme  en  esos   líquidos,  es  cuando  comienzo  a  sentir   una   quemazón   que  arde  y  no  la  soporto,  acaso   serán  los   jugos   intestinales   y  gástricos   que  están  compuestos   de  ácidos  clorhídrico,  para  asimilar   lo  que  sirve   para  el  cuerpo,  y   dividir  lo  que  ya  no   sirve.   Espero  ser  parte  de  lo  que  sí   sirva.   Pero  queman,  queman,   ¡quemaaan!. . .

Termina  el  martirio,  parece  como  si  me  hubieran  freído  en  aceite,  ahora  sé  lo  que  se  siente  cuando  echan   las  langostas   vivas  a  freír.   La  asimilación  llega  a  su   fin,  y  creo  que  no  he  sido  parte  de lo  que  sirva  para  el  cuerpo.

He  terminado  siendo  parte  del  desecho  desagradable,  de  lo  feo,  de  lo  fastidioso,  de  lo  asqueroso,  de lo  repulsivo,  de  lo  sucio,  de  lo  repugnante, de  lo  nauseabundo,  de  lo  corrupto,  de  la    porquería,  de  lo  apestoso, casi  como si  fuera  un  político  hoy  en  día:  tengo  la  maldita  certeza  de  que  he  terminado  siendo  caca;  mierda;  mojón;  un  gansito;  excremento; burócrata;  diplomático; heces;  deyecciones  como  dicen  las   buenas  conciencias  puritanas  y  moralinas.

Soy  mierda,  pero  de  ¿Quién? ¿Por  qué  Yo?  Esta  última  cuestión  no  puede  faltar.

Conducido  como  un  torpedo  por  el  tubo  del  recto  que  mide  tan  solo  12  centímetros,  pero  parece  que  recorro   una  cancha  de  fut bol soccer,  se   van  abriendo   las  grandes  paredes  del  canal   anal   como   hojas  planas  y   creo   reconocer   los  esfínteres   internos  y   ahora  los   externos,  la  lubricación  la   termina  lo  que  conocemos  como  mucos.

Me  lastima  la  luz,   pues  se  va  abriendo  el  gran  ano,  al  menos  así  lo  percibo  porque  es  chiquito  en  realidad,   así  sería  mí  nacimiento;  el  defecar  y el  nacer  estarán  unidos   por  su  semejanza,  serán  la  misma   experiencia ¿?.

Me  deslizo  cual  si  fuera  un   feto  no  deseado  y   tirado.   Caigo  en  un  charco  de  agua que  supongo  que  es  el  del  retrete.   Floto  en  paz,  ahora  el   olor  es  el  que  me  recuerda  de  alguna  manera  que  todavía  sigo   vivo,  es   un  olor  acidoso,  que  parece  que  te  lo  tragas,  es  insoportable  el   olor,  el  humor  de  algo  que  ya  no  sirve.  Se  aleja  el  ano  de  donde  salí  ¿de  quién  sería?  Como   si  se  tratara  de  dos  compuertas  de  un  calabozo,  no  es  del   todo  malo,   pues  me  siento  en  una   tranquilidad  inimaginable  jamás  vivida,  aquí  flotando  y  aunque  sea  mierda,  tengo  la  sensación  de   ser   libre  ahora, , ,  ¡Nooo!.

El  agua  forma   un   gran  remolino   y  me  arrastra   por  otro   hoyo  ahora  de  cerámica,  ya  no  hay    color  rojo,  ahora  es   blanco,  me   voy,  me   voy,  ¡aaa!.

Regresa  el   maldito   dolor,  pues  cada  vez   que  roso  en   los   muros  de  la    tubería  del  caño  voy  manchando  de  mí  mierda  las  paredes,  voy  dejando   parte  de  mí  como   si  fueran  grafitis  mal  hechos  de   niños  de  kínder.  El  camino será  largo,  no  lo  sé,  pero  mí  intuición  femenina  me  dice  que  a  donde  voy  a  ir  a  parar,  no  es  nada   agradable.

Lo  que  comienzo  a   vislumbrar  es  el desagüe  del  apestoso  drenaje,  salgo  impulsado  con el  resto del  agua  que  ya  no  es  virgen,  me   dirijo  a   una  inmensa  masa  que  parece  no  tener  límite  y   fin.    Parece  el  mar,  pero  ahora  no se  ve  el  bello  ocaso,  sino   todo  es  gris  y   con  un  mal  olor. . .

Por  fin  termino  por  caer,  no  es   posible,  ahora  termino  siendo  parte  de   toda  esta  masa  acéfala  sin  significado, sin  fundamento,  sin  horizonte,  sin  historia,  me  pierdo  dentro  de  toda  esta  mierda,  soy  parte  de  una  gran  masa  sin  rebelarse  por  lo  que  es,  pierdo  mí  identidad,  si   acaso   la  tuve  alguna vez, , ,

¿Qué   mierda  Soy? ¿Qué  mierda   Somos? ¿Ahora  qué  sigue?  ¿De  quién  fuí?  ¿Quién  Soy? ¿Qué  Soy?  ¿Mierda?  Soy  Mierda  de  Dios.

@GofoAutor

Escrito por: Adolfo Huerta Alemán (Saltillo, Coahuila)