Escrito por: Adolfo Huerta Alemán

"Caminos de fé" by Julián Martínez
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Karina me dice que Santa Claus no existe, me lo dijo ayer en la posada del kínder. Eso me pone muy triste ¿entonces quién nos traerá los regalos en la noche de navidad? Pero, hoy cambió todo, cuando mi mamá me llevó a comprar unas cosas para la cena de noche buena. Pasando por las calles del centro, no podía creer lo que mis ojitos veían. Era Santa Claus, estaba tirado en el suelo, tal vez estaba descansando, pues por la noche tendría que visitar muchas casas a llevar regalos. Allí estaba acostado afuera de una cantina, olía a leche agria, a un lado había una gran tarta que parecía una pizza, despedía un olor a queso a echado a perder, y de su pantalón rojo le salía su pipí que parecía un gusano arrugado y sin vida.
-¡Mira mamá Santa Claus si existe!
-Si mi’ja, vámonos camina rápido.
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No he conseguido trabajo y necesito dinero, de perdido para comprar unos pollos asados para la noche, y no volver a comer tostadas con chile solamente. Conseguí este trabajo por esta noche, bueno, de a eso a nada, pues ya es algo. Solamente es ponerme el traje de Santa Claus y que los niños se tomen la foto, escucharlos lo que quieren que les traiga para la noche de navidad. No sé de dónde salen tantos niños y niñas, ya me tienen cansado, escuchando sus peticiones de regalos. Es cuando una niña más o menos de seis años u siete, la tengo en mi regazo y me dice al oído, lo que quiere que le traiga de regalo para navidad, fue cuando dejé de quejarme.
- Quiero que mi papá se muera o que lo mates Santa Claus.
- ¿?
- Porque me mete su cosa, a mi cosita y ya me duele mucho, y también me la mete por donde hago popó y me sale sangre. Por eso quiero para esta navidad Santa, que lo mates, si, por favor.
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Otra navidad sola, ya soy más vieja, aunque apenas tengo 42 años pero ya me siento más vieja que ayer. Cenando sola me doy cuenta que fui una mosca muerta, que viví para las apariencias, que fui una santurrona y que me apegué demasiado a mis prejuicios. Desearía estar con él, que me acompañara, pero lo espanté con mis mojigaterías y con el dilema: ¿qué dirá la gente? Que eso está mal, que estoy actuando igual que mi ex esposo, que faltó a los valores de la castidad.
Ahora, para esta navidad me regalé un consolador de color natural y con pilas.
Cenando sola frente al consolador que no dice nada, solo vibra.
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Es la primera navidad que vamos a estar juntas, después de ocultarlo por mucho tiempo. Me siento mejor después de todo. Haremos juntas la cena, nos miraremos a los ojos, nos desearemos, estaré desesperada por ver la tormenta de su cabello caer en la almohada y oler su aliento. Aunque estaremos lejos de nuestras familias, mismas que nos corrieron de su entorno, cuando se dieron cuenta de nuestro amor. Dicen que estamos mal, que somos antinaturales, que somos errores de Dios ¿Cuál Dios? su Dios que pregonan, no es más que una proyección de sus complejos. Mi amor hacia ella es transparente y de verdad ¿a poco el amor tiene preferencia sexual? Soy feliz junto a ella, y lo somos, aunque seamos lesbianas.
Recuerdo el primer regalo que le pedí a Santa Claus, fue un camión a control remoto, por fin me lo va a traer en esta noche, junto con ella.
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Ya llevo quince navidades celebradas aquí, entre estas cuatro paredes, cada vez son menos los que me visitan, se van olvidando de mí. Aquí el tiempo parece que no transcurre, me doy cuenta que el tiempo avanza, pues cada vez tengo menos cabello y tengo más arrugas en mi rostro y por la menopausia me doy cuenta que soy más vieja. Se me acusa de asesinar a mi esposo, pero no lo maté, solamente hice justicia, pues ya me tenía hasta la madre. Cada vez que venía borracho me violaba y me metía muchas cosas por mí vagina y a mi ano, incluso a veces traía a sus compañeros de borrachera para que se acostarán conmigo.
Llegó el día que me decidí a ponerle un alto. Era un 24 de diciembre de 1976 por la mañana. Estaba por despertar de una cruda mi esposo cuando me ordenó hacerle unos huevos estrellados con mucho chile, allí estaba sentado tratando de despertar aún. Cuando sin pensarlo, todavía adolorida de mi vagina, pues por la noche me había metido la imagen del niño Dios a mi pequeña vagina, tomé el cuchillo con el que corto los pollos, y se lo pasé por el cuello, cual si fuera el cuello de un marrano.
Esa noche me dispuse a desaparecer el cuerpo.
Lo hice pozole, pero rindió mucho el cuerpo de mi esposo, tuve que invitar a cenar a toda su familia esa noche buena.
Todos estaban saboreando el exquisito pozole, cuando no faltó quien dijera: “qué sabroso el pozole cuñadita ¿cómo lo hiciste o dónde compraste la carne, es de cerdo?”.
Ustedes coman, que si supieran de qué está hecho, no gustarían de él…
¡Feliz navidad!
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Es noche buena, vísperas a navidad, llegué junto con el Padre Orlando, soy acólito de su parroquia, mis papás lo habían invitado a compartir la cena de navidad. Rápido se ganó la confianza de mis papás, ellos son muy creyentes por tradición y se sienten de otro mundo, o más bien dicho bendecidos al hecho de que vaya un sacerdote a cenar a su casa y no se diga en noche buena.
Acabando de cenar y de dar los regalos de navidad, el padre Orlando le pidió a mis padres, que si podía quedarme con él. Mis papás accedieron sin ningún problema, se sentían agraciados de que su hijo se fuera a quedar con un sacerdote, también me pareció buena idea irme a quedar esa noche a la casa parroquial, me envidiarían los demás acólitos, que yo fuera el elegido del Padre.
Estando ya en el cuarto del Padre Orlando, comenzamos a ver una película, puso la de Batman, me encanta esa película, ya los dos nos encontrábamos en la cama, me abrazó y comenzó a frotar su miembro, me metió su lengua en mi oreja derecha, fue cuando comencé asustarme, estaba tieso del miedo, me paralizó el temor, no me imaginaba que iba a suceder esto.
Me decía que yo era el niño Dios y que él era la Virgen María, fue cuando me besó mi culito, no dejaba de repetir que era la Virgen María y yo el niño Dios. Me metió toda su verga dura en mí trasero, hasta desflorarlo, recuerdo que se enojó porque me salió sangre y excremento y porque lloré mucho, me decía que era un marica, que mis 13 años no debería de llorar, y que debería de valorar el regalo de navidad que me hacía, que me sintiera un sagrario privilegiado, pues reservaba su semen en mi cola, no todos tenían esa dicha, era bendecido por sus mecos santos.
No olvido esa maldita navidad, pues mis papás no me creyeron, que estaba chiflado. Al padre Orlando, lo único que hizo el Obispo fue cambiarlo de parroquia.
Pero en esta navidad, después de que han pasado 8 navidades que no dejo de pensar en aquella desgraciada noche. Estoy afuera de la parroquia donde el Padre Orlando esta oficiando la misa de gallo, al terminar recibirá su navidad tan deseada por mí.
Me reconocerá, no sé, pero de lo que si estoy seguro es de que le cortaré el pene y se lo enterraré en la oreja derecha y sus huevos se los pondré en la boca y su culo apestoso y fofo, le meteré la imagen del niño Dios y antes de morir le diré ¡Feliz Navidad Padre Orlando!.
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Afuera del patio se ven los adornos y las lucecitas de navidad, las mujeres que viven aquí, la mayoría son ancianas y no tienen a nadie quien velen por ellas, en su mayoría fueron víctimas de la violencia, ni siquiera están registradas en los juzgados civiles, no poseen actas de nacimientos, son una población invisible y muy vulnerable. Son mujeres que casi en toda su vida ejercieron la prostitución, de hecho Daniela a sus 73 años todavía se prostituye, cobrando veinte pesos.
El nombre de Daniela, tal vez no te dirá nada, lo maravilloso de ella, es que tiene Síndrome de Down. Es muy callada, pero nunca deja de sonreír. A ella la tiraron a la basura y la recogió una trabajadora sexual, quien a los doce o trece años la puso a trabajar en la prostitución.
Daniela aún quiere ser útil a los demás; limpia, camina, cocina, acomoda y convive con sus demás compañeras. La han desahuciado en muchas ocasiones por su enfermedad de mongolita como muchos suelen decir. Pero sigue en pie y sobretodo sonriendo.
Y esperando la piñata para romperla y ganar muchas golosinas para endulzar esta navidad.
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¡Qué pinche es la vida! O mejor dicho los demás. Desde que estoy aquí postrada en esta cama, será la primera navidad que estaré sola. Desde que me diagnosticaron SiDA estoy sola. Los primeros en dejarme sola, fue mi familia y poco a poco las que se hacían llamar mis amigas.
No moriré de SiDA, moriré de soledad, que es peor que la enfermedad.
Aunque, el que me alegra en esta noche de navidad, es el enfermero de guardia, es ateo y es mejor que todos los mierdas de cristianos y cristianas que celebran la navidad, por él sigo creyendo en Dios y en la navidad. Y no por los pinches mierdas de católicos y católicas con sus villancicos navideños.
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Hola Soy Humberto Moreira y quisiera que para esta navidad; pedirle a Santa Claus y al Niño Dios. Un regalo para todas y todos los coahuilenses, sería pedirles demasiado que me perdonen y me comprendan, que no tengan resentimientos para conmigo y para con mi partido. Ustedes no comprenden lo que tengo que hacer para mantener mi estatus quo, para mantener a muchos banqueros; servidores públicos; políticos; familiares y demás lideresas. Además no se enojen, ustedes me dieron su voto por la vía democrática y creen que la democracia es tachar el logo de un partido. Ustedes tienen la culpa, pues si Yo me animé a dejarles la deuda fue, porque nunca se quejan, no se informan, no participan, no se organizan, aparte de que son indiferentes y pasivos en lo que respecta a lo que sucede en Coahuila, entonces no se quejen; ustedes tienen el gobierno que se merecen, está a su medida.
¡Feliz Deuda Coahuila! Perdón ¡Feliz Navidad!.
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Logos, ofertas, juguetes, lucecitas de colores, exceso de comida, borracheras, estrenar ropa nueva, consumismo, Santa Claus, Coca Cola ¿Ésto es la Navidad?
¡Váyanse y métanse su Navidad por el culo!
¡Pinches Navidades, a la mierda con Santa Claus y su Niño Dios!

Adolfo Huerta Alemán
Saltillo, Coahuila
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