¿Jesús se fue al Cielo?

Escrito por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

Cuando la otrora Unión Soviética puso al primer hombre en órbita, en la persona de Yuri Gagarin, los líderes del ateísmo comunista científico se regocijaron al constatar que, allá afuera no estaba Dios, ni nada por estilo.

Esta expresión que hoy puede sonar risible, representa una tradición cultural, un paradigma sociorreligioso que, para muchos, sigue operando en sus vidas de modo inconsciente.

Los textos neotestamentarios, escritos en este ámbito cultural premoderno, no pretenden describir un movimiento de traslación de Jesús cuando afirman que subió al cielo. Veamos, el evangelio de Marcos (ca. 60 d.C.) señala que el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Mateo (ca. 70 d.C.) solo señala que yo (Jesús) estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo. Lucas (ca. 90 d.C.) es el más pródigo en detalles, pues en el evangelio menciona que Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Y en el texto de los Hechos agrega que serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra. Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos.

Los textos evangélicos y de los Hechos son testimonios de fe y se mueven en el horizonte simbólico. Es por eso que tienen un doble aspecto, uno apunta a Jesús y otro a la comunidad creyente.

En lo que apunta a Jesús, se señala que subió al cielo o fue llevado al cielo. No es una referencia de tipo topográfica o espacial, sino que, dado que el cielo es símbolo del ámbito divino, funciona como una confesión de fe: Jesús pertenece por entero a Dios y a lo divino. La glorificación de Jesús no solo es la resurrección, sino también su pertenencia por entero a Dios. Esta confesión de fe permitirá el posterior desarrollo del dogma trinitario.

El otro aspecto, que apunta al creyente, tiene que ver con la responsabilidad. Jesús resucitado se va al cielo y ahora empieza el tiempo del creyente, del seguidor. Jesús ya no está en medio del grupo de creyentes para instruirlos o aconsejarlos. Es ahora el tiempo de los seguidores de Jesús que, con su vida, han de hacerlo presente en sus trabajos, en sus hogares, en su caminar cotidiano. Somos nosotros los que tenemos que hacer vida a Jesús en el mundo.

Los soviéticos no hallaron a Dios allá afuera, y ningún astronauta actual o los habitantes de la Estación Espacial Internacional no lo han de ver –ni lo verán- allá en el espacio. pero deberán de verlo en cada uno de los que creemos en Él, que seguimos en este mundo con la grave responsabilidad de amar como amó Jesús, de sentir como Jesús sintió, de pensar como Jesús pensó. Como dice el himno de esta fiesta: “No, yo no dejo la tierra, no yo no olvido a los hombres… comienza su tarea”.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

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Un cuento de hadas

Escrito por: Karina Díaz Díaz

Twitter: @karii_didi

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 ¿Por qué las personas queremos vivir como en un cuento de hadas? Será porque todos quisiéramos vivir un instante de peligro, desarmonía y después vivir felices para siempre esperando que nada malo nos suceda jamás después del percance que sufrimos al encontrar la felicidad.

Desde niñas vemos caricaturas de princesas y hadas mágicas, madrastras malvadas y enemigos perversos, sin olvidar a los príncipes azules que juegan un papel estelar dentro de los cuentos. A las mujeres se nos encierra en una burbuja indirectamente por parte de nuestros padres anhelando que algún día así pueda ser nuestra vida, llena de emociones fuertes pero sabiendo que algún día va a llegar el hombre que nos hará felices y con el cual viviremos juntos por el resto de nuestros días.

Algunas son afortunadas y encuentran a ese hermoso príncipe que fuera de la belleza exterior tiene sangre azul real, es amable, cariñoso, dulce y honesto; pfff, pero eso no existe, eso es seguir viviendo en el clásico cuento de hadas.

¿Qué sucede cuando nos topamos de frente con la realidad y no es como en los cuentos? ¿Qué hacemos cuando la vida que teníamos pensada de pronto no aparece? ¿Los príncipes se extinguieron o todo quedo en una fantasía?

Son tantas las preguntas para alguien decepcionada del amor, o podría confirmar que alguien que está defraudada con el cuento de princesas, hadas mágicas y hechizos desencantados por el amor inesperado encontrado en un beso.

Inevitablemente Blanca Nieves, Bella y Anastasia tuvieron la oportunidad de elegir al hombre con el que pasarían el resto de su vida, Ariel la sirenita y Rapunzel fue amor a primera vista y que decir de Fiona que solo entendió que Shrek y ella eran uno para el otro ineludiblemente.

En nuestra realidad pasa lo mismo, en hora buena los afortunados que nacen amándose uno al otro y gracias a la vida se encuentran y se dan cuenta de ello. Felicidades a los que buscan hasta encontrar a su príncipe azul y doblemente felicitaciones a aquellas parejas que entienden que el amor es de dos, que sin importar si eres un ogro, una bestia o simplemente de sangre azul aprendes a conocer y a respetar los sentimientos del otro por el simple placer de hacerlo viviendo la vida en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, en la dicha y en la pobreza, hasta que la muerte o la fulana los separe; pero ese es otro cuento.

Nuestra vida es puro cuento, solo que de nosotros depende si lo queremos vivir con siete enanos, con un desconocido, un campesino, un obrero o simplemente continuar la búsqueda sin exasperación del príncipe azul, rojo, amarillo, turquesa o del color que sea. Total, una elige ser la protagonista hasta que la vida misma, Dios o lo que sea pasa la vuelta a la página, se levanta de la mecedora y con un suspiro dice: Colorín colorado…

Hasta donde la pasión te lleve

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosLector

Imagen tomada de 2.bp.blogspot.com

[…] hacer lo que venimos a hacer aquí, a vivir lo que más vale de vivir y encontrar tu segunda identidad. […] confundidos no sabemos mirar, hasta que eres sincero y dices…
Fernando Delgadillo.

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-Oye, ¿y a ti, te gusta tu trabajo? -“Pues… me da para comer”.

Cuántas veces no hemos escuchado en los domingos a adultos que espetan estentóreamente la  siguiente frase: “chin, ya mañana es lunes, a trabajar.”

Tal parece que la sociedad actual se empeña en frustrar los sueños, deseos y anhelos de los habitantes del planeta tierra. Educamos para que nuestros hijos cuando lleguen a ser adultos sean unos sujetos que encajen perfectamente en el engranaje de la Gran Maquinaria que dicta la economía en turno.

Los papás en la actualidad se espantan cuando su hijo les dice que quiere ser pintor, bailarín, escultor, filósofo o músico de rock and roll. Entrenamos a los infantes para que sean productivos, los disuadimos de sueños tan “irreales e infructuosos” como pensar ser artista, fisicoculturista, futbolista, beisbolista, escritor. Educamos a los pequeños con el firme propósito de que adquieran las competencias básicas para que sean sujetos productivos para la Sociedad.

¿Qué le apasiona a tu hijo? ¿Qué le apasiona a tu alumno? ¿A qué se quiere dedicar toda su vida? ¿Qué le hace feliz? ¿Qué quisiera estar haciendo el día entero? Parece ser que los que trabajamos para la Educación hemos perdido esa brújula, nos dedicamos a que nuestros alumnos completen los contenidos, a que logren los aprendizajes esperados, a que adquieran las competencias estipuladas por la OCDE. Lentamente nos estamos olvidando de la esencia de la existencia: venir al mundo a disfrutar. Venir al mundo a ser feliz. Será quizá tal vez por eso el gran incremento de jóvenes que afirman que su existencia no tiene sentido, es por eso que vemos jóvenes deprimidos, es por eso que a muchos esta vida, la vida que se les ha planteado e impuesto no les satisface y deciden retirarse antes de tiempo.

Recientemente me comentaba un colega que si él tuviera un hijo y ese hijo descubriera que le apasiona algo en la vida, como por ejemplo pintar, escribir, ser artista, escultor, músico, que él le pagaría esa pasión: “Qué importa que esa pasión no le dejara dinero para vivir, pero sin duda mi hijo sería inmensamente muy feliz, porque estoy seguro que si sigue haciendo lo que le apasiona tarde que temprano eso le dará para vivir”… como a Fernando Botero, por ejemplo.

Quizá tenga razón mi colega, habrá que ver detenidamente cuál es la pasión de nuestros hijos, cuál es la pasión de nuestros alumnos, ver qué les hace ser felices, ver qué les hace vibrar de emoción.

Vivir la vida haciendo lo que te apasiona, lo que te gusta, claro, esa pasión de preferencia debe estar socialmente aceptada evitando en lo posible crear conflictos con el contexto en el que vivimos.

La vida ofrece oportunidades para re-pensar y re-plantear nuestra existencia, deshacernos de situaciones, eventos y prejuicios que solamente afligen a uno.

Deberíamos hacerle caso a lo que hace tiempo escribió Simone De Beauvoir: “Si no vives la vida que deseas vivir, es mejor morir”.

Pasión por el Reino de Dios

Escrito por: Juan Pablo Cruz Alvizo.

Twitter: @jpcruzalvizo

jpcruzalvizo@hotmail.com

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Me llama mucho la atención algunos pasajes de la Sagrada Escritura en las que el Señor  Jesús contesta a sus adversarios con ánimo de provocar o les reprende con expresiones fuertes; también el pasaje en el que en el Templo, lleno de coraje, corre a los mercaderes. Esto me da una idea de la Pasión que Jesús sentía por el anuncio del Reino y su desesperación cuando otros iban en contra de este Reino.

Ya desde el Antiguo Testamento vemos también expresiones bellísimas de Dios en boca del profeta Oseas: “Voy a seducirla, la llevaré al desierto y le hablaré al corazón.”(2, 16), refiriéndose a su pueblo.

La Pasión (patós) que Dios siente por su pueblo, es como la de un amante, no en un sentido peyorativo, ni como entendemos esa palabra hoy en día, sino como la persona que ama con todo su ser. Este es un sentimiento que se da ya desde la creación, pero en especial, a partir del encuentro de Dios con su pueblo en el desierto.

La Pascua que celebramos es, además de celebración de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, un tiempo de dar continuidad a los propósitos de cuaresma, así nos lo propone la Iglesia y así lo hemos entendido los cristianos, de ahí que sea también momento propicio para encontrarnos con Dios y profundizar en nuestra relación con Él para conocer verdaderamente cuánto nos ama.

Pero este encuentro quedaría infecundo si no tomáramos en cuenta los consejos de Jesús con los que iniciamos la liturgia de la cuaresma: limosna, oración y ayuno deben ser prácticas que deben quedar en lo íntimo de nuestro corazón y en la presencia de Dios, aunque nunca desligadas de la atención y el amor al prójimo.

Éstas y todas las prácticas que tengamos en mente para vivir  la vida cristiana deben ser un momento de “noviazgo” con Dios, nos deben ayudar a fortalecer nuestra relación con Él.

Pero de nada sirve que queramos tener una relación íntima con Dios si no hacemos lo que a él le agrada. Cuando un joven o una chica desea agradarle a la otra persona, platica con ella para saber sus gustos, aficiones y de esa manera hacer las cosas que a dicha persona le agraden. De  manera que no va a comportarse de la forma que a la otra persona le disguste, sino todo lo contrario.

De igual forma, los cristianos debemos buscar hacer la voluntad de Dios en todas nuestras acciones, para ello debemos aprovechar todo tiempo y preguntarle en oración qué desea de nosotros.

Y precisamente este tiempo debe servir para acrecentar nuestra Pasión por Dios y su Reino, esto sólo lo lograremos cuando nos sintamos plenamente amados por Él y sintamos toda la pasión que siente por ti y por mí. Entonces será cuando correspondamos, no con la misma intensidad, pero sí con la que todas las fuerzas de nuestro corazón nos lo hagan posible.

Esta pasión es la que sintieron los apóstoles por la fuerza del Espíritu Santo en Pentecostés, con lo que perdieron la cobardía para anunciar a Jesús y denunciar la injusticia que se había cometido con su ejecución.

Esta pasión es la misma que debemos pedir al Espíritu Santo para ser capaces de denunciar en medio de  estas estructuras de injusticia y opresión en los que vive nuestra sociedad, y en especial, los más pobres, en los ámbitos: económico, político, social, educativo, e incluso me atrevo a decir que religioso, para denunciar todo aquello que vaya en contra del anuncio del Reino.

Esta pasión es, por último, la que nos impulsará a ser cada vez mejores cristianos con todas las implicaciones que esto tiene, tener los mismos sentimientos de Cristo y apasionarnos por el anuncio de su Reino.

Recordando aquello de la Influenza

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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Fue nuestra culpa el no saber descifrar “Los signos de los tiempos”; el primer mensaje que se nos dio para descifrar la epidemia-pandemia que se nos venía  fue aquel video muy famoso en donde nos daban una pista “me amarraron como puerco” he allí la primera pista, ajá, de allí provendría la epidemia, el segundo mensaje que nos dieron fue por parte de un Municipio de Guanajuato, en donde prohibieron los besos en la boca en lugares públicos, así o más clara la advertencia, pero nosotros, ciegos a los designios humanos, no quisimos ver.

Cuando todavía este evento no se convertía en epidemia ni llegaba a nivel 4 según la OMS, acá en Monclova Coahuila (Monclova-Springfield) se daba el siguiente fenómeno, la gente, más por imitación que por información salía a la calle con su cubre bocas; fui a un centro comercial y vi una escena un tanto cuanto hilarante, toda una familia entera portando su cubre bocas, padre, madre y tres hijos, por favor, ¡pues mejor quédense en casa y que uno solo haga la nota!

Esto del tapabocas se convirtió rápidamente en un fetiche, el que lo portara se volvía automáticamente en una persona inmune, “con esto yo ya la libré”. Desde una óptica psicosocial se lograba diferenciar de los que no lo portaban, es decir, los que traían el cubre bocas pertenecían al grupo de los informados, los conscientes de la realidad, los responsables, los que hacían una cruzada en contra de la influenza, y veían con ojos feos y de desconfianza a los que no lo portábamos, es decir, a los inconscientes, desinformados u homicidas en potencia. Eso si, no faltó la imagen de un hombre con cubre bocas bajando la escalera y deslizando su mano por el pasamanos…

Otro comentario un tanto cuanto inteligente provino de un psicólogo que dijo: “Todo esto es por culpa de la Gestalt” se escucharon risas al final de la frase, por aquello de que como juego se le indilga a la Gestalt de promover el contacto corporal el abrazo, el apapacho…

Lo cierto es que estamos ante un nuevo ser, una célula mutante, resultado de la mezcla de la conjugación de un ave, un cerdo y un ser humano. Y para acabarla los noticieros nos informan sobre la Influenza y ponen de fondo una musiquita así como las que salen en las películas de misterio, “tiru riru” o “hij hijk hijk del clásico “Psicosis”.

Ah, eso sí, acá en Monclova no se les va ni una, ya los cumbieros sacaron “Las cumbia de la Influenza” con su secuela “La cumbia del Tapabocas”.

Como de todo mal sucede algo bueno, dos cosas hay que agradan, la primero es que hay que aprender a vivir con este virus, lo dijo un experto por la televisión y la segunda y todavía mejor es que en estas épocas de promociones electorales no veremos a los clásicos acarreados.

(imagen tomada de 4.bp.blogspot.com )

Hacia una fe indignada

 Escrito por: Adolfo Huerta Alemán 

 

 

Para  aquellos  católicos – cristianos  trasnochados  y  caducos
Que  no  quieren  adaptarse  a  una  nueva  manera  de  entender 
El  Reino  del  Padre  y  de  recrearlo  para  vivirlo
De  manera  novedosa  hoy  en  día.  

 

“¡iNDiGNATE! Un  grito,  un  toque  de  clarín  que  interrumpe  el   tráfico  callejero  y  obliga  a  levantar  la  vista  a  los  reunidos  en  la  plaza, , ,  una  alerta  para  no  bajar  la  guardia”. 
¡INDiGNATE!  Del  libro  de  Stéphane  Hessel.  Prólogo  José  L.  Sampedro.  Ed.  DESTiNO  2011. 

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Tal  vez,  no  me  equivoque,  al  afirmar  que  el  problema  de  México,  es  la  forma  en  cómo  han  utilizado  la  educación  pública  y   privada;  el  Estado,  los  gobiernos,  las  Iglesias,  para crear  ciudadanas  y  ciudadanos  apáticos,  indiferentes  y  sobretodo  sumisos.

Sobre todo  el  PRI,  utilizó  la  educación   para  hacerse  legítimos  en  su  gobierno  por  más  de  70  años  y  la  Iglesia  de  paso  le  ayudó,  para  provocar  católicos  y  católicas  manejables  a  su  antojo  y  a  sus  intereses  mezquinos,  ante  cualquier  autoridad,  sin  cuestionarla  ó  llamarla  a  rendir  cuentas.

Esto  ha  llevado  a  las  y  los  católicos – cristianos   a  llevar   consigo  un  mapa  mental  en  su  cerebro,  imposible  de  romper  con  el.

Esto  ha  creado,  en  las  y  los   ciudadanos  la  creencia  a  reducir  el  papel  de  la  política  a  tachar  el  logo  de  algún  partido  político.

Creer  que  el   y  la  católica,  las   religiosas,  el  sacerdote  se    la  pasen  encerrados  en  la  sacristías  de  sus  templos,  viendo  pasar  la  Historia,  sin  comprometerse  con  ella,  mucho  menos  asumir   nuestra  responsabilidad   histórica.   Es  un  error  garrafal  hoy  en  día  y   una  tristeza,  pues   los  y  las  católicas  en  éste  instante  tienen  una   gran  oportunidad  para   provocar  y  hacer  creíble  el  Reino  de  Dios,  que  no  es  otra  cosa  que  vivir  la   justicia  y   tener  lo  necesario  para  llevar   una  existencia  en  plenitud.

La  fe  como  indignación,  no  es  nueva  en  nuestra  cultura  cristiana,  no  olvidemos  que  el  primer  indignado  es  Jesucristo,  a  muchas  católicos  y  cristianos   quieren  borrar  el  hecho  cuando   el  mismo  Jesús  entró  al  templo  y  se  enfrentó  a  todos  los  negociantes  de  la  fe  de  su  época,  y  parece  que  se  les  olvida  a  esos  católicos  santurrones  y  falsos,  el  motivo   por  el  cual  Jesús   fue  asesinado,  que  fue  por  la  opción  del  Reino  del  Padre.

Los  y  las   católicas,  tienen  que  tener  en cuenta    que  toda  síntesis   de  pensamiento,  de  valores,  de  sentido  y  significado  de  vida,  toda  espiritualidad  precipita  en  torno  a  la  experiencia  humana   fundamental  y  esta  le   sirve  como  catalizador  para  su  Historia.

Esta  experiencia  fundamental  es  algo  que  marca  a  la  persona  en   todos  los  niveles  de  su  vida.

Esta  experiencia   humana  fundamental  Pedro  Casaldáliga (religioso - teólogo – escritor  y  poeta  de  origen  catalán,  radicado  en  Brasil)  la  llama  “indignación  ética”  con  ella  podemos   compartir  con   creyentes  y  no  creyentes,  y  tiene  un  sentido  más  amplio  en  asumir  nuestro  protagonismo  histórico,  más   amplio,  más   allá,  de  la  sacristía  y  estar   encerrados  en  nuestros   templos.    Se  busca  encarnar  la  Buena  Nueva  en  nuestro  entorno  histórico,  que estamos  viviendo  en  éste  instante  y  no  el  pasado.

Atreverse  a  vivir  la  indignación  ética  hoy  en  día  es:  tener  una  percepción  de  la  realidad  fundamental; ser  sensible  y  despertar  mí  indignación  ética  ante  la  realidad   que  estoy  viviendo;  despertar  mí  percepción  ineludible;   y  actuar  por  la  toma  de  una   postura  u  opción   fundamental  en  mí  actuar.   Al  ser  capaz  de   atreverme  a  percibir  estas  realidades,  es  cuando  despertaremos  nuestra  <<indignación  ética>>.

Esta  indignación  ética,  nos  llevará  a  vivir  la  radicalidad  que  viene  en el  hondo,  de  nuestras  raíces    últimas  de  nuestro  ser.   Esta  indignación  radical  no  brota  de una  circunstancia   o  de  una   ideología  en  particular,  mucho  menos  por  pertenecer  a  algún  partido  político  o  religión,  sino,  que  uno  la  percibe   y  la  vive,  por  el  mero  hecho  de  ser,  seres  humanos.

Una  indignación  tan  irresistible  que  no  deja  comprender,  cómo   pueden   no  sentirla   otros  seres  humanos.

La  indignación  ética   que  nos  lleva  a  la  indignación   radical,  nos  cuestiona   en  lo  más  hondo  de  nuestro  ser,  nos  vemos  interpelados  de   una  forma  ineludible,  sentimos  que  no  podemos  convivir  o  pactar  con  la  injusticia,  porque  sería  una  traición  a  lo  más  íntimo  y  profundo  de  nuestra  conciencia  y  ser.

Tomar  una  postura  negativa  frente  a  mí  indignación  ética   radical,  sería   la  cerrazón  de  nuestro  corazón,  la  falta  de  sensibilidad,  la  apatía,  la  indiferencia.

“Una  persona  no  se  hace  revolucionaria  por  la  ciencia,   sino   por  la  indignación”.

Pedro  Casaldáliga  y  José  Ma  Vigil  de  su   libro  contestatario:”Espiritualidad  de  la  Liberación”.  Ed.  Sal Terrae  1992.  Colección  PRESENCiA  TEOLóGiCA.

 

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imagen del texto: blogs.periodistadigital.com

“Tengo Miedo” Reloaded

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 
 
 
En el pasado la miseria incubaba revoluciones o disturbios sociales.
Hoy la pobreza alimenta las causas y las filas de la delincuencia organizada.
 Jorge Villegas.
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La vida pende de un hilo, la vida, que es lo único que tenemos, puede verse esfumada por una mala decisión tomada. O simplemente en el México actual que vivimos, estar en el lugar equivocado, en el tiempo equivocado. Eso le pasó a Juan Francisco, el hijo de Javier Sicilia, por querer recuperar un celular que les robaron, decidieron envalentonarse, regresaron a ese antro y allí se toparon con lo que a la postre les iba a truncar su existencia; estoy de acuerdo en que debemos exigir lo justo, pero ahora, en el México podrido en el que vivimos, uno debe pensar las consecuencias de sus actos; hay que andarnos con cuidado, quieren que andemos con miedo, a eso estamos obligados, a eso nos orillaron. Recientemente leía que la única solución es auto-recetarnos un “toque de queda”, se que los sicarios no tienen horarios, pero el mayor índice de atracos, de delincuencia, de violencia ocurre cuando el sol se pone, cuando la noche cobija a los delincuentes, cuando los mismos policías se bravean y si les caíste mal te entregan a aquellos, a lo que no les tiembla la mano. Y todo por no haberles dado los pinches doscientos pesos.

En México no hay libertad, vivimos en un “estado de excepción”, ya nada es igual, salir a divertirse en cualquier antro es tentar a la muerte. Muerte vestida de sicario. Muerte vestida de policía. Lo único que tenemos es la vida. Vida que nos están arrebatando. Como decía el perro Guarumo: “hay que andarse con cuidado”, conseguir la tan preciada clave “244” y podernos irnos en paz, librarla, regresar al hogar y a la otra pensarla mejor.

Los diablos andan sueltos, y no me refiero a esos diablos metafísicos de antaño, esos causan hilaridad, esos diablos que “se meten en el cuerpo de cualquier mortal” y te hacen hacer cosas malas, esos diablos ya no existen, esos diablos se extrañan, ahora los diablos son de carne y hueso y son más malos, son más bestiales, diablos vestidos de truhanes o diablos con macana y charola.

La existencia es otra. Cualquiera en la actualidad nos puede infundir miedo. Los que antes se encargaban de imponer autoridad ahora sirven a otros amos, ya no hay en quien confiar. El miedo corre por nuestras venas, el miedo como situación existencial. El bullying como inicio de lo que hoy vivimos. Alumnos atosigando al otro. Policías extorsionando. El hijo de “Doña Chona”, aquél que nadie quiso, ahora lo vemos engrosando las filas de la delincuencia. Son los juegos que actualmente jugamos. Sociedad perversa. Sociedad amainada. Hemos quedado muy lejos de aquella prefiguración  esbozada en “Humano, demasiado Humano”; Ahora se lee entre líneas “Bestia, demasiado Bestia”. Da miedo vivir. Vivimos una cultura del miedo. Ya lo presagiaba el Papa Karol Wojtyla: “no tengan miedo” lo decía por algo…

No en balde todos fuimos testigos de ese video que nos causó hilaridad “tengo miedo” decía el protagonista del video subido a Youtube, sin saber que al paso de unos cuantos meses nosotros seríamos los protagonistas de ese nuevo video masivo. Los mexicanos vivimos esa realidad, lo que antes nos causaba risa, ese “tengo miedo” se convirtió en realidad, lo que antes nos causaba hilaridad ahora nos causa pavor. El proyecto de la Bruja Blair se queda corto ante la realidad en la que estamos inmersos. “Me duele México” Reloaded.

@CarlosLector

El conflicto de la Resurrección

Escrito por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

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Se suele decir en teología que la resurrección de Jesús no es un hecho “histórico”, con lo cual se quiere decir no que su realidad está más allá de lo físico. La resurrección de Jesús no es un hecho realmente registrable en la historia; nadie hubiera podido fotografiar aquella resurrección. La resurrección de Jesús objeto de nuestra fe es más que un fenómeno físico. De hecho, los evangelios no nos narran la resurrección: nadie la vio. Los testimonios que nos aportan son de experiencias de creyentes que, después, “sienten vivo” al resucitado, pero no son testimonios del hecho mismo de la resurrección.

La resurrección de Jesús no tiene parecido alguno con la “reviviscencia” de Lázaro. La de Jesús no consistió en la vuelta a esta vida, ni en la reanimación de un cadáver. La resurrección, tanto la de Jesús como la nuestra, no es una vuelta hacia atrás, sino un paso adelante, un paso hacia otra forma de vida, la de Dios.

Importa recalcar este aspecto para darnos cuenta de que nuestra fe en la resurrección no es la adhesión a un “mito”, como ocurre en tantas religiones, que tienen mitos de resurrección. Nuestra afirmación de la resurrección no tiene por objeto un hecho físico sino una verdad de fe con un sentido muy profundo, que es el que queremos desentrañar.

¿Por qué la noticia de la resurrección suscitó la ira y la persecución por parte de los judíos? La buena noticia de la resurrección fue conflictiva. Noticias de resurrecciones eran en aquel mundo religioso menos extrañas que hoy. A nadie hubiera tenido que ofender en principio la noticia de que alguien hubiera tenido la suerte de ser resucitado por Dios. Sin embargo, la resurrección de Jesús fue recibida con una agresividad extrema por parte de las autoridades judías. Hace pensar el fuerte contraste con la situación actual: hoy día nadie se irrita al escuchar esa noticia. ¿La resurrección de Jesús ahora suscita indiferencia? ¿Por qué? ¿Será que no anunciamos la misma resurrección, o que no anunciamos lo mismo en el anuncio de la resurrección de Jesús?

Leyendo más atentamente los Hechos de los Apóstoles ya se da uno cuenta de que el anuncio mismo que hacían los apóstoles tenía un aire polémico: anunciaban la resurrección “de ese Jesús a quien ustedes crucificaron”. Es decir, no anunciaban la resurrección en abstracto, como si la resurrección de Jesús fuese simplemente la afirmación de la prolongación de la vida humana tras la muerte. Tampoco estaban anunciando la resurrección de un alguien cualquiera, como si lo que importara fuera simplemente que un ser humano, cualquiera que fuese, había traspasado las puertas de la muerte.

Los apóstoles anunciaban una resurrección muy concreta: la de aquel hombre llamado Jesús, a quien las autoridades civiles y religiosas habían rechazado, excomulgado y condenado. Cuando Jesús fue atacado por las autoridades, se encontró solo. Sus discípulos lo abandonaron, y Dios mismo guardó silencio, como si estuviera de acuerdo. Todo pareció concluir con su crucifixión. Todos se dispersaron y quisieron olvidar.

Pero ahí ocurrió algo. Una experiencia nueva y poderosa se les impuso: sintieron que estaba vivo. Les invadió una certeza extraña: que Dios sacaba la cara por Jesús, y se empeñaba en reivindicar su nombre y su honra. Jesús está vivo, no pudieron hundirlo en la muerte. Dios lo ha resucitado, lo ha sentado a su derecha misma, confirmando la veracidad y el valor de su vida, de su palabra, de su Causa. Jesús tenía razón, y no la tenían los que lo expulsaron de este mundo y despreciaron su Causa. Dios está de parte de Jesús, Dios respalda la Causa del Crucificado. El Crucificado ha resucitado, está vivo.

Y esto era lo que verdaderamente irritó a las autoridades judías: Jesús les irritó estando vivo, y les irritó igualmente estando resucitado. También a ellas, lo que les irritaba no era el hecho físico mismo de una resurrección, que un ser humano muera o resucite; lo que no podían tolerar era pensar que la Causa de Jesús, su proyecto, su utopía, que tan peligrosa habían considerado en vida de Jesús y que ya creían enterrada, volviera a ponerse en pie, resucitara. Y no podían aceptar que Dios estuviera sacando la cara por aquel crucificado condenado y excomulgado. Ellos creían en otro Dios.

Pero los discípulos, que redescubrieron en Jesús el rostro de Dios como Dios de Jesús comprendieron que Jesús era el Hijo, el Señor, la Verdad, el Camino, la Vida, el Alfa, la Omega. La muerte no tenía ningún poder sobre él. Estaba vivo. Había resucitado. Y no podían sino confesarlo y “seguirlo”, “per-siguiendo su Causa”, obedeciendo a Dios antes que a los hombres, aunque costase la muerte.

Creer en la resurrección no era pues para ellos una afirmación de un hecho físico-histórico que sucedió o no, ni una verdad teórica abstracta , sino la afirmación contundente de la validez suprema de la Causa de Jesús, por la que es necesario vivir y luchar hasta dar la vida.

Creer en la resurrección de Jesús es creer que su palabra, su proyecto y su Causa, el Reino, expresan el valor fundamental de nuestra vida.

Y si nuestra fe reproduce realmente la fe de Jesús: su visión de la vida, su opción ante la historia, su actitud ante los pobres y ante los poderes, será tan conflictiva como lo fue en la predicación de los apóstoles o en la vida misma de Jesús.

En cambio, si la resurrección de Jesús la reducimos a un símbolo universal de vida postmortal, o a la simple afirmación de la vida sobre la muerte, o a un hecho físico-histórico que ocurrió hace veinte siglos, entonces esa resurrección queda vaciada del contenido que tuvo en Jesús y ya no dice nada a nadie, ni irrita a los poderes de este mundo, o incluso desmoviliza en el camino por la Causa de Jesús.

Lo importante no es creer en Jesús, sino creer como Jesús. No es tener fe en Jesús, sino tener la fe de Jesús: su actitud ante la historia, su opción por los pobres, su propuesta y su lucha decidida.

Creer lúcidamente en Jesús en esta América Latina, o en este Occidente llamado “cristiano”, donde la noticia de su resurrección ya no irrita a tantos que invocan su nombre para justificar incluso las actitudes contrarias a las que tuvo él, implica volver a descubrir al Jesús histórico y el sentido de la fe en la resurrección.

Creyendo con esa fe de Jesús, las “cosas de arriba” y las de la tierra no son ya dos direcciones opuestas, ni siquiera distintas. Las “cosas de arriba” son la Tierra Nueva que está injertada ya aquí abajo. Hay que hacerla nacer en el doloroso parto de la Historia, sabiendo que nunca será fruto adecuado de nuestra planificación sino don gratuito de Aquel que viene. Buscar “las cosas de arriba” no es esperar pasivamente que suene la trompeta del juicio final, sino hacer realidad en nuestro mundo el Reinado del Resucitado y su Causa: Reino de Vida, de Justicia, de Amor y de Paz.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

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¡Es que ya no quiero estar contigo!

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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“Los sueños, sueños son”.
Calderón De la Barca.

Todo empezó en la casa de mis padres, habías tenido una visita, un tal sujeto de apellido “Jamín”. Tu tono de voz cambiaba cuando te dirigías hacia él, tu mirada me recordaba a esa mirada que tenías cuando nos conocimos.

Él ya se iba de la casa de mis padres en donde hacíamos algo, no sé qué chingados hacíamos en casa de nuestros padres. Tú lo quisiste despedir regalándole unos fritos de una bolsita de dulces que nos había dado mi madre; mi madre, tu suegra o ahora tu ex suegra dijo que ni madres, que esas bolsas de fritos ella nos las había dado y que por ningún motivo permitiría que tú se las dieras al guapo de Jamín. Fue entonces cuando dijiste que si te dábamos permiso de ir a la tienda de “Don Pepe” para ir a comprarle unas bolsas de fritos a tu amigo. Mi madre, tu suegra o ahora tu ex suegra dijo que si, yo había dicho que ni madres, pero decidiste ir. Yo sabía que no volverías, pero mi madre decía lo contrario, tardaste mucho. Recibimos una llamada, eras tú hablándonos desde un vivero, habías ido a un vivero e intentabas comprar una planta, un árbol, no se, mi madre creo que fue la que contestó la llamada, te preguntó que en donde estabas, en eso mi hermana tomó el teléfono y también quiso saber qué pasaba contigo, si solamente habías dicho que irías por unos fritos. Te habías ido con el tal Jamín. Supiste que la habías cagado, intentaste regresar.

Estábamos en una reunión, llegaste pidiendo perdón. Yo indignado me salí de el lugar en donde estábamos, caminé hasta el carro, me subí a un carro, no era precisamente nuestro carro pero el valet parquin me dijo que me subiera en él, pregunté por qué y me dijo que ese carro pertenecía al tal Jamín. Me bajé del coche indignado y decidí caminar. Tú ibas detrás de mi, el ballet parquin también iba detrás de mi, era un amigo de ustedes, un amigo tuyo y de el tal Jamín. Tu amigo me iba diciendo que le gustaban las cosas que yo escribía. Pasamos por un table dance y yo con mi coraje solo alcancé a voltear a ver una que otra chica, tu amigo, el que creí que trabajaba en el ballet parquin solamente sonrió. Seguía caminado, caminé mucho y tú detrás de mí, llegó un momento en que me alcanzaste, te pusiste frente a mí y no me dejabas caminar. Te abracé, te levanté y te miré a los ojos y te dije siete palabras: “es-que-ya-no-quiero-estar-contigo” creo que tú me creíste porque no reclamaste nada, no dijiste nada, simplemente te diste la media vuelta y te fuiste. Lo otro, lo demás, lo que pasó después, a estas alturas del juego, ya no tiene importancia.  Te fuiste, eso fue lo importante. Te fuiste, eso es lo importante.

La pedagogía según Cantinflas

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosLector

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Con frecuencia, algunos profesores atienden estas dificultades (problemas de conducta) de forma intuitiva, sin obtener resultados y generando mayores dificultades escolares, el único resultado es un gran sentimiento de frustración y desesperación frente a la situación.

(“Educación para todos”. Jomtien 1990)

Uno de los grandes problemas en las escuelas en la actualidad son los denominados “problemas de conducta”, los problemas de aprendizaje ya dejaron de ser ciertamente problemas debido a la gran cobertura por parte de las unidades de apoyo y también en parte por los nuevos lineamientos en donde se indica que es preferible que un alumno no debe reprobar. Hoy en día el gran problema con el que se topa el docente es con esos niños que se levantan del salón, que no acatan órdenes, que molestan al compañero, que intentan llamar la atención, que entran y salen del aula, que son groseros, que no tienen límites y un larguísimo etcétera que formaría parte del gran cúmulo de estresores de nuestros estimadísimos e ínclitos docentes.

¿A qué se debe que un infante no pueda participar de cierta manera esperada dentro del aula? ¿Por qué Juanito sí pone atención y Ronaldito y Jesusito no? La mayoría de los teóricos señalan imperativamente la etiología de su conducta disruptiva a una falla en la estructura familiar; insisten en que la conducta del infante es un fiel reflejo de la dinámica de la familia, la conducta del infante como sintomatología de la enfermedad del núcleo familiar. Los profes recurren a ese viejo estigma; si el alumno no sale adelante es que proviene de una “familia disfuncional”, pero por Dios, en pleno Siglo XXI, en pleno año 2012, en plena era de la posmodernidad, dígame ¿qué familia es funcional?

Habrá que partir de la premisa de que “toda conducta intenta comunicar algo”; la conducta disruptiva de Juanito intenta comunicarnos algo, y es allí en donde entra la labor del docente o la labor del psicólogo educativo, del director o de cualquier miembro de la institución educativa que quiera coadyuvar al buen desempeño del infante. No debemos olvidar que también dentro de la etiología de la conducta podremos encontrar disfunciones orgánicas o pormenores en cuanto a la funcionalidad de los neurotransmisores, pero eso son los mínimos, los detalles con los que nos topamos día a día en su mayoría no tienen nada que ver con neurotransmisores, genética o disfunciones fisiológicas. El docente con lo que se enfrenta día a día son con conductas disfuncionales que intentan comunicarnos algo.

Es verdad lo que afirman los profesores, que ahora los valores son otros, que los papás ya no se preocupan por sus hijos, que es la alimentación chatarra que frecuentan, que es la falta de límites y por eso ya en el aula no podemos hacer nada, pero también es una realidad que los profesores no pueden tirar la toalla de tan fea manera, los profesores deben de actuar a pesar del nulo apoyo de los padres de familia y para ello debe encontrar las técnicas y estrategias más adecuadas para satisfacer la demanda que exige la sociedad actual.

Para poder comunicarse con esos alumnos tildados de “niños con problemas de conducta” es necesario primero escuchar su conducta, qué es lo que intenta decirnos con esa conducta disruptiva, antes de medicarlo, antes de sedarlo o antes de mandarlo a la dirección o con el psicólogo, primero debemos de escuchar su conducta que se instaura en un contexto determinado, con un rol que está desempeñando en un sistema específico.

El docente en turno es un docente que ha perdido la capacidad de tolerancia y paciencia, es cierto que dicha intervención debe de darse dentro de un contexto en donde se manejen reglas y normas propias del aula escolar, pero también es cierto que el docente ya no es aquel sujeto que bien describió Cantinflas en la ya clásica película “El Profe”.

El común denominador de los alumnos que presentan un “problema de conducta” está al servicio de una carencia, es una carencia de afecto, por lo tanto, cuando un alumno en el aula se porta mal, la labor del docente será traducirlo a: “me das un poco de amor”. Recordemos que el alumno no siente que pertenece a su grupo primario denominado “familia”, mucho menos va a sentir la necesidad de sentirse perteneciente al grupo escolar.

Debemos dejar de lado esa estructura en donde el docente impone una manera de ser, en donde quiere que el grupo sea un cúmulo de sujetos alienados, deberíamos explorar un poco más en las potencialidades de cada alumno, dejar de etiquetar, optar por otras vías más saludables de atención a ellos, quizá como un método de prevención, para tener un mundo un poco más sano. Escuchar la conducta del alumno, algo bueno nos tendrá que decir.