Letras del Norte

Blog de Análisis y Reflexión en torno a México y sus síntomas en el contexto de la posmodernidad

No hay que portarse bien

Escrito por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

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imagen tomada de alternativalatinoamericana.blogspot.mx

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Desde niños nos han insistido en que debemos portarnos bien. Y para como está el mundo, más bien pareciera que eso de portarse bien es lo único que nunca hemos hecho.

¿Qué significa eso de “portarse bien”? Para la mayoría de la gente esto significa, simplemente, no hacer cosas malas. Aparentemente esto parece mucho. Pero no es así. En realidad resulta hasta insignificante. De nada sirve pasar la vida como un maniquí o una estatua, que tampoco hacen daño. Pero tampoco hacen nada bueno.

Nuestra vida y nuestra historia están marcadas por lo que llamamos el mal, en todas sus formas de expresión. Hay un mal que brota de la condición misma de la realidad humana: la enfermedad, el frío, el calor, el dolor, nuestras propias limitaciones… Pero hay otra forma de mal que surge de nuestra intencionalidad y de nuestras formas de ordenar la realidad. Así, nace el odio, la venganza, la envidia, y muchas otras acciones que generan daño directo a otras personas. Y ante esto sirve de nada el “portarse bien”.

¿De qué sirve que haya personas que dicen “yo no robo, yo no mato” si hay muchas otras que matan, ejercen violencia, envenenan nuestras sociedades, etc.?

Esta situación no es nueva para el creyente. Ya en los primeros años del cristianismo, Pablo exhortaba a sus comunidades con la expresión “Vence al mal haciendo el bien”.

En el texto de la carta a los Romanos (12, 19-21), Pablo explica que el cristiano no ha de hacer justicia por sus propias manos, sino que si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien.

Esta perícopa resulta completamente significativa y hasta escandalosa para el pensamiento común de nuestro mundo. Pero es la clave de la ética cristiana. Ya Jesús había insinuado este tipo de comportamiento con su propia vida, con la renuncia a la violencia como estrategia para la llegada del Reino y, por el contrario, asumiendo la compasión y la misericordia como bandera.

Así, conforme a Jesús y a la enseñanza de Pablo, al creyente le resulta insuficiente, y hasta inútil, el pretender conformarse con “portarse bien”. El creyente en Jesús ha de encontrar en el mal y en la adversidad el acicate para la práctica del bien. Si sufro injusticia, es el llamado a trabajar más por implantar la justicia en mis relaciones con los demás. Si sufro violencia, es la oportunidad para decidirme a la construcción de una nueva forma de entender nuestro mundo y nuestra sociedad, donde la violencia no sea la tónica diaria.

Claro que esto cuesta mucho esfuerzo, muchas lágrimas y hasta la vida. Así nos lo ha enseñado Jesús. Pero es el único camino. No podemos conformarnos con una vida “sin problemas”, pretendiendo que no me afectan porque están al otro lado de la barda de la casa o de la reja de la colonia.

Hoy más que nunca resulta pertinente la invitación: No hay que portarse bien. Hay que vencer al mal haciendo el bien.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

Comentarios a:

gabrioignaz@yahoo.com

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Esta entrada fue publicada en 11 agosto, 2012 por en Gabriel Verduzco A. y etiquetada con , , .
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