Letras del Norte

Blog de Análisis y Reflexión en torno a México y sus síntomas en el contexto de la posmodernidad

¡Ven ya, Padre de los pobres!

Escrito por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

imagen tomada de ingindustrialjj.blogspot.mx

La secuencia del día de Pentecostés, entre una serie de títulos que le da al Espíritu Santo, le llama “padre de los pobres”. Este título, si bien no aparece en la Escritura, es completamente coherente con el mensaje bíblico y, especialmente, con la misión de Jesús y de la Iglesia.

El Espíritu actúa en el mundo por medio de los pobres. Esta paradoja la muestra Pablo con claridad (cfr. 1 Co. 1, 26-2, 16). Es paradójico porque hemos visto que el Espíritu es considerado como poder y fuerza de Dios, y el término pobres apunta a la impotencia y debilidad.

Sin embargo, toda la historia de salvación está jalonada por la acción de los pobres. El pueblo de Israel es siempre un pueblo débil y pobre. En su interior, los más pobres son los elegidos de Dios para ser los representantes del verdadero pueblo. El Mesías es anunciado como rey pobre y de los pobres. Así, vemos a Jesús actuando en favor de los pobres (cfr. Lc. 4, 18), escoge de entre ellos a sus discípulos, su Iglesia nace entre los pobres.

La misión de Jesús y de la Iglesia (cfr. Lc. 4, 16-21; 10, 1-24) está dirigida con base en la unción del Espíritu, principalmente para los pobres, marginados, excluidos. El Espíritu hace que se reconozca la presencia misma de Dios en ellos (cfr. Mt. 25, 31-46).

El Espíritu se pronuncia así en favor de la solidaridad con los que sufren. Quien entrega su vida en favor de la justicia, de la solidaridad fraterna, de la igualdad aun a costa de la vida, está siendo movido por el mismo Espíritu, padre de los pobres, que ungió e impulsó a Jesús.

Ya apuntábamos la paradoja de la actuación del Espíritu por medio de los pobres. Esta paradoja halla toda su fuerza al contemplar la acción creadora del Espíritu. El Génesis nos habla del Espíritu -ruah- de Dios que se cernía sobre las aguas cuando, al principio, la tierra era caos (cfr. Gn. 1, 1-2). La creación se da en el caos, no de la nada -ex nihilo-. El poder creador de Dios se manifiesta en medio del caos, como un “ordenador”, pero un orden de vida, como lo apuntan los días de la semana de la creación (cfr. Gn. 1, 3-31).

En el Segundo Testamento, el Espíritu aparece como don pleno a partir de la pascua de Jesús. La muerte de Jesús conjunta el lugar y el tiempo de la entrega libre del Espíritu (cfr. Jn. 19, 30), al tiempo que revela la identidad plena del Padre como Aquel que desclava los crucificados (cfr. Lc. 23, 46). La muerte de Jesús será el preludio de la nueva vida que se inaugura con su resurrección por el Espíritu (cfr. Rm. 8, 11). Nuevamente el Espíritu genera vida desde el caos. El caos, aquí, es la violencia contra el inocente, el sufrimiento del inocente, la muerte del inocente.

Si el mundo vuelve al caos por la violencia, el Espíritu crea, “ordena” el caos mediante el perdón y la reconciliación. El Resucitado entrega el Espíritu para el perdón de los pecados (cfr. Jn. 20, 22-23). Pero esta donación implica la muerte que ha padecido. Hay que insistir en ello aunque suene a obviedad, porque la muerte de Jesús -culmen de su misión impulsada por el Espíritu- es la muestra de la solidaridad de Dios con el sufrimiento del inocente, con el pobre, con el excluido y marginado.

Esta solidaridad divina motivada por el amor, por el Espíritu de amor, sale al encuentro del otro, se hace compañera de camino de la humanidad herida, como en el Primer Testamento la shekiná en el desierto. El Espíritu aparece como compañero de sufrimiento de la humanidad en el camino de su liberación y plenitud. Esta compañía y solidaridad mueve al creyente a una opción de vida concreta, a comprometerse con la misión que Jesús le presenta (cfr. Lc. 10, 1-16), y todo ello para divinizar a la creación entera en ese proceso de theosis insistentemente señalado por los Padres griegos e insinuado ya en el símbolo hebreo del merkabah, el carro de fuego que asciende llevando al profeta al mundo celeste (cfr. 2 Re. 2, 11).

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

Comentarios a:

gabrioignaz@yahoo.com

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Esta entrada fue publicada en 29 mayo, 2012 por en Gabriel Verduzco A. y etiquetada con , , , , , , .
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