Letras del Norte

Blog de Análisis y Reflexión en torno a México y sus síntomas en el contexto de la posmodernidad

¿Y si la tumba no hubiera estado vacía?


Escrito por: Gabriel Ignacio Verduzco Argüelles

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Uno de los símbolos principales de la resurrección de Jesús es la tumba vacía. Los relatos evangélicos insisten siempre en ello. Las mujeres y los apóstoles visitan el sepulcro de Jesús para ungirlo y lo encuentran vacío… Jesús no está ahí. Los ángeles preguntan: ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, miren el sitio donde lo pusieron…

Los relatos del evangelio, haciendo eco de la cultura judía en que nacen y a la que pertenecen sus autores, muestran cómo, la no presencia del cadáver de Jesús, y al mismo tiempo la presencia de los lienzos mortuorios en los que fue envuelto, son el signo de que algo sorprendente ha pasado ahí: Ha resucitado. El evangelio de Mateo señala cómo, para el año 70 por lo menos, ya se conocía una “leyenda urbana” de que el cadáver de Jesús había sido robado y por ello no había sido hallado en la tumba.

Este detalle del evangelio nos lleva a pensar seriamente sobre este punto, que es uno de los puntos álgidos de la reflexión teológica y de su comprensión actual: ¿la reanimación del cadáver de Jesús es necesaria para hablar de la resurrección? ¿y si la tumba no hubiera estado vacía? ¿si el cadáver permaneciera en la tumba sería que Jesús no resucitó?

De entrada hay que afirmar rotundamente que no. La Tradición viva del cristianismo ha nacido y ha sostenido por más de dos mil años que Jesús resucitó y está vivo. Es en el cómo ha sucedido esto donde las interpretaciones teológicas se separan.

Edward Schillebeeckx explica que, teológicamente hablando, el cadáver resulta indiferente para hablar de la resurrección. Si el acontecimiento de la resurrección estuviese condicionado a la reanimación del cadáver estaríamos obligando a Dios a intervenir, como un agente ordinario más, en la cotidianeidad del mundo.

La resurrección de Jesús es un hecho total y completamente sin precedente en la historia. Nadie fue testigo de cómo ocurrió. La resurrección era esperada por Jesús, sí, pero no sabía cómo acontecería esto en su persona. La resurrección se revela como la acción salvífica del Abbá de Jesús que responde a su entrega y que no ha quedado indiferente ante la violenta muerte de Jesús.

La resurrección mete en nuestra historia, de forma definitiva, al Reino de Dios y su dinámica de vida. Andrés Torres Queiruga dice que a partir de los textos bíblicos es imposible decidir si la tumba estaba vacía o no, ya que hay razones serias para afirmar o negar el dato, históricamente hablando.

Lo que importa ahora es entender que la resurrección revela la actitud de Dios, del Dios de Jesús –y el nuestro por la fe y el seguimiento- que no es indiferente al horror del dolor y el sufrimiento. El mal es inevitable en nuestra experiencia humana, pero no es la última palabra sobre nosotros. Jesús lo aprendió en la cruz, y su vivencia de Dios y su fidelidad a la misión lo llevaron a confiar y esperar que Dios jamás lo abandonaría. Por ello la resurrección es contemplada y esperada –no solo por Jesús, sino también por nosotros- como el momento en el que Dios revocará el sufrimiento y el dolor de las víctimas de este mundo.

Esto implica una consecuencia para nosotros: la resurrección se gesta en una vida de amor, de fidelidad y de entrega a Dios y a su Reino. Ahora bien, considerar la muerte y la resurrección desde esta óptica es tomar en serio que la muerte solo es una interrupción, y en virtud de la solidaridad que genera la “comunión de los santos”, corresponde a los vivos continuar las obras emprendidas y no terminadas de nuestros difuntos y la reparación de los daños de las obras negativas de ellos, las deudas no pagadas, la justicia pendiente…

Si la tumba de Jesús estaba vacía o no resulta indiferente desde esta perspectiva. Lo importante es que, la experiencia creyente no solo nos lleve a afirmar que Jesús está vivo y que lo atestigua esa peculiar intuición del corazón, sino a actuar, en la vida diaria, con todas las consecuencias que de ello se extraen para nuestra práctica del seguimiento, de la justicia y la entrega diaria del amor.

También creo que otro mundo es posible y que la esperanza es verdadera.

Comentarios a:

gabrioignaz@yahoo.com

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Esta entrada fue publicada en 18 abril, 2012 por en Gabriel Verduzco A. y etiquetada con , , , , .
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