Autor: Adolfo Huerta Alemán
“Durante buena parte de la historia, Ánonimo fue una Mujer”
De Virginia Woolf.
¿A quién carajos le importa el sacerdocio de las mujeres?. Pues, a ti y a mi; o, cuando menos debería de importarnos y de incluir el tema en la próxima agenda vaticana, de las tareas pendientes que tiene la Iglesia católica, no es justo que la Iglesia siga escondiendo la cabeza bajo tierra, y hacer como que no pasa nada y de que estamos bien así.
¿Cómo poner el tema en la mesa de discusión?. Ante una Iglesia jerárquica comandada por hombres solamente a lo largo de un poco más de dos mil años y ante una feligresía educada tradicionalistamente bajo la óptica de lo masculino y por sacerdotes hombres. ¿Cómo sensibilizarnos y abrirnos ante ésta propuesta?. Que para mí yá está retrasada y tal vez, está llegando tarde a nuestra Iglesia universal, tal vez el sacerdocio de las mujeres llegue cuando yá no haya católicas y católicos que quieran vivir y celebrar su fe, por lo tanto, los templos católicos sólo serán grandes tumbas – mausoleos, que nos recordarán que alguna vez hubo creyentes.
Como dicen por allí, tal vez la Iglesia no se acabe, pero lo que sí es verdad es que se va ir quedando sola, espero equivocarme.
Aquí la tarea es de inclusión y no de diginidad, pues no está en discusión la dignidad de la mujer y su igualdad, no olvidemos que nosotras(os) creemos en un Dios que nos creo por igual a la mujer y al hombre, a su imagen y semejanza, tampoco se trata que las mujeres tengan el orden sacerdotal para ser iguales al hombre, o para tener la idea equivocada de ganarse así su dignidad.
La dignidad de todo ser humano no se la dá un Estado – gobierno, o una supuesta iglesia – religión en particular. Todo ser humano tiene dignidad por el simple hecho de haber nacido y estar vivo: toda mujer y hombre tiene dignidad, ésta le viene intrínseca a su Ser, independientemente de su color de piel; o raza; nacionalidad; o religión; preferencia sexual; o estatus social.
Y cuando hablo de inclusión, me refiero de incluir a las mujeres en el orden sacerdotal y no dentro de la Iglesia, pues, bien sabemos que nuestras iglesias las que verdaderamente trabajan son ellas, solamente las mujeres son la mayoría que tienen apostolados en nuestras comunidades cristianas.
Durante el siglo XIX el desafío moral más grande fue la esclavitud. En el siglo XX fue el totalitarismo. En este siglo es la brutalidad ejercida sobre tantas mujeres y niñas alrededor del mundo: tránsito de miles de niñas y jovencitas en prostitución y tráfico sexual; pornografía infantil, ataques con ácido contra mujeres no vírgenes, quema de novias y violaciones sexuales en masa; (Un estudio descubrió que Treinta y Nueve Mil niñas morían anualmente en China porque sus papás no les dan el mismo cuidado médico que a los niños – hombres.- Letras Libres Nº 136 Abril 2010 página 15), que no se nos olvide lo que dice un proverbio chino: “Las Mujeres sostienen la mitad del cielo”.
El mundo está despertando a una verdad muy poderosa: las mujeres y las niñas no son el problema, son la solución, qué lástima que la Iglesia católica no esté despertando a esa verdad, ò que no vaya a la par de la humanidad, y una vez más la Iglesia se haga a un lado y una vez sea cobarde y no acompañe a la humanidad en sus procesos de evolución. No soy partidario de una Iglesia entonces que no acompañe a la humanidad, que vaya a su lado en sus sueños y frustraciones (Más de cien millones de niñas y mujeres están desaparecidas.- Sen The New York Review of Books de 1990).
Claro, es justo preguntar, ¿dar más poder a las mujeres? está muy bien, pero ¿cómo hacerlo de modo efectivo en nuestra Iglesia?.
Haríamos muy bien por comenzar con la educación en todos sus aspectos: desde la educación en la familia. Provengo de una familia de cinco y tengo tres hermanas, cuyos padres nos educaron que todas y todos tenemos las mismas oportunidades; derechos y obligaciones. El machismo no comienza en la iglesia ó en la cultura, comienza en la familia. Y la educación tiene que ver mucho en las primeras influencias de nuestra formación, después prosigue en la escuela; continua en la Iglesia; en la sociedad y luego en la cultura. Hay que acabar con aquella maldita frase: “Si eres mujer, para qué estudias si te vas a casar ¿qué más te queda si naciste mujer?”.
No es una moda hablar del sacerdocio en las mujeres, ni tampoco es para distraer de los otros problemas urgentes de la sociedad como el de la corrupción y violencia.
Sino, es fruto de la evolución y la toma de conciencia de la mujer sobre su insustituible papel de su Ser: en la familia; en la sociedad; en el trabajo; en la cultura; en la política; en lo social; y en la Iglesia.
Si estoy escribiendo éstas líneas, es por que responde y existe una triste y añeja realidad: constatamos opresión; injusticia y explotación hacia muchas mujeres, hoy en día todavía. Tenemos que reconocer que quienes provocamos esta situación prácticamente somos TODOS, y en más de una ocasión es la misma mujer que pasa de ser víctima a ser agresor – verdugo, y ella misma es cómplice de su propia tumba.
Es muy necesario aún hablar y escribir, acerca de la gran deuda que tiene el hombre y su Iglesia con respecto a la mujer en todos los campos del progreso social y cultural, y no se diga para abrir el sacerdocio a las mujeres. Que no se nos olvide en un país como el nuestro, en donde más del 21% de los hogares lo sostiene exclusivamente los hombros de una mujer; en donde más 39% de las familias están rotas por los divorcios y es la mujer divorciada la que saca adelante a sus hijos. ¿Cómo ser mujer y no morir en el intento? ¿Exagerado? ¿Tú crees? y ¿Tú qué piensas Mujer?.
Es reto de la misma mujer actual, el reconocer su propia identidad – dignidad, y no menospreciarse por ser mujer.
No descartes que las cosas a las que estamos acostumbrados acaban volviéndose, desde nuestro punto de vista reducido, parte de la naturaleza y de una naturaleza inmutable. La costumbre hace ley, y ésta acaba siendo exponente calificado de la realidad. El orden social dominante, por lo menos en las culturas occidentales, estableció un sistema social jerárquico determinado por el sexo, este orden sexuado determinó las estructuras humanas y nuestras relaciones, por lo tanto el hombre se impuso, y no se diga nuestra Iglesia terminó por ser dirigida exclusivamente por hombres – machos.
Tenemos la tarea de quitarnos los prejuicios que han acompañado a nuestra Historia en cuanto se refiere a la mujer. No se diga en la Biblia; en los textos bíblicos sobre las mujeres son, como la punta del iceberg, mero indicio de lo que está sumergido y oculto en el silencio histórico. Pero bien, ésto dá para otro ensayo, que más adelante hablaremos. ¿Qué clase de Dios estamos proclamando los cristianos donde la mujer está siempre en segundo lugar?.
¿Cómo abrirnos al sacerdocio de las mujeres?. Divulgando la discusión en nuestras familias; en nuestras comunidades y en nuestros grupos. Claro, las mujeres deberían de ser las primeras en no oponerse y subestimarse para esta bella tarea.
“las mujeres han de ser educadas como <<mujeres para los hombres>>. En consecuencia, las mujeres temen perder su identidad y su prestigio femenino en el ámbito cultural y religiosos si ya no digma de su relación con Jesús, el hombre prefecto por el cual viven”. De Elisabeth Schüssler Fiorenza en su pólemico libro; Cristología Feminista Crítica, , , Hacia una Cristología Rosa; Ed. Trotta; 2000.
No tengamos miedo de romper con todos aquellos tradicionalismos y prejuicios, que yá no responden a vivir una fe en una sociedad contemporánea. Luchemos por los nuevos rostros de la Iglesia, para que realmente llegue a la mujer y al hombre de ésta época.
No estoy afirmando que con el sacerdocio de las mujeres, muchos de los problemas de la Iglesia y de la sociedad se vayan acabar, pero si los compartiríamos, y los complementaríamos con el punto de vista femenino, ¡falta tu punto de vista MUJER, en nuestro sacerdocio!.
Por ejemplo, si en mí diócesis hay un poco más de 160 sacerdotes para atender a toda la población que abarca mí diócesis; sí yá hubiera mujeres sacerdotes, no dudaría que nos doblarán en número y habría un poco más de 160 sacerdotes mujeres, junto con los hombres seríamos un poco más de 300 pastores entre mujeres y hombres. Habría más gente atendida y dirigida; habría más parroquias en nuestra diócesis; habría más promoción sobre la ternura de Dios, pero en fin, creo que salimos más perdiendo la Iglesia al seguir cerrrándonos ante el sacerdocio de las mujeres.
Se me hace que el Vaticano, junto con todos sus obispos y sacerdotes tienen miedo a soltarles el poder a las mujeres, pues sí ellas, las mujeres yá hubiera sacerdotes: serían más comprometidas y trabajarían más a lado de nuestro pueblo. ¡Aaa! qué machos, no que muy hombrecitos.
A ver, a qué hora reacciona la Iglesia católica y veremos nacer el primer seminario de seminaristas mujeres. ¿Quién se apunta para ser la primera mujer sacerdotiza de Letras del Norte?.
De una mujer afro – norteamericana y ex esclava que no podía leer y escribir, Sojourner Truth:
¿De dónde vino tu Cristo?
¡De Dios y de una mujer!
¡El hombre no tuvo nada que ver con él!
Si la primera Mujer que hizo Dios
fue tan fuerte como para poner el mundo
del revés ella sola
entonces juntas las mujeres deberían poder
enderezarlo otra vez.
Y ésta es mejor: ”Levantate cada mañana y vive Mujer, que cuando tus pies toquen el suelo, hasta el mismo pinche Diablo diga; ¡en la madre! Yá se levantó ésta ¡Cabrona!.
Para empezar a abrir nuestra mentalidad, no dejen de ver la película: “La Leyenda de las Ballenas” la puedes rentar o verla por vía internet.
Escrito por: Adolfo Huerta Alemán (Saltillo, Coahuila. Mx.)

tiene razon el comentario de verduzco , hasta en las mujeres hay esa “igualdad” de corrupcion. pero es bien cierto que solamente a traves de nosotras” mismas y mismos” , es como podemos sanear los diferentes ambitos en lo que nos movemos, y claro hay que empezar desde lo mas pequeño y cercano como lo es la familia, el tabajo, la oficina, en el templo al que se asiste, en fin, pero creo que lo que lo que lo impide es la apatia, el moralismo, los prejuicios, pero quienes ya iniciamos no hay que declinar, !animo! hay que seguir.
Claro Gabriel, el Sacerdocio su sentido siempre ha sido el de servicio a la Humanidad, y también habría que purgar a la estructura eclecial para lograr una comunidad más participativa.
Y las mujeres no están excentas de la corrupción, pero junto con Ellas trataríamos de sanear nuestra Iglesia de su visión de poder, y de que ese poder sirva para la realización y plenitud de toda y todo creyente.
GRACiAS! ! ! LLevando la LECTURA por otros medios alternativos: Hacia un país mejor informado y más participativo! ! ! LEyENDO y ACTUANDO! ! !
Ese Gofo, yo nomás apuntaría tres cosas:
1) si seguimos leyendo el sacerdocio (femenino o no) en clave de PODER, sean hombres o mujeres quienes lo detenten, el testimonio evangélico no sería lo más auténtico. El sacerdote “ministerial” tiene como clave el servicio;
2) ¿No abundan las mujeres que sirven de muchos modos en las comunidades cristianas? En mi opinión, habría que diluir el “despotismo ilustrado” de los obispos, párrocos, curias, etc. en la gente de la comunidad cristiana, responsable y comprometida de veras (al modo de los caracoles zapatistas);
3) Hay muchas experiencias de mujeres “empoderadas” (como gustan decir ahora) y no son mejores que las de los varones. La corrupción y los vicios del poder también están ahí. Y si no, que miren a las diputadas “juanitas”, las lideresas de colonias, la maestra Elba Esther o Martha Sahagún… en fin.
Primero habría que sanear a nuestra Iglesia de su ambición de poder.