Escrito por: Adolfo Huerta Alemán
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“¿Cómo sería posible que surgiera ese nuevo discurso sobre la justicia e igualdad como consecuencia de la conjunción de democracia y catolicismo si no hubiera ocurrido un cambio teológico que hiciera plausible para la Iglesia cuestionar el modelo o régimen de gobierno?” De Rodolfo Soriano Núñez: “En el nombre de Dios”. Religión y Democracia en México. Ed. Instituto Mora - IMDOSOC. 1999...
Definitivamente algo que le da sentido a nuestra existencia, es el encontrarte con gente maravillosa. Lo confieso, me la paso en desveladas, un espacio donde intercambio ideas y conozco personas con otro punto de vista diferente al mío.
En una de las tantas tertulias noctámbulas que trato de no faltar, después de escuchar consejos de cómo poner pañales, es maravilloso escuchar a mujeres de sus experiencias de embarazo y de presumir a sus hijos, desfiló un sin fin de aventuras de las presentes, la poesía hace gala de su presencia en nuestras charlas, no puede faltar la filosofía, a la teología casi no la pelan, no hay que ser tan gachas con ella, ha de servir para algo ¿no?
No podía faltar la presencia de niñas y niños a dichas tertulias, antes de que los fueran a despachar a ver una película de Walt Disney. Un cuasi adolescente de apenas 12 años, antes de que lo despacharan dijo en voz alta: “Yo quiero ser como el Gofo”. Después de ello, aseveró dirigiéndose a su servilleta: “¿Tú en qué crees? Pues, yo no creo en Dios”.
En mí interior no dejó de sorprenderme la cuestión, por escuchar de quién venía, pero también pensé: llegó la hora interesante y debatida de la tertulia.
Le confesé al niño, mira: me confieso ateo como tú. Pues me autodefino como un ateo que quiere seguir creyendo en la fe, esa fe que me dice que es posible creer que se cree. Y más que creer en Dios, quiero aferrarme a seguir creyendo en el ser humano. No soy creyente de las religiones que se aprovechan de la ignorancia de la gente; que siguen alimentando la sumisión de nuestro pueblo; que siguen creando superstición entre nuestra sociedad. No comulgo con las iglesias que se convierten en corporaciones supuestamente espirituales – religiosas y económicas. No soy partidario de seguir viendo a los pastores; religiosos y sacerdotes con aureola de una santidad falsa y trasnochada que no responde a nuestra época. Al grado de verles como seres angelicales y por lo tanto, intocables.
La Fe no es patrimonio exclusivo de una religión en particular, mucho menos para aquellos y aquellas que hacen negocio con la conciencia y la fe de nuestro pueblo; la fe es una fuerza que todo ser humano tiene para darle significado a su historia.
Desde que nacemos tenemos fe, pues en los primeros que creemos son en nuestros padres, pues ellos nos dicen que lo son, y lo creemos.
Después creemos en la educación que nos brinda el Estado, en las tradiciones, costumbres de nuestro pueblo y todo lo que conlleva vivir en una generación y cultura de nuestra época. Posteriormente creemos en el amor de una mujer, en nuestros proyectos, en nuestra tarea que tenemos frente al Otro, y no hay duda para creer en nuestra responsabilidad histórica, que hoy más que nunca es una urgencia asumirla cada una y uno de nosotros.
Nos evoca Gianni Vattimo; un filósofo y político italiano nacido en Turín en el año de 1936. En su maravilloso libro: “Creer que se cree” Que la fe hoy más que nunca parece reclamar una actitud y respuesta personal, para poderla llevarla hacia una actitud comunitaria. Es válido volver a creer, pero esta vuelta a la fe, tiene que ir acompañada de un replanteamiento de la fe, claro es necesario iniciar un proceso de racionabilidad de la fe, para esto es necesario dar el paso de replantearnos la fe.
No podemos negar que todo ser humano creyente y no creyente siempre buscará las razones últimas de su existencia. Esto nos lleva a los contenidos de nuestra conciencia, y ésta nos refiere de alguna ú otra manera a tener una fe en algo ó alguien. Y esta fe nos debe de ayudar a conocernos mejor y esta fe nos ayude a vivir más en plenitud.
Si esa fe nos hace más miopes a nuestra realidad, si machaca nuestra dignidad de la grandeza de ser seres humanos, esa fe no sirve para nada.
En algo que estoy muy de acuerdo con Vattimo es de que si queremos valorar ese voltear a la fe, tenemos que purificarla de todo fanatismo ciego, ritualismo y de todo dogmatismo que no dice nada nuevo a nuestros contemporáneos y contemporáneas.
No dudo, que algo que nos va a unir más como sociedad y optar por nuestra responsabilidad histórica, es compartir la propuesta de Gianni Vattimo.
El nos propone de personalizar la secularización como un rasgo constitutivo de una auténtica experiencia religiosa. Ahora bien, la secularización significa precisamente una relación desde el núcleo de lo sagrado en lo mundano.
Y díganselo a su servilleta: soy persona en primer lugar, después soy sacerdote del clero secular diocesano, así nos conocen a nosotros como el clero secular.
La secularización que vive nuestra sociedad no es tan mala como algunos la tratan de satanizar todavía en nuestros días.
Descubro a Dios no necesariamente en un templo, allí es donde menos está, mucho menos está encerrado en la sacristía.
Lo descubro más cuando celebré eucaristías entre las prostitutas ó cuando estoy con una de ellas; entre las mujeres del penal; entre mujeres que defienden su preferencia sexual; con mujeres que luchan por vivir su historia y se atreven a ser ellas mismas, cuando disfruto de un café acompañado de un homosexual que quiere vivir una amistad y su plenitud desde su preferencia sexual; cuando voy al cine a disfrutar de una excepcional película; cuando escucho música instrumental y por supuesto del rock; cuando me deleito de una buena obra de teatro y no hablo de un relativismo pseudoreligioso, mucho menos de un panteísmo.
Y en estos últimos días descubro a un Dios vivo, en los diferentes movimientos que han surgido: como Ciudadanos por Coahuila; COCiPE; Coah – Activos; Indignados Coahuila; Colectivo Ixaya: por la indiferencia – mediocridad – desinformación – pasividad de las y los coahuilenses frente a la deuda que nos deja Humberto Moreira y demás cómplices, eso sin hablar del problema de seguridad social, narcotráfico – violencia, en fin tenemos muchas tareas pendientes frente a nuestra realidad.
Es necesario pensar, reflexionar y esto nos llevará a actuar.
Hasta hoy, hay fe, pero esa fe nos debe de ayudar a ser mejores y ser protagonistas de nuestro destino.
Vattimo nos propone ¿cómo retorna – si retorna, como creo, lo religioso en mí – nuestra experiencia actual? ¿Cómo recreamos lo sagrado en nuestra vida cotidiana?
Ha llegado la hora de romper con nuestros prejuicios que hemos ido arrastrando a lo largo de la Historia, de darle un nuevo significado a nuestros hábitos mentales heredados que ya no sirven para nada y no nos ayudan en nada a concentrarnos en lo que verdaderamente es esencial para nuestra existencia.
Concluí que también era ateo como él. Y antes de que Emiliano se fuera a ver la película, solamente dijo:”Con este Buey si quiero ir a misa Mamá”.
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“mi reflexión sobre el retorno de la religión parte de la idea de que Heidegger y Nietzsche tienen razón. . . mientras haya teologías y un cierto modo de vivir la religión, e incluso la autoridad de la Iglesia católica, parecen querer fijarla como definitiva (su verdad) y verdadera. . . estaremos frente a una apariencia de fe y lo único que hacemos es alimentar nuestros prejuicios”. “CREER que se CREE” De Gianni Vattimo. Ed. Paidós Studio. 1996.
@GofoAutor
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